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28-05-2013


Premio de la Unión de Actores a Julieta Serrano, una tímida incombustible

“Yo no quiero retirarme, no puedo irme a pescar o hacer ganchillo”, avisa la ganadora del Toda Una Vida


EDUARDO VALLEJO
Reportaje gráfico: Enrique Cidoncha
La Unión de Actores y Actrices ha decidido conceder el Premio Toda Una Vida, su galardón honorífico más importante y prestigioso, a la intérprete barcelonesa Julieta Serrano, una mujer con seis décadas de admirada trayectoria a sus espaldas y un currículo impresionante tanto en teatro como en la gran pantalla, fundamentalmente. Serrano recogerá su trofeo el próximo 3 de junio en el madrileño Teatro Coliseum, dentro de la gala de entrega de los XXII Premios de este sindicato de intérpretes, el más relevante en todo el país por número de afiliados. 

   La revista ACTÚA de AISGE publicará en su próximo número, a lo largo del mes de julio, una extensa entrevista en la que Serrano hace balance de toda su fructífera trayectoria y confiesa sus sentimientos en torno al oficio del actor. “Retirarse no es cosa de cobardes, porque cada uno tiene que hacer lo que le pidan el corazón y la pasión”, admite la intérprete de Mi querida señorita. Pero matiza: “Yo no quiero retirarme, no puedo irme a pescar o hacer ganchillo. El trabajo me da vida y alegría”. 

   “No puedo describir cómo es la fuente de la edad o de la eterna juventud”, reflexiona en otro momento de la conversación, preguntada por su relación con el paso de los años. “Nunca me he operado de nada porque soy muy vaga y porque no me considero guapa, sino currante. Si me mantengo así es por los genes de mi mamá, una gran modista aferrada a la vida hasta que murió a los 93 años”.

   Nacida en el Poble-Sec barcelonés y refugiada durante la guerra con la rama valenciana de su familia, Julieta Serrano se define como una mujer “tímida, tal vez por el mucho miedo que pasé en mi infancia”. Pero alerta: “Los tímidos tenemos mucho peligro porque nos dan ramalazos de locura”. Algo de ello hubo, precisamente, en su decisión de introducirse en los círculos barceloneses del teatro aficionado. “Mi padre me advirtió de que no tenía carácter para ello, y era verdad: era una chica tímida y aterrorizada. Pero me desahogué, vaya si lo hice, y el teatro me salvó la vida”.

Descargar'>Tertulia con Jaime de Armiñán, que la dirigió, junto a José Luis López Vázquez, en 'Mi querida señorita'

Tertulia con Jaime de Armiñán, que la dirigió, junto a José Luis López Vázquez, en 'Mi querida señorita'

 
   La flamante ganadora del Premio Toda Una Vida se trasladó a Madrid en la década de los cincuenta con José Luis Alonso y Miguel Narros como mentores y ejerció como “culo inquieto” por los mejores escenarios de la capital; en ocasiones contra viento y marea, como cuando “los grises” cerraron “por orden gubernativa” el Reina Victoria durante las representaciones de Las criadas, allá por 1969. Luego llegarían sus grandes papeles para la pantalla grande, entre los que recuerda con particular emoción el de Entre tinieblas, de Pedro Almodóvar. “Es de lo mejor que he hecho en cine y una de las ocasiones en que he sido más feliz interpretando”, se sincera. Y añade, aún más confesional: “Pedro y los ochenta en general cambiaron mi vida, pero no mi carácter. Él siempre ha dicho que no he sabido venderme como actriz, y tiene toda la razón”.
 
   Activa, lúcida y corajuda como siempre ha sido, Julieta Serrano recogerá su estatuilla el próximo lunes sin dejar de mirar, con gesto preocupado, hacia el futuro. Le entristece el panorama de la cultura, aun estando convencida de que el teatro “nunca morirá, porque es sagrado, innato a la esencia del ser humano y su necesidad de expresión y hallazgo”. Y le enrabieta, sobre todo, la situación sociopolítica que atraviesa España. “Estoy que trino con la Iglesia y con Gallardón. No pensé que podríamos retroceder tanto. Este delirio me desespera”, resume.  

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