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03-04-2014 Versión imprimir

 
 
 
Julia Gutiérrez Caba


“Trabajar con jóvenes enseña y vivifica”


Más allá de la tristeza por recientes pérdidas, la veterana actriz sigue en la brecha: de ‘Los ojos de Julia’ a ‘Águila Roja’
 


EDUARDO VALLEJO
Reportaje gráfico: Enrique Cidoncha
La voz de Julia Gutiérrez Caba (Madrid, 1932) suena cadenciosa y asombrosamente joven por teléfono. En persona, al volverse corpórea, se hace acompañar de una elegancia magnética y una cortesía exquisita, casi de otro tiempo. Sandalias de plataforma, pantalón de pinzas y chaqueta negra de media manga, Julia acude puntual a la cita en AISGE. Se detiene ante un retrato de Paco Rabal y recuerda un detalle: “En A las cinco de la tarde [J. A. Bardem, 1960] hice mi primera toma delante de una cámara. Debía volverme para mirar donde se suponía que estaba sentado Paco. Él no tenía por qué estar allí, pero dijo ‘yo me siento para que me mires; así te saldrá mejor’. Todo fue más fácil. Parece una nimiedad, pero no lo es, es una prueba de su generosidad”.
 
– Usted es un brillante eslabón de un largo linaje teatral.
– Mi bisabuelo Pascual fundó la saga. Venía de Navajas, un pueblo de Castellón, donde empezó en grupos aficionados. Luego se trasladó a Madrid. Tuvo dos hijas: mi abuela Irene Alba y mi tía abuela Leocadia. Hablamos de mediados-finales del siglo XIX.
 
– En aquel ambiente familiar, todo el día respirando teatro, ¿tuvieron una infancia “normal”?
– Lo único fuera de lo normal es que Irene y yo éramos las primeras a las que llamaban si había función en el cole. Por lo demás nuestra infancia fue normal: la profesión de nuestros padres y abuelos, con su peculiar horario o sus disfraces, era parte de nuestra vida. Por ejemplo, era natural escuchar el relato del estreno de La verbena de la Paloma de boca de mi tía abuela Leocadia, que formó parte de aquel elenco en 1894.
 
 

 
 
 
– Con esos mimbres no le costaría subirse a las tablas.
– No crea, me daba pavor. Supongo que por miedo a no estar a la altura del apellido. Qué sé yo.
 
– ¿Cómo venció ese miedo?
– Corría el año 1951 cuando viajé a Canarias con mis padres, por entonces de gira con la compañía de Catalina Bárcena. Irene ya actuaba. En Gran Canaria me persuadieron para que saliera en Mariquilla la Terremoto, de los Hermanos Quintero. Nada más salir, se fue la luz. “¡Ya os lo decía yo!”, les reprochaba. Lo cierto es que en aquella época la luz se iba cada dos por tres…
 
– ¿Y su debut en serio, sin que se fueran los plomos?
– Fue en el Infanta Isabel, en 1952, cuando ya tenía edad para sacarme el carné del sindicato del espectáculo y poder trabajar. Pasé muchos años en la compañía titular de ese teatro.
 
 

 
 
 
Décadas prodigiosas
– En 1960 debutó en el cine con ‘A las cinco de la tarde’, a la que siguió en 1963 ‘Nunca pasa nada’, también de Bardem. En 1964 se casó. ¿Le temblaban más las piernas de camino al altar o delante de la cámara?
– [Ríe] Había trabajado con Alberto Closas en Usted puede ser un asesino, de José María Forqué. Alberto me llamó para su adaptación de Primera plana (aquí se llamó Edición especial). En aquella compañía estaba el que iba a ser mi marido. Empezó bromeando: “Me han hablado de ti, pero no parece para tanto la cosa”.
 
– ¿Eso le dijo?
Ajá. Yo le repliqué: “Ojo, que yo gano mucho con el trato”. A los seis meses nos casamos. Era un hombre muy preparado y gran amante del teatro. Manuel [Collado] fue, y sigue siendo, alguien fundamental en mi vida. Por desgracia ya hace un tiempo que no está...
 
