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Javier Pereira
 
“Soy más de buscar soluciones que de
tirar la toalla”
 
 
Madrileño, 32 años. La película Stockholm, dirigida por Rodrigo Sorogoyen, le acaba de reportar el Goya al mejor actor revelación después de media vida dedicada al oficio. De adolescente estrenó el cortometraje Campeones, que le hizo retroceder como forofo del Atleti hasta 1971, cuando el equipo tuvo posibilidades de ganar la liga en el último partido. Un amigo le invitaba a ir al Calderón, pero su padre estaba muy enfermo, así que no dudaba en sacrificar ese rato de euforia para pasar la tarde con la familia. Los colchoneros perdían el título liguero y su progenitor fallecía al poco tiempo, dos tristes episodios que rememoraba cada vez que el club terminaba derrotado. El último día del principio de tu vida, su segundo trabajo en el formato breve, le dio unos cuantos sustos. Figuró entonces entre los cuatro jóvenes que pasaban una noche en la mansión de su difunto abuelo, donde el espíritu de una mujer desconocida los asesinaba a todos despiadadamente. A comienzos de 2007 protagonizó en solitario Puro teatro, que le puso en la piel de un actor que representaba ante sus allegados una obra sobre su propia existencia. Daniel Sánchez Arévalo le llamó ese año para el disparatado Traumatología, donde se codeó con otros grandes intérpretes: Antonio de la Torre, Julián Villagrán, Quim Gutiérrez, Raúl Arévalo… Un hombre caía fulminado durante la boda del mayor de sus cinco hijos y el acontecimiento aireaba trapos sucios familiares: el contrayente no estaba tan seguro de casarse como parecía, uno de los hermanos salía a escondidas con la novia de otro, el más excéntrico de todos se masturbaba cuando miraba una foto de su madre… Él puso cara al benjamín, que demostraba poca empatía con los demás, estaba casi convencido de su homosexualidad y tenía miedo de quedarse solo a causa de su incipiente calvicie.
 
 
En 'Stockholm'
En 'Stockholm'
 
 
 
   Al año siguiente enfrentó problemas más serios en El viaje al paraíso, donde dio vida a Miguel, incapaz de convivir con su padre y siempre acompañado del único amigo dispuesto a entenderle. Hasta que un día, mientras estaba fuera de casa y sin posibilidad de llegar a tiempo al hospital, le comunicaban que su madre había muerto. Entonces iniciaba junto a su hermano un camino nuevo lejos de ese Madrid que tan malos recuerdos le traía. Cambió radicalmente de registro gracias a Misericordiam Tuam, que le llevó nuevo siglos atrás para viajar con Álvaro de Luna hasta la frontera entre Al-Ándalus y Castilla. Ambos eran musulmanes procedentes del sur peninsular y asesinaban al joven heredero de la monarquía cristiana establecida en el norte. Esa pieza histórica pretendía denunciar la absurda rivalidad entre religiones. En 2010 interpretó para La vida que me queda a un veinteañero distinto a los demás. Repasaba en imágenes los desengaños que, desde la infancia, le habían hecho daño: los golpes de sus vecinos, la infidelidad de su única novia seria, la ironía de su jefe al despedirle de un trabajo deprimente, la inminente muerte de su progenitor tras una década sin hablarle… Todos le habían tomado por friki debido a su carácter, pero al final descubría la felicidad al margen de las convenciones. Su último trabajo, estrenado el pasado 2013, es una cruda historia de pareja llamada Sexo explícito. Su novia (Marina Salas) le confesaba que estaba insatisfecha con las relaciones íntimas y él lamentaba que no se preocupase por cuestiones más importantes.
 
Un nombre valorado en el panorama cinematográfico
Casi desde el inicio de su carrera ha alternado cortometrajes y películas, pues en 2002 dio el salto a las salas comerciales con ¡Hasta aquí hemos llegado!, la historia de un ejecutivo tan absorbido por el trabajo que perdía a su familia y descubría demasiado tarde que su empresa le estafaba. Pero un accidente de tráfico le servía de solución: fingía una muerte horrenda e inventaba un falso hermano gemelo para arreglar su desastrosa cotidianidad. El primer gran título de su currículum fue Frío sol de invierno, estrenado en 2004, cuyo rodaje le deparó un montón de secuencias junto a nombres consagrados: era el hijo de una arisca prostituta (Marisa Paredes), trabajaba a las órdenes de un chatarrero que le explotaba (José Manuel Cervino) y competía con un pijo desequilibrado (Unax Ugalde) por el cariño de una muchacha (Marta Etura). Igual de desgraciado fue el personaje que recibió al año siguiente en Heroína, un filme sobre la lucha de numerosas madres gallegas contra ese incipiente narcotráfico que tan nefastas consecuencias tuvo entre la juventud a finales de los ochenta. Apareció en la gran pantalla como un toxicómano que llegaba a prisión tras perpetrar mil atracos para costearse la droga, pero esa vez le acompañaba una madre (Adriana Ozores) que dedicaba todo su esfuerzo a sacarle de la adicción. Con A golpes presenció las andanzas de cinco chavalas convertidas en aluniceras para cambiar un futuro que no se les antojaba prometedor, aunque semejante atrevimiento provocase el enfado de peligrosas bandas masculinas.
 
