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JUAN CABALLERO
 
“Mi sueño profesional es conseguir
 un personaje al estilo de Dexter”
 


Este palentino de 33 años, actor eminentemente teatral, disfruta llenando pequeñas salas: “Casi siempre estoy involucrado en títulos alternativos de temática social. No son tan encorsetados como los comerciales, me dan más libertad para expresarme”. La emblemática compañía vallisoletana Teatro Corsario le brindó su primera oportunidad profesional con La barraca de Colón, donde artistas de circo y variedades repasaban en tono mordaz la vida del heroico descubridor, desmontando la versión oficial sostenida durante siglos. Luego se sumó a Azar Teatro, que le paseó con los espectáculos callejeros Barroco Roll y Spanish Blood, aunque también le permitió representar ante el público infantil Clara y Daniel. Esa obra retrataba la diversidad familiar a través de un niño y una niña que se preguntaban sobre sus orígenes, pues él era hijo de heterosexuales y ella tenía dos madres. Totalmente distinta fue El triciclo, que incorporaba en directo artes como el grafiti o el rap, una historia de jóvenes marginados con serias dificultades para sobrevivir a un sistema dominado por el capital. Otro amargo desenlace le aguardaba en El caballero de Olmedo, la tragicomedia de Lope de Vega que le llevó hasta EEUU. Entonces dio vida al descocado don Alonso, pretendiente de una joven prometida y enemigo de su novio celoso, que acababa orquestando su asesinato.
 
La pasada temporada fue realmente agitada. Volvió a estrenar en Madrid Silenciados, un exitoso montaje con el que lleva años recorriendo Europa y Latinoamérica: denuncia la discriminación que sufrieron cinco hombres asesinados alrededor del planeta por no esconder su condición sexual. A él le tocó ser el prisionero 1895, uno de tantos gays marcados con el famoso triángulo rosa y torturados en el campo de Auschwitz. Jota Linares, cineasta a cuyas órdenes ya había actuado, le hizo protagonista de su debut como director escénico. ¿A quién te llevarías a una isla desierta?, pregunta que se planteaba durante una fiesta de cumpleaños y terminaba sacudiendo la íntima relación de cuatro amigos, fue el título de esa obra. Olvidó fugazmente las historias corales al interpretar Los que comparten habitación, uno de los monólogos del ciclo Mis padres no lo saben, creado para recordar la todavía complicada aceptación de la homosexualidad. La tragedia Muere, Numancia, muere le convirtió en un celtíbero que resistía al brutal asedio del Imperio Romano. Con esa actitud invitaba a reflexionar sobre la necesidad de héroes en una sociedad tan falta de valores como la actual. Su último trabajo ha sido La piedra de la paciencia, dirigido por el también actor Javier Godino, cuyo argumento presentaba a una mujer que siempre había vivido sometida y lograba liberarse mientras revelaba a su comatoso marido secretos que jamás le contó No ha querido perderse tampoco el teatro radiado y hace pocos meses puso voz a la comedia futurista 696, que aporta una alocada visión de cómo sería España tras dos décadas bajo el poder del PP y la Iglesia.
 
Su carrera cinematográfica se limita de momento al cortometraje. Manuel P. Pavón contó con él para Animales 1.0, una sucesión de fotografías que mostraban su desesperación por haberse quedado encerrado en un baño, y le hizo llorar en Deshielo. Para N-II Km. 666 fue un joven psicólogo que atendía a la protagonista, traumatizada por el fallecimiento de su esposo y su hijo tras un accidente ocurrido en ese misterioso punto kilométrico. Menos sofisticado era su personaje de Camping, que le ofrecía a su novia unas vacaciones muy económicas: acampar en plena Puerta del Sol con los numerosos indignados que se reunieron aquel histórico 15 de mayo de 2011. Su nombre encabeza el cartel de 6 x persona junto al de Leticia Dolera, pero su mayor triunfo ha sido conocer al director gaditano Jota Linares, que le ha puesto tres veces ante la cámara. Esa alianza arrancó con Placer, una tórrida pieza en la que intentaba recuperar a su exnovia. Más tarde se lanzó a la piscina emocional de 3.2, donde formaba con Marta Hazas una pareja aparentemente feliz que decidía hacer un trío, desencadenante de dolorosas consecuencias para los tres. Ratas, la última propuesta que han despachado juntos, es un aplaudido homenaje al género slasher: recrea en clave de comedia la sangrienta lucha que libran dos jóvenes por el amor de un hombre.
 

