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Jorge Clemente

 
“El arte casi siempre necesita nutrirse del mal”
 
 
 
A pesar de que este actor madrileño no ha reunido todavía 22 velas sobre su tarta, desde el año pasado sabe bien que su carrera se encuentra en plena pista de despegue. Un lustro atrás debutaba ante las cámaras de la juvenil La pecera de Eva, que le ofreció interpretar a Manu Zafra, el alumno menos problemático de cuantos atendían los psicólogos del instituto Unamuno. Su aspecto aniñado no tenía nada que ver con su alucinante madurez: sacaba buenas notas, su educación siempre resultaba exquisita, cuidaba gustosamente de su abuela, en su comportamiento aplicaba a rajatabla las directrices de la doctrina cristiana… Ese perfil anticuado a ojos de cualquier adolescente se complementaba con el típico look de pantalón de pinzas y peinado de raya perfecta, lo que le convertía en blanco fácil de los ataques de sus rebeldes compañeros, cuyos referentes sociales e inquietudes personales se situaban en las antípodas. Pero lo que peor llevaba no era la condición de marginado, pues abogaba por la paciencia en lugar de recurrir la agresividad, sino convivir con gente capaz de ensalzar hábitos tan reprobables como el botellón. El terapeuta Pep Companys (Alfonso Bassave) descubría en su fe exacerbada un instrumento para reprimir sus pulsiones naturales y le enseñaba a buscar el equilibrio entre cuerpo y alma como camino a la felicidad.
 
   Su andadura televisiva prosiguió en 2011 gracias a personajes episódicos en producciones tan dispares como la sobrenatural Ángel o demonio, la lúgubre telenovela de época El secreto de Puente Viejo o la longeva Cuéntame cómo pasó, donde dio vida a un macarra apodado El Nano. Se relacionaba con los delincuentes menores de edad que recibían las clases de alfarería impartidas por Inés Alcántara y les revelaba el escándalo que causó en su día el idilio de la profesora con el cura de San Genaro. Lo escabroso del chascarrillo animaba a los alumnos, amargados por tener que ir a un curso que consideraban absurdo, a burlarse despiadadamente de ella. Suponían que trabajaba en el centro tras haberse ligado a otro sacerdote, cuando en realidad estaba allí para poder dejar atrás su drogadicción.

 
   En Disney Channel encontraría su siguiente papel fijo, el del bonachón Lucas para la serie musical La gira, la primera apuesta de esa cadena por la ficción nacional. En compañía de sus hermanos Sara (Andrea Guasch) y Marcos (Ramón San Román) creaba el grupo Los Cuervo, enfrentado durante los breves capítulos de las dos temporadas a los miembros del conjunto Pop4U, quienes disponían de más fans e ingresos. Por eso ellos se debían conformarse con que les contratasen como simples teloneros, lo que alimentaba la envidia de la pérfida fémina del trío, mientras que él no tendría problema en abandonar la competitividad en el plano artístico para dedicarse a la tecnología. Y quizá era su falta de maldad lo que hacía que la cantante de la banda enemiga se enamorase… La acogida de esas aventuras adolescentes entre el público motivó el lanzamiento paralelo de la secuela Vidas de Cuervo: ¡pillados!
 
   En 2014 pasó de refilón por el primero de los tres episodios del telefilme biográfico El Rey, el que repasaba las peripecias de un todavía niño Juan Carlos I desde su retorno del exilio en 1948. Después viajó hasta Budapest para grabar un capítulo de Las aventuras del capitán Alatriste, la superproducción que Telecinco ha emitido este 2015 a partir de la saga literaria homónima y tras el éxito de la película, sin lograr atrapar en esta ocasión a la audiencia. Desde el convulso siglo XVII saltó en el mes de abril al no más plácido año 1913 en que se ambienta Seis hermanas, la serie diaria en la que borda al cándido estudiante de notaría Carlitos Terán. Corteja a conciencia a la benjamina del acomodado clan de los Silva, la soberbia e inteligente Elisa (Carla Díaz), si bien esta no muestra interés alguno. Solo le utiliza para dar celos a su idealizado Salvador Montaner, un abogado mujeriego y de mayor edad que ella, interesado para más inri en su hermana Diana (Marta Larralde). La cosa cambia cuando él se anuncia como el único heredero de la fortuna de su tío, lo cual le permitirá descargarse de las elevadas deudas de sus padres. Así consigue que la ambiciosa muchacha acepte la propuesta de matrimonio, y no duda entonces en romper su relación con la entregada Sofía. Sus últimas noticias pasan por el frente de guerra, donde su salud corre serio peligro. En el plantel coral comparte secuencias con otros compañeros populares: Celia Freijeiro, Álex Gadea