 
En 'No tengas miedo'
En 'No tengas miedo'
 
 
 
   El año 2006 le resultó especialmente provechoso. Se apuntó a aquella cinta ecologista de Sigfrid Monleón titulada La bicicleta, un canto al reciclaje y el ahorro energético frente al consumismo generalizado y la contaminación. Él hizo de estudiante algo hippy que convocaba una bicifestación para reivindicar una ciudad habitable, iniciativa con la que se ganaba el amor de una mensajera desquiciada por el tráfico. Aunque realizada también con poco presupuesto, Tu vida en 65 minutos obtuvo un éxito considerable gracias a la mezcla de tres ingredientes: casualidad, amor y muerte. Su Dani, abatido por el fallecimiento de su padre y la ruptura con su novia, asistía por error al velatorio de un joven. Allí conocía a la hermana del finado, se enamoraba de nuevo y se suicidaba al finalizar el idilio, pues estaba seguro de que este mundo no le ofrecería nunca más una felicidad tan plena como la experimentada. Por último, Días azules le llevó a Galicia con sus dos hermanos (Óscar Jaenada y Javier Ríos) para pasar el último verano en la casa familiar, definitivamente a la venta. A pesar de que él era el más responsable de los tres, una noche de borrachera sufría un accidente que segaba la vida de su chica (María Castro). Y el primogénito, dispuesto a proteger el brillante porvenir del benjamín, huía a Brasil como si hubiese sido el culpable.
 
   La escalofriante Aparecidos, filmada en Argentina por Paco Cabezas, le acercó a los crímenes cometidos durante la dictadura de Videla. En 8 citas llegaba a una discoteca con ganas de ligarse a la tía más atractiva para calmar su despecho, pero terminaba como el cazador cazado, ya que sucumbía al desparpajo de una madurita bastante alejada de sus preferencias físicas. Con Animales de compañía abordó las relaciones paternofiliales y fraternales en clave cómica: aunque un matrimonio conservador se esforzaba por dar la imagen de familia modélica, sus vástagos se habían convertido en adultos extravagantes que no se parecían en nada, lo que desataba peleas a cada momento. A él le tocó ser entonces el típico rebelde sin causa. Después de su pequeña actuación para Amigos…, muy pocos espectadores le vieron como uno de los veinteañeros desnortados de Amanecidos, un puzle formado por multitud de secuencias descolocadas que entró al circuito comercial con solo tres copias. 
 
   Montxo Armendáriz contó con él para denunciar los abusos sexuales a menores en No tengas miedo, ese largometraje en el que una violoncelista (Michelle Jenner) plantaba cara al sufrimiento de una infancia destruida por las violaciones y caminaba decidida hacia la vida adulta. Sin embargo, la cinta que le ha valido un Goya ha sido la modesta Stockholm, rodada a contrarreloj con ayuda del crowdfunding. El motivo de tal reconocimiento resulta evidente: borda al típico pesado que ronda toda la noche a una chica descreída, a quien trata con inexplicable indiferencia a la mañana siguiente, justo cuando ella ya está enamorada de él. Próximamente verá la luz una road movie titulada Anoche en la India, cuyo personaje principal es un hippy enfermo (Juan Diego) que viaja a bordo de una furgoneta hasta el país asiático para revivir por última vez esa misma travesía que tan feliz le hizo en el pasado. Y al Festival de Sitges llevará Serie Z, de la que adelantado más bien poco: “Me pongo en el pellejo de un chico que se va a casar, pero la noche anterior sale de despedida de soltero con sus colegas y la cosa se complica bastante, no sabe si llegará a la boda”.
 
