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29-07-2015 Versión imprimir

 
 
Las insondables leyes del azar y la tragicomedia


Beatriz Arjona y Luis Zahera, mejores intérpretes en el último Notodofilmfest, dialogan sobre el cambio de ciclo y los ‘baratometrajes’



FRANCISCO PASTOR
Reportaje gráfico: Enrique Cidoncha
Otra tarde en la que el calor distrae las conversaciones de Madrid y las del resto de Europa versan sobre Grecia, ellos posan juntos ante la cámara como si se conocieran de toda la vida. Curiosamente, nunca se habían visto. Luis Zahera, nacido en Santiago de Compostela hace 49 años, amalgama experiencias tan dispares como Sin tetas no hay paraíso o el teatro de Peris-Mencheta. Beatriz Arjona, sevillana a los 31, protagoniza entre otros un largometraje en México, Me quedo contigo, mientras su público más cercanoprefiere ensalzar su presencia en los videoclips de música indie.
 
   Los dos actores guardan en común el premio a las mejores interpretaciones del último Notodofilmfest, el célebre certamen de cine breve. Ella, una vengativa novia en Los pies fríos, agregará el trofeo al que uno de sus cortometrajes le concedió en la India, o al galardón que el festival de Málaga otorgó a todo el reparto de Casting. Él, un sociópata en El club de los 27, engordará una infinita colección de menciones en el Mestre Mateo y de triunfos en encuentros como el de Alfás del Pi o el del Mar de Plata. Comparten, además, la certeza de que el azar es el principal ingrediente de una carrera fructuosa.
 
 

 
 
 
– Cuando solo tres de cada 10 actores viven de su trabajo, ¿cuál es el peso de un premio?
[Luis] Un reconocimiento y un ánimo, por el público al que he llegado con esto.
[Beatriz] Yo misma no alcanzo a fin de mes solo con el arte dramático, pero los actores trabajamos hacia fuera: cuando encontramos una respuesta a lo que hacemos, sabe muy bien. Es visibilidad y, aunque no tenga por qué ser un billete a ninguna parte, todo suma.
 
– Tienen perfiles muy diferentes. ¿Les sorprende haber ganado juntos?
[Luis] No somos tan diferentes, pero este es aún un mundo de hombres y se escriben mejores personajes para ellos que para ellas. Es difícil llegar y es difícil mantenerse, pero hay pocas directoras y es más duro para las mujeres.
[Beatriz] Ojalá yo pudiera trabajar como lo ha hecho él, porque ha encontrado papeles muy interesantes. Y aunque venimos de trayectorias diferentes, sí coinciden nuestros personajes: los dos tienen esa maldad, ese punto turbio.
 
– ¿Es fácil empatizar con personajes tan excéntricos?
[Beatriz] Llevaba mucho tiempo queriendo un papel así, porque siempre me toca de niña buena. No es una mera loca: está afectada por lo que ocurre en su relación de pareja, pero se divierte haciendo daño. Ahora bien, no me gustaría nada cruzarme con ella…
[Luis] Interpretar es siempre el mismo juego, da igual que me toque un pederasta o San Francisco de Asís. No empatizo con ninguno, porque esa es una palabra peligrosa: solo lo hago con la gente. Los personajes los disfruto, sean cuales sean.
 
 

 
 
 
– ¿Qué tiene la tragicomedia para que guste siempre tanto en el Notodofilmfest?
[Luis] ¡Que es como la vida misma! Las dos piezas que presenté a esta edición eran muy absurdas, y eso de que la realidad supera la ficción es cierto.
[Beatriz] Es una maravilla que nos riamos de las desgracias y lloremos las alegrías. Somos un país tragicómico y estas piezas seguirán triunfando, en este festival y fuera de él. El Notodofilmfest, en cualquier caso, da mucha libertad, y es el primer lugar en el que me plantearía lanzarme como directora.
 