 
   También ha cumplido cinco años su experiencia en la gran pantalla,   adquirida al principio junto a grandes directores que fueron confiándole discretas apariciones. El mismísimo Álex de la Iglesia quiso que él pusiera cara joven al protagonista de Balada triste de trompeta, Javier (a quien encarnaría en la edad adulta Carlos Areces), hijo de un payaso (Santiago Segura) apresado al final de la Guerra Civil tras acuchillar a unos soldados franquistas que le reclutaron a la fuerza en medio del circo. Cuando visitaba a su padre durante la condena en el Valle de los Caídos, este le hacía responsable de dos misiones: que siguiera sus pasos cómicos y se vengase de las autoridades por tanta injusticia. El veterano Emilio Martínez Lázaro le subió en 2012 a La montaña rusa, una comedia romántica sobre tres amigos de la infancia que se reencontraban con el paso del tiempo, aunque en esa nueva etapa la amistad se les quedaba corta… Porque Ada (Verónica Sánchez) se debatía entre el amor sosegado y el sexo desenfrenado que le brindaban Lorenzo (Ernesto Alterio) y Luis (Alberto San Juan). Juntos componían el hombre perfecto, pero tanto disfrute se mantenía en un frágil equilibrio.
 
   La pasada Navidad formó parte del fenómeno desatado por El club de los incomprendidos, con un elenco plagado de estrellas de diferentes generaciones: Aitana Sánchez-Gijón, Lluís Homar, Charlotte Vega, Yon González, Patrick Criado, Andrea Trepat, Àlex Maruny… Le tocó el papel del atribulado Bruno, uno de los cinco muchachos que conocía la protagonista durante las reuniones con el orientador del instituto (Raúl Arévalo), de las cuales surgía una profunda amistad. En el transcurso del filme superaba las heridas producidas por el bullying y su amor imposible hacia Ester para mostrar luego su lado más extrovertido y afrontar con esperanza el porvenir sentimental.

 
   Pero ha coronado su gran cumbre interpretativa de la mano de Los héroes del mal, el debut del actor Zoe Berriatúa en la dirección de largometrajes con Álex de la Iglesia como productor. La historia pone a su Aritz en la piel de un chaval excluido que, pese a reaccionar con violencia a la impopularidad y los permanentes abusos, necesita que alguien le transmita cierto afecto. Busca pertenencia frente al desarraigo. Y encuentra su sitio junto a los también vapuleados Esteban (Emilio Palacios) y Clara (Beatriz Sánchez Medina). Los arrastra consigo en la espiral de venganza que decide emprender contra un entorno fortalecido por la sumisión de sus víctimas, con el propósito de demostrar que él puede ser aún más cruel que sus verdugos. Los amigos le acompañan en las fechorías hasta que surge atracción entre ambos, lo que desata su rabia al sentirse desplazado y precipita la ruptura del grupo, así que recurre a un plan maquiavélico con tal de llamar la atención: cuenta que ha matado a una histriónica prostituta (Macarena Gómez) y que en el lugar del crimen se le ha caído un objeto susceptible de implicar a Esteban. Por eso se ven atados de nuevo a él, aunque ponen en duda la veracidad de semejante historia, definitivamente desmontada con su confesión antes de morir por sobredosis. 
 
   A la primavera de 2013 se remonta la única experiencia teatral de su currículum hasta ahora, la peculiar Inside, cuyas escenas se sucedían durante un recorrido por el Hotel Intercontinental de Madrid bajo la mirada de solo dos espectadores. Cada pareja transitaba de la comedia al miedo mientras descubría espacios –la suite, los cuartos de limpieza, el sótano– normalmente cerrados para los clientes. A pesar de ofrecerse 11 representaciones diarias de una hora, las entradas estuvieron un mes agotadas.

 
RUBÉN DEL PALACIO
¿Recuerda el momento particular en que decidió ser actor?
− De pequeño me disfrazaba y hacía obras de teatro con mis hermanos en el salón. Con unos 10 años ya les dije a mis padres que quería ir a clases de interpretación los fines de semana. Ahí empezó todo.
 
− ¿Quién fue la primera persona a la que se lo contó?
− Mis padres. Siempre me han apoyado, y gracias a eso, he compaginado el trabajo con los estudios. Nadie en mi familia se dedica a esto, pero lo han entendido perfectamente, tengo mucha suerte.
 
− ¿Cuál ha sido el mayor golpe de suerte que ha recibido hasta ahora en su carrera?
− Haber participado en la película Los héroes del mal. Cuando pude leer el guion después de hacer las pruebas, me pareció increíble que estuvieran confiando en mí para un personaje así. Ha sido mi primer protagonista en cine y una gran oportunidad para poder crecer como actor. También me considero afortunado por haber entrado en contacto con la productora Bambú y trabajar actualmente con su equipo.
 
− ¿A cuál de sus papeles le guarda especial cariño?
− Al Aritz de Los héroes del mal. Es un chico muy sensible que se siente solo y rechazado, necesita cariño y verse aceptado por los demás. Sufre bullying en el instituto y encuentra en la violencia una forma para aliviar la impotencia y la frustración que le causan las constantes humillaciones. Fue difícil interpretarlo porque era un personaje atípico, pero decidí lanzarme a la piscina y disfruté mucho.
 
Si el teléfono dejara de sonar, y ojalá que no, ¿a qué cree que se dedicaría?
− No hay plan B. Tengo muy claro a qué quiero dedicarme toda la vida, pero en caso de que dejaran de llamarme, escogería algún trabajo en el que viajara y estuviese en contacto con gente. Aun así, siempre seguiría siendo actor.
 