Julia se compone tratando de buscar ese recoveco donde escondemos nuestras lágrimas cuando nos visita el recuerdo punzante de la pérdida.
–... En fin, debuté con Bardem, pero me resistí bastante. Ya había hecho varias pruebas en cine y luego nunca me llamaban. A la vez Miguel Mihura cada vez me daba papeles más importantes. Finalmente accedí sin demasiada esperanza. Al final no hice aquel papel, que fue para Nuria Espert, pero Juan Antonio quiso que interpretara el otro personaje femenino.
 
 

 
 
 
– Algunos críticos consideran ‘Nunca pasa nada’ el mejor trabajo de Bardem.
– Fue crucial en mi carrera. Había actores franceses en el reparto, como Jean-Pierre Cassel, padre de Vincent Cassel, ahora en el candelero como director de escena en Cisne negro. Di un gran salto.
 
– Protagonizar ‘La familia y uno más’ (Fernando Palacios, 1965) junto a Alberto Closas aumentó su popularidad. ¿Qué tal se han llevado usted y la fama?
– Bien, ¡aún me reconocen taxistas y gente por la calle! En realidad lo que me dio popularidad fue la televisión. Empecé coprotagonizando con Rafael Alonso unos miniespacios cómicos a mediodía antes de comer. Nos dirigía Jaime de Armiñán, un pionero del medio. Trabajé mucho con él y con Adolfo Marsillach.
 
– En 1970 fundó compañía con su esposo. ¿Qué tal funcionó?
– Duró diez años, al cabo de los cuales tuvimos diversas dificultades. Por aquel entonces descollaba otro Manuel Collado, un chico joven que vino a buscarme para hacer la nueva obra de Antonio Gala, Petra Regalada, que estuvo dos temporadas en Madrid y otras tantas de gira. Lamenté que disolviéramos la compañía, sobre todo por Manuel.
 
– ¿Es la meta de cualquier actor?
– Yo no sentía esa necesidad, pero a Manuel le apasionaba la aventura. Debo advertir que es muy duro. Jugarte tu dinero como empresario y como actor no es para pusilánimes. Jamás tuvimos una subvención oficial, pero sí la fortuna de dar con algún éxito que nos permitía recuperarnos.
 
 

 
 
 
El regreso a las pantallas
– Tras veinte años de alejamiento, volvió a la gran pantalla en 1997 de la mano de Camus (‘El color de las nubes’) y Garci (‘La herida luminosa’). ¿Por qué una ausencia tan larga?
– Siempre he preferido el teatro. El cine no ha llamado mucho a mi puerta, pero yo tampoco he ido en su busca. Las llamadas de Garci y Camus vinieron cuando no hacía ninguna función y eso facilitó mi vuelta.
 
– En cine ha hecho más drama que comedia. Por eso su paso por la serie ‘Los Serrano’ (2003-2008) reveló una comicidad oculta para muchos.
– Sin embargo lo que más he hecho en teatro es comedia: Mihura, López Rubio, Tono... Antonio [Resines] es muy divertido y Belén [Rueda] tiene el aura etérea de un hada, ambos estupendos compañeros. Rodar con gente más joven enseña y vivifica. Es como un nuevo aprendizaje.
 
– Goya en 2000 por ‘You’re the one’ y el año pasado papel importante en ‘Los ojos de Julia’. ¿Hasta que el cuerpo aguante?
 – De momento no puedo entregar al teatro las energías y dedicación que exige. Tal vez más adelante. Pero el cuerpo aguanta al menos para los nuevos capítulos de Águila Roja. Los ojos de Julia fue mi primer trabajo después de que Manuel faltara en mi vida. Nada te prepara para un trance así, por muy natural que sea con el paso de los años. Trabajar me vino bien.
 
 
 

 
 
 
 
La gente de Julia
 
– Mihura: “Entrañable, creativo, con un sentido del humor envidiable”
 
– Closas: “Gran director de comedia y de actrices. No se le escapaba una carrera en una media”
 
– Bardem: “Fundamental, sin más. Para mí y para el cine”
 
– Armiñán y Marsillach: “Dos grandes talentos”
 
– Emilio: “Mi hermano pequeño. Llama todos los días para ver cómo estoy. No creo que haya muchos hermanos así”
 
– Irene: “Nací, crecí y trabajé con ella. La echo de menos. Todo es tan estúpido...”
 
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