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17-02-2015 Versión imprimir
Cartel de 'Los justos', montaje ganador de esta 28 edición, durante su estancia en el Matadero de Madrid. Foto: Alonso Serrano
Cartel de 'Los justos', montaje ganador de esta 28 edición, durante su estancia en el Matadero de Madrid. Foto: Alonso Serrano
 
Javier Hernández-Simón se hace con el Premio ADE de dirección por ‘Los justos’ 
 
 
El veterano director catalán Iago Pericot recibe el galardón de honor por una vida entregada al teatro, y al creador de Ay, Carmela, José Sanchis Sinisterra, se le otorga el premio Adolfo Marsillach a una labor teatral significativa
 
EDUARDO VALLEJO
Ayer lunes, 16 de febrero, tuvo lugar la ceremonia de entrega de los Premios ADE 2014 en su vigésimo octava edición. La Asociación de Directores de Escena de España concede estos galardones en reconocimiento al trabajo de directores, escenógrafos, iluminadores, figurinistas y, en definitiva, todos aquellos que detrás de los focos hacen posible la puesta en escena de obras teatrales en nuestro país. Como ya ocurriera en las ediciones de 2009 y 2010, el Teatro Español de Madrid volvió a albergar el evento, tras recalar en la RESAD el año pasado y en el Teatro Pavón en 2011 y 2012.
 
   En esta ocasión, los organizadores aprovecharon la magnífica escenografía creada por Sebastià Brossa para la obra de Vargas Llosa Los cuentos de la peste, actualmente en cartel en el Español, que convierte la platea en ameno jardín con césped, fuente y... el cadáver de un caballo. El siempre ingenioso y locuaz Juan Antonio Hormigón, secretario general de ADE, dio la bienvenida al numeroso público congregado y bromeó sobre las infinitas gestiones realizadas para que el director del teatro, Juan Carlos Pérez de la Fuente, “permitiera la creación de este costosísimo montaje para la gala”.
 
   Acto seguido se fueron sucediendo las entregas de los diversos premios, entremezcladas con sugerentes lecturas de textos de autores clásicos, como Shakespeare o Brecht, y de nombres imprescindibles de la interpretación, como Meyerhold o Laurence Olivier. Entre las personalidades convocadas para hacer las entregas figuraban el propio De la Fuente y el delegado de las Artes del Ayuntamiento de Madrid, Pedro Corral, que bromeó sobre la indestructibilidad de la ADE porque “es de hormigón”, en alusión a su secretario. El actor Fernando Marín, vicepresidente de AISGE, entregó el premio de Escenografía y la actriz Nuria Gallardo, el de Dirección. Marín quiso recordar tres conceptos básicos: “La cultura es un derecho constitucional, no una dádiva, y como tal debe protegerse. Debemos hablar de inversión más que de ayudas o subvenciones. Y, finalmente, hay que defender la propiedad intelectual que la Ley Lasalle pretende destruir”.
Juan Antonio Hormigón (a la izquierda), secretario general de la ADE, junto al galardonado Javier Hernández-Simón
Juan Antonio Hormigón (a la izquierda), secretario general de la ADE, junto al galardonado Javier Hernández-Simón
 
La noche de los justos...
El premio que suele despertar mayor expectación es el de Dirección, para el que había cinco finalistas: Miguel del Arco por Misántropo, adaptación contemporánea del clásico de Molière; Aitana Galán por su puesta en escena para el CDN de Sobre algunas especies en vías de extinción, una de las últimas obras del exiliado José Ricardo Morales; Javier Hernández-Simón por su adaptación de Los justos de Camus al contexto del conflicto vasco; Vanessa Martínez por su montaje del musical de Chico Buarque La ópera del Malandro; y Laila Ripoll por El triángulo azul, un relato del paso de los españoles por Mauthausen.
 
   Fue el vasco Javier Hernández-Simón quien se llevó el gato al agua por la valiente apuesta que hizo con su grupo 611 Teatro por llevar a los escenarios el tema del terrorismo vasco utilizando como vehículo una obra de Albert Camus. El autor franco-argelino ambientó su obra en 1905 en la Rusia prerrevolucionaria, basándose en hechos reales narrados en las Memorias de un terrorista, de Boris Savinkov.
 
   Sesenta y cinco años después de su estreno en París, Hernández-Simón y los suyos llevaron su adaptación de gira por distintos teatros de España, como las Naves del Matadero de Madrid, e incluso de Italia. Al terminar el acto, el ganador nos informaba de la buena acogida que tuvo la obra en Euskadi: “Es un espectáculo doloroso. Y en el País Vasco más aún. Pero no he escuchado silencios más espeluznantes que los de las funciones de Durango, Baracaldo o Bilbao”. En palabras del joven director, “la adaptación de Los justos surgió porque sentíamos que el mundo artístico no profundizaba en las motivaciones del terrorismo y porque tanto José Antonio Pérez [coadaptador, también vasco] como yo necesitábamos hablar de ello. Camus es una voz clarividente cuando se trata de abordar las contradicciones del ser humano”.
El barcelonés Iago Pericot, en el centro de la imagen, recibió el Premio de Honor por su rompedora trayectoria. Foto: Alonso Serrano
El barcelonés Iago Pericot, en el centro de la imagen, recibió el Premio de Honor por su rompedora trayectoria. Foto: Alonso Serrano
 