− ¿Alguna vez ha pensado en tirar la toalla?
− Jamás.

 
− ¿En qué momento de qué rodaje pensó: “¡Madre mía, en qué lío me he metido!”?
− Beatriz Medina y yo estábamos ensayando en plena calle una secuencia de Los héroes del mal en la que la chillaba y empujaba. Los técnicos preparan el plano a nuestro lado. Un viandante se me acercó, y mientras me cogía del brazo, me gritó: “¿Quieres dejar a la chica en paz?”. Me quedé blanco.
 
− ¿Cuál considera que es el principal problema del celuloide español, si es que ve alguno?
− Dejando a un lado el tema económico, no hay un problema extensible a todo el sector. Es un error muy generalizado comparar en términos de taquilla el cine autóctono con el que viene de EEUU, y tras comprobar la habitual inferioridad del primero frente el segundo, insistir en afirmar que el nuestro tiene un problema. Ambas cinematografías parten de una clara desigualdad de condiciones: nos resulta imposible competir con Hollywood en la cantidad de proyectos que se producen y en el presupuesto con que cuentan. A ello se ha sumado un descenso de público en las salas a causa de la crisis económica, la piratería, la subida del IVA cultural por parte del Gobierno… Pese a la mala recaudación de los títulos españoles a lo largo de estos años, actualmente el panorama está mejorando gracias a películas que llegan a superar la taquilla de las americanas aquí. Espero que estos recientes éxitos sirvan de motivación a productores y gobernantes para apostar por nuevos proyectos, explorar posibilidades y dejar atrás el pesimismo que ahora acompaña a nuestro oficio. Así trabajaremos con ilusión y sin ningún tipo de complejo de inferioridad. Talento hay para ello.
 
− ¿Cuál fue el primer actor o actriz que le conmovió?
− No me acuerdo. Sí puedo decir que la interpretación de Emmanuelle Riva en la película Amor, dirigida por Michael Haneke, ha sido una de las que más me han emocionado.
 
¿Qué frase de película le gusta aplicar como leit motiv personal?
− Aunque no la aplico como leit motiv, me gusta mucho la famosa frase de Orson Welles en El Tercer Hombre: “En Italia, en treinta años de dominación de los Borgia, no hubo más que terror, guerras, matanzas… Pero surgieron Miguel Ángel, Leonardo Da Vinci y el Renacimiento. En Suiza, por el contrario, tuvieron quinientos años de amor, democracia y paz. ¿Y cuál fue el resultado? El reloj de cuco”. El arte casi siempre necesita nutrirse del mal.
 
¿Qué largometraje ha visto tantas veces que se sabe los diálogos completos de alguna escena?
Bananas, de Woody Allen. Preparé a conciencia una secuencia de ese filme para una clase de interpretación y todavía recuerdo el texto. 
 
¿A qué serie está enganchado?
− Siempre he sido más de películas que de series. Ahora no estoy siguiendo ninguna, pero hace tiempo vi con mis hermanos todas las temporadas de Lost, cuyos guionistas sabían mantener el suspense en cada capítulo. 

 
¿Cuál es el primer consejo que le ha dado alguien cercano –ya sea del ámbito profesional o personal– para ejercer mejor la interpretación?
− No sabría cuál decir, pero el de ser paciente es uno de los que más me han repetido, además de una de las cualidades más necesarias en esta profesión.
 
¿Qué punto fuerte destacaría de usted como intérprete?
− La intuición y la constancia.
 
− ¿Y débil?
− Soy muy autoexigente. A veces eso me impide disfrutar de lo que estoy haciendo.
 
− ¿Cómo titularía la autobiografía de lo que lleva vivido hasta ahora?
− “21 pa’ 22”.
 
− ¿Qué sueños profesionales que le gustaría hacer realidad?
− Muchos. ¿El primero? No parar de trabajar.
 
¿A qué lugar del planeta se teletransportaría mañana mismo?
− A Bora Bora de vacaciones.
 
− ¿Qué canción o canciones escogería para ponerle banda sonora al momento actual de su vida?
Wind of change (Scorpions) o Good Vibrations (The Beach Boys).
 
− Adelántenos, aprovechando que no nos escucha nadie… ¿Cuál es el próximo trabajo que se va a traer entre manos?
− Actualmente estoy encarnado a Carlitos Terán en Seis hermanas (TVE).
 
− ¿Qué titular le gustaría leer mañana en el periódico?
− El premio del Euromillón le toca al joven actor Jorge Clemente [risas].
 
− ¿Qué otra época histórica elegiría para nacer?
− El futuro: cuanto más tarde nazcas, más pasado tendrás.
 
¿Con qué parte de su cuerpo se siente más satisfecha?
− Con los dientes. A los 15 años llevé ortodoncia, les costó un buen dinero a mis padres.
 
Díganos qué le parece más reseñable de AISGE y en qué aspecto le gustaría que mejorásemos.
− La labor que desarrolláis por los derechos de los artistas, la ayuda a profesionales en situaciones complicadas, los cursos de formación...
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