 

 
 
 
Secundario en la pequeña pantalla
A principios de 1998, poco después de debutar como actor profesional, llamó a las puertas de la televisión. Su primera oportunidad se la dio Señor alcalde, una comedia que Carlos Larrañaga protagonizó para Telecinco, cuyo argumento giraba en torno a los conflictos entre el regidor y los dos concejales de la oposición. Luego saltó a Antena 3 de la mano de Nada es para siempre, donde se enamoraba de una compañera del instituto que le rechazaba continuamente, pero esa cadena también le ofreció un papel episódico para Policías. Desde septiembre de 2001 a julio de 2002 experimentó el fenómeno desatado por la serie adolescente Al salir de clase, a la que se unió bajo el nombre de Enrique Cobos, más conocido como ‘Triki’. Las dos temporadas que permaneció ante la cámara dieron mucho de sí: su madre fallecía a causa de una enfermedad, su padre estaba ausente porque trabajaba en una plataforma petrolífera, una secta le abducía, le ponía los cuernos a su chica (Leticia Dolera)…
 
   Tras intervenir tres veces en El comisario, su siguiente aventura fue Cuestión de sexo, centrada en las relaciones sentimentales a distintas edades. Hizo de Charly, el chico más guapo del barrio, capaz de cautivar a la temperamental Sofía (Ana Fernández). Ella le brindaba su virginidad y hasta le parecía buena idea iniciar un noviazgo, pero él ya estaba emparejado y no iba a abandonar tal condición. A partir de ese momento se declaraban una guerra plagada de vaivenes que se libró entre 2007 y 2008: a veces eran solo amigos, a ratos compartían días enteros bajo el mismo techo, se deseaban tanto que mantenían tórridos encuentros en cualquier sitio, más tarde olvidaban esa pasión para acostarse con terceros, asumían juntos un inesperado embarazo… Los espectadores de Aída y Hospital Central le vieron de refilón en Telecinco, mientras que la audiencia de Antena 3 quizá le recuerde por El Gordo: una historia verdadera, aquel telefilme sobre una familia con multitud de problemas pese a haber ganado una millonada en la lotería. ¿Cuál era el mensaje? El dinero no siempre da la felicidad, a veces es una maldición que condena a quien lo posee.
 
   Mayor repercusión tuvo su personaje de Roberto en 14 de abril. La República, cuya primera temporada se estrenó a mediados de 2011. Fue el pretendiente de Alejandra (Verónica Sánchez), una jovencita de ideas progresistas que no le correspondía, pues se disputaba con una burguesa el amor de un diputado conservador. Ese mismo año, después de realizar breves colaboraciones en Los misterios de Laura o Gran Hotel, también encarnó a Rafa Luján para La pecera de Eva. Y allí tampoco encontró un panorama agradable: iba a separarse de la mujer con la que había vivido toda su juventud y su hija no aceptaba que un chico la hubiese rechazado por ser gay. El pasado mayo estrenó Gran Reserva. El origen, la precuela de esa exitosa ficción ambientada en los viñedos riojanos. Y le vino como anillo al dedo el soberbio Gabriel Cortázar, perteneciente a un acomodado clan vinícola y asesinado accidentalmente por la tabernera del pueblo, a cuya cándida hija había despreciado tras dejarla embarazada. Su relajada rutina no contemplaba el estudio ni el trabajo, solo la juerga a base de copas y la diversión con mujeres de todo tipo.
 
 

 
 
 
Primeros pasos de una prometedora andadura teatral
Durante su etapa de estudiante representó los pequeños montajes Amarillo Molière y Procesos, aunque también se atrevió con el longevo espectáculo La catarsis del tomatazo, donde procuraba que sus actuaciones gustasen al público para no recibir así una lluvia de tomates. En 2011 se puso a las órdenes de Rubén Ochandiano con una versión de La gaviota que visitó los teatros Lara y Galileo de la capital. Suyo fue el papel de Kostia, ese inexperto dramaturgo traicionado por partida doble: su madre era una actriz vanidosa que pisoteaba su talento y su amada se quedaba prendada de un famoso artista pese a que él ya le había concedido el protagonismo de su primera obra. Tanta amargura le conducía finalmente al suicidio, aunque quizás habría sido feliz si hubiera conocido el profundo amor que un muchacho le profesaba en silencio.
 
   Raquel Pérez, una de sus maestras en la escuela de Cristina Rota, le subió al escenario con El emperador y el esclavo. Recorrió entonces algunas ciudades como siervo de Calígula, erigido por los historiadores en el más sanguinario de los líderes romanos, pero con un trasfondo humano que él descubría a través de largas conversaciones. Y es que el infausto emperador enloqueció ante las sucesivas conspiraciones para apartarle del poder, que le llevaron a vivir entre el miedo y la soledad hasta el momento de su asesinato. Volvió a salir de gira gracias a la trepidante Perversiones sexuales en Chicago, una comedia sobre la siempre arriesgada transición del disfrute físico al romance formal, cuando el desenfreno da paso a la desconfianza. Más aún si la pareja está rodeada de amigos empeñados en boicotear su recién nacida convivencia.
 
