twitter facebook instagram
Inicio Aisge
Noticias Entrevistas Cursos
 
Foto Fija
Versión imprimir

 

Javier Delgado Tocho


 
“Tengo mucha presencia en el escenario, quizá por lo grande que soy”


 
Este madrileño de 44 años, que se dice “actor tardío”, va a cumplir una década en la profesión. Miguel Albaladejo le abrió las puertas del celuloide en 2004 con la película Cachorro, donde fue colega del protagonista (José Luis García Pérez), un odontólogo que se veía obligado a aparcar los excesos del ambiente gay tras recibir el encargo de cuidar a su sobrino durante un tiempo. Pese a los mundos antagónicos de ambos, la inesperada madurez del niño los convertía en auténticos amigos, por encima de ese afecto familiar a veces autoimpuesto. Pero su estrecha relación peligraba cuando una pariente cuestionaba la capacidad de un homosexual para ejercer como padre y se empeñaba en ser la tutora. El realizador alicantino volvió a ofrecerle un papel dos años después en Volando voy, un repaso a la trayectoria delictiva de El Pera, aquel getafense que en su infancia ya pilotaba con asombrosa destreza los coches que robaba. Y aunque fue detenido unas 150 veces, hoy imparte clases de conducción evasiva a policías. A él le tocó regentar el bar que el crío elegía para reunirse con sus compañeros de fechorías.    
 
   Su trayectoria televisiva, que hasta ahora solo se nutre de papeles episódicos, arrancó en 2007. Para Hospital Central encarnó a un gay que, acompañado por su pareja, reprendía a los agresores de un transexual. Y estos, lejos de acobardarse, les respondían a puñetazo limpio. En 2010 retrocedió con Águila Roja hasta el belicoso siglo XVII para anunciar a un tabernero que el ejército portugués había capturado a soldados españoles y los estaba fusilando en un castillo fronterizo. Y es que el rey (Xabier Elorriaga), desde su palacio de Madrid, se había negado tanto a pagar el rescate exigido para la liberación como a conceder la independencia al país vecino. Sin embargo, el heroico Águila Roja aparecía de pronto y salvaba a su propio hijo, que se encontraba junto al bonachón Sátur entre los prisioneros. En abril de 2012 pasó por Carmina, el telefilme sobre la trepidante vida de Carmen Ordóñez, dirigido también por Miguel Albaladejo. Los espectadores le recordarán como aquel abogado que tramitó el divorcio de la protagonista y Paquirri tras seis años de matrimonio, un proceso en el que ella se comprometía a no reclamar ningún bien del torero y asumía en solitario la custodia de sus dos hijos. Un mes más tarde, la comedia Aída le puso en la piel del varonil Rober, el recién estrenado novio de Toni (Secun de la Rosa). Su aspecto peludo y corpulento deleitaba a su chico, hasta que engullía una ración de callos y confesaba sus habituales visitas al baño. El idilio entre ambos se enfriaba definitivamente cuando empezaba a pasar tiempo junto a Eugenia (Marisol Ayuso), con la que compartía glotonería, debilidad por las canciones verdes del destape, afición al programa Cine de barrio… Pero al final era otro hombre similar a él quien le robaba el corazón al calor de un cocido madrileño.
 
 

 
 
 
   El pasado noviembre estrenó la exitosa serie para Internet Chicas del montón, cuyos capítulos parodian a Pedro Almodóvar y a las actrices que han puesto cara a su cine: Carmen Maura, Marisa Paredes, Victoria Abril, Loles León… Con un ego estratosférico, unas se piropean a otras en sus encuentros, pero por la espalda se lanzan críticas demoledoras. Él se presenta ante todas ellas como Pedro de Cospedal, un aspirante a director que creció pegado a la filmografía del genio manchego y ahora está dispuesto a imitarle. Es homosexual, usa una aplicación de ligoteo rápido llamada Grindr, lleva las uñas pintadas y grandes pendientes, esnifa popper, vota al PP… Aunque las veteranas estrellas huyen al intuir su nulo talento, el hecho de que tenga los bolsillos llenos las empuja a participar en una película carente de guion. Entre todos empiezan a escribirlo, no sin cierto estancamiento creativo, que se esfuma cuando Rossy de Palma espolvorea por error una ensaimada con cocaína. A pesar de que durante el rodaje se producen pugnas por los papeles principales y continuos modificaciones de diálogos, el disparatado proyecto llega a ver la luz bajo el título Mea culpa, pues presenta a dos carniceras lesbianas y aficionadas a la lluvia dorada.
 
