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11-03-2015 Versión imprimir

 
 
 
“Actuar me sale de una manera natural”

 
Su hoja de ruta suma paradas en Londres, Roma, Atlanta, París, Hungría, San Francisco o México. Y eso, sin abandonar la pintura y la escritura, sus antídotos a la soledad en los rodajes 


NURIA DUFOUR
Reportaje gráfico: Santi Burgos
Jordi Mollà, el actor que probablemente más puentes haya cruzado, nos espera en una cálida y protegida terraza al abrigo del frío atenazador de este Madrid invernal. Han sido muchos los miles de kilómetros que ha recorrido desde que en 2001 debutara en el cine norteamericano con un destacado personaje en Blow (Ted Demme), película en la que compartía cartel con Penélope Cruz y Johnny Depp y en la que interpretaría el primero de una nómina de hispanos, Diego Delgado. Aquella colaboración surgió como surgen tantas cosas: “paradójicamente”. En un viaje inesperado a Nueva York, su primera vez en EE UU, coincidió con las pruebas de reparto que estaba realizando la directora de casting Avy Kaufman. La separata apenas tenía tres frases: “Buenos días. ¿Cómo le va? Ya se puede usted ir”. Pero Mollà (Barcelona, 1968) se las ingenió para hacerse con el guion y preparar otro personaje con más texto. “Me presenté a la prueba acojonado y funcionó. Sin esos miedos sería un actor más banal. No digo que haya que tener miedo. Yo lo tengo, es mi naturaleza”.
 
 

 
 
 
   Camino a Los Ángeles tuvo náuseas durante todo el trayecto. “Pensaba, ¿cómo puede ser que, en lugar de dar brincos de alegría, esté vomitando bilis de angustia y nervios? Imagino que eso es lo que también me hace ser un actor de verdad…”. Desde entonces ha saltado a uno y otro lado del globo para participar en más de una veintena de títulos. La penúltima aventura, Criminal, le reunió en Londres junto a Tommy Lee Jones, Gary Oldman y Kevin Costner. La siguiente quizá sea en España, pero apenas da pistas, salvo que está en fase de financiación. Entre medias, varias producciones pendientes de estreno, todas internacionales. Tiene buen oído para los idiomas. Tan pronto rueda en inglés como en francés, italiano, castellano o catalán.
 
– Se considera actor por encima de todo. ¿Es interpretando donde encuentra mayor satisfacción?
– Sí, pero cuando digo que me considero actor por delante de todo es porque también soy actor cuando pinto, escribo o dirijo. Todo es parte de una actuación y me gusta combinarlo.
 
   Rodando en París a mediados de los noventa, Mollà escribe su primera novela, Las primeras veces (la segunda, Agua estancada, un par de años más tarde; también ha firmado guiones y piezas teatrales), y comienza a coger el pincel. “Pintar es como tener un amigo. Escribir, también. Tenía terror al vacío de no hacer nada y me inventé amigos. El día que no rodaba, desayunaba, escribía un rato, comía, me echaba la siesta, pintaba, me daba un paseo, cenaba y a dormir”.
 
 

 
 
 
– Bigas Luna fue decisivo en su carrera. En 1992 iniciaría su colaboración con él en ‘Jamón, jamón’.
– Bigas es el causante de muchas cosas en mi vida. Profesionales y personales. Era un filósofo, un pensador, un sociólogo, un antropólogo, un escritor, un director de cine… realmente documentado. Hablaría de él durante horas. Me enseñó lo que es importante y lo que no como actor. Sabía y podía reírse de sí mismo, de sus propias películas. Tenía razón. Yo también creo que es fundamental aprender a no tomarse muy en serio.  
 
   Repetiría con el director catalán en otras dos producciones, Son de mar y Volavérunt. Mollà nos recomienda no dejar de ver el “precioso” documental El buen anfitrión, que sobre Luna ha producido TVE en el primer aniversario de su muerte, y en el que el actor participa.    
 