 

 
 
 
HÉCTOR ÁLVAREZ JIMÉNEZ
¿Recuerda el momento particular en que decidió ser actor?
− No hubo un instante decisivo, más bien fue un proceso. Mi familia me propuso a los 13 años que probase alguna actividad artística, en plan música o teatro, así que opté por la segunda. Poco a poco fui descubriendo la profesión a la que me apetecía dedicarle mi tiempo y mi energía.
 
− ¿Quiénes fueron las primeras personas a las que se lo contó y qué le dijeron?
− Como mis parientes habían sido el motor de esa incursión, no les pareció raro que fuera enganchándome cada vez más a este oficio: siempre los tuve a mi favor. Con 14 años decidí que me cambiaran a una escuela mejor y fue entonces cuando entré en la de Cristina Rota.
 
− ¿Cuál ha sido el mayor golpe de suerte que ha recibido hasta ahora?
− Sería injusto elegir solo uno, ya que mi trayectoria ha avanzado paso a paso. Me quedo con todas las oportunidades que me han ayudado a mantenerme en activo durante 17 años.
 
− ¿A cuál de los personajes que ha recibido hasta ahora le guarda especial cariño y por qué?
− A tres: el de Heroína me pareció un auténtico regalo, encarnar al de Tu vida en 65 minutos fue una experiencia maravillosa y nunca olvidaré al de Stockholm por las circunstancias en que se rodó la película.
 
Si el teléfono dejase de sonar, y ojalá que no, ¿a qué se dedicaría?
− De pequeño quería ser arquitecto y acabé estudiando la carrera de Trabajo Social. Aun así, creo que me dedicaría a algo relacionado con la interpretación, pues es el mundillo que mejor conozco.
 
− ¿Ha pensado alguna vez en abandonar?
− Por el momento no. Soy más de buscar soluciones que de tirar la toalla.
 
 
En 'Stockholm'
En 'Stockholm'
 
 
 
− ¿Le gusta volver a verse en series y películas?
− No sé si me gusta o no. Al menos sé que no me importa. Soy bastante autoexigente durante la preparación del papel y la posterior actuación, pero no me castigo una vez realizado el trabajo, simplemente lo disfruto y me quedo con los aspectos susceptibles de mejora para el futuro.
 
− ¿Cuál considera que es el gran problema del celuloide español y qué solución se le ocurre para paliarlo?
− El principal lastre de esta industria, además de la crisis, es el cambio en los hábitos de consumo. Ahora las películas solo se ven en DVD o a través de Internet, por lo que su producción ya no llega a ser rentable. Desde todos los ámbitos deberíamos hacer un esfuerzo para salvar algo tan necesario y placentero como el cine. En primer lugar, estaría bien que el Estado bajase el IVA cultural, no recortase tanto las ayudas del ICAA y apoyase también los largometrajes más pequeños. Los distribuidores y exhibidores, por su parte, tendrían que ajustar un poco más el precio de las entradas. Y a quienes contamos las historias, tanto técnicos como artistas, nos correspondería la misión de enganchar más a los espectadores para que confíen definitivamente en nosotros.
 
− ¿A quién le devolvería antes la llamada, a Tarantino o a Burton?
− No creo que eso ocurra, pero me decantaría por Tarantino.
 
− ¿Cuál fue el primer actor o actriz que le conmovió?
− Miguel Ángel Solá en El diario de Adán y Eva. Ver cómo interpretaba a todos los personajes que tenía durante la función, especialmente a un viejecito, fue una lección magistral que jamás olvidaré.
 
− ¿Qué frase de película usa como ‘leit motiv’ personal?
− “Todos nos volvemos locos alguna vez”. La dice Norman Bates en Psicosis.
 
− ¿Cuál es la cinta que más veces ha visto? 
Réquiem por un sueño. Me la sé casi de memoria, no me canso de ponerla. ¡Lo que hubiera dado por haberla hecho yo! [Risas].
 
 

 
 
 
− ¿Cuál es el mejor consejo que le ha dado alguien cercano para ejercer esta profesión?
− “Ármate de paciencia y fuerza mental, que esto es una carrera de fondo”. Me viene muy bien tenerlo en cuenta.
 
− ¿Qué punto fuerte destacaría de usted como intérprete?
− La exigencia, que me empuja a esforzarme y mejorar.
 
− ¿Y débil?
− No tengo muy buen oído, así que canto regular.
 
− ¿Qué sueño profesional le gustaría hacer realidad?
− Sería muy bonito representar un texto en verso o castellano antiguo. Se me ocurre Romeo y Julieta, Hamlet, algo de Lope de Vega…
 
− ¿Qué canción simboliza el momento actual de su vida?
− Estoy enganchado a Safe and Sound, de Capital Cities. ¡Me alegra nada más escucharla!
 
− ¿Qué titular le gustaría leer en el periódico?
− “Rajoy ha entregado un sobre con su dimisión”. 
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