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Arde Notre Dame y sus llamas no solo devoran un reservorio de humanidad, de historia, de espiritualidad, de belleza, sino que alumbran a una colectividad enferma de gestos. Están los que exhiben su superioridad moral empleando analogías falaces con otras desgracias. Están los que critican a las grandes fortunas por destinar fondos a la recaudación. Están los que recuperan su último selfi ante la catedral. Incluso, están los que, como yo, escriben columnas.

 

La memoria no es histórica. La memoria es presente. La memoria nos reclama. Necesitamos una ética de la piedad, una moral de la piedad. ¿Qué espíritus podridos y ponzoñosos pueden referirse al intento de dar sepultura digna (que es devolver humanidad, restaurar humanidad) como “mover un montón de huesos”? Queremos una España donde las lágrimas de una mujer ante la tierra que dejaba asomar el cráneo de su padre sean respetadas y aun bendecidas; queremos una España en las que los torturadores no tengan medallas pensionadas.

'El reino' (Sorogoyen) deja tan mal cuerpo porque no se termina en los créditos finales. Su asunto nos persigue en las tertulias, los periódicos, las sedes de los partidos. Antonio de la Torre logra que sintamos compasión por ese animal herido que trata de sobrevivir, pero entonces el guion nos recuerda que el animal traicionado y moribundo es una hiena.

El dolor físico, el dolor del alma, pero también un dolor luminoso, ocasión de conciencia y de perdón, de reencuentro y de esperanza. 'Dolor y gloria' tiene algo de tornadizo de todas las películas del Almodóvar, de encrucijada de todos sus temas. También del primer deseo, de esa fiebre. Hay que dar las gracias por vivir en un país en el que ese deseo puede ser ahora dicho con más libertad. Y desear que siga siendo así, aunque algunos sientan nostalgia de tiempos pasados y peores, mucho peores

Los domingos son también línea de telón, recuerdo del alumno que dejaba los deberes para el último día, y rabiaba si el tiempo era bueno y llamaban a la puerta para salir. E inspiraron este año pasado una película bellísima, tan dolorosa como viva, escrita y dirigida por Ramón Salazar y de la que esta columna toma prestado su magnífico título: 'La enfermedad del domingo'.  Nunca le han faltado al domingo poetas; Salazar y sus dos intérpretes, Susi Sánchez y Bárbara Lennie, le han entregado casi dos horas de poema, de un bellísimo poema. 

Ocurrió hace tres semanas en Moguer, el hermoso y juanramoniano pueblo de la provincia de Huelva, en un encuentro con varios grupos de bachillerato. Pregunté a los chicos: ¿a vosotros os gusta el fútbol? Los cuatro o cinco chicos dijeron que no. Entonces, una de las chicas, que no había hablado hasta el momento, lo dijo: “a mí sí”.  Qué torpeza. Qué hondo tenemos el machismo. No me dijiste tu nombre, pero ojalá sepas que el 8 de marzo pensé todo el día en ti, recordando agradecido la lección que me regalaste.

Hay quien afirma que Lope de Vega decidió regalar el manuscrito autógrafo de 'La dama boba' a su amante, la afamada actriz Jerónima de Burgos. Cuando la actriz no quiso devolverle el manuscrito, Lope tuvo que acudir a un memorión –aquellos hombres que acudían a los corrales de comedia para «tomar de memoria» los textos– para poder poner por escrito su propio texto. Tras dejar a Lope, De Burgos se convertiría primero en diana de las burlas del dramatugo y luego de algo mucho peor: el desprecio. Y bien merece esta historia de la literatura convertirse en literatura o en teatro.

Manuel Vilas es un enorme poeta que escribe a veces en prosa y a veces en verso, pero siempre desde el rincón en llamas de la poesía. Su poema '974310439' se titula como el teléfono fijo de la casa familiar. Yo también he de buscar papel y bolígrafo y apuntar, al menos, cinco números de móviles para aprendérmelos de memoria: mi madre, mi compañero, los amigos… Y que pueda repetirlos en voz alta como quien reza para no sentirse solo.

