twitter facebook instagram
Inicio Aisge
Noticias Entrevistas Cursos
 
Noticias
03-02-2016 Versión imprimir
Usón, con gafas, junto a sus compañeros de reparto en 'Invernadero'
Usón, con gafas, junto a sus compañeros de reparto en 'Invernadero'
 

Mi lugar en el mundo


Jorge Usón, un maño a la conquista de Granada


El actor de 'B&b' y 'Nuestros amantes' nos conduce por la ciudad nazarí o la huella imborrable de Lorca en la Huerta de San Vicente. "Puro fetichismo histórico", resume



En España apenas sobrevive esa rutina de estar fuera de casa durante varios meses por una gira, pero el teatro sigue llevando a los actores a multitud de sitios, aunque los bolos sean realmente como salir de excursión. Nunca había estado en Granada, así que decidí patearla el día anterior a la representación de Invernadero. Como en ese momento no había tren directo desde Madrid, opté por la larga jodienda del autobús: ¡mido 1.90 y salgo con las piernas entumecidas! El amor por Andalucía lo he adquirido ya de mayor gracias a Sevilla y Córdoba, aunque Granada se lleva la palma, me ha fascinado absolutamente. Hace cierto eso del “¡Vaya país tenemos!”. Es un gran viaje, lo repetiré al menos una vez al año. Ahora mi única asignatura pendiente en el sur es Cádiz.
 
   Lo primero que contemplé desde el taxi fue la plaza de Isabel la Católica. Una estatua suya la muestra majestuosa mientras conversa con un Cristóbal Colón de espaldas al público. Me sorprendió la contundente presencia de la reina en cualquier rincón, quizá avivada por la evolución de nuestra historia en el último siglo. Y es que la cruzada católica venció en la ciudad en 1492, pero quedó prendida en el genoma de la sociedad, hasta el punto de que el franquismo la reivindicaba hace pocas décadas. Junto a esa plaza se encuentra la Capilla Real, que acoge el mausoleo de los Reyes Católicos. Isabel ni siquiera vio comenzar las obras, que concluyeron después de morir Fernando.
 
 
En el patio de los Arrayanes
En el patio de los Arrayanes
 
 
 
   Con las indicaciones de un amigo recorrí el núcleo histórico y monumental, rematado además con mucho gusto paisajístico, como demuestran los bosques de cipreses y castaños ante la Alhambra. Si la Alcazaba ya llama la atención con sus torreones, más hipnóticos resultan los Palacios Nazaríes. Dan buena cuenta del desarrollo de la cultura musulmana en el siglo XV. ¡Debían ser cultísimos! Pensaba en ello mientras contemplaba el Patio de los Arrayanes: no se le ocurre a cualquiera diseñar un estanque en un lugar donde el agua permanezca inmóvil para obtener así un reflejo buscado. Se trata de una arquitectura que perseguía la belleza, lo cual supone una cura de humildad para el hombre actual, que solo puede sentirse pequeño ante una grandeza así. El conjunto lo completa el Palacio de Carlos V, que ordenó la construcción en su luna de miel con Isabel de Portugal. El resultado fue un edificio renacentista del siglo XVI que aparece como un mazacote en medio de tanta armonía, si bien sirvió para preservar numerosos tesoros de la degradación galopante que asolaba el entorno.
 
 
La Huerta de San Vicente, residencia veraniega de Lorca
La Huerta de San Vicente, residencia veraniega de Lorca
 
 
 
   Anduve un par de kilómetros hasta la Huerta de San Vicente, la residencia veraniega de Federico García Lorca, pues tanto su figura como su obra me conmueven desde mi montaje universitario de Bodas de sangre. Allí conservan su cama y el escritorio sobre el que alumbró Romancero gitano o Doña Rosita la soltera. Qué pasada pensar que estaba tocando las mismas cosas que en su día tocó él. ¡Puro fetichismo histórico! Todavía sobrevuela la injusticia, la tristeza, la cuestión de los muertos cuyo paradero se desconoce. Uno sale de la casa preguntándose qué habría sido de ese hombre si no lo hubieran asesinado. Es el paradigma de la interrupción que supuso la Guerra Civil para una época esplendorosa de la cultura. Aunque parezca una nimiedad, recuerdo las flores. En el jardín me topé con unos versos que decían algo así: “Un aragonés no entenderá la embriaguez que produce el aroma de las flores por la mañana”. En Aragón no tenemos tantas, pero sí otras cosas.
 
