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El asalto catalán de las tropas moras
 
 
JAVIER OCAÑA
Un batallón de soldados de origen magrebí, los llamados moros, se adentra en un pequeño pueblo catalán y lo asaltan. Es la escena final de Las largas vacaciones del 36, pero muy pocos la han visto. La censura, en uno de sus últimos actos, la mutiló aun con Franco ya muerto, en 1976. Explicación oficial: “porque las tropas moras no llegaron a entrar en Barcelona”. Extraoficialmente, sin embargo, pesaban aún las heridas de la Guerra Civil y del franquismo. La película, dirigida por Jaime Camino, coescrita por Manuel Gutiérrez Aragón y producida por José Frade, fue una de las primeras aproximaciones cinematográficas a la guerra desde el bando de los vencidos, y la primera en la que sus intenciones no eran propagandísticas. Y eso aún no se podía permitir.

   Seleccionada en principio para su estreno en el Festival de Cannes, en el mes de mayo de 1976, la película, inspirada en recuerdos infantiles del propio director, no se proyectó en el último momento, al parecer debido a la fatídica escena de las tropas moras (otras fuentes apuntan a que ya había sido seleccionada anteriormente por el de Venecia). Meses más tarde sucedió lo mismo en Venecia, y fue en Berlín donde finalmente participó y obtuvo el premio de la Crítica Internacional. En un artículo de Diego Galán para la revista Triunfo, titulado No hay vacaciones para la censura, se detallaba incluso que por primera vez en un Telediario se llegó a hablar de las cortapisas del régimen al mundo del cine.
 
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