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La serie 'Señoras del (h)ampa' refleja el peculiar universo de Abril Zamora, poblado por criaturas con el corazón escacharrado y la cabeza llena de los más extraños pájaros; pero humanas, decididamente humanas. Abril sabe pasar sin solución de continuidad de la ternura al escalofrío, del homenaje al cine de casquería y sobremesa a la más luminosa comedia popular. Su barril viene cargado con la pólvora de la supervivencia cotidiana con sueldos miserables, la del machismo, la de la invisibilización del deseo de la mujer madura.

Siento que tantísima ficción en las pantallas termina por sepultar todas las series, escombradas ante la novedad continua. Pero me atrevo a recomendarles 'Years and Years', uno de esos relatos excepcionales con los que la BBC nos sorprende cada poco.  Los hechos relatados —triunfo de los fascismos populistas, desintegración de Europa, fake news...— se presentan como el desarrollo inexorable de nuestro presente. Es el mundo que nos espera a la vuelta de la esquina. O quizá no, quizá estemos a tiempo. En todo caso, no se la pierdan.

"Abogo por un Orgullo militante y político. Sí, político, porque querer vivir sin miedo y en libertad es un deseo político, quizá el primero de todos; y porque ahora mismo aquellos que desean que volvamos a sentir al miedo están haciendo política. De nada sirve mirar hacia otro lado".

 Las artes escénicas y el deporte tienen históricamente el triste privilegio del abucheo. No se abuchea al panadero si las barras quedan demasiado tostadas, o la arquitecta si el edificio sufre humedades o al cocinero que te trae las verduras ahogadas en aceite. Sin embargo, ay de los cómicos cuyo desempeño defraudara las expectativas de los espectadores.

En España, lo único peor que el fracaso es el éxito. En un país que gasta celosías y portillos, dimes y diretes, negruras goyescas e ingenio afilado, sabemos que siempre hay tela para cortar el traje de los hijos ilustres. De la mano de Almodóvar, Antonio Banderas jalonó los ochenta con cinco películas que son referencia ineludible de nuestro cine reciente. Y ahora llega el premio a mejor actor en Cannes por una interpretación para 'Dolor y gloria' que tiene calambre de poema. El cuerpo duele, el corazón se escacharra y se hace presente lo inevitable; porque el tórax abierto tiene algo de caja de Pandora.

Me asombra descubrir la inmensa frustración que sienten muchos de los seguidores de 'Juego de Tronos': un desencanto feroz, insoportable; un odio afilado a los guionistas, que han pasado de espléndidos profesionales a ganapanes sin talento. Si la vida no se desarrolla según nuestras querencias, ¿por qué se lo exigimos a la ficción? Queremos ejercer un control narcisista, infantil y moralista sobre ella: que la ficción deje de molestarnos y se convierta en la sierva de nuestras expectativas.

Amigos fotógrafos y diseñadores reciben ofertas cuya remuneración es la “visibilidad de su trabajo”.  Los que rechazan esta explotación del espíritu son tildados de caprichosos o de estar “fuera de su tiempo”. Son formas cada vez menos sutiles del neoesclavismo y es desolador. Ya no se esconden. Exigen la gratuidad. Que los artistas recibamos un salario es un ejercicio de caridad de los poderes económicos.

Cuando se descubrió el error del traductor audiovisual en el tercer capítulo de la última temporada de Juego de Tronos, pasé de la sonrisa ante el simpático gazapo (porque es eso) a la tristeza por el aluvión de comentarios despectivos. En Twitter se pasó muy rápido de la sonrisa lógica al paredón virtual. También es soberbio el desempeño de nuestros dobladores. Por eso resulta descorazonador que solo nos acordemos de ellos cuando cometen un error.

las palabras que compartió Nacho Duato con un joven bailarín llamado Said transcendieron los límites habituales de 'Prodigios'; un programa de talentos de nuestra televisión pública. Para un niño marica, el colegio, las reuniones familiares, las actividades extraescolares… podían terminar siempre en el insulto, en el golpe, en la exclusión. Algunos trataban de no ser notados, cercenándose cada día, midiendo las palabras, los gestos. Los niños maricas aprendimos no solo a sobrevivir, sino a quitarle el odio y el asco a las palabras que usaron para estigmatizarnos y herirnos y las hicimos nuestras. No ha sido fácil, no está siendo fácil, no será fácil.