   Otro artista es Mario Maya, ganador del Premio Nacional de Danza en 1992, a quien le dedican una escultura preciosa a la orilla del río Darro. Y me encanta el espíritu de los Morente, disfruté mucho de mi paseo por el Albaicín con su música en Spotify. ¡Fue muy de videoclip! [risas]. Me quedé con ganas de entrar a un tablao flamenco de los auténticos, pero hay que ir aconsejado por algún entendido para no acabar en esos locales que funcionan como reclamo turístico.
 
 
Junto a Isabelle Stoffel
Junto a Isabelle Stoffel
 
 
 
   La gastronomía me pareció estupenda, y además ponen unas tapas… El secreto es tener un poco de paciencia, porque si te precipitas y pides raciones, ya te has quedado sin aperitivo. Comí salmorejo de remolacha con queso, pescaíto frito, pipirrana, cazón… Recomiendo especialmente un restaurante llamado Casa Torcuato [calle Pagés, 31, en pleno Albaicín]. Durante las giras engordo por culpa del hambre voraz con que salgo del teatro. La intensidad sobre el escenario hace que la función parezca corta, el alma se queda con ganas de más pese a que el cuerpo esté agotado. Es una sensación extraña y placentera a la vez. Acabo sobreexcitado. ¿Cómo se relaja uno? A base de que vaya pasando la noche, puesto que soy incapaz de meterme en la cama tras la actuación. ¡No podría dormirme en horas! Y Granada está genial para los planes nocturnos por ser un concurrido destino universitario.
 
   Bastante gente se me acercaba por la calle por mi personaje en la serie B&b. Incluso la concejala de Turismo me reconoció. Es en esos momentos cuando uno se da cuenta de que los actores cumplimos una función social. Contra lo que pueda parecer, en España se sigue queriendo a los cómicos. Ese cariño me resulta gratificante, tal vez porque me encuentro en el punto justo, con cierta popularidad pero sin ser una estrella.


Así se lo ha contado a Héctor Martín Rodrigo
 


 
Jorge Usón (Zaragoza, 1980) es actor y psicoterapeuta. Su década en la interpretación atraviesa su mejor momento gracias a la serie televisiva B&b: de boca en boca, pero también su currículum cinematográfico avanza a pasos agigantados desde 2014: Marsella, Novatos, La novia… Y pronto llegará a la gran pantalla Nuestros amantes. Tras el fenómeno de Feelgood sobre los escenarios, vuelve a levantar el telón en compañía de Gonzalo de Castro o Tristán Ulloa, protagonistas de la obra Invernadero. Además de interpretar, es creador de espectáculos musicales como Cabaré de caricia y puntapié o el más reciente Cantatas para paseos con chaqueta, en cuyos temas le acompaña el guitarrista Adán Carreras
 
 

 
 
 
Siempre quedará París
Al margen de las vivencias que vas acumulando, lo importante de los viajes es con quién los realizas. Ir a determinadas ciudades, de esas que luego se quedan pegadas al recuerdo y asocias a una persona, requiere una exhaustiva elección del acompañante. ¡Precisamente por eso aún no conozco París, me da un miedo terrible! [Risas]
 
   Cuando voy sin compañía me siento cómodamente nervioso. No tener ningún conocido con quien hablar me empuja a revisarme, quizá por eso no paro de hacer cosas. Y derrocho un montón, no soy buen mochilero: entro en tiendas para comprar cosas, no me corto un pelo a la hora de cenar… Esos viajes tienen algo de festivo, me salen caros. La parte positiva es que los hallazgos adquieren más trascendencia en soledad. Pero mi intención es encontrarme con alguien en el destino.
 
 
Nostálgica pasión ferroviaria
De pequeño iba con mi abuelo a ver los trenes a la estación de El Portillo. Era de los pocos sitios en Zaragoza donde comías algo cualquier hora, te vendían bocadillos aunque fuesen las cinco de la madrugada. Allí se juntaba el lumpen de la ciudad, incluidos poetas y parranderos que pasaban de irse a casa, no solo había gente de perfil marginal. Al lado quedaba la zona de típicos hostales para pasar la noche con algún ligue. Recuerdo como un acontecimiento la llegada del Talgo pendular, que corría todavía un poco más que el anterior. Ahora lo único malo es que en las estaciones de AVE no puedes despedirte, y no hay nada más bonito que acompañar a alguien querido hasta el andén para decirle adiós.
 
03-02-2016 Versión imprimir
© AISGE 2017   Webmaster   Condiciones de uso   Política de privacidad
Inicio