– Cuentan con valiosas experiencias en teatro. ¿Son vivencias más estables que las del audiovisual?
[Luis] Es lo que menos he hecho y lo que más me gusta. Puestos a falsificar, que es lo que hacemos, disfruto más llevándolo del tirón y delante del público. Lo que puede llegar a suceder en una escena de teatro no tiene comparación con nada.
[Beatriz] Siempre ha estado en mi carrera, y hasta me la jugué con mis amigos y creamos nuestra propia compañía, Por Intercia Teatro. Giramos por toda España, nos contrataban para bolos y ganábamos premios, pero las funciones, a veces, nos salían a pagar. Eso sí, las historias más interesantes que he hecho están sobre las tablas.
 
 

 
 
 
– ¿Se puede crecer como actor sin marchar lejos de casa?
[Beatriz] Me gustaría trabajar en Andalucía: en cine, en teatro y en todo. Pero fuera de Madrid, de esto viven cuatro, y sabía que era emigrar o la nada. Recuerdo cuando llegué. Era tan expresiva que me tuvieron que agarrar las manos durante una prueba porque me comía la cámara. Hoy estoy loca por volver a mi tierra.
–  [Luis] Cuando yo empecé, en España se rodaban 60 cortometrajes al año. La televisión estaba empezando, éramos pocos, nos conocíamos y nos movíamos los unos a los otros. Cualquiera que hiciera las cosas medio bien encontraba un hueco. Hoy se hacen mas de 5.000 piezas al año y hay muchos más actores. Pienso en gente y me pregunto por qué no estará ahí. Hay un azar, pero también está lo de que cualquier tiempo pasado fue mejor. No estamos en una época de cambio, esto es un cambio de época.
 
– Pero Luis, le reclaman directores de toda suerte, desde Daniel Guzmán a Calparsoro.
¡Calparsoro! Se le podría tachar de militar. Da indicaciones y repite tomas y está a lo que está; no es muy comunicativo. Intimida, porque es un gigante vasco, muy alto, con ese punto macarra. Me encantaría repetir con él. Con Guzmán me divertí, aunque fue un solo día de rodaje: yo, a solas con su abuela, muy anciana y actriz por primera vez. Tras varias tomas, resultó que había que repetirlas porque se había dejado puesta la bata que la protegía del frío. Pensé que se nos quedaba allí.
 
– Beatriz, ¿representa con este premio a esa generación del ‘baratometraje’ que tanto trae de cabeza a los actores jóvenes?
Representar no, pero sí me siento parte de ello. Y con orgullo. Estoy rodeada de artistas que hacen grandes cosas con dos duros. No es el camino, porque no nos llega para comer, pero aguanto: paciencia, perseverancia y constancia. Se lo debemos todo al azar. Cuando por fin le toca a alguien cercano, le doy las gracias al universo. Somos como una familia, y quizá los más pobres del cementerio, pero también los más felices.
 
 

 
 
 
– ¿Hay un nuevo cine español?
[Beatriz] Reflejamos el mundo de otra forma y nos atrevemos a contar nuestras miserias. Hay un relevo generacional, y me gustaría mucho trabajar con Fernando Franco y con Jonás Trueba. Y con Alberto Rodríguez, claro.
[Luis] Dicen que llegamos más al público, y no sé cómo, pero así es. Recuerdo que me aterrorizó, con Celda 211, que nos decían lo de “¡anda, si no parece española!”. Pretendían convertirlo en un halago y era tremendo, aunque ya no ocurre. Cuentan que una carrera se forja diciendo que no, pero yo digo sí a todo lo que me gusta; me pondría a las órdenes de cualquier director con quien no lo haya hecho aún. Y de Daniel Monzón si volviera a llamarme, sin duda.
 
 
Cuatro pinceladas
Un talento aún por descubrir en ellos. Luis: El caos / Beatriz: El claqué
Un pensamiento que se repita a diario. Luis: Que algo no me va a salir / Beatriz: Que por qué no
Un motivo para la frustración. Luis: Uno mismo / Beatriz: El no
Un mañana mejor. Luis: Que suene el teléfono / Beatriz: El mar cerca
 
 
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