... Y de los agitadores
 El veterano Iago Pericot, profesor del Institut del Teatre y afamado director de escena, cosechó una cerrada ovación al hacérsele entrega del Premio de Honor, en reconocimiento a una carrera marcada por la innovación y la creatividad, con piezas señeras, como la reciente La venus de Willendorf, inspirada en el asesinato de una indigente, o el legendario espectáculo de danza contemporánea MozartNu, basado en la Misa de la coronación del genio de Salzburgo y estrenado en 1986 en el Festival de Teatro de Sitges. Los aficionados aún tienen fresco en la memoria su exitoso reestreno en 2008, con aquella misma pareja de intérpretes, adolescentes en los ochenta, maduros bailarines veintidós años después.
 
   Se acercó con ayuda de su bastón a recoger el premio y prometió no alargarse en el discurso, “sobre todo por tener que estar de pie”, lo que arrancó las primeras sonrisas en una intervención ingeniosa y enternecedora. Recordó cómo las imágenes que la disparatada Guerra Civil dejó en su imaginación de niño de ocho años en El Masnou influyeron decisivamente en su vocación, aclarando que “en teatro, dos más dos jamás han sido cuatro; si lo hubieran sido, yo habría dejado de hacerlo hace tiempo”. Y terminó con un agradecimiento: “Quiero dedicar este premio, que sí merezco [más risas], a todos los jóvenes que hacen teatro sin cobrar un duro”.
 
   Con anterioridad, Juan Antonio Homigón había entregado el Premio de Honor de la anterior edición a la hija de Julio Castronuovo, quien falleció sin haberlo recogido.
 
   Otro de los platos fuertes de la noche fue el Premio Adolfo Marsillach, reservado para recompensar una labor teatral significativa y para el que no hay finalistas, lo que da mayor emoción a su entrega. En este caso, el premiado fue el dramaturgo y director valenciano José Sanchis Sinisterra, fundador del pionero Teatro Fronterizo en la Barcelona de los setenta y posteriormente de la Sala Beckett, también en la Ciudad Condal, pero sobre todo conocido por su famosa obra Ay, Carmela.
 
   Lo abordamos mientras charla con la directora de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, Helena Pimenta, pero nos hace gestos de salir a la calle: “Es que me fumo encima”. Encendido el pitillo a las puertas del teatro, nos reconoce que recibir un premio a toda una trayectoria “es un mal síntoma; ya se sabe, es que quieren mandarte al asilo”. Exagera y bromea a la vez, porque este hombre de teatro de 75 años sigue muy en activo con su Nuevo Teatro Fronterizo, “una vieja corsetería del barrio madrileño de Lavapiés que reacondicionamos y desde la que, sin ayudas oficiales, solo con colaboraciones como las de Le Monde Diplomatique o La Casa Encendida, pretendemos sacar al teatro de su endogamia y que mire a la calle”. ¿Y por qué le han dado el premio? Él lo ve claro: “Por la cabezonería y la resistencia. Yo armo tinglados, reúno a gente. Soy un agitador”.

El vicepresidente de AISGE Fernando Marín (a la izquierda) entregó la estatuilla de mejor escenografía a la obra 'Black, el payaso / I pagliacci'. Foto: Alonso Serrano
El vicepresidente de AISGE Fernando Marín (a la izquierda) entregó la estatuilla de mejor escenografía a la obra 'Black, el payaso / I pagliacci'. Foto: Alonso Serrano
 
   Como en los premios honoríficos, tampoco hay grupo de finalistas para el Premio José Luis Alonso para jóvenes directores, que obtuvo Ricardo Campelo por Subprime y Liberación mediante la comprensión en el estado intermedio. Sí los hubo para el resto de las categorías. El Premio Joseph Caudí de Escenografía fue a parar a Juan Sanz y Miguel Ángel Coso por su trabajo en Black, el payaso / I pagliacci. Y en los apartados de Figurinismo e Iluminación, los premios recayeron respectivamente en Ana Rodrigo por Sobre algunas especies en vías de extinción y Juan Gómez Cornejo por La verdad sospechosa, El viaje a ninguna parte y Los justos. El premio al mejor estudio teatral se lo llevó Blanca Baltés por Cayetano Luca de Tena: Itinerarios de un director de escena (1941-1991) y el de mejor traducción fue para la pareja hispano-irlandesa formada por Manuel F. Vieites y Denis Rafter por Deirdre de los penares, de John Millington Synge.  
 
   Además, por el apoyo prestado a la asociación, se entregó una de las tradicionales Tarascas ADE a Lucila Maquieira, directora de escena y vocal del Centro Uruguayo de Madrid. Rafael Vidal, jefe de Protocolo de la Diputación de A Coruña, también fue merecedor de una de ellas, pero no pudo recogerla por una imprevista indisposición. Asimismo, por su pertenencia de más de veinticinco años a la entidad y su labor escénica, se hizo entrega de medallas ADE a los directores Frederic Roda Fàbregas, Iago Pericot, Ernesto Caballero, Juan Carlos Sánchez y Leopoldo García Aranda. 
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