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Un premio veneciano en 1942
 
 
JAVIER OCAÑA
En medio de la II Guerra Mundial, y en un festival aún incipiente –la Biennale de Venecia, en su apartado de cine, celebraba su primera edición–, Florián Rey, seguramente el director más reconocido del cine mudo español, consiguió para nuestro país el primer galardón internacional de su historia: una de las medallas cinematográficas del año 1942, gracias a La aldea maldita. Rey, en realidad llamado Antonio Martínez del Castillo, había realizado una nueva versión de su mítica película de 1930, del mismo nombre, y a pesar de que según algunos especialistas se había rebajado el matiz social de su historia en beneficio del melodrama, por culpa esencialmente de la censura, la película fue todo un éxito en Francia; curiosamente, no tanto en España, según ha desvelado Agustín Sánchez Vidal, estudioso de la obra de Rey. En la película, ambientada en una mísera aldea castellana, se narra el enfrentamiento entre el cacique del lugar y un labrador. 
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