 
Más esporádicas han sido sus apariciones televisivas. Se estrenó en 2004 con un episodio de Hospital Central y seis años después llegó a La que se avecina, donde encarnó a un parado indignado por el draconiano contrato laboral que le ofrecía un pescadero. El salvaje comisario de Águila Roja le acusó de asesinato y, tras torturarle en un sórdido calabozo, ordenó su ejecución con garrote vil. Un trauma similar le tenía preparado Tierra de lobos, pues fue detenido injustamente por un capitán que deseaba vengar la muerte de dos soldados durante el ataque contra su cuartel, pero varios vecinos estuvieron esa vez dispuestos a liberarle. Hoy quiero confesar, el telefilme que recorrió la vida de Isabel Pantoja, le dio un respiro entre tanta violencia.
 
En períodos de menos trabajo, lejos de rendirse, ha realizado publicidad. Hoy su rostro también es conocido entre muchos televidentes por haber anunciado cerveza gallega, telefonía móvil, comida rápida… E incluso la Conferencia Episcopal. Esas experiencias, como decía en una entrevista radiofónica, han sido una auténtica escuela: “Los rodajes publicitarios no son fáciles porque hay poco tiempo y todo debe ser muy preciso. Está el director, el responsable de casting, el cliente… Y cada uno quiere las cosas de una manera”.
 
 

 
 
 
HÉCTOR ÁLVAREZ JIMÉNEZ
¿Recuerda el momento particular en que decidió ser actor, y por qué?
− De pequeño siempre estaba metido en los grupos de teatro de mi pueblo y el instituto. Aquello solo era un hobby, pero al tener que elegir una carrera tras la Selectividad acabé presentándome a las pruebas para la Escuela de Arte Dramático de Valladolid. Y me cogieron. En ese momento supe que ya no había marcha atrás, que ese era el camino.
 
− ¿Quién fue el primer amigo/a al que se lo contó, y qué le dijo?
− Mi profesor de teatro en el instituto, Ramiro Melgar, que es actor. Me habló de las dificultades que entraña esta profesión, pero también de lo satisfactorio que es hacer lo que te gusta. Me informó sobre la existencia de una escuela donde impartía clases de acrobacia y, en definitiva, me animó a que tirara para adelante sin miedo.
 
− ¿Cuál ha sido el mayor golpe de suerte que ha recibido hasta ahora en su carrera?
− Encontrarme con las personas tan maravillosas que tengo a mi lado, que confían en mí incluso más que yo y me animan a luchar sin descanso.
 
− ¿A cuál de los personajes que ha encarnado le tiene especial cariño?
− Al don Alonso de El Caballero de Olmedo, que dirigió José Luis Arellano en el Teatro Gala de Washington DC. La experiencia que supusieron aquellos dos meses y medio al otro lado del charco no se puede comparar con nada de lo que he vivido hasta ahora: hacer un protagonista tan potente, en castellano y en verso, pero ante público americano… ¡Aún echo de menos las sensaciones que tuve allí!
 
Si el teléfono dejara de sonar, y ojalá que no, ¿a qué cree que se dedicaría?
− Me considero un tío con muchos recursos. Como la mayoría de los actores, he currado de camarero, encuestador, acomodador… Además de interpretar, ahora me estoy dedicando también a la enseñanza: es algo muy enriquecedor a nivel personal y profesional. Siempre buscaría un nuevo camino que motivara, pero vamos… ¡Que no deje de sonar!
 
− ¿Ha pensado alguna vez en tirar la toalla?
− Sí, hace unos años, pero tuve la suerte de apuntarme a un curso con José Carlos Plaza en Granada. La energía que derrocha ese hombre y su amor por el teatro me hicieron atacar mis dudas y recoger la toalla.
 
− ¿En qué momento de qué rodaje pensó: “¡Madre mía, en qué lío me he metido!”?
− En un spot que grabé no hace mucho para una conocida marca alimenticia. Pasé horas y horas convertido de pies a cabeza en un vegetal. Me pregunté: “¿Es esto lo que realmente quiero?”. El anuncio, afortunadamente, no ha visto la luz...
 
− ¿Le gusta volver a ver los títulos en los que ha participado?
− Me sirve de mucho, ya que me analizo, compruebo qué funciona y qué no en cada trabajo realizado. Además, generalmente me llevo sorpresas positivas: la sensación desde dentro es tan rara que resulta increíble ver lo que hace la magia de la televisión o el cine.
 