 

Arde Notre Dame y sus llamas no solo devoran un reservorio de humanidad, de historia, de espiritualidad, de belleza, sino que alumbran a una colectividad enferma de gestos. Están los que exhiben su superioridad moral empleando analogías falaces con otras desgracias. Están los que critican a las grandes fortunas por destinar fondos a la recaudación. Están los que recuperan su último selfi ante la catedral. Incluso, están los que, como yo, escriben columnas.

 

La memoria no es histórica. La memoria es presente. La memoria nos reclama. Necesitamos una ética de la piedad, una moral de la piedad. ¿Qué espíritus podridos y ponzoñosos pueden referirse al intento de dar sepultura digna (que es devolver humanidad, restaurar humanidad) como “mover un montón de huesos”? Queremos una España donde las lágrimas de una mujer ante la tierra que dejaba asomar el cráneo de su padre sean respetadas y aun bendecidas; queremos una España en las que los torturadores no tengan medallas pensionadas.

'El reino' (Sorogoyen) deja tan mal cuerpo porque no se termina en los créditos finales. Su asunto nos persigue en las tertulias, los periódicos, las sedes de los partidos. Antonio de la Torre logra que sintamos compasión por ese animal herido que trata de sobrevivir, pero entonces el guion nos recuerda que el animal traicionado y moribundo es una hiena.

El dolor físico, el dolor del alma, pero también un dolor luminoso, ocasión de conciencia y de perdón, de reencuentro y de esperanza. 'Dolor y gloria' tiene algo de tornadizo de todas las películas del Almodóvar, de encrucijada de todos sus temas. También del primer deseo, de esa fiebre. Hay que dar las gracias por vivir en un país en el que ese deseo puede ser ahora dicho con más libertad. Y desear que siga siendo así, aunque algunos sientan nostalgia de tiempos pasados y peores, mucho peores

Los domingos son también línea de telón, recuerdo del alumno que dejaba los deberes para el último día, y rabiaba si el tiempo era bueno y llamaban a la puerta para salir. E inspiraron este año pasado una película bellísima, tan dolorosa como viva, escrita y dirigida por Ramón Salazar y de la que esta columna toma prestado su magnífico título: 'La enfermedad del domingo'.  Nunca le han faltado al domingo poetas; Salazar y sus dos intérpretes, Susi Sánchez y Bárbara Lennie, le han entregado casi dos horas de poema, de un bellísimo poema. 

Ocurrió hace tres semanas en Moguer, el hermoso y juanramoniano pueblo de la provincia de Huelva, en un encuentro con varios grupos de bachillerato. Pregunté a los chicos: ¿a vosotros os gusta el fútbol? Los cuatro o cinco chicos dijeron que no. Entonces, una de las chicas, que no había hablado hasta el momento, lo dijo: “a mí sí”.  Qué torpeza. Qué hondo tenemos el machismo. No me dijiste tu nombre, pero ojalá sepas que el 8 de marzo pensé todo el día en ti, recordando agradecido la lección que me regalaste.

Hay quien afirma que Lope de Vega decidió regalar el manuscrito autógrafo de 'La dama boba' a su amante, la afamada actriz Jerónima de Burgos. Cuando la actriz no quiso devolverle el manuscrito, Lope tuvo que acudir a un memorión –aquellos hombres que acudían a los corrales de comedia para «tomar de memoria» los textos– para poder poner por escrito su propio texto. Tras dejar a Lope, De Burgos se convertiría primero en diana de las burlas del dramatugo y luego de algo mucho peor: el desprecio. Y bien merece esta historia de la literatura convertirse en literatura o en teatro.

Manuel Vilas es un enorme poeta que escribe a veces en prosa y a veces en verso, pero siempre desde el rincón en llamas de la poesía. Su poema '974310439' se titula como el teléfono fijo de la casa familiar. Yo también he de buscar papel y bolígrafo y apuntar, al menos, cinco números de móviles para aprendérmelos de memoria: mi madre, mi compañero, los amigos… Y que pueda repetirlos en voz alta como quien reza para no sentirse solo.

