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06-02-2018

Fotografía: Carlos Álvarez (Getty Images)

Fotografía: Carlos Álvarez (Getty Images)

Goyas de autor
 
 
 
‘La librería’, ‘Handia’ y ‘Estiu 1993’.
Inglés, catalán y euskera en la gala más políglota
 
 
 
NURIA DUFOUR
Si algo ha caracterizado esta reciente 32 edición de los Premios Goya, ha sido la personal autoría de las películas vencedoras. Y de las nominadas. De personalidad estuvo también impregnada la ceremonia, cuya presentación corría a cargo de un tándem de muy aplaudidos intérpretes. Autores, igual, los incontables asistentes que se sumaron con sus abanicos rojos a la marea reivindicativa de #MASMUJERES e idénticos salarios.
 
   Original y único el sentido del humor de Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla, capaz de convencer a Carlos Boyero para participar mediante videollamada en uno de los sketches de mayor éxito entre el selecto público del patio de butacas. Pasaban 20 minutos de la medianoche. La gala superaba las dos horas y el crítico comparaba la gala con el parto de un caballo, “una cosa bonita pero que da asco”. Desde la pantalla felicitó de aquella manera a los anfitriones por inventar la pareja de tontos: “Ya no sois el tonto y el listo, ahora los dos sois tontos”. Puro humor chanante, surrealismo que celebró la sala.
 
   Otros momentos se adentraron en el absurdo. Como el vídeo de las musas, con unas fantásticas Miren Ibarguren y Mariam Hernández, quienes chivaban genialidades a José Luis Cuerda, Juan Antonio Bayona e Isabel Coixet, sentados frente a las pantallas de sus ordenadores buscando historias. Risas y aplausos también para el vídeo sobre la “sala de agradecer Karra Elejalde”, un espacio con el que los presentadores conectaban a modo de indirecta para que los ganadores no se alargaran en sus discursos de agradecimiento. De algo sirvieron esas conexiones, porque para suerte de invitados y espectadores, nadie se acordó, como en su día Elejalde con su gato, de incluir en la interminable lista de dedicatorias a sus animales de compañía.
 
   Menos asientos vacíos que en anteriores ediciones se vieron durante el transcurso de la ceremonia. Los 195 minutos de velada acabaron transcurriendo con más ligereza que en otras convocatorias, al menos desde la platea, aunque también hubo tramos en los que el motor parecía griparse.

   
   Poco a poco el auditorio se tiñó de rojo, el color de los abanicos, cuyos portadores exigían más personajes femeninos en nuestro cine, más mujeres en la dirección y en las disciplinas técnicas. Ante la ausencia por motivos de salud de Yvonne Blake, presidenta de la Academia, debieron intervenir los vicepresidentes: Mariano Barroso y Nora Navas. La actriz manifestó con rotundidad que la institución apuesta por la igualdad. “Desde hoy y para siempre, la Academia de Cine va a ser una referencia en términos de igualdad, respeto y oportunidad. Solo así haremos que nuestra industria deje de perder el talento que aportan las mujeres para poder llegar más lejos”.
 
   Y ese talento femenino fue desfilando por la tribuna. Subieron a recoger su Goya Carla Simón (directora novel por Estiu 1993), Saioa Lara (vestuario de Handia), Laura Gost (guionista del corto de animación Woody & Woody), Laura Ferrés (directora del corto documental Los desheredados), Olga Cruz y Ainhoa Eskisabel (maquillaje y peluquería de Handia), Nathalie Poza (actriz principal por No se decir adiós), Adelfa Calvo (actriz de reparto en El autor), Bruna Cusí (actriz revelación gracias a Estiu 1993)… y el monumental colofón de Isabel Coixet (guion, dirección y película por La librería).
 
   Todo el respetable en pie ante el Goya de Honor a Marisa Paredes. Discurso corto, vehemente, aleccionador. Con el tono de la gran estrella que es. Más abanicos al aire.

Foto de familia con los ganadores de esta 32 edición de los Goya

Foto de familia con los ganadores de esta 32 edición de los Goya

 
   La catarata de 28 galardones la inauguró Eneko Sagardoy, mejor actor revelación por Handia, la producción vasca que arrasó en número de premios. Y es que materializó 10 de sus 13 nominaciones. Los miembros del equipo no paraban de sorprenderse con la épica cosecha de estatuillas. Besos, abrazos, nervios. Una contagiosa emoción. Eskerrik asko fueron dos de las palabras más escuchadas durante la noche. Incluso la británica Emily Mortimer, que aspiraba al Goya a mejor actriz protagonista por La librería, se atrevió a probar con el euskera.
 
   Divertidos los diálogos, improvisados o no, de Joaquín Reyes con algunos de los presentes. A Juan Antonio Bayona se le vio con una pamela roja; a Paco Plaza, adormilado en la butaca; Antonio de la Torre reveló algo sobre su próximo proyecto… La cosa va de quitar el gotelé, aunque evitó más detalles para no gafarlo.
 
   Acertado el espacio. Limpio de atrezo. Con tres plataformas que simulaban los rodillos de arrastre de las películas y un piano junto al que Leonor Watling interpretó estrofas de las canciones candidatas. La música en directo y la voz de la cantante de Marlango crearon otro instante para el recuerdo. Una noche por el cine en la que, como dijo Nora Navas al cierre de su intervención, “no nos cansamos de soñar”.

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