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Los profesores son mujeres y hombres que han llegado al oficio de la enseñanza por vocación, que adquirieron un compromiso que no sólo es contractual, sino también ético, espiritual, ciudadano.  Han sufrido la exigencia feroz de una parte de la sociedad que, en el tenor narcisista y gruñón de nuestra época, les reclama lo que ella misma no está dispuesta a entregar. Pero yo jamás hubiera podido entregarme a mi vocación si no hubiera sido por los profesores de mi colegio e instituto. Para ellos no éramos los hijos de los obreros pobres del extrarradio, sino el porvenir. Nos dieron pértigas, puentes, horizontes. Nos hicieron soñar con otras vidas más allá de los torreones con aluminosis.

 Pasados los cincuenta decidiste separarte, Isabel. Quisiste hacerlo sin alharacas, sin estruendo, sin timbales de tragedia; porque el amor termina y no es una catástrofe, porque el amor se vive y cuando se ha vivido es mejor despedirlo aún con amor y despedirse. La única derrota del amor es no haberlo vivido. Por eso te escribo estas líneas, para que te cuides, para que defiendas tu sonrisa, para que protejas tu libertad.

Esta 'road movie' entiende que el verdadero viaje siempre es pecho adentro, que la cartografía de nuestras emociones tendrá siempre más vericuetos y sobresaltos que la de los territorios físicos. En un mundo tan cínico, tan generoso a la hora de mostrar el odio, la pataleta, el zafarrancho de insultos y lapidaciones virtuales o el encono, la sentimentalidad puede ser un acto de resistencia e incluso un gesto revolucionario. Y es la película uno de los más bellos cantos a los animales que ha generado nuestro cine. El director actualiza una de las funciones primordiales del perro en todas las mitologías: la de psicopompo, el acompañante de las almas en su viaje a la otra vida.

La columna de hoy de Alberto Conejero no es tanto una columna como una clase magistral. O poco menos. El autor de 'La piedra oscura' o 'La geometría del trigo' recopila en exclusiva para los lectores de AISGE sus apuntes sobre la escritura dramática. ¿Cómo, por qué y para qué se escribe? ¿En qué difiere el lenguaje de la dramaturgia de la poesía? ¿Cuándo acaba el autor una obra? "La escritura escénica es siempre una escritura incompleta, en proceso, en aprendizaje; hasta que nuestra muerte y el corpus académico, la erudición, la tradición o el olvido digan lo contrario", resume el gran autor jiennense.

Es 12 de octubre y escribo estas líneas desde San José, Costa Rica. La fecha tiene mucho de barril de pólvora. Las celebraciones tienen el aire de la comparecencia anual de una orquesta mal avenida ante un público soliviantado. Pero con todas las diferencias, con todas las heridas, con todos los desacuerdos, esta noche nos juntaremos en esa casa abierta que es el teatro.

Pensé en los jóvenes del barrio, cuáles serían ahora sus sueños, sus esperanzas; pensé en eso que llaman “ascensor social”, y sólo vi su hueco en el esqueleto de cada edificio. Pensé si, en alguno de estos pisos mordidos por la aluminosis, algún muchacho, alguna muchacha, está leyendo 'Bodas de sangre' o 'Un tranvía llamado deseo', y pensando en cómo decirles a sus padres que quiere convertirse en estudiante de arte dramático

Warner Bros se ha visto obligada a aclarar que Joker es una película de ficción. Aunque su personaje principal sea un criminal, ellos no promueven el mal. Hemos creado una ciudadanía con una visión literal y literalista de la realidad, incapaz de asumir el pacto de lectura que la ficción reclama.  De lo que se trata no es de que la ficción sea edificante, sino una exploración poética fuera de las leyes cotidianas, fuera de la moral cotidiana.

Siempre hemos sentido fascinación ante las historias por capítulos, pero ahora son escasos los amigos, los parientes, los compañeros, que no están viendo (hablando, comentando, posteando), una serie, cuando no dos o tres… ¿De qué hablábamos antes de hablar de la última serie imperdible? ¿Qué cosas esquivábamos antes de esquivar spoilers? El promedio por día que dedican sus suscriptores a Netflix es de una hora y 40 minutos, por 20 minutos a la lectura y 17 al ejercicio físico. Quizá ha llegado el momento de proponer ayunos de series, de intentar con los amigos que el tema sea otro o que al menos no sea tan recurrente.