− ¿Cuál considera que es el principal problema del cine español y qué solución se le ocurre para paliarlo?
− No soy experto, pero veo varios problemas. El primero es el escaso apoyo que recibimos de las instituciones, al contrario que en Francia, donde el cine autóctono tiene garantizado un mínimo de cuota de pantalla. A veces también pienso que asumimos poco riesgo a la hora de abordar nuevos proyectos.
 
 

 
 
 
− ¿A quién le devolvería antes la llamada, a Tarantino o a Burton?
− ¿Tengo que decidir? ¡No, por favor! [Risas]
 
− ¿Cuál fue el primer actor o actriz que le conmovió, que le dejó al borde mismo de la lágrima?
− Susan Sarandon y Sean Penn, en Dead man walking. Los dos son maravillosos profesionales.
 
¿Qué frase cinematográfica le gusta aplicar como leit motiv personal?
“Don’t dream it, be it!”. Soy fan incondicional de The Rocky Horror Picture Show.
 
− ¿Qué largometraje ha visto tantas veces que se sabe los diálogos completos de alguna escena?
Los Goonies. ¿Qué persona de mi generación no ha soñado con experimentar las mismas aventuras que viven los protagonistas mientras buscan el tesoro de Chester Copperpot? 
 
− ¿Cuál fue el último filme que no fue capaz de ver hasta el final?
− Soy muy curioso y siempre espero que la película pueda darme una sorpresa que merezca la pena si lo anterior no me ha convencido demasiado. Creo que nunca me he salido del cine.
 
− ¿Recuerda alguna anécdota que haya vivido como espectador en un teatro o sala de cine?
− Hacía muchísimo calor en la sala donde vi Blancanieves y una señora no hacía más que abanicarse. Aunque la cinta es muda, resultaba molesto escuchar todo el tiempo ese ruidito, pero nadie le decía nada. Le pedí varias veces en voz alta que parara, hasta que no tuve más remedio que acercarme. ¡Y resultó que tenía problemas de audición! Yo me quedé planchado y ella también se disculpó.
 
− ¿A qué serie de televisión está enganchado, y por qué?
− ¿Me tengo que quedar con una? Soy adicto a Homeland, The walking dead, The Newsroom, Miranda… Me sorprenden continuamente con unos guiones y unos repartos impresionantes. En cuanto a ficción nacional, sigo desde el primer capítulo Gran Hotel y Familia, dos buenos ejemplos de que en España también podemos hacer grandes productos.
 
− ¿Cuál es el mejor consejo que le ha dado alguien cercano para ejercer este oficio?
− “No puedes gustar a todo el mundo”. Es imposible pretender que nuestro trabajo siempre llegue a todos y que nos lluevan felicitaciones todo el tiempo. Solo hay que pensar en hacer las cosas con pasión, energía y honestidad.
 
− ¿Qué punto fuerte destacaría de usted como intérprete?
− Soy un tío que siempre tiene propuestas, lleva los deberes hechos y arriesga sin miedo a equivocarse.
 
− ¿Y débil?
− Quizá deba construir un poco más la confianza en mí mismo, sobre todo a la hora de venderme, de afrontar el día a día que vivimos en esta profesión: las llamadas, los castings
 
− Adelántenos, ahora que no nos escucha nadie… ¿Cuál es el siguiente proyecto que se va a traer entre manos?
− De momento estoy embarcado en dos cortometrajes, de esos que apetecen porque te ponen en riesgo y cuentan con un equipo estupendo. Y después, lo que tenga que venir… ¡El trabajo genera trabajo!
 
− ¿Qué sueño profesional le gustaría hacer realidad?
− De momento sueño en pequeño. Quiero encontrar un proyecto audiovisual de larga duración, en el que pueda aprender día tras día, ya que trabajar es la mejor escuela. Y ya puestos, que el personaje fuera al estilo de Dexter, como me dijo una vez Luis San Narciso. Sería todo un reto encarnar a alguien tan alejado de la imagen que puedo dar de primeras.
 
− ¿Qué canción o canciones escogería para ponerle banda sonora al momento actual de su vida?
Dramas y comedias, de Fangoria. 
 
− ¿En qué otra época de la historia le gustaría haber nacido?
− En esta. El oficio que he elegido ya me permite vivir otros tiempos.
 
Díganos qué le parece más reseñable de AISGE y en qué aspectos le gustaría que mejorásemos.
− Es maravilloso que haya quien luche por nuestros derechos y gestione de manera tan cuidadosa el reparto de la recaudación anual. Tanto la página web como la revista son un escaparate para conocer cosas a las que no podríamos acceder de otra manera. ¡Gracias por defender tanto nuestro colectivo!
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