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12-05-2014 Versión imprimir
Recibiendo el Premio Simón, en el Teatro Principal de Zaragoza, el pasado 5 de mayo
Recibiendo el Premio Simón, en el Teatro Principal de Zaragoza, el pasado 5 de mayo
 


Jorge Usón


 
“Los cortos deben hacerse con honestidad, humildad y compromiso”


El mejor intérprete aragonés de 2013 con ‘¿Por qué escribo?’ llama a “significarse” como hacía Félix Romeo
 
 
F. NEIRA
Su encarnación del desaparecido novelista y articulista Félix Romeo en ¿Por qué escribo? (Gaizka Urresti y Vicki Calavia, 2013) le sirvió el pasado 5 de mayo al zaragozano Jorge Usón, de 34 años, para consagrarse como el mejor intérprete aragonés de la temporada con el Premio Simón. Los galardones de la Academia del Cine Aragonés (ACA), que vivieron su tercera edición en el Teatro Principal de Zaragoza, venían así a reconocer el gran momento que atraviesa este polifacético artista y profesional de la medicina: médico psiquiatra en un hospital público madrileño, este antiguo alumno de la Escuela Municipal de Teatro de Zaragoza trabajó durante tres años en un estudio de publicidad radiofónica (no hay más que escuchar su cálida voz para comprender por qué) y en 2010 ya obtuvo el Premio Max al mejor espectáculo musical por Cabaré de caricia y puntapié, un espectáculo del que fue protagonista y coautor.
 
   La consagración para el gran público se la ha dado ahora la serie de Telecinco B&B, donde da vida a Lucas, el mordaz jefe de Sociedad de la revista. Momentos dulces para un artista prolífico, versátil y comprometido.
 
 
Caracterizado como Lucas, su personaje en 'B&B'
Caracterizado como Lucas, su personaje en 'B&B'
 
 
 
– ¿Ganar un Premio Simón es lo más parecido a sentirse profeta en su tierra?
– No me siento profeta, pero sí destinatario de una mención por parte de los aragoneses que hacen cine delante o detrás de la cámara. Y eso es un honor y un orgullo, una responsabilidad que me llena de alegría y de compromiso. Tenemos que hacer trabajos buenos, no podemos bajar el listón y recojo esta mención con responsabilidad y mucho cariño.
 
– Fue una de las preguntas que quedó en el ambiente durante la gala, así que se la trasladamos. ¿Existe como tal el cine aragonés?
– La muestra está en que hay unos premios y una Academia, así que existir, existe. Podría existir más y mejor, está claro, pero a veces faltan medios para sacar las ideas adelante, fórmulas de financiación y distribución. Todos los pasos son insuficientes, pero se están firmando algunos cortos, videoclips y largometrajes fenomenales, absolutamente competitivos.
 
– Este Simón le llega por un cortometraje en el que encarnaba a una persona real y fallecida hace pocos años. ¿El hecho de no haber conocido personalmente a Félix Romeo lo vivió como un reto o un hándicap?
– Nunca lo vi como un problema, sino una circunstancia que demandaba mucho cuidado y respeto, porque su desaparición estaba muy cercana. Me basé en la opinión que me ofrecieron algunas de sus personas más cercanas, pero sobre todo leí sus libros. Y ese material es inmejorable para un actor: tenía a mi disposición toda una obra para intentar evocar y reproducir, con respeto y mucho entusiasmo, la figura de Félix. Una figura, por cierto, imperdible.
 
– ¿Qué es lo mejor que aprendió de él?
– Su concreción, la honestidad de su trabajo. Las imágenes que lanza en sus novelas son claras, nada ambiguas; están exentas de cinismo. Todo ello me permitió sacar una lectura para mi vida cotidiana: tenemos que esmerarnos en hablar con claridad, en significarnos y saber renunciar. Quizás me ponga un poco filosófico, pero Félix es rotundidad, un pensamiento ineludible.
 
 
En el cartel de '¿Por qué escribo?', donde encarna al escritor Félix Romeo
En el cartel de '¿Por qué escribo?', donde encarna al escritor Félix Romeo
 
 
 
– ¿El cortometraje concede un mayor margen de libertad al actor?
– Quizás el corto está exento de las grandes expectativas del largometraje, y esos ideales desmedidos, en el cine o en el amor, a veces hacen fracasar los empeños. Por qué escribo es una obra realizada con honestidad, humildad y compromiso, que son los tres ingredientes que no deben faltar en los cortos. Cuando uno rueda un cortometraje puede pensar que hay menos en juego o va a llegar a menos gente, pero los cortos nacen con una vocación muy loable: la de seguir agitando y atizándonos donde más duela.
 
– Usted alterna su trabajo frente a las cámaras con una consulta de psiquiatría. A lo mejor sus servicios le resultaban ahora mismo de utilidad a más de uno dentro de la cultura…
– No se crea: a la psiquiatría todavía le hacen falta grandes dosis de cultura, creatividad y singularidad. Son canales distintos que intento no mezclar, porque no les encuentro el nexo de unión. Tengo claro, eso sí, el ejemplo de Labordeta: se pueden hacer muchas cosas sin necesidad de dar codazos, desde el respeto y la sensatez. Así lo hacía José Antonio.
 
– Entre las series en horario de máxima audiencia y los premios aquí y allá, ¿se siente en un momento profesional dulce?
– Desde luego soy un afortunado y un privilegiado. Nadie me ha regalado nada ni tengo padrino, pero es de bien nacido ser bien agradecido.
 
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