José Sacristán gasta a los ochenta años trazas de alevín. Su voz despacha más entusiasmos que desencantos. No me atrevo a decirle cómo me volteó el corazón la primera vez que lo vi en Un hombre llamado 'Flor de Otoño'. Pero, tras verle en esta 'Señora de rojo sobre fondo gris', pienso cómo en realidad anticipamos la muerte cuando estamos vacíos de amor. Lo banal es permitirnos pasar por aquí sin devoción alguna. 

El edadismo de nuestra época (como parte del neocapitalismo emocional) ha multiplicado la presión secular sobre el cuerpo de las mujeres. Yo celebro que Madonna esté con más de 60 años restregándose con quien le dé la gana, vistiendo como le dé la gana, bailando como le dé gana. Ojalá que quienes hoy la insultan se encuentren en el futuro con jóvenes muy distintos a ellos. Ojalá alguno comprenda algo de esto y se arrepienta.

Salimos de un verano en el que las noticias han tenido la forma exacta de las pesadillas que imaginamos para el futuro. Tanto desastre nos deslumbra y paraliza, como un conejo que aprovecha el resplandor de los faros para hacerse un selfi antes de estirar la pata. Algunos aprovechan la pachanga apocalíptica para entonar un 'carpe desperationem'. Pero cada mujer y cada hombre que asume un pequeño cambio está encendiendo una cerilla en la oscuridad. Imaginemos que lo hiciéramos muchos, que lo hiciéramos tantos que la oscuridad empezara a disiparse.

Como lo de negar el cambio climático se antoja cada vez más difícil, los papás y las mamás liberales gastan ya fortunas en alimentos bio para que sus criaturas no ingieran microplásticos. ojalá podamos encontrar el modo de salir de nuestro anonadamiento para decir “basta”, para decir “no hay nada más sagrado que la tierra, pues guarda nuestros muertos y albergará a nuestros descendientes".

No sé muy bien cómo llegué a la versión de 'Hamlet' que Claudio Guerin Hill y Antonio Gala –director y adaptador, respectivamente– hicieron en 1970 para el 'Estudio 1' de TVE, con el vallisoletano Emilio Gutiérrez Caba como protagonista. Ojalá volviera a nuestra televisión pública este formato, encrucijada maravillosa entre el teatro y el cine. Creo que este es un momento propicio para intentarlo de nuevo, para entregar a los espectadores un Estudio 1 que será sin duda 2.0. Tenemos los textos, tenemos los creadores y tenemos los intérpretes. ¿Por qué no?

El lunes que empecé las clases en Baeza cumplí un año más. El sábado que regresé a Madrid mi cumpleaños era ya una sombra en la fantasmagoría de los días pasados. El tiempo. Me acosté con el rumor de un poema de Concha Méndez. No lo recordaba entero, pero sentía que allí podría encontrar alguna respuesta, un sostén, un impulso. Los poemas saben encontrar el momento propicio. Leo el primer verso, sí, y encuentro la respuesta: hoy es siempre todavía.

Disney ha elegido a la actriz y cantante negra Halle Baley para interpretar a Ariel en la versión con actores de carne y hueso de 'La sirenita'. Por mucho que refunfuñen algunos, las ficciones ya nunca serán más el señorío de los varones blancos heterosexuales, escritas por ellos y protagonizadas por ellos. Sin embargo, parece que estemos condenados a que cada logro social traiga consigo su radicalización grotesca y pueril.  ¿Acaso una actriz negra o asiática no debe interpretar Medea? Las ficciones, para seguir siéndolo, defenderán la convención por la que un ser humano puede representar lo que no es, para de este modo, descubrirse otro y en otros.

El gesto heroico de la capitana Carola Rackete es evitar que cientos, miles de cuerpos sin nombre queden olvidados en la sepultura del mar; que Europa no se olvide de que el Mediterráneo es un moridero; que mar adentro, pero no demasiado lejos de nuestras playas, de nuestros chiringuitos, de nuestras risas al sol del verano, el mar es una sepultura, una inmensa fosa común. Levó anclas, giró el timón, dirigió la embarcación humanitaria rumbo a puerto. Ha sido un gesto tan radical y poético como el de Antígona.