   Su primera oportunidad teatral le llegó a principios de 2012 con Iván-OFF, una versión actualizada del Ivanov decimonónico de Chéjov, cuyo protagonista era un hombre que lo tenía todo. Sin embargo, al cumplir los 35 perdía las ganas de vivir y las inquietudes de su juventud, cuando la felicidad aparecía sin ser buscada y los problemas no lo destruían todo. Esa amargura repentina derivaba de los valores y costumbres de una sociedad contra la que arremetía. Y con razón, ya que en su entorno presenciaba casamientos de conveniencia para salvar economías domésticas, la falsedad de quienes presumían de una existencia ejemplar y el consumo constante de alcohol como único alivio. Sus familiares querían que volviera a ser quien fue, le exigían cariño y entusiasmo, pero su desazón era tan aguda que acababa por desestabilizarlos a todos. Incluido el Conde Mateo, el personaje que él bordó, un alocado aristócrata responsable del toque cómico en medio de semejante drama. “Parece sacado de los mejores tiempos de la jet set marbellí”, señalaba un crítico. Ese montaje inauguró La Casa de la Portera, una atípica sala madrileña de apenas 25 butacas por la que pasó hasta Mario Vargas Llosa, asombrado tras contemplar “dos horas de nihilismo ruso”.
 
 

 
 
 
HÉCTOR ÁLVAREZ JIMÉNEZ
¿Recuerda el momento particular en que decidió ser actor?
− Sí, claro. Esa idea me rondaba la cabeza desde bien pequeño, pero nunca tuve la oportunidad ni tomé la decisión de prepararme, así que después ya no pude por cuestiones laborales. En diciembre de 2008, cuando abandoné la multinacional donde trabajaba, me dije: “¡Ahora o nunca!”. En ese mismo instante me apunté a una escuela y cursé una diplomatura de tres años para, al menos, intentarlo con algo de formación. Soy un actor tardío, por decirlo de alguna manera.
 
− ¿Quién fue la primera persona a la que se lo contó?
− Uno, a los 40 años, no dice: “¡Ahora a ser actor!”. Tenía que contar con algún respaldo. Fue mi pareja con quien lo hablé, y claro, se enteró el primero.
 
− ¿Cuál ha sido el mayor golpe de suerte que ha recibido hasta ahora en su carrera?
− Justo el día de mi cumpleaños, poco después de haber acabado los estudios en la escuela de interpretación, José Martret me ofreció un personaje para una adaptación suya del Ivanov de Chéjov. Estrenamos Iván-OFF en La Casa de la Portera y llenamos esa sala todos los días durante más de un año.
 
− ¿Cuál de los papeles que ha recibido hasta ahora le ha marcado especialmente?
− Aunque en el futuro llegarán otros muchos a los que también tendré cariño, aquel Conde Mateo de Iván-OFF es el más especial, quizá porque fue mi primer trabajo en teatro.
 
Si el teléfono dejase de sonar, y ojalá que no, ¿a qué cree que se dedicaría?
− Vivir de este oficio es un privilegio que hoy no tengo, por lo que invierto parte de mi tiempo en otra ocupación, como tantos otros compañeros. Mi familia tiene en Zamora un vivero de árboles que también me da empleo.
 
