twitter facebook instagram
Inicio Aisge
Noticias Entrevistas Cursos
 
Entrevistas
17-12-2012 Versión imprimir
“La fama, si sabes manejarla,
es maravillosa”
Con mirar de reojo a la cámara, encandilaba.
Hoy la mira de frente para derribar viejos clichés
 
 
EDUARDO VALLEJO
Reportaje gráfico: Enrique Cidoncha
Merlín no quiere que su padre se afeite la perilla que se ha dejado para la obra Crimen perfecto. Tiene nombre de mago, pero tan solo es un chavalín de diez años que lo acompaña en algunas giras y que, en el más puro estilo de los cómicos de la legua, ya se ha subido a las tablas para decir unas líneas. “Y con más temple que yo”, apunta su padre. El orgulloso progenitor es Jorge Sanz (Madrid, 1969), un actor hecho al gluglú delante de una cámara. Debe de experimentar cierto déjà vu viendo a Merlín, porque debutó con la tierna edad que hoy tiene su hijo. Fue “el niño” entre los mayores de nuestro cine –Alexandre, Fernán-Gómez, López Vázquez...– y con los años se convirtió en ídolo de adolescentes y figura de la pantalla.

– Empezó su carrera en 1979 haciendo de hijo de Jane Birkin en ‘La miel’ (Pedro Masó). ¿Cómo sucedió?
– Por pura casualidad. Una amiga de mi madre vio el anuncio de un cásting en el periódico. Antes de la prueba final con cámara me mandaron para casa. A la salida, nos paró Amelia de la Torre, que estaba en la película, me cogió de la mano y me metió de nuevo. Así de sencillo y así de complicado. Yo no elegí este oficio, él me eligió a mí.

– A los veinte ya era un veterano con Goya bajo el brazo (‘Si te dicen que caí’, Vicente Aranda, 1988). ¿La precocidad jugó en su contra?
– Al revés. La experiencia te proporciona un dominio natural del medio: estar relajado, conocer los tiempos, saber en qué tamaño estás... Ese conocimiento da serenidad ante la cámara.

– ¿Ser ídolo de fans le supuso un problema?
– Al principio la popularidad me llevaba a situaciones que me superaban. En el rodaje de Amantes en Burgos se organizó un cristo tremendo. Se suspendieron clases en varios colegios por falta de asistencia y tenía que ir escoltado por la policía. Pero, cuando aprendes a manejarla, la fama es algo maravilloso.

– ¿Y cuando te abandona?
– Eso forma parte de los altibajos del oficio. Hay que estar preparado, económica y psicológicamente.
Los papeles maduros
– Su carrera televisiva tardó en arrancar. Cuando llegó ‘Los jinetes del alba’ ya había rodado una veintena de películas. ¿Notó el cambio?
– Lo cierto es que no. Entonces las series se hacían como películas, en formato de 35 mm, o de 16, y con producción y tempo cinematográficos.

– ¿Fue Aranda el primero que le ofreció papeles maduros?
– Aranda y Trueba. Con ellos llegó el momento de separarme de los personajes e interpretar de verdad. Hasta entonces no era más que un niño que hacía lo que le pedían. Quedaba gracioso, pero no creaba personajes.

– ¿Le costó adaptarse?
– Me pilló en una época de cambios y con la cabeza a pájaros. El tándem creativo que formaban Victoria [Abril] y Vicente era sencillamente espectacular. Estaban muy unidos y se jaleaban. Si el uno proponía llegar hasta aquí, el otro le retaba a ir más allá, a dar otra vuelta de tuerca.

– Y usted en medio.
– Yo me subí al carro e intentaba entender lo que ocurría a mi alrededor. Ellos trabajaban 25 horas al día y, como digo, eran un torbellino. Aprendí que la clave de esta profesión es solucionar problemas. El actor es mejor cuanto más eficaz y natural es resolviendo problemas.
 
Cocina de batalla
– En ‘Colegio mayor’ (1993) volvió al mundo juvenil y desenfadado. Cambio de registro y de tipo de producción.
– Era la primera comedia de situación que se hacía en España y había cierto rechazo al género, que muchos veían como un desprestigio para la profesión. Si lo de antes era cocinar un gran plato, esto era como hacer salchichas, más de batalla.

– ¿Trabajaban con horarios normales?
– Jornadas de ocho o nueve horas a lo sumo. Aún había cierta humanidad.

– ¿Dónde pone el límite?
– Por norma, no trabajo más de doce horas seguidas, necesito doce horas entre jornadas y el guion con doce horas de antelación. No es mucho pedir, creo. Sin embargo, recientemente he rechazado un papel en una conocida serie porque no me lo garantizaban. El oficio tiene un componente de disfrute que, si no existe, no me compensa.

– En 2010 regresó como protagonista, pero de un modo singular. Háblenos de la gestación de ‘¿Qué fue de Jorge Sanz?’.
– Una conocida publicación de humor catalana me pidió un proyecto, porque querían meterse en televisión. Se lo comenté a David [Trueba] y me propuso la idea. Pasamos unos días deshuevándonos con viejas filmaciones mías y dándole forma al proyecto. En Barcelona me dijeron que el público español no estaba preparado para esto, pero yo ya estaba enamorado de la historia.

– Está hecha con pocos medios.
– ¡Y tanto! Éramos solo tres: David con la cámara, otro actor y yo. Hicimos el primer capítulo, con montaje y banda sonora, lo vio Canal + y lo compró. Si sería barato, que los del equipo de Cómo se hizo que mandó la cadena eran el doble que nosotros.

– ¿Era consciente del riesgo de la autoparodia?
– El personaje de Jorge Sanz es un vehículo a veces bastante alejado de la persona.

– ¿Hasta qué punto?
– En buena medida la serie es un resumen del anecdotario que compartimos David y yo desde hace veinte años y, en muchos casos, un producto de nuestras fantasías: Resines diciendo “donde está la pasta es en la televisión”, Galiardo soltando lo de “hoy he hecho caquita estupendamente”, o yo pifiándola en los Goya.
Merlín, también personaje fugaz en este falso documental, aguarda con paciencia el final de nuestra charla para poder zambullirse con su padre en la piscina.

– Tardó años en subirse a las tablas. ¿Era respeto o pereza?
– Supongo que por miedo al fracaso o porque creía que me iban a mirar con lupa. Los actores de teatro me daban mucha envidia, pero técnicamente me veía en desventaja.

– Sin embargo, quién dijo miedo. Debutó en 2002 con el clásico ‘Arsénico por favor’, a las órdenes de Gonzalo Suárez y con el precedente de Cary Grant.
– Había llegado el momento. No podía decir que no al papel de Mortimer. Lo pasé fatal: sudaba como un pollo y cada función era una tabla de gimnasia. Pero comprobé que efectivamente sobre las tablas se disfruta como un enano.

– ¿Algún proyecto en puertas?
– Seguir con la gira de Crimen perfecto y con más teatro, si es que la subida del IVA no nos manda a todos a la calle. 
17-12-2012 Versión imprimir
© AISGE 2017   Webmaster   Condiciones de uso   Política de privacidad
Inicio