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04-07-2014 Versión imprimir
 
 
Josep Maria Benet i Jornet
 
 
“Me gusta observar a la gente. Perseguir a alguien. Escuchar”

 
La SGAE concede su Medalla de Honor al prestigioso dramaturgo y guionista televisivo, que ya fue Premio Nacional de Teatro y doble finalista a los Goya  


 
NURIA DUFOUR
Reportaje gráfico: Pau Fabregat
La Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) hace entrega este 1 de marzo, en su sede de Barcelona, de su Medalla de Honor al dramaturgo catalán Josep Maria Benet y Jornet, de 75 años. Se trata del máximo reconocimiento que concede esta entidad de gestión, y que en pasadas ediciones ha recaído en personalidades del mundo de la creación como Antonio Buero Vallejo, Francisco Ayala, José Antonio Labordeta, Julio Iglesias, Martí de Riquer o Frederic Mompou. 
 
Como reconocimiento a la extraordinaria trayectoria de este autor, guionista en series televisivas tan laureadas como Amar en tiempos revueltos o La Señora, saga de poder, desde aisge.es recuperamos la entrevista que mantuvimos en marzo de 2014 con Benet i Jornet, en su domicilio de la ciudad condal. 
 



Una estancia espaciosa de grandes ventanales por los que entra una luz a ratos cegadora. La de una vespertina Barcelona que había amanecido encapotada. En una esquina de la diáfana y nada abigarrada sala, sobre un escritorio de estilo clásico, descansan un retrato de su hija y una minúscula figura arqueológica que el autor trajo de un viaje a Siria. “No puedo evitar pensar qué habrá sido de aquellos zocos y de su gente tan acogedora. En lo divertido que era el juego del regateo”, recuerda mientras sostiene la pieza entre sus manos. Esas delgadas y afiladas manos que no dejará de entrelazar durante toda la entrevista. 
 
   A la estancia se accede tras discurrir por un largo pasillo que nos sumerge de lleno en el teatro. Paredes todas forradas con los carteles de muchas de las obras que el autor ha estrenado en medio siglo de profesión. Treinta y cinco. Josep Maria Benet i Jornet (Barcelona, 1940) se detiene en uno de los más recientes, Dues dones que ballen (2011), el del último montaje que protagonizara Anna Lizaran, y acaricia emocionado el rostro inmortalizado de la malograda actriz, de la que fue amigo y admirador.   
 
 
 
 
   Le preguntamos cómo ve el panorama teatral catalán y afirma que como nunca. “En el mejor momento de su historia. Hay autores de entre 20 y 40 años que están llenando las salas con cosas estupendas y a mí esto me encanta”.
 
– ¿De dónde nace su vocación teatral?
– A los 12 años, un profesor preguntó en clase qué queríamos ser de mayor. Escritor, respondí sin pensarlo. Y ya ve. Claro que también podría haber dicho bombero.
 
   En su entorno no había afición ni por la escritura ni por el teatro. Y apenas libros. Cada domingo su padre le compraba un tebeo. Él durante la semana, hasta el siguiente domingo, se hacía sus propias historietas, colecciones enteras, dibujando viñetas a las que ponía los diálogos. “Sentía ganas de escribir y no sabía por qué”.
 
   Con 14 había completado un par de novelas –“muy malas, aunque eso poco importa porque lo vuelves a intentar”–, pero se cansaba. Esa reacción llamó su atención. No entendía aquel cansancio con lo mucho que le gustaba leer e inventar historias. También escuchar las radionovelas. Pero aquello desapareció en cuanto se puso a escribir teatro.
 
 
 
 
 
– Con la perspectiva que da el tiempo, ¿qué autores han influido en su obra?
– Nunca se sabe, quizá Àngel Guimerà y Puig i Ferreter. Buero Vallejo me volvió loco durante años y Eugene O’Neill fue uno de los primeros en impactarme. Muy jovencito leí en dos días un tomo con 12 de sus obras. Pero sin duda, el autor que me ha influido de manera directa ha sido Pinter.  
 
   Josep Maria es cercano, amable, sencillo. Cuando repasamos los muchos elogios que ha recibido a lo largo de su carrera –“maestro a la hora de escribir combates verbales”, entre otros–, se limita a sonreír, restándose importancia.
 