Como consecuencia de las heridas, aún durante su cautiverio durante la Gran Guerra, al pianista Paul Wittgenstein le amputaron el brazo derecho. Él hizo acopio de voluntad y de fuerzas: le quedaban una mano, las ganas, el tiempo. Le quedaba, en definitiva, la vida por delante. En 1931, Ravel le compuso el 'Concierto para piano para la mano izquierda en re menor':  un prodigio de humanidad, un triunfo de la voluntad del ser humano pese a su propia miseria. Quizá, quién sabe, todos los fantasmas desaparecían de la cabeza de Wittgenstein cuando la mano izquierda emprendía su vuelo.

Cada vez que se pronuncie el apellido, en el galope de esas tres sílabas por la garganta y el recuerdo, una bengala cruzará los cielos aún más oscuros. Salvador siempre puso el acento en las últimas raíces. Un galope de niebla. Un arcano. Un teatro contemporáneo por arcaico y arcaico por contemporáneo. Nos enseñó que no hay nada más universal que encerrarse con la verdad de uno mismo. Eso es teatro con quilates de prodigio.

Hay quien acusa a Yorgos Lanthimos de humillarse al oro y esconder las garras de sus primeras y perturbadoras obras para abrazar un cine más convencional. Pero 'La favorita' es un ejercicio de cine mayúsculo, tan hondo como descarado, gamberro en sus anacronismos, consciente de sus pequeñas fechorías con la óptica y la estética. La reina Anna (Olivia Colman) se erige en compendio de nuestras emociones: pasa de presentarse como un pelele, un fantoche grotesco, a transformarse en una madre huérfana de hijos y atormentada por los accesos. 'La favorita' es gran cine, porque la vida carece de géneros y Lanthimos lo sabe.

El cine de Rodrigo Sorogoyen, siempre con el calambre de alguien que ama contar historias, habita la encrucijada entre la emoción y la política, quizá porque toda política es una emoción que ambiciona algo. Con 'Madre', el corto que aspira al Óscar, comprendemos que no hay nada más terrorífico que aquello que no vemos, no hay imagen más terrible que aquello que no llega a formarse y que justo por eso contiene todas las imágenes terribles del mundo.

Homero, Goya, una depresión nerviosa en 1938, la Noche de los Cristales Rotos y finalmente el nazismo, el exilio, París ocupada por los nazis, las sillas vacías, los muertos y las muertas, los gélidos andenes, el océano de por medio... Todo ello fuer doblegando a Bespaloff, que puso fin a sus días en abril de 1949. Pero regreso a su 'De la Ilíada' y es una bengala de auxilio en el cielo más oscuro. Porque no todo está perdido, porque aún en el horror “los versos del poeta, los únicos verdaderamente inmortales, relatarán la energía humana en la desgracia, la belleza del guerrero muerto".

El dos de diciembre, cuatrocientos mil andaluces decidieron que nuestro futuro debe parecerse a nuestro pasado más oscuro. Es temible, sí, y aquí conmigo el escalofrío, la rabia y también el miedo.  Un largo espectro se nos ha sentado a los andaluces en el corazón. Pero no se va a marchar porque insultemos a esos votantes desde nuestra indignación telemática.

Derechos que hoy damos por sentados —como que las mujeres tengan sus propias cuentas corrientes, o que puedan sacarse el pasaporte o disponer de sus bienes— son fruto de la batalla reciente que dieron personas como María Telo. La jurista que se convirtió en camino porque le negaban el camino murió en 2014, casi centenaria. Que su vida ejemplar nos dé fuerza y esperanza frente a los nostálgicos de la oscuridad

"Nuestro tiempo es fecundo en la exhibición pública e impúdica de certezas, eslóganes morales y conductas ejemplares. Yo, en cambio, asumo la contradicción en mi pensamiento y en mi relación con los animales. Es la que me lleva a convivir, proteger, disfrutar y sentir un vínculo íntimo con dos animales en nuestra casa, y luego sentarme a la mesa y comer carne o pescado. En un país donde los vegetarianos sufren el 'cuñadismo' como pocos, siento que cada vez menos personas aceptan que los animales sean meras máquinas vivientes. Porque toda vida importa. Toda vida es un milagro de células y de misterio, de voluntad de permanecer".