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26-04-2018

 

 26 de abril, Día de la Visibilidad Lésbica


Amor entre mujeres para hacer grande la pequeña pantalla

 

Están en ‘Vis a vis’, ‘El Ministerio del Tiempo’ o ‘Las chicas del cable’. Las series españolas de nuevo cuño y dirigidas a las grandes audiencias nacen repletas de personajes lésbicos

 

Cayetana Guillén Cuervo en 'El Ministerio del Tiempo'

FRANCISCO PASTOR (@frandepan)

Una historia de amor entre dos reclusas en una prisión femenina. Una agente que viaja al pasado a la búsqueda de tiempos más libertinos. Un trío afectivo, consentido y estable, que une a dos mujeres y un hombre en plenos años veinte. Así son algunas de las tramas de las series Vis a visEl Ministerio del Tiempo Las chicas del cable, respectivamente. Las dos primeras de ellas nacieron al calor de nuestros canales de televisión tradicionales, pero la última fue la primera gran apuesta por la producción española de Netflix, la plataforma internacional de ficción bajo demanda. Y todas ellas colocan a mujeres lesbianas o bisexuales no entre sus personajes secundarios, sino en el centro de la historia. “No son las primeras que vemos, pero estas representaciones de la homosexualidad femenina resultan hoy numerosas. Reflejan algo habitual en nuestra sociedad, y no es casual que estas series cuenten con un fenómeno fan”, opina Conchi Cascajosa, profesora de Comunicación Audiovisual en la Universidad Carlos III de Madrid. 

 

            “La novedad es que hoy, por fin, se cuentan historias sin dramatismos. Los personajes no viven con ese manto de la tragedia que, a veces, ha sido tan común”, cuenta la autora de diversos ensayos sobre televisión y género y, también, editora de un estudio sobre El Ministerio del Tiempo. En la serie creada por los hermanos Pablo y Javier Olivares, esa viajera interpretada por Cayetana Guillén Cuervo vive y comenta su deseo hacia las mujeres desde una libertad que, tradicionalmente, asociamos solo a los hombres heterosexuales. No habla de amor, sino de sexo, y menciona en público qué féminas le atraen sin escatimar elogios a sus cuerpos. “Hace unos años este personaje habría sido encarnado por el típico compañero ligón. Por momentos se comporta como si sus compañeras fueran objetos. Ese giro es interesante, pero quizá algo problemático”, anota Cascajosa. Adiós a aquello de que el amor entre mujeres sea “como si la mejor de las caricias durase eternamente”, que contaba Núria Prims en el largometraje Inconscientes (2004).

 

Berta Vázquez y Maggie Civantos, en 'Vis a vis'

             La guionista Virginia Yagüe, presidenta de la Asociación de Mujeres Cineastas, sí celebra la inmoralidad en según qué personajes. “Hay cierta corrección política por la que, al escribir papeles enmarcados en las minorías, les llevamos a la bondad. Pues no. Entre los homosexuales también hay villanos, claros y oscuros y rostros poliédricos”. No es extraño que alabe los retratos presentes en Vis a vis, que tras nacer en Atresmedia seguirá creciendo en Fox. En ella, la orientación de las reclusas en nada eclipsa los problemas de convivencia en una prisión. “Me molesta que en la ficción siempre se vea a las mujeres lesbianas en puro conflicto, en tramas derivadas de su sexualidad. Al contrario no ocurre: los personajes heterosexuales sí viven historias ajenas a su deseo”, anota la guionista. Más allá de esto, el contacto entre rejas que mantienen Maggie Civantos, caucásica, y Berta Vázquez, de piel negra, concede un agregado de diversidad racial al texto. 

 

 

Lucía Jiménez y Marta Belaustegui, en '14 de abril. La república'

 

            “Que las series españolas estén abriendo su abanico está muy relacionado con la madurez y la lógica. Y con la valentía de los textos, claro, pero también de quienes apuestan por ellos. Las cadenas y las productoras están perdiendo el miedo y las reticencias, entre otras cosas, porque ven en estos personajes perfiles reconocibles. Esto, en el caso de televisiones generalistas, que han de llegar por igual al niño y al anciano, es muy revelador”, sostiene Yagüe. 

Como autora, ella ya puso su grano de arena en los guiones de 14 de abril. La república, estrenada en 2011. Allí, en plenos años treinta, Lucía Jiménez atravesaba por el naufragio de su relación con un hombre y acudía a los brazos de Marta Belaustegui. Una relación que, además de deseo, mostraba esa sororidad a la que hoy se canta en las manifestaciones feministas. Como apunta Virginia, ese recorrido común que puede existir entre dos mujeres cuenta con un punto de rebelión. Algo así ocurrió, incluso, hace diez años y en la ficción diaria: Carlota Olcina y Marina San José vivieron un romance ambientado en el franquismo, y frente al público de las tardes, gracias a Amar en tiempos revueltos.

 

            Y hasta la España de Primo de Rivera viajan Las chicas del cable, que ya preparan una tercera temporada. En ella, la actriz Ana Fernández interpreta a una joven de clase alta mientras que su novio, encarnado por Borja Luna, es científico. Una pareja de personas privilegiadas que no duda en hacer un hueco en su relación a otra mujer. Quizá, interpreta Cascajosa, en un giro inspirado en el británico y también burgués círculo de Bloomsbury, en el que la escritora Virginia Woolf vivió su sexualidad libremente. “Hay un trabajo de memoria en esta serie. El romance entre ellas nace de sus encuentros en el Ateneo, donde hablaban del progreso femenino. Solo por acudir a aquellos actos se exponían a una paliza o a la cárcel. Mostrar eso es muy importante”, sentencia la académica. Ana Polvorosa, la última en llegar a esa relación de tres, ganó un premio de la Unión de Actores por su trabajo en esta ficción. 


Ana Polvorosa y Ana Fernández

             Ante la diversidad circundante, quizá haya quien entienda que la realidad lésbica está más que representada en las series españolas. Pero Cascajosa advierte aún algún muro por derribar: en concreto, faltan personajes femeninos de clase baja o de avanzada edad. “Echo de menos los mismos perfiles que en el caso de las mujeres heterosexuales”, sentencia la académica. Algo en lo que profundiza Yagüe: “Cuántas veces hemos visto a esa anciana que, solo por su vejez, ya es abuela. Y además, abnegada y falta de historia propia. En la ficción, nuestras mayores no son heterosexuales ni homosexuales: carecen de sexualidad y de vida. Eso, cuando hablamos de hombres, no ocurre”.

 


La primera puerta

 

Como menciona Cascajosa, la diversidad en la ficción no llegó sola, sino a través de una pionera: la pareja compuesta por Patricia Vico y Fátima Baeza en Hospital Central, cuyo amor comenzó meses antes de que en España fuera aprobado el matrimonio entre personas del mismo sexo. “Se abrió la puerta de la normalidad. Veíamos parejas homosexuales por la calle y en el día a día, pero no en el prime time. Recuerdo conocer las historias de muchas chicas homosexuales que habían sido capaces de verse en la ficción. Primero se reconocían a sí mismas; después, frente a su familia. Contar con un referente les dio esa confianza. Como actriz, fue toda una responsabilidad reflejar esa historia de amor. Que se vieran el deseo, los celos, la comprensión y la incomprensión que vive cualquier pareja. Quise ser honesta y creíble, y creo que el colectivo se vio reflejado en nosotras. Me siento muy orgullosa de haber normalizado lo que es normal”, comenta Baeza. Junto a Vico, fue premiada en más de una ocasión por los colectivos LGTB.

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