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¡SELFI!  UN CUESTIONARIO PARA NO CORTARSE UN PELO

 
Katia Klein
 
Perder un diente a bordo de un avión y tomar el tren equivocado
 
 
 
• Nada más levantarme... miro los grados de temperatura que hay fuera de casa.
 
 
• Lo primero a lo que le echo un vistazo cada día… es la página web de El País.
 
 
• El objeto más preciado que tengo por casa… es una caja de metal llena de fotos polaroid.
 
 
• Las horas se me pasan volando cuando… me pongo a pintar.
 
 
 No puedo evitar la manía de… escuchar conversaciones ajenas.
 
 
 No me acuesto sin… dar un beso de buenas noches.
 
 
 Jamás olvidaré el momento en que… se me cayó un diente a bordo de un avión por culpa de una golosina muy dura. Salió volando y las azafatas consiguieron encontrarlo.
 
 
 El juguete que me volvía loca de niña… el Lego.
 
 
 Mi primer recuerdo televisivo… La carta de ajuste.
 
 
 La interpretación me cambió… la manera de observar el mundo.
 
 
 La última vez que un admirador me sorprendió... me pilló en plena compra de unas medias.
 
 
 Cuando necesito suerte llevo conmigo… un botón.
 
 
 Soy un absoluto desastre... para despertarme de la siesta. No sé qué pasa: me quiero echar una cabezadita de 15 minutos y acaba siendo de muchísimo más...
 
 
 La última vez que pasé vergüenza... Cuando cada día veo que el mundo se hace más cruel.
 
 
 La app más reciente a la que he concedido un hueco en mi móvil… Una para imprimir las fotos que hago con él. No me gusta perder los recuerdos.
 
 
 Flipé por la casualidad de... que mi hermana naciera el mismo día que yo. 
 
 
 No tengo pelos en la lengua para hablar de… mis sentimientos.
 
 
 La gente se parte de risa si cuento... cómo conocí a mi chico.
 
 
 A veces me miran como un bicho raro por… ser tan rara.
 
 
 Menudo susto me di cuando… el tren que aparentemente iba a llevarme a Barcelona cerró las puertas y me percaté de que viajaba en uno con otro destino. Ya era imposible parar. Qué desastre... 
 
 
 Un personaje histórico con el que me habría tomado un café… La mujer de Einstein.
 
 
 No me resisto cuando en la carta de un restaurante veo… pez mantequilla o mochis .
 
 
 Regresaría mil veces a… Nicaragua.
 
 
 Quien más se aproxima a mi concepto ideal de belleza… Las mujeres que se quieren y se aceptan tal como son. Esas son para mí las más hermosas.

Me bloquea el miedo a… tener miedo.
 
 
 Quisiera parecerme a… Rosa Parks.
 
 
 Cuando me muera... muerta estaré. Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.
 
 
 Me gustaría ser recordada por... subir las escaleras de tres en tres peldaños.
 
 
La actriz cántabra está de actualidad estos días por el lanzamiento de su primer libro, Llámame rara, en cuyas páginas revela vivencias propias a modo de reivindicación de las particularidades de cada uno. Su debut literario llega mientras su Fiona, una chica sofisticada que residió en EEUU y enseña inglés en la fábrica de electrodomésticos de Amar es para siempre, aparece diariamente en la pequeña pantalla. Un papel similar interpretó en 2013 para Cuéntame cómo pasó, el de Lola Miravete, quien se trasladaba con sus padres a la España franquista desde aquella Inglaterra donde había adquirido actitudes poco habituales por estas latitudes: era ecologista, no le escandalizaba el exhibicionismo... Su salto a la ficción de ámbito estatal se produjo después de pasar por series de la cadena catalana TV3, entre ellas la longeva El cor de la ciutat y la más reciente Dues dones divines, en esta última como empleada de la galería de arte reabierta por dos amigas maduras en lucha contra la rutina: Verónica Forqué y Rosa Maria Sardà.
 
   En 2014 se estrenó la que hasta ahora es la película con más repercusión de su carrera cinematográfica, Perdona si te llamo amor, adaptación de aquella novela superventas que relataba el vuelco vital de un ejecutivo de éxito cuando se enamoraba perdidamente de una adolescente. El género romántico tomaba así el relevo del fántastico, que ya había cultivado en Animals, pero acredita también bagaje en el drama social gracias a la conmovedora Estació de l'oblit. O incluso en el terror, con Eskalofrío, considerado como el mejor filme español de su estilo en 2008. El pasado febrero su nombre se sumó al extenso universo Pérez Toledo con el cortometraje Equis o corazón, perteneciente a la segunda campaña de ese director para El Corte Inglés por San Valentín.
 
   En Barcelona creció y allí hizo sus primeros pinitos sobre las tablas. Esta primavera formó parte de los enredos amorosos que transcurren en ese bosque mágico del Sueño de una noche de verano, el clásico de Shakespare del que Darío Facal ha realizado una adaptación rompedora. Actuaba así por segunda vez en el Matadero de Madrid, pues allí levantó el telón su primer montaje de relevancia en la capital: Orquesta Club Virginia. Manuel Iborra la dirigió entonces junto a nombres consagrados, desde Antonio Resines a Pepón Nieto pasando por Quique San Francisco o Macarena Gómez. Otro título que destaca en su currículum es Las niñas no deberían jugar al fútbol. Pero no se ha alejado de los teatros catalanes, pues hasta hace no mucho tiempo provocaba carcajadas gracias a Iaia. En esa comedia familiar fue novia del nieto de una abuela interpretada por Montserrat Carulla, empeñada en arruinar la vida sentimental del chaval.
 
Así se lo ha contado a Rubén del Palacio
 
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