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19-01-2015 Versión imprimir

 

Ocho caras nuevas para el mejor año del cine español



Los candidatos al Goya a mejor actriz y actor revelación atesoran historias que en nada envidian a los mejores guiones


 
FRANCISCO PASTOR
Este febrero, la gran gala de nuestra industria cinematográfica será en sábado y no en domingo. Quizá para celebrar, aún con más garra, que una de cada cuatro entradas que nuestras salas de cine despacharon el año pasado estaría destinada al pase de una película española: la recaudación más alta que este mercado ha alcanzado hasta la fecha. Una vez más, los primeros pasos para la gran pantalla que ocho intérpretes han visto reconocidos con una candidatura al Goya a mejor actor y actriz revelación. Con ellos encontramos historias de azar y mestizaje que bien habrían podido pertenecer al mundo de la ficción, pero también el relato de la superación más paciente: la de unas producciones pequeñas que, por fin, la noche de largo del cine español ha acogido en su deliberación.  
 
 

 
 
 
Nerea Barros. La isla mínima
Solo hizo falta un capítulo de El tiempo entre costuras para que, en la fantasía, esta compostelana girara la historia de la Segunda Guerra Mundial. En la realidad, la actriz alcanzó una fama que, desde luego, ha sabido invertir: al igual que entonces acabó en el mismo reparto que Adriana Ugarte o Elvira Mínguez, su paso por La isla mínima le ha llevado no solo hasta la gala de los Goya, sino que le ha concedido una temporada en El príncipe, otra de las ficciones por entregas que recoge el testigo de la alta producción. Mientras sus paisanos aún recuerdan sus días en Matalobos, para la pequeña pantalla gallega (TVG), es hoy cuando los medios de comunicación y el gran público descubren y ensalzan la cálida belleza de esta intérprete de 33 años. En cambio, en la obra por la que podría recoger el cabezón, son la tristeza, la pesadumbre y una quebradísima voz las que mejor han hecho brillar sus talentos.
 
 

 
 
 
Jesús Castro. El niño
Uno de los protagonistas indiscutibles, y desde luego inesperado, de la cartelera de este año que tan buenos frutos ha recogido. En La isla mínima se referían a su personaje llamándole guapo, que es como tantas veces se ha aludido a él el poco tiempo que ha tardado en anotar un nombre propio. El fichaje de este gaditano para El niño, su primera vez frente a una cámara, desbordó todas las premisas del azar y el talento: trabajaba de relaciones públicas en la noche, al igual que por el día ayudaba en el establecimiento de su padre, cuando supo que le habían elegido en la prueba en la que se encontraba, en realidad, acompañando a un amigo.  A los 21 años, este improvisado actor no cuenta solo con un pasaporte para el Goya —y al igual que Barros, otro para El príncipe—, sino con la tranquilidad de que, a diferencia de como ocurre con tantos otros andaluces, lo que los realizadores reclaman en él es, entre otras cosas, la naturalidad de su acento de paisano del Estrecho.
 
 

 
 
 
Ingrid García-Jonsson. Hermosa juventud
A sus 23 años, esta desconocida actriz camina hacia la gala de los premios, nada menos, como la protagonista de un largometraje del premiado Jaime Rosales. Tras varias piezas breves y algún que otro personaje episódico para la pequeña pantalla, no podía pasar mucho tiempo hasta que el cine adoptara a esta musa de los contrastes, hija de madre nórdica y padre andaluz crecida en Sevilla. Previsiblemente, lo aprendido junto al director de La soledad, cuya fama de realizador duro ha sido reivindicada por esta benjamina de los Goya en diversas declaraciones, le vendrá bien en Sweet home, la cinta de terror que pronto perfilará con un equipo novel: no en vano, parte de la preparación de su personaje en Hermosa juventud consistió en permanecer incomunicada durante cinco semanas. Sí, también alejada de ese móvil con el que, en la realidad, la actriz pasa su tiempo libre atendiendo las redes sociales.
 
