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Reportaje gráfico: Sara Curina
Reportaje gráfico: Sara Curina
 

Javier López

“Me encantaría ser
redactor de guías turísticas”

Este catalán siempre quiso contar historias. Por eso no dudó en presentarse hasta tres veces a selectividad para poder estudiar Periodismo, aunque la idea de ser actor ya le rondaba la cabeza. De hecho, dedicó su primera práctica de la carrera a la escuela de interpretación que más tarde le tendría como alumno. Finalmente se licenció, sí, pero encontró la verdadera felicidad en otras aulas: las de la Escola Superior d’Art Dramàtic y el Col·legi del Teatre. De Barcelona viajó a Madrid, donde le esperaban todavía algunos años de formación con Cristina Rota y muchas anécdotas, según confesó durante una entrevista. “Vi un reportaje televisivo sobre las orgías que montaban en la pensión de la que había sido cliente nada más llegar a la capital. Supongo que entonces estaba tan cansado que no oía nada cuando entraba a mi habitación, ya que pasaba horas buscando piso y trabajo”.

Pasó cuatro temporadas encima del escenario gracias al cabaret La katarsis del tomatazo, donde los pupilos de la actriz argentina ofrecen sus propios números con la esperanza de cautivar al público y evitar así una lluvia de tomates. El veterano grupo Magatzem d’Ars le brindó su primera experiencia profesional, La temptació de probar, un musical juvenil que llevó de gira por toda España en 2009. Retrató las relaciones de pareja con Ella en mí y la compañía de teatro físico Gen-T le fichó para Escape, que presentaba a tres intérpretes encerrados en un espacio escénico y obligados a actuar las 24 horas bajo las órdenes de gente que jamás verían. Pedían ayuda al público, pero no lograban escapar. No menos dramático fue su papel en Hermanos: un preso recién salido de la cárcel que se encontraba por casualidad con su hermana, a la que no veía desde hace años y cuyas noticias trastocaban sus nuevos planes vitales. Microteatro por Dinero acogió el pasado febrero Por idiota, una comedia acerca de la sinceridad –tan necesaria como molesta para los humanos– que escribió y protagonizó él mismo.

Su trayectoria cinematográfica arrancó con El perfume: historia de un asesino, una coproducción que tuvo a Dustin Hoffman entre sus intérpretes y narraba la vida del atormentado joven que consiguió crear un perfume tras extraer los olores corporales de sus víctimas. Después apareció junto a José Coronado o Nancho Novo en Tuya siempre, cuyo argumento giraba en torno a una chica que deja la delincuencia cuando debuta como camarera de un club de jazz por el que pasan personas pintorescas. Su siguiente largometraje, El amor es un suicidio, pasó inadvertido por su carácter amateur: requirió casi un lustro de trabajo y solo se proyectó en dos salas. Él encarnó al amigo de un cineasta que, mientras luchaba por rodar su primera cinta, intentaba también resolver su complicado panorama sentimental. Hace apenas un mes se presentó en el Salón del Cómic barcelonés Capa caída, aún pendiente de estreno, donde encarna a un discreto personaje. Esa comedia retrata a un superhéroe español que acaba currando en un supermercado cuando, al ser acusado de abuso de menores, la gente olvida todas sus hazañas pretéritas. Sin embargo, el mundo volverá a necesitar sus poderes, según adelanta la sinopsis. También ha nacido recientemente Casting, la película que protagoniza con Esther Rivas y que le ha reportado una Biznaga de Plata en el último Festival de Málaga. Él da vida a un actor derrotado que asiste sin demasiada fe a otra prueba más, aunque esta será diferente: conoce a una actriz que le ayuda a encontrarse consigo mismo.

El origen de Casting está en la trilogía de cortometrajes homónima que había arrasado previamente en el certamen Notodofilmfest. Él encabezó la primera entrega, dedicada a un treintañero que había sacrificado demasiadas cosas por la interpretación a cambio de nada. Pero su dilatada andadura por el formato breve empezó mucho antes con Caos, una historia tan fugaz como disparatada. Y es que, mientras recogía su cuarto en treinta segundos, hallaba bajo la cama a una amante entregada a la que había prometido una nueva cita después de mantener un tórrido encuentro. Siguió provocando carcajadas en el surrealista Contrato de permanencia, sobre la continua negociación que implica toda relación sentimental. Él era novio de una chica que recibía telefónicamente una jugosa oferta: un idilio de veinte meses con un chico joven, virgen, hacendoso… Así que estaba dispuesto a todo para mantenerla a su lado…, incluso a aumentarse el tamaño del pene. Cambió de registro cuando llegó a sus manos el guion de Aquí te pillo, aquí te mato, donde le tocaba cuidar de una fotógrafa aquejada de trastorno bipolar. El público ya puede ver Huir, una pieza entrañable en la que se reencuentra con su amor de la infancia mientras vigila la puerta del banco que están atracando sus compañeros. Y próximamente saldrán a la luz el bélico Dark was the night y el oscuro ¿A quién matarías?        