Como consecuencia de las heridas, aún durante su cautiverio durante la Gran Guerra, al pianista Paul Wittgenstein le amputaron el brazo derecho. Él hizo acopio de voluntad y de fuerzas: le quedaban una mano, las ganas, el tiempo. Le quedaba, en definitiva, la vida por delante. En 1931, Ravel le compuso el 'Concierto para piano para la mano izquierda en re menor':  un prodigio de humanidad, un triunfo de la voluntad del ser humano pese a su propia miseria. Quizá, quién sabe, todos los fantasmas desaparecían de la cabeza de Wittgenstein cuando la mano izquierda emprendía su vuelo.

Cada vez que se pronuncie el apellido, en el galope de esas tres sílabas por la garganta y el recuerdo, una bengala cruzará los cielos aún más oscuros. Salvador siempre puso el acento en las últimas raíces. Un galope de niebla. Un arcano. Un teatro contemporáneo por arcaico y arcaico por contemporáneo. Nos enseñó que no hay nada más universal que encerrarse con la verdad de uno mismo. Eso es teatro con quilates de prodigio.

Hay quien acusa a Yorgos Lanthimos de humillarse al oro y esconder las garras de sus primeras y perturbadoras obras para abrazar un cine más convencional. Pero 'La favorita' es un ejercicio de cine mayúsculo, tan hondo como descarado, gamberro en sus anacronismos, consciente de sus pequeñas fechorías con la óptica y la estética. La reina Anna (Olivia Colman) se erige en compendio de nuestras emociones: pasa de presentarse como un pelele, un fantoche grotesco, a transformarse en una madre huérfana de hijos y atormentada por los accesos. 'La favorita' es gran cine, porque la vida carece de géneros y Lanthimos lo sabe.

El cine de Rodrigo Sorogoyen, siempre con el calambre de alguien que ama contar historias, habita la encrucijada entre la emoción y la política, quizá porque toda política es una emoción que ambiciona algo. Con 'Madre', el corto que aspira al Óscar, comprendemos que no hay nada más terrorífico que aquello que no vemos, no hay imagen más terrible que aquello que no llega a formarse y que justo por eso contiene todas las imágenes terribles del mundo.

Homero, Goya, una depresión nerviosa en 1938, la Noche de los Cristales Rotos y finalmente el nazismo, el exilio, París ocupada por los nazis, las sillas vacías, los muertos y las muertas, los gélidos andenes, el océano de por medio... Todo ello fuer doblegando a Bespaloff, que puso fin a sus días en abril de 1949. Pero regreso a su 'De la Ilíada' y es una bengala de auxilio en el cielo más oscuro. Porque no todo está perdido, porque aún en el horror “los versos del poeta, los únicos verdaderamente inmortales, relatarán la energía humana en la desgracia, la belleza del guerrero muerto".

El dos de diciembre, cuatrocientos mil andaluces decidieron que nuestro futuro debe parecerse a nuestro pasado más oscuro. Es temible, sí, y aquí conmigo el escalofrío, la rabia y también el miedo.  Un largo espectro se nos ha sentado a los andaluces en el corazón. Pero no se va a marchar porque insultemos a esos votantes desde nuestra indignación telemática.

Derechos que hoy damos por sentados —como que las mujeres tengan sus propias cuentas corrientes, o que puedan sacarse el pasaporte o disponer de sus bienes— son fruto de la batalla reciente que dieron personas como María Telo. La jurista que se convirtió en camino porque le negaban el camino murió en 2014, casi centenaria. Que su vida ejemplar nos dé fuerza y esperanza frente a los nostálgicos de la oscuridad

"Nuestro tiempo es fecundo en la exhibición pública e impúdica de certezas, eslóganes morales y conductas ejemplares. Yo, en cambio, asumo la contradicción en mi pensamiento y en mi relación con los animales. Es la que me lleva a convivir, proteger, disfrutar y sentir un vínculo íntimo con dos animales en nuestra casa, y luego sentarme a la mesa y comer carne o pescado. En un país donde los vegetarianos sufren el 'cuñadismo' como pocos, siento que cada vez menos personas aceptan que los animales sean meras máquinas vivientes. Porque toda vida importa. Toda vida es un milagro de células y de misterio, de voluntad de permanecer".