La serie 'Señoras del (h)ampa' refleja el peculiar universo de Abril Zamora, poblado por criaturas con el corazón escacharrado y la cabeza llena de los más extraños pájaros; pero humanas, decididamente humanas. Abril sabe pasar sin solución de continuidad de la ternura al escalofrío, del homenaje al cine de casquería y sobremesa a la más luminosa comedia popular. Su barril viene cargado con la pólvora de la supervivencia cotidiana con sueldos miserables, la del machismo, la de la invisibilización del deseo de la mujer madura.

Siento que tantísima ficción en las pantallas termina por sepultar todas las series, escombradas ante la novedad continua. Pero me atrevo a recomendarles 'Years and Years', uno de esos relatos excepcionales con los que la BBC nos sorprende cada poco.  Los hechos relatados —triunfo de los fascismos populistas, desintegración de Europa, fake news...— se presentan como el desarrollo inexorable de nuestro presente. Es el mundo que nos espera a la vuelta de la esquina. O quizá no, quizá estemos a tiempo. En todo caso, no se la pierdan.

"Abogo por un Orgullo militante y político. Sí, político, porque querer vivir sin miedo y en libertad es un deseo político, quizá el primero de todos; y porque ahora mismo aquellos que desean que volvamos a sentir al miedo están haciendo política. De nada sirve mirar hacia otro lado".

 Las artes escénicas y el deporte tienen históricamente el triste privilegio del abucheo. No se abuchea al panadero si las barras quedan demasiado tostadas, o la arquitecta si el edificio sufre humedades o al cocinero que te trae las verduras ahogadas en aceite. Sin embargo, ay de los cómicos cuyo desempeño defraudara las expectativas de los espectadores.

En España, lo único peor que el fracaso es el éxito. En un país que gasta celosías y portillos, dimes y diretes, negruras goyescas e ingenio afilado, sabemos que siempre hay tela para cortar el traje de los hijos ilustres. De la mano de Almodóvar, Antonio Banderas jalonó los ochenta con cinco películas que son referencia ineludible de nuestro cine reciente. Y ahora llega el premio a mejor actor en Cannes por una interpretación para 'Dolor y gloria' que tiene calambre de poema. El cuerpo duele, el corazón se escacharra y se hace presente lo inevitable; porque el tórax abierto tiene algo de caja de Pandora.

Me asombra descubrir la inmensa frustración que sienten muchos de los seguidores de 'Juego de Tronos': un desencanto feroz, insoportable; un odio afilado a los guionistas, que han pasado de espléndidos profesionales a ganapanes sin talento. Si la vida no se desarrolla según nuestras querencias, ¿por qué se lo exigimos a la ficción? Queremos ejercer un control narcisista, infantil y moralista sobre ella: que la ficción deje de molestarnos y se convierta en la sierva de nuestras expectativas.

Amigos fotógrafos y diseñadores reciben ofertas cuya remuneración es la “visibilidad de su trabajo”.  Los que rechazan esta explotación del espíritu son tildados de caprichosos o de estar “fuera de su tiempo”. Son formas cada vez menos sutiles del neoesclavismo y es desolador. Ya no se esconden. Exigen la gratuidad. Que los artistas recibamos un salario es un ejercicio de caridad de los poderes económicos.

Cuando se descubrió el error del traductor audiovisual en el tercer capítulo de la última temporada de Juego de Tronos, pasé de la sonrisa ante el simpático gazapo (porque es eso) a la tristeza por el aluvión de comentarios despectivos. En Twitter se pasó muy rápido de la sonrisa lógica al paredón virtual. También es soberbio el desempeño de nuestros dobladores. Por eso resulta descorazonador que solo nos acordemos de ellos cuando cometen un error.

las palabras que compartió Nacho Duato con un joven bailarín llamado Said transcendieron los límites habituales de 'Prodigios'; un programa de talentos de nuestra televisión pública. Para un niño marica, el colegio, las reuniones familiares, las actividades extraescolares… podían terminar siempre en el insulto, en el golpe, en la exclusión. Algunos trataban de no ser notados, cercenándose cada día, midiendo las palabras, los gestos. Los niños maricas aprendimos no solo a sobrevivir, sino a quitarle el odio y el asco a las palabras que usaron para estigmatizarnos y herirnos y las hicimos nuestras. No ha sido fácil, no está siendo fácil, no será fácil.