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23-09-2016 Versión imprimir
Fotografía: MTSlanci
Fotografía: MTSlanci
 
LA PELÍCULA DE MI VIDA



Luisgé Martín / 'Plácido' (Luis G. Berlanga, 1961)


“El sarcasmo sigue vigente”


 
TOÑO FRAGUAS
Existen personas para las que el cine es mucho más que un entretenimiento o un pasatiempo, personas para las que el hecho de ver películas se convierte en un auténtico refugio. Una de ellas es Luisgé Martín, autor clave en la novela española contemporánea –acaba de publicar El amor del revés (Anagrama)– y activista significado en la lucha por los derechos de los homosexuales: “Para mí el cine fue fundamental para encontrar referentes homosexuales y mundos en los que habitar en los momentos en los que estaba completamente perdido”. Espectador compulsivo (hubo un tiempo en que veía más de 300 filmes al año), ha elegido Plácido (Luis García Berlanga, 1961) como una de las películas de su vida: “No soy muy berlanguiano, pero esa cinta y El verdugo son obras maestras de las que no mueren”.

 
   Y es curioso, porque no fue un amor a primera vista. “La primera vez que la vi fue en el Cine España, en mi barrio. Era un programa doble y yo tendría unos 17 años. Me salí porque no entendía nada. La verdad es que no me lo explico, porque Plácido tiene muchos ingredientes que siempre me han interesado. Está llena de humor y de maldad. En ella el sarcasmo alcanza cimas. Y ese sarcasmo sigue vigente, aunque hoy en día se hayan dulcificado las clases sociales. Determinadas personas todavía tienen esa idea de la caridad que aparece en Plácido, personas que luego se comportan como verdaderas hijas de puta a la hora de hacer política, en sentido amplio. Es una película no solo vigente hoy, sino que lo será por mucho tiempo, aunque lo de ‘siente un pobre a su mesa’ ya no suceda”.
Fotograma de 'Plácido'
Fotograma de 'Plácido'
 
   Su pasión por el cine tuvo algo de vocacional. Intentó ser director, y en su época universitaria llegó a rubricar algunos cortos: “Dirigía, escribía el guion, actuaba… Los resultados eran lamentables por muchas razones”, ríe el novelista, que no perdió el contacto con el celuloide pese a no cumplir ese anhelo. Hizo de extra en La ley del deseo (Pedro Almodóvar), fue figurante “puro y duro” en Lulú de noche (Emilio Martínez-Lázaro) y recientemente se dejó ver, “ya sin tanto romanticismo”, en Sagitario y El dios de madera (ambas de Vicente Molina Foix, muy amigo suyo).
 
Discursos ministeriales
Persona beligerante en lo político, “de opiniones fuertes en todo, incluso en lo que no sé”, Martín fue protagonista en el ejercicio del poder cuando la cineasta Ángeles González-Sinde, nombrada ministra de Cultura, lo contrató como asesor. De nuevo el cine, de alguna manera, se cruzaba en su vida: “Mi tarea era escribir discursos, pero al final, cuando estás en un gabinete pequeño, acabas haciendo de todo”. 
   
   Como buen cinéfilo que es, no puede citar a un único actor favorito, aunque Bardem le parece uno de los mejores. Así las cosas, prefiere llamar la atención sobre dos interpretaciones memorables. Una es de Icíar Bollain: “Me marcó por su papel en El Sur, con esa especie de brutalidad, de magia en la forma de trasmitir simplemente poniéndose ante la cámara”. La otra es la de Álvaro Cervantes en la serie Carlos, Rey Emperador: “Aquí se añade a lo mejor algo de sexualidad de viejo verde. Es un actor infravalorado que, solamente con ponerse delante de la cámara y mirar, consigue una presencia cinematográfica que enamora”.
 
   Un amor a primera vista fallido con Plácido, una novela reciente titulada El amor del revés, actores que enamoran… y una acusada cinefilia. La de Luisgé Martín.
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