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09-07-2014 Versión imprimir

 

 
Luz Valdenebro


 “Un personaje es como un zapato y tú, el limpiabotas que le saca brillo en cada función”


Conocimos a esta cordobesa como la pérfida Sofía en ‘Gran Hotel’. ‘En el estanque dorado’ ha sido su curso intensivo de maduración. Ahora sueña con más cine y un musical


 
SERGIO GARRIDO
Reportaje gráfico: Enrique Cidoncha
La esperamos justo en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, al lado del teatro donde Luz Valdenebro lleva meses subiéndose sobre las tablas junto a dos pesos pesados de la interpretación, nada menos que Héctor Alterio y Lola Herrera. “Tengo que haber hecho algo muy bien en otra vida para tener este premio”, se nos sincera. Dice que le dan mucha vergüenza las fotos, pero no lo parece: por desparpajo y sonrisa, diríamos que esta cordobesa de nacimiento pero madrileña adoptiva está disfrutando de la ocasión.
 
 

 
 
 
   Con un aspecto veraniego y desenfadado, pantalones vaqueros cortos y una holgada camiseta rosa, parece mentira que nos encontremos frente a uno de los personajes más pérfidos de la serie Gran Hotel. Ella interpretaba a Sofía Alarcón, la hija mayor de Adriana Ozores y esposa de Fele Martínez. En aquellas secuencias de la serie, su personaje rara vez sonreía. En cambio, en el cara a cara, Luz derrocha frescura y hace honor a su nombre.
 
   Antes de encarnar a la revirada Sofía ya se había curtido en televisión con papeles en series (Hispania) y tvmovies como Padre coraje o No estás sola, Sara. “Me gusta trabajar en televisión. Es una plataforma muy importante para nosotros”, resume. Pero sobre las tablas no se siente menos segura: ha participado en obras tan dispares como Urtain, La lozana andaluza o Marat-Sade. “El teatro es adrenalina pura. Aquí no tienes la posibilidad de repetir, se trata de un salto al vacío. Pero cuando consigues llegar adonde querías… ¡es la hostia!”, subraya, expresiva.
 
   Con el cine, sin embargo, todavía tiene una espinita. Y eso que ya ha trabajado en películas como Balada triste de trompeta, de Álex de la Iglesia, o Bajo las estrellas (Félix Viscarret), donde se metía en la piel de Pauli, la novia de Alberto San Juan. “He tocado poco cine. Quiero hacer más cine… ¡Apúntalo, apúntalo!”, nos dice bromeando sentada en un moderno sillón rojo, en un “gran hotel” madrileño.
 
 

 
 
 
– Comparte escena con dos maestros de la interpretación en la obra ‘En el estanque dorado’. ¿Cómo resulta la experiencia junto a Héctor Alterio y Lola Herrera?
– Es para no creérselo. Hay un momento en que me siento en un sofá entre ellos dos. Siempre digo que me gustaría sacar un móvil en ese instante y hacerme un selfie entre Héctor y Lola, con público y todo. Y guardarlo como un recuerdo estupendo.
 
– ¿Cómo fue aquella primera vez junto a ellos?
– En el momento en que los conocí estaba muy nerviosa. Son dos artistas a los que admiras, pero superaron mis expectativas. Hicimos la primera lectura y desde ahí fue todo a mejor, muy natural.
 
– ¿Qué siente un actor joven cuando le acompañan en el escenario dos referentes?
– En mi caso, mucha seguridad. Me gusta decir que son los capos del oficio, el padrino y la madrina. Siempre puede haber algún tropiezo, pero percibo una absoluta confianza en ellos.
 
 

 
 
 
– ¿Se encuentra cómoda sobre las tablas, sin red?
– Es verdad que el proceso de desarrollo del teatro no se tiene en ningún sitio. Cada vez que salgo de una función, y eso que llevamos unas 150, me planteo cómo puedo sacarle más brillo a mi personaje. En el teatro un personaje es como un zapato y tú eres el limpiabotas: lo limpias por aquí, le haces un remiendo, le cambias los cordones… Vas buscando la perfección y eso solo se puede hacer sobre un escenario, cuando afrontas una gira y dispones de mucho tiempo para pulir una interpretación.
 