 
 

En 2008 saltó a la pequeña pantalla gracias a Zona SIN (Neox), un espacio juvenil algo gamberro que incluía sketches y entrevistas a caras conocidas en los eventos más importantes. Los espectadores de la segunda temporada de Sexo en Chueca, emitida por La Siete, vieron cómo intentaba ligarse descaradamente a un atractivo joven que resultaba ser heterosexual. Y a mediados de 2011 fue narcotraficante en el capítulo piloto de Giro, serie que crearon tres estudiantes como proyecto final de un máster organizado por la productora Globomedia. Aunque breve, esa aventura le permitió codearse con nombres de la talla de Antonio Resines, Ana María Polvorosa o Pepe Viyuela. Cuéntame cómo pasó le hizo retroceder hasta 1979 para convertirse en buen amigo de Carlitos, a quien intentaba convencer de que montase un garito y le contratase como camarero. Esa aplaudida ficción le tenía reservada una secuencia frente a Juan Echanove, ya que acudía al decadente bar de este con la intención de tomar un refresco acompañado de sus célebres croquetas, pero solo había cortezas baratas. Su última escala ha sido Amar en tiempos revueltos, para cuya última temporada hizo de brigada del ejército franquista.             
 
 
HÉCTOR ÁLVAREZ JIMÉNEZ
¿Recuerda el momento particular en que decidió ser actor?
− Desde siempre fantaseaba con la idea de ser actor, pero me daba mucha vergüenza decirlo porque pensaba que eso solo estaba destinado a unos pocos Luego, casi por casualidad, acabé rodando un cortometraje experimental con el director Silvestre García (Silver) y me dijo: “Tío, se te da bien”. ¡No me lo podía creer! Estuve todo el rodaje pensando que me encantaría trabajar de ello, así que me lié la manta a la cabeza y empecé a hacer cursos de interpretación mientras terminaba periodismo.
 
− ¿Quién fue la primera persona a la que se lo contó?
− A Silver, después de que me dijera que se me daba bien. Le respondí: “¿En serio? Pues… ¡Me encantaría ser actor!”. A continuación lo comenté en casa y fliparon bastante. No les extrañaba el hecho de que quisiera actuar, pero pensaron que no sería capaz de hacerlo por mi timidez. ¡Fliparon aún más al darse cuenta de que no soy nada tímido cuando trabajo!
 
− ¿Cuál ha sido el mayor golpe de suerte que ha recibido hasta ahora en su carrera?
− Cada cosa que he hecho ha sido un golpe de suerte. Si tengo que escoger uno, me quedo con que Jorge Naranjo me escribiera aquel regalo de guion para el corto Casting, que de ahí naciese la idea de crear la película homónima y que yo siguiese siendo una de sus opciones principales. Ha sido un sueño trabajar para él, con esos enormes intérpretes que componen el elenco y haber ganado entre todos las Biznagas de Plata al Mejor Actor y Actriz de Reparto.
 

 
 

− ¿A cuál de los personajes que ha encarnado le tiene especial cariño? ¿Por qué motivo?
− ¡Uf! Es difícil escoger uno porque todos los que he interpretado tienen algo especial, pero podría señalar cuatro. El Mecha de Toma 3 fue mi primer personaje, me lo regaló Silver. El Capitán Buen Rollo era un superhéroe al estilo Neng de Castefa que basaba sus poderes sobrenaturales en dar alegría a la gente de su alrededor, cuando realmente era un matao al que nada le salía bien. También me quedo con mi entrañable Mateo de Huir, el último cortometraje que he rodado para Silver, donde mi compañera era Alba Quiñones. Y, sin duda, con el Javi de Casting: ha sido mi primera película, me está dando muy buenas experiencias, le tengo especial cariño a Jorge Naranjo y mi papel es una amalgama de mí mismo.
 
Si el teléfono dejara de sonar, y ojalá que no, ¿a qué cree que se dedicaría?
− Debo decir que estoy empezando y el teléfono no suena demasiado [Risas]. Espero que empiece a hacerlo, pero si no sonase… ¡Me dedicaría a algo que me permitiese pagar el alquiler! Me encantaría ser redactor de guías turísticas porque requiere dos cosas que me apasionan: escribir y viajar.
 
− ¿Ha pensado alguna vez en tirar la toalla?
− Cientos de veces. Pero es como decir que vas a dejar de comer: puedes decirlo después de desayunar, pero pasan cuatro horas y ya tienes hambre. Ni te planteas que hace un rato dijiste que no volverías a comer, simplemente te lo pide el cuerpo.
 
− ¿En qué momento de qué rodaje pensó: “¡Madre mía, en qué lío me he metido!”?
− Cuando compagino un trabajo interpretativo con el empleo de subsistencia. ¡A veces tengo que hacer el pino puente!
 
− ¿Le gusta volver a ver los títulos en los que ha participado?
− Siempre me da algo de pudor verme y escucharme, aunque creo que me gusta. Y tengo que visionar mis trabajos dos veces: en la primera me analizo y en la segunda disfruto con el trabajo de mis compañeros, la fotografía, el sonido… También me vienen a la cabeza cosas que pasaron durante el rodaje, pero que no se ven en pantalla. Y si disfruté como un chiquillo rodando, me emociono. Por otra parte, lo considero un ejercicio necesario, ya que me gusta saber dónde la he cagado y dónde no.
 

