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07-03-2016 Versión imprimir

 

Leticia Dolera


“La suerte puede lanzar un proyecto, pero no una carrera”


 
La directora de 'Requisitos para ser una persona normal' se atreve ahora con '3x2', un corto grabado con un móvil que eleva la voz contra la homofobia
 
 
 
FRANCISCO PASTOR
Fotografías: Clara Bellés
Cuando la actriz Leticia Dolera presentó su primer largometraje como directora, encontró un pasatiempo inesperado: recorrer Internet a la búsqueda de portales donde se difundiera ilegalmente su trabajo y, naturalmente, encontrar la forma de sacarlo de allí. Esa es la intolerable maldición que, como otros autores, padece esta barcelonesa de 34 años, cuya opera prima está gustando mucho. Requisitos para ser una persona normal, en la que la intérprete se dirime entre el afecto de los actores Manuel Burque y Miki Esparbé, le valió una nominación como mejor directora novel en la última edición de los Goya.
 
 
En el rodaje de '3x2'
En el rodaje de '3x2'
 
 
 
   Quien se diera a conocer en las tardes de Al salir de clase y catara el cine junto a Unax Ugalde en Bellas durmientes (2001), o fingiéndose la amante de Willy Toledo en El otro lado de la cama (2002), piensa hoy en hacer teatro. Atrás quedan otros tres cortometrajes que llevan su firma, también sobre las relaciones entre personas, y en los que Dolera ha dirigido a Alexandra Jiménez o José Luis García Pérez. Aquella novia armada con una motosierra en [Rec] 3 (2012) y habitual en el cine de Paula Ortiz quiere seguir aprendiendo, contando historias propias y de otros. Lo comenta mientras esconde un móvil que no deja de sonar.
 
   Y es con la cámara de un teléfono con la que la actriz acaba de grabar la pieza breve 3X2, la historia de una pareja de chicas desbordada ante una promoción de unos grandes almacenes. Con este trabajo, además, la realizadora amadrina la categoría de películas captadas con un móvil del próximo Notodofilmfest. Como afirma la artista, que recomienda siempre reinvertir el dinero de los premios en nuevas creaciones, el oficio se aprende trabajando. 
 
– ¿Qué experiencia guarda de dirigirse a sí misma?
Era mi primer largometraje, pero salió de una forma natural. La historia de Requisitos para ser una persona normal me resultaba muy cercana, partía de un lugar personal. Yo soy actriz y me parecía hasta extraño no contarla a través de mí, abarcar los tres prismas: el guion, la dirección y la interpretación. Revisé las tomas muy pocas veces; solo cuando dudaba, porque me quitaba tiempo de trabajo y de grabar más planos. Prefería llevarme los deberes a la sala de montaje. Como en el rodaje no podía verme a mí misma, hacía interpretaciones distintas, en tonos diferentes, para tener más variedad y poder decidir después.
 
 

 
 
 
— Ahora presenta un cortometraje sobre una pareja de chicas, poco después de lamentar en su blog el aparente repunte de la violencia homófoba.
No fue en concreto a partir de esto. Es más, no estoy segura de que fuera una reivindicación. Sí creo que la cultura debe reflejar la diversidad que hay en la sociedad. Por eso quise que estos dos personajes se llamaran como quienes las interpretábamos, Núria [Gago] y Leticia. Quería mostrar que nos identificábamos con ellas, con el amor entre dos mujeres. Es increíble que estén pasando cosas así a estas alturas, ¡y en Madrid!
 
— Firmó su primer largometraje en una industria más precaria que aquella en la que se inició como actriz.  
Pues sí, el país está en crisis y estamos trabajando con mucho menos presupuesto, pero no quiero caer en el relato de la lágrima y el lamento. No me gusta que el público hable de dinero, de cuánto cuesta una película o de cuánta taquilla hace, sino que acuda más virgen a la taquilla, que disfrute de lo que va a ver. Quizá quienes trabajamos en esta industra sí pensemos en el tiempo que llevó rodar aquella cinta o en el presupuesto con el que contó. A los espectadores, en cambio, les corresponde vivir una experiencia y escuchar una historia.
 
— ¿Se lleva alguna máxima de estos quince años de carrera?
¡Muchísimas! Aunque hay algo que lo recoge todo y que aprendí en los cortometrajes y en el largometraje: el corazón y los cimientos de la historia están en el guion. Lo demás es construir la casa por el tejado. Sí, podemos inspirarnos en una fotografía y que esa fotografía pueda llevarnos a un relato. De hecho, es de ahí de donde partió mi primer pieza breve, pero hay que trabajar la trama. Una película, dure lo que dure, está compuesta por un guion y unos actores: es lo que pasa delante de una cámara. Si algo no está claro en el papel, no estará claro en la pantalla. 
 
 

 
 
 
— ¿Le impresionó escribir el guion de un largometraje?
Como actriz he leído muchos guiones. Los he visto por escrito, he observado cómo se rodaban y, finalmente, los he degustado como espectadora. Al vivir de cerca ese recorrido, he aprendido mucho. Y me gusta ser autodidacta: he estudiado libros de teoría del guion y trato de analizar la estructura de las películas. Es cierto que he acabado escribiendo sobre todo historias de amor, aunque no sé por qué. Supongo que me interesa la forma en la que expresamos nuestros sentimientos, el cómo nos amamos; no solo como parejas, sino como personas.
 
— Los guionistas se reivindican como los grandes olvidados de nuestra industria cultural.  
Sí, escribir cine es muy complicado. Se han retirado las ayudas [que concedía el Ministerio de Cultura] a desarrollo de guiones y solo se subvencionan las películas que salen adelante, cuando no todos los textos acaban rodándose. Y los autores deben adquirir esa práctica, han de escribir ese primer trabajo. Para ello hace falta dinero. Las mismas productoras pagan solo los guiones de los largometrajes que se ruedan. Encargan un texto y solo lo abonan si el proyecto se lleva a cabo; si no, no. ¿De qué esperan que viva el guionista, entonces?
 
 

 
 
 
— Y usted ha conocido cómo las redes se saltaban sus derechos como autora.
Las iniciativas honradas para promocionar la cultura en Internet existen, pero requieren leyes. Sin ellas, la desigualdad de condiciones es demasiado radical. Plataformas como Filmin o Yomvi pagan por nuestros derechos de autor y cuentan con empleados en regla, mientras que otros portales ni siquiera abonan impuestos. Roban el trabajo de los demás y lo ponen a disposición de la gente. Nos falta un gobierno responsable, que legisle con la valentía con la que se ha hecho en Francia, Alemania o Norteamérica. Hasta entonces estaremos siempre a vueltas con lo mismo, ¡cuando este asunto es antiquísimo! 
 
— Amadrina el premio del Notodofilmfest a los relatos grabados con un móvil. ¿Son los certámenes la mejor manera de entrar en este gremio?
Quise apoyar esta iniciativa, en la medida en que fomenta el trabajo de los autores noveles, que están aprendiendo y labrando un camino en la industria audiovisual. La técnica se perfecciona rodando, y el móvil es una buena herramienta para practicar y estar entrenado: yo misma he aprendido mucho grabando así. Para hacerse un hueco en este sector hace falta pasión, disposición para el esfuerzo y, también, un buen guion. ¡Este es un trabajo difícil! No sé si tanto el azar, aunque se dice mucho: estar en el lugar justo en el momento adecuado. Y la suerte puede lanzar un proyecto, pero no una carrera. 
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