– ¿Cuándo decidió que este era su oficio?
– Sabía que era actriz, pero no tenía idea de cómo se llegaba a ello. De pequeña, en la guardería, me gustaba disfrazarme y participar en obras de teatro. No era para nada consciente de que eso era una profesión. Me parece muy importante seguir el instinto de cada uno y pelear por aquello que quieres. Siempre hay tiempo de recular, pero la pasión en algo es fundamental.
 
– ¿Recuerda algún vértigo en particular cuando le tocó debutar frente a cámara?
– El primer rodaje fue en Padre Coraje, la tvmovie. Tenía delante a Juan Diego, Pedro Casablanc, Mariana Cordero… ¿Cómo iba a hacer caso a las cámaras? ¡Lo que me fascinaba era verles a ellos!
 
– En ‘Gran Hotel’ o ‘Hispania’ tuvo ocasión de vestir de época. ¿Le gustaría viajar en la ficción hasta algún siglo en concreto?
– Una experiencia futurista no estaría mal, por aquello de cerrar el círculo. Casi toda la tele que hecho es de época. En Hispania llevaba un saco puesto, pero lo de Gran Hotel… ¡era una auténtica tortura! Aunque luego ayuda mucho a meterse en el papel. 
 
 

 
 
 
– Precisamente aquel personaje de Sofía en ‘Gran Hotel’, una mujer insegura y reprimida que vive manipulada por su madre, le sirvió como salto a la popularidad.
– Me lo planteé como la típica persona que ha hecho en todo momento lo que le han dicho y quiere agradar siempre. No era la agraciada ni la simpática, pero había sido la buena hija. Cuando llega el momento de tener un dulce, se lo quitan y no le explican por qué. Se siente traicionada por su familia. La vida de esta chica no era nada fácil, por eso el personaje no podía ser amable.
 
– Hasta que, al final de la serie, Sofía estalla…
– Sofía tenía tal represión que su liberación fue proporcional y… ¡se ligó a un cura! Pero hay una cosa que ella y yo tenemos en común: la lealtad. Por eso ella, que está enamorada, vuelve junto a su marido.
 
– Fele Martínez, Adriana Ozores, Amaia Salamanca… ¿Cómo era la convivencia con ellos?
– Tenía de compañero a Fele, que se parece muchísimo a mí en el humor y en la manera de trabajar. Como madre me tocó Adriana, que es… ¡lo más! Y Amaia resultó ser una chica divertidísima: risa todo el rato.
 
– En ‘Hispania’ interpretaba a Bárbara, la hermana de Viriato. ¿Requirió una preparación física especial?
– Toda la serie era muy física, pero me tuve que preparar más en el plano psicológico. Era una mujer que tenía un recorrido muy corto pero muy intenso. La torturan y se suicida porque cree que vienen a matarla cuando, en realidad, venían a salvarla. Me dio mucha pena.
 
 

 
 
 
– Y dígame que no tuvo que leer muchas revistas del corazón para interpretar a Isabel Pantoja en la tv-movie ‘Paquirri’… 
– Nada. La documentación nos la daban. Yo vi fotos para adecuarme a ella, No podía interpretar a la Pantoja de ahora. Era una época feliz para ella y quería hacer algo digno y defender mi personaje a muerte.
 
– En teatro ha interpretado, en cambio, papeles clásicos como ‘La lozana andaluza’. ¿Fue complicado?
– Creo que era un personaje que me quedaba grande, con un recorrido y unas vivencias brutales. Una prostituta que sale de Andalucía en un barco y vive muchas barbaridades. Tenía 22 años y para mí fue muy complicado meterme en el papel. Estuvo a la altura de lo que yo podía hacer.
 
– Sin embargo, sí se atrevería a cantar en un musical…
– ¡Claro que sí! Estuve matriculada un año en una escuela de música. Me apunté por un reto: de pronto, un día me quise presentar a la prueba para un musical, pero me dio miedo y me fui. Me dije que eso no me podía volver a suceder. Sé que no soy cantante, pero tengo la carrera de clásico y puedo bailar.
 
 
 

 
 
 
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