 
 

− ¿Cuál considera que es el principal problema del cine español y qué solución se le ocurre para paliarlo?
− Por un lado, creo que se trata en sí mismo como un género y no le damos el valor que se merece. Y por otro, falta una industria cinematográfica sólida por escasez de dinero, no de ideas ni de buenos profesionales. Además, algunas medidas recientes tampoco ayudan.
 
− ¿A quién le devolvería antes la llamada, a Tarantino o a Burton?
− A Tarantino. Haría una llamada rápida que interrumpiría con alguna excusa del tipo: “Tío, he de ir a rodar, te llamo cuando acabe”. ¡Aunque en realidad tuviese que ir a poner cañas! [Risas] Y acto seguido contactaría con Burton para que tampoco se me escapase.
 
− ¿Cuál fue el primer actor o actriz que le conmovió?
− Seguramente no fue el primero, pero sí me dejó huella Héctor Alterio en El hijo de la novia. Los últimos han sido Ken Appledorn y Nay Díaz en Casting. Pensé: “¡Qué cabrones!” [Risas].
 
¿Qué frase cinematográfica le gusta aplicar como leit motiv personal?
Seguro que, si hubiese hablado, le habría robado la frase al robot de Wall·E [Risas]
 
− ¿Qué largometraje ha visto tantas veces que se sabe los diálogos completos de alguna escena?
Pulp Fiction y Primos. 
 
En una escena de 'Casting', la película premiada en el último Festival de Málaga
En una escena de 'Casting', la película premiada en el último Festival de Málaga
 
 
− ¿Cuál fue la última película que no fue capaz de ver hasta el final?
Shoot’em up.
 
− ¿Recuerda alguna anécdota divertida que haya vivido como espectador en un teatro o sala de cine?
− Fui al cine con un colega que se había dejado las gafas, y aunque no veía casi nada sin ellas, entró por no dejarme tirado. Aunque al llegar a la sala me pidió que le guiase, la película ya había comenzado y me quedé embobado escuchando a la protagonista mientras buscábamos asiento. Me senté en una butaca y él se puso en la de al lado, pero no me había dado cuenta de que había una chica, así que se sentó sobre ella. ¡Soltó un grito y le dio un empujón! [Risas].
 
− ¿A qué serie de televisión está enganchado?
− A Mad Men y Los Soprano. Parecen películas con guiones increíbles y grandes actores.
 
− ¿Cuál es el mejor consejo que le ha dado alguien cercano para ejercer este oficio?
− “Créetelo de una puñetera vez”.
 
− ¿Qué punto fuerte destacaría de usted como intérprete?
− Soy buen compañero. En la escuela no paraban de decirnos que esto es un trabajo en equipo: hay que ver y escuchar al otro. Así que juego con quien comparto escena e intento facilitar la labor de todos los profesionales implicados.
 
− ¿Y débil?
− Mi inseguridad y timidez. No son patológicas, desaparecen en el plató o el escenario y cuando intercambio cuatro palabras tranquilas con alguien, pero de antemano están ahí como barrera. Tengo que trabajar eso.
 
− Adelántenos, ahora que no nos escucha nadie… ¿Cuál es el siguiente proyecto que se va a traer entre manos?
− Rodaré el cortometraje Ascó con el director Kini Ramos, tengo prevista una obra para los Miniteatres de Barcelona y he enviado varios textos al madrileño Microteatro por Dinero. A ver si tengo suerte. ¡Ah, y algunos extra como camarero! [Risas]
 
− ¿Qué sueño profesional le gustaría hacer realidad?
− Vivir de esto: participar en proyectos de forma continuada, aprender con personajes e historias que no tengan nada que ver entre sí, trabajar junto a directores y actores que admiro…
 
− ¿Qué titular le gustaría leer en el periódico de mañana?
− “El dinero es gratis”.
 
− ¿Qué canción o canciones escogería para ponerle banda sonora al momento actual de su vida?
− Las que tengo puestas ahora mismo, una tras otra, son: Pa amb oli i sal (Blaumut), Feels like we only go backwards (Tame Impala), Tes quiero may lof (La Canalla) y Tonight, Tonight (The Smashing Pumpkins).
 
− ¿En qué otra etapa de la historia le gustaría haber nacido?
− Me mola mucho esta, aunque la cosa esté jodida. Por curiosidad viajaría a todas las épocas, sobre todo al futuro, pero para vivir mi vida me quedo como estoy.
 
− Díganos qué le parece más reseñable de AISGE y en qué aspecto le gustaría que mejorásemos.
− Vuestro ingreso anual, aunque por ahora no ha sido muy grande, me ha dado más de una alegría. Agradezco vuestra lucha en defensa de nuestros derechos y también toda la labor de Fundación AISGE: los cursos que programáis son un lujo.
 
 
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