 

 
 
 
– Acaba de ser fichado para encarnar a otro villano en la película de la Marvel ‘Ant-Man’.¿La industria norteamericana tiende a recluir al actor latino en un arco reducido de personajes?
– Así es. El americano ve al latino en el cine como un sirviente o un traficante. Para ellos somos inmigrantes con vidas difíciles. Son esos más o menos el tipo de papeles que nos pueden dar. Pero lo mismo ocurre en otros lugares. Si aquí pones un personaje italiano en un guion, estaría estereotipado. Lo contrario no funcionaría.  
 
– A la hora de aceptar un personaje, ¿suele ser escrupuloso?
– Lo paso fatal cuando digo que no, me entra un terror bestial. Hay decisiones que me han costado mucho. Juega la intuición y que tienes que pagar el alquiler. He aprendido a pensar: esto es un arte, pero también la manera de ganarte la vida.
 
– Algunos actores dicen que actuar tiene un valor terapéutico. ¿A usted le ha ahorrado muchas horas de diván?
– No tantas. Actuar me sale de una manera natural. Debes tener una buena escucha para entender al personaje y poder transmitirlo en la pantalla. Cada día que más sé de esto, más me cuesta explicarlo. Lo cierto es que después de veintitantos años de experiencia, querría ser capaz de conseguir mejor resultado con menos esfuerzo.
 
 
 
 
– En su carrera hay pocos títulos televisivos, un capítulo de ‘C.S.I. Miami’ entre ellos. Le ofrecieron en 2009 participar en la última temporada de ‘Perdidos’ y rechazó la oferta.
– En aquel momento, irme a Hawaii siete meses no era lo que quería hacer. ¿Cómo alguien es capaz de rechazar una propuesta como aquella?, debieron de pensar algunos fanáticos de Lost porque se dijeron verdaderas animaladas en las redes. Llegaron a escribir que querían cortarme la cabeza, meterla en un palo y que los cuervos me comieran los ojos. La gente proyecta sobre mí sus ilusiones y yo no estoy aquí para satisfacer a nadie.
 
– Dirigió su primer cortometraje, ‘Walter Peralta’, en 1993, y en su primer largo, ‘No somos nadie’ (2002), se dirige a sí mismo. ¿Fue una decisión suya?
– Pensé en varios actores para interpretar ese papel, pero el productor, Andrés Vicente Gómez, un tipo muy listo, me dijo: “estamos buscando a un actor que eres tú”. Tenía razón y ahí me cazó. Tampoco me costó mucho salir y entrar en el personaje. Fue más duro realizarla. Era una película muy complicada con muchas localizaciones, efectos y extras, pero aprendí muchísimo.
 
– Como actor suele decir que no le gusta hacer muchas tomas. ¿Como director tampoco?
– ¿Para qué? Si lo tienes, lo tienes. A veces los directores empiezan a rayarse con algo y ya no ven nada.
– En más de una entrevista ha mostrado su fascinación por Dalí. Ha estado a punto de interpretar al artista catalán en dos ocasiones.
– Dalí era varios personajes, con una mente brillante, de una complejidad increíble. Incluso en su última entrevista, saliendo de un hospital intubado y con un párkinson de la hostia, seguía siendo Dalí. Me encantaría interpretarlo en su última etapa.  
 
 
 
 
-En Barcelona rodó ‘Una pistola en cada mano’ (Cesc Gay, 2012), su trabajo más reciente aquí. ¿Sigue siendo un lugar de referencia para usted?
-Sí, por cuestiones muy íntimas. Barcelona tiene algo inspirador, pero no te puedes alimentar de tu pasado. Volver allí intentando buscar lo que una vez viste y encontraste… puede no servir. Tal vez descubras la manera de resucitar un espíritu que tenías hace veinte años, pero igual descubres que eso ya no es tu vida, lo que sería duro de aceptar.
 
– Alguien con tantos intereses creativos, ¿puede disfrutar con la sensación de no hacer nada?
– Tengo gran capacidad de observación. Me puedo sentar aquí, mirar los árboles y verlos. Creo que es importantísimo mirar y ver. 
 
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