   Una vella, coneguda olor, la primera obra que publica (“no sabía escribir en catalán, pero me empeñé en ello”), obtiene en 1964 el Premio Josep M. de Segarra y es la primera de tantas suyas que TVE recrearía. Lo haría una década después de su estreno en el Teatro Romea de Barcelona para el circuito catalanobalear. “La televisión era entonces muy precaria, aunque esta obra se hizo con muchos medios, algo inesperado en la cadena”. Después vendrían La nau, Revolta de bruixes, Ai, carai! o E.R., llevada al cine por Ventura Pons como Actrius y su primer guion cinematográfico (el segundo, Amic/Amat, dirigido también por Pons, es una adaptación de Testament). Algunas de sus dramaturgias del volumen Taller de fantasía/La nit de les joguines fueron incluidas en Un globo, dos globos, tres globos, aquel programa infantil de los setenta.
 
 
 
 
 
– El verano pasado, cuando le entregaron el Premio de Honor de las Letras Catalanas, Muriel Casals le definió como “el padre de las teleseries”. Su larga trayectoria televisiva había empezado con ‘Un somni i mil enganyifes’ (1978) y la miniserie ‘La senyora Llopis declara la guerra’ (1979). ¿Cómo recuerda aquella programación?
– Las obras de teatro que se hacían en TVE estaban muy bien y solía verlas. Cuando se pudieron realizar para su difusión en Cataluña y Baleares [durante el tardofranquismo los espacios en catalán eran residuales hasta que en 1974 se inicia una producción de manera continuada], se resolvían con una silla y una mesa. Apenas había decorado y a veces se escogían obras no demasiado buenas. Hubo un cambio con la llegada desde Madrid de Juan Manuel Martín de Blas como director de programas en Barcelona. Él tuvo la valentía de acercarse a la cultura catalana, y eso que cuando llegó le recibimos con mucha precaución. Pero resultó ser estupendo.
 
– Es entonces cuando entra en contacto con la televisión.
– Sí, entro en contacto y me quedo durante unos años ocupándome de los dramáticos. Se hicieron varias obras mías y de otros muchos autores, aunque a mí por aquella época la policía me buscaba por mi compromiso político. No podía ni acercarme a los estudios donde se grababa uno de mis textos pensando en que podrían detenerme.
 
– Y abandona aquella televisión.
– Martín de Blas cogió a gente bastante interesante. Era crítico con la situación del país y lo destituyeron. Quedé desarmado porque los que entraron eran muy de derechas. Tenía derecho a ser fijo, pero me sentía muy mal con lo que se estaba haciendo y lo dejé.
 
 
 
 
 
– Sin embargo siempre consiguió seguir ligado a la televisión. ¿Cuándo empieza su relación con la productora Diagonal?
– Joan Bas y Jaume Benacolacha llevaban en TV3 la ficción y en un momento determinado montaron Diagonal. Habíamos trabajado juntos en Poble Nou y Nissaga de poder. Me preguntaron si quería continuar con ellos. Desde entonces hasta hace unos pocos años así ha sido. Siempre digo que la televisión es mi mujer y el teatro mi amante.
 
– ¿Cómo fue su experiencia como autor en ‘Poble Nou’, la primera teleserie diaria en catalán? Estamos hablando de 1993...
– La televisión es algo colectivo. Aportábamos entre todos. Hicimos un buen equipo de guion y trabajamos en el proyecto durante un año. Había momentos en que parecía que se podría hacer, en otros no. Joan Bas consiguió que Poble Nou fuera posible en una época en la que lo máximo que se grababa al día eran cinco minutos de emisión. ¡Nosotros grabábamos un capítulo diario! Fue una maravilla. Con cada episodio aumentaba la audiencia.
 
   A continuación, más ficciones televisivas. Benet i Jornet se encuentra tras los créditos de otras producciones de Diagonal para TV3 –Laberint d’ombres, Mirall trencat, El cor de la ciutat, Ventdeplá, Mar de fons, Zoo– y de una de las teleseries más reconocidas, Amar en tiempos revueltos, aunque en un principio no interesara a ninguna cadena. “El proyecto les parecía inviable por su lado crítico y la época que reflejaba”. Siete años ininterrumpidos en la pública estatal.
 
 
 
 
 
– Como guionista, ¿cuáles son sus fuentes de inspiración a la hora de crear personajes?
– Me gusta observar a la gente. Mirarla. Perseguir a alguien. Escuchar.
 
– ¿Escribe pensando en un actor/actriz concreto?
– No en televisión. Puedes pensar en alguien, pero eso no va a ningún sitio. Es muy diferente a como se trabaja en EE UU, donde los guionistas son los amos.
 
– ¿Sigue en estos momentos alguna serie?
– A veces miro… [sonríe], por espiar un poco.
 
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