− ¿Ha pensado alguna vez en tirar la toalla?
− Aún no me ha dado tiempo a pensarlo, pero en alguna ocasión sí me digo a mí mismo: “¿Dónde vas? ¡Que ya no eres un niño!”. Es la inseguridad que surge cuando uno tiene ganas de hacer cosas que no llegan…
 
− ¿En qué momento de qué rodaje pensó: “¡Madre mía, en qué lío me he metido!”?
− El verano pasado grabamos la serie para Internet Chicas del montón, dirigida por Fernando Gamero, y el primer día tocaban unas secuencias donde yo tomaba drogas. Entonces tuve ese pensamiento, aunque solo duró dos o tres segundos. ¡Al final lo pasamos genial!
 
− ¿Le gusta volver a verse en las series y películas para las que ha trabajado?
− La primera vez, incluso si estoy solo en casa, me da vergüenza. Luego sí me observo bastante para saber las cosas que están bien y las que no lo están tanto.
 
− ¿Cuál considera que es el principal problema del cine español y qué solución se le ocurre para paliarlo?
− Si yo lo supiera… 
 
− ¿A quién le devolvería antes la llamada, a Tarantino o a Burton?
− Al que me hubiese llamado primero. Siempre hay que ir por orden.
 
 
En una escena de 'Ivan-OFF'
En una escena de 'Ivan-OFF'
 
 
 
− ¿Cuál fue el primer actor o actriz que le conmovió?
− No lo recuerdo bien, pero imagino que sería alguno de ET o Verano azul.
 
− ¿Qué frase de película usa como leit motiv personal?
− “Siempre se llega a alguna parte si se camina lo bastante”. Es de Alicia en el país de las maravillas.
 
− ¿Qué cinta ha visto tantas veces que se sabe los diálogos completos de alguna escena?
− En mi juventud era un auténtico fan de El color púrpura y Amadeus. ¡Me las ponía cada dos por tres!
 
− ¿Cuál fue el último largometraje que no fue capaz de ver hasta el final?
− Uno que se titulaba Ted, sobre un oso de peluche.
 
− ¿Recuerda alguna anécdota divertida que haya vivido como espectador en un teatro o sala de cine?
Hace muchos años fui al teatro con mi hermana Fátima para ver a Ángel Garó. Como ella tiene una risa un poco escandalosa, el cómico tuvo que parar un par de veces para pedir que le avisara cuando pudiera continuar.
 
− ¿A qué serie de televisión está enganchado?
− Ahora espero a que vuelva Juego de tronos y sigo una comedia estadounidense que se llama Louie. Su humor, muy próximo a lo políticamente incorrecto, la hace fantástica. ¡Veo varias veces cada episodio!
 
− ¿Cuál es el mejor consejo que le ha dado alguien cercano para ejercer esta profesión?
− “Diviértete”.
 
− ¿Qué punto fuerte destacaría de usted como intérprete?
− Soy fácil de dirigir. También tengo mucha presencia en el escenario, quizá por lo grande que soy [Risas].
 
− ¿Y débil?
− Muchos, aunque voy mejorando.
 
− Adelántenos, ahora que no nos escucha nadie… ¿Cuál es el siguiente proyecto que se va a traer entre manos?
− Llevaremos Chicas del montón al teatro. Como la webserie ha tenido tantísimo éxito, nos han ofrecido que hagamos una adaptación, así que en eso andamos. El estreno está previsto para el próximo marzo.
 
− ¿Qué sueño profesional le gustaría hacer realidad?
− Todos. Y son muchos…
 
− ¿Qué canción simboliza el momento actual de su vida?
Tómbola, de Marisol.
 
− ¿Qué titular le gustaría leer en el periódico?
− “¡Por fin!”.  
 
− ¿Qué otro momento de la historia elegiría para nacer?
− Cada época tiene sus cositas, pero me quedo con esta. Más vale malo conocido que bueno por conocer.
 
− Díganos qué le parece más reseñable de AISGE y en qué aspecto le gustaría que mejorásemos.
− La labor de AISGE, que vela por los derechos de quienes nos dedicamos a este oficio, es fantástica. ¡Gracias!
 
Versión imprimir
© AISGE 2017   Webmaster   Condiciones de uso   Política de privacidad
Inicio