La historia del tenor Fritz Wunderlich nos recuerda inevitablemente la fugacidad de nuestra existencia, pero también la maravilla de estar aquí vivos y juntos. Y la suerte de tener amigos tan hermosos como Jon P. Arregui, quien me habló de la última y bellísima canción de un astro fugaz, pero inolvidable. El lied de Schubert "An die Musik", con el que triunfó en Edimburgo apenas dos semanas antes de su muerte, a los 36 años, al resbalar fatalmente por una escalera helada.

"Solo una letra nos separa a los autores de los actores. Y cada vez siento que esa letra no es una frontera sino un punto de encuentro. 'Sin alas sube a los cielos / y de allá en un punto cae'. Repito el verso de Lope de Vega para dar las gracias a estos Ícaros del alma, a los actores. Esta semana empezamos los ensayos de La geometría del trigo. Vendrán las luces y también las sombras, vendrán las alegrías y las tensiones, vendrá el no saber y el aprender, subiremos sin alas a los cielos y al punto caeremos para volver de nuevo a subir".

 “Un místico y un poeta son la misma cosa”, resumió el autor noruego Jon Fosse, que aparece en tantas quinielas de merecedores del Nobel. Hay un aire telúrico que hermana su Noruega con la Irlanda de Synge y la Andalucía de Lorca. Tres poetas, tres místicos, tres hombres que entendieron que no hay otro modo más contemporáneo de mirar que lo arcaico. Ahora se presenta la espléndida traducción al castellano de su novela 'Trilogía', cima de un creador que escribe como quien reza.

 

Hay algo perturbador en el descubrimiento de los manuscritos previos, de las escenas descartadas, de los primeros nombres de los personajes. Los borradores y descartes de 'Un tranvía llamado Deseo' son una escuela de dramaturgia, un viaje por la incertidumbre y pasión de todo proceso de creación, un recorrido por las obsesiones de Tennessee Williams.

 

 

"Veía engordar a su gata embarazada, acicalarse durante horas como si no pasara nada. Él se había ido. Aitana sentía que los días de la semana se repetían o que se sucedían sin orden, que al sábado le seguía el viernes, y que la lluvia caía de abajo a arriba, y que luego era domingo, y otra vez domingo, y él no llamaba, ni aparecía, porque se había ido con otra faltando a sus juramentos...".

Internet y las redes sociales han terminado de provocar esta elefantiasis de los mecanismos del deseo. Solo las opiniones extremas parecen sobrevivir en el safari virtual. De ahí que por una peligrosa ósmosis al elogio siga el vituperio. Una montaña rusa del deseo. Pero tengo una nostalgia torturante de cuando no sentíamos la  necesidad de hacer un selfie continuo de nuestro deseo. 

Sentimos una enorme vergüenza y un duelo infinito por todas aquellas mujeres que fueron silenciadas en su voluntad de generar ficción. Hoy ya no se puede mirar este mundo si no se mira también desde los ojos de ellas. Ahora bien, ¿desde cuándo la fragilidad, la duda, la emoción menoscaban la altura de un personaje? ¿No están aplicando paradójicamente lógicas machistas quienes aseveran que un personaje femenino frágil no contribuye al feminismo?

Qué provecho sacamos de una larga caminata? En términos de economía tradicional, es tiempo perdido, malgastado, tiempo muerto, sin producción de riqueza. Y sin embargo para mí, para mi vida, no diría siquiera interior, sino total, absoluta, el beneficio es inmenso. Las obras en la Gran Vía madrileña me han hecho recordar 'El último caballo', la película de Edgar Neville. Quizá un nuevo Neville sueñe ahora una película llamada 'El último peatón'. En ella, un hombre, una mujer, solamente una persona, camina por una ciudad mientras es observado con desprecio por sedentarios transportados velozmente a motor...

Hay que imaginar al niño que recibe el regalo de un Cinexín: su asombro ante el artefacto mágico que transforma una pared en maravilla, la fragua de una vocación inesperada en Algodonales, su pueblo de Cádiz. Ese niño era Jota Linares, al que conocí hace algunos años y que ahora debuta en el largo con 'Animales sin collar'. Una película profundamente andaluza y a la vez universal. Porque la Andalucía que aquí se muestra es la del tuétano, la de la rabia color albero,  la del pasado con aire de plomo, la del futuro abierto.