 

 
 
 
Israel Elejalde. Magical girl
El madrileño es uno de esos pocos actores que ya mucho antes de enfrentarse a la cámara era noticia por su trabajo en el teatro. Rebuscar en su trayectoria es encontrar unos cuantos titulares que celebran cada ocasión en la que este veterano de las tablas vuelve al escenario: su último triunfo, junto al Misántropo de Moliére. A los 41 años, la nominación por Magical girl, largometraje independiente donde los haya, encumbra su estreno casi absoluto en el cine: le acompañan su papel en una pequeñísima producción, El gran salto adelante, y un breve paseo junto a la Gente en sitios de Juan Cavestany. Otra cosa es la pequeña pantalla: las tramas de Amar en tiempos revueltos le eligieron, durante un año, como uno de sus protagonistas, así como le enrocaron en un final de temporada de vértigo.
 
 
 

 
 
 
Yolanda Ramos. Carmina y amén
Contertulia, presentadora y humorista, esta natural de Barcelona coincidió con Paco León, el director gracias al que hoy opta a un cabezón, en las célebres sátiras de Homozapping, en las que se metía en la piel de personajes de actualidad. Quizá fue allí donde Pedro Almodóvar decidió reclamarla para Volver, en la que realizó una breve aparición, también en una pequeña pantalla y apretando las tuercas de Blanca Portillo. Al tiempo, el destino también ha querido que, a sus 46 años, esta actriz vea reconocida su aportación al mundo del cine no parodiando a otros, como en sus piezas para Señoras que o La escobilla nacional, sino a sí misma: al igual que el resto de miembros del elenco, y como sucedió también en Carmina o revienta, esta Yoli apela a la intérprete que le da vida: una muy curtida en la comedia gracias, también, a la longeva Siete vidas o, por qué no, en su cameo en la última entrega de la saga Torrente
 
 

 
 
 
Dani Rovira. Ocho apellidos vascos
Ya sea vestido de rociero sevillano o como de amigo de la causa abertzale, encontrar a quien sienta antipatía por este humorista se torna en tarea casi imposible. Asimismo, los temores de que el personaje se pareciera demasiado al malagueño y a su vastísima experiencia con el soliloquio se disiparon pronto: en concreto, el quinto fin de semana en cartelera, cuando Ocho apellidos vascos se convirtió en la película más vista en la historia de la taquilla española. Aunque las escasas cinco candidaturas de la cinta de Emilio Martínez-Lázaro contrastan con la increíble acogida que obtuvo, la nominación de este joven de 34 años no sorprende, como no lo hacen las de sus compañeros de reparto Karra Elejalde y Carmen Machi. Su estreno en la gran pantalla, en cualquier caso, vino acompañado de otro pan interpretativo debajo del brazo: un personaje en la serie B&b, que ya contó con él la primavera pasada y pronto comenzará su segunda andadura.
 
 

 
 
 
Natalia Tena. 10.000 km.
A los incondicionales de la fantasía quizá no les resulte reveladora la nominación de esta londinense, una de las hechiceras en las películas de la saga Harry Potter e intérprete, durante tres temporadas, en la aclamada Juego de tronos. También después de conocer la producción británica, que no ha dejado de darle trabajo desde la adolescencia, o de actuar junto a Robert Pattinson, la obra que acerca al Goya a esta hija de una extremeña y un vasco es, de hecho, su primera vez con el castellano. Según Carlos Marquet-Marcet, el director novel de 10.000 km., una reflexión sobre las relaciones a distancia, el trabajo de esta intérprete de 30 años no fue sino una “improvisación controlada”. Un ejercicio que le ha merecido, también, figurar como autora de los diálogos adicionales de la cinta.
 
 

 
 
 
David Verdaguer. 10.000 km.
Muso de la televisión catalana desde hace más de diez años, tanto en la ficción como en los formatos de entretenimiento –entre ellos el desternillante Polònia–, este gironés apenas se había cruzado alguna vez, y muy de soslayo, con alguna cámara de cine. En 10.000 km., en cambio, absolutamente toda la historia recaía sobre él, su única compañera de reparto y las cámaras de sus portátiles, ante las que actuaban para el otro y para el público. Entregado al teatro y devoto de la comedia, que la fama haya llamado a la puerta de este actor de 31 años —y le hayan concedido, entre otras menciones, el premio GQ a hombre del año— no le ha apartado de participar en campañas solidarias o seguir ayudando a promocionar, como hace a través de su generosa cuenta de Twitter, las pequeñas producciones de sus compañeros de gremio.
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