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07-09-2015 Versión imprimir

 

La pasión mexicana 
de Maggie Civantos



La actriz revelación de ‘Vis a vis’ nos desvela su especial conexión afectiva con Chiapas. He aquí un relato de pirámides mayas, lenguas indígenas, ofrendas de gallinas, traguitos de mezcal… y aperitivos de grillos


MAGGIE CIVANTOS en conversación con HÉCTOR MARTÍN RODRIGO
 
Reportaje gráfico: SERGIO LARDIEZ
 
 
Me gusta viajar sola porque es cuando más gente conozco. Empecé a hacerlo de bien jovencita: a los 21 años me marché a EEUU, trabajé como bailarina en un parque de atracciones, con los ahorros estudié danza en Cuba seis meses… Cuando terminé las clases me planté en un hotel de Tulum (México) para presentar una coreografía y conseguir trabajo. Aunque me aceptaron tras la prueba, el director Gaby Beneroso me cambió los planes en mi regreso a España por vacaciones. “Tu momento como actriz es ahora. Eres fabulosa, aprovéchalo”, me aseguró.
 
   Desde aquella aventura americana llevo conmigo un diario donde cuento las historias raras que me van sucediendo. Suelo moverme sin compañía porque sacrifico muchas cosas con tal de conocer sitios, y no todo el mundo está dispuesto a hacerlo. Pero soy capaz de apañarme con poco dinero gracias a mis truquillos, como escuchar las explicaciones de los guías sin pagar [risas]. Jamás planifico un recorrido al detalle, voy sobre la marcha. Así las cosas me salen mejor. Lo único malo es que echo de menos a los míos.
 
   Ahora visito continuamente México porque mi padre se casó de nuevo, se fue allí a vivir… ¡y hace casi tres años nació mi hermanita! Una de mis habituales estancias al otro lado del Atlántico me permitió explorar el remoto estado de Chiapas en agosto de 2014:
 
 
 

 
 
 
San Cristóbal de las Casas – Palenque
San Cristóbal es un precioso pueblecito colonial. Una señora argentina iba comiendo grillos y hormigas en la furgoneta que nos llevaba a un municipio cercano y me animé a probarlos. La textura me resultó desagradable porque con cada mordisco sentía un crujido, y sin embargo, el condimento picante hacía que supiesen ricos. Al poco tiempo estábamos en San Juan Chamula, cuyos vecinos expulsaron al cura para practicar sus creencias en la iglesia local. Introdujeron el culto a San Juan Bautista en vez de a Jesucristo, quitaron los bancos, pusieron telas de colores por el techo y llenaron todo el espacio de velas. Vi cómo degollaban una gallina a modo de ofrenda, pues un familiar de alguien había superado una enfermedad. ¡No daba crédito! También bebían un trago de aguardiente y luego otro de bebida gaseosa para eructar y expulsar los malos espíritus mientras rezaban en el suelo. Otra singularidad de ese lugar es la prohibición de hacer fotos.
 
   El trayecto en autobús hasta Palenque duró seis o siete horas porque la carretera está en pésimas condiciones y llena de curvas. Fue bastante duro. Me sorprendió que los habitantes apenas hablasen castellano, sino chol, una de las más de 60 lenguas que todavía siguen existiendo en México. Un chico al que conocí como vendedor de artesanía en las pirámides mayas me llamaba mariposa en ese idioma porque observó que muchas venían a mí y se ofreció a guiarme en una pequeña ruta de dos horas por la selva. Menos mal que iba con él, porque hay de todo: hormigas carnívoras, árboles con una resina que produce graves quemaduras en la piel, mosquitos enormes… ¡Cada vez tenía más miedo! La pena es que no vi ningún colibrí pese a ir buscando a conciencia, pero me tatué uno en homenaje a lo bonito que viví durante mi inolvidable Colibrí Time.
 
   El mejor sitio para hospedarse allí es El Panchan. Está a poca distancia de las ruinas, tiene cabañas, un restaurante y un garito donde hay música en directo por las noches. No es excesivamente caro. Me lo pasé tan bien que dije: “Me quedaría aquí a vivir”. Antes que yo lo pensó el alemán que regenta el bar del complejo [risas]. Bebí bastante mezcal con sal de gusano. En cada botella meten incluso una larva que se alimenta en vida de la planta de agave y así logran que se conserve mejor el sabor. Debes tomarlo con cuidado porque tiene 40 grados de alcohol y con dos chupitos ya vas perjudicado. Los zumos están buenísimos. Y comí demasiados tacos… ¡Vine rodando, con cuatro kilos más!
 
 
 

 
 
 
Palenque - Roberto Barrios
En el paraje de mis sueños hay monos aulladores, tan ruidosos que recuerdan a dinosaurios o tigres, aunque son inofensivos. Pertenece a un poblado zapatista llamado Roberto Barrios y la gente no tiene nada que ver con la cultura que nosotros conocemos. Es el México más indígena y pobre. Lo conocí por casualidad: estaba alojada en El Panchan, una noche bailé salsa con un viudo extrovertido de unos 50 años, a la mañana siguiente me propuso hacer una excursión a la que ya se había apuntado una parejita y acepté porque no tenía otro plan mejor. Al bajar del minúsculo coche, tras una hora de camino como sardinas en lata, me quedé fascinada con el lugar. Las cascadas parecían artificiales de lo bellas que eran, con el agua turquesa cayendo entre los árboles y nuestro cicerone cantando El cuarto de Tula, del grupo cubano Buena Vista Social Club. Experimenté una felicidad plena, olvidé mi vida cotidiana y fui más yo que nunca, me sentí realmente grande. La perfección de la naturaleza me hizo conectar con el respeto al planeta, por eso decidí escribir la frase “Parte del todo” junto a mis fotos en Instagram.
 
   Como a ese sitio se acercan pocos curiosos, solo hay una tienda para comprar refrescos, pues no tienen comida. Hay que llevarse bocadillo. Se nos juntaron unas niñas con el propósito de vendernos pulseras, y a pesar de que llegué indignada por el trabajo infantil, para ese entonces los cimientos de mi discurso ya se habían venido abajo. En San Cristóbal de las Casas descubrí una casa de voluntariado donde gente de numerosas nacionalidades echaba una mano en organizaciones de diversa índole. Una chica mexicana me contó que había estudiado gracias a sus empleos desde pequeña, la única opción posible, ya que el Estado es totalmente corrupto y no ayuda a los desfavorecidos.
 
 
 

 
 
 
A millones de espectadores les conmueve el interminable infierno carcelario de Maggie Civantos (Málaga, 1984) en la serie ‘Vis a vis’, hasta ahora el proyecto más relevante de un currículum donde abundan tesoros de todo tipo. Antes de su consagración televisiva ya había bordado discretos papeles en ‘Ciega a citas’, ‘Bienvenidos al Lolita’, ‘Arrayán’, ‘Toledo’, ‘Hospital Central’, ‘Escenas de matrimonio’, ‘Yo soy Bea’… Aún más interesante resulta su andadura fuera de la pequeña pantalla como talismán para distintos autores del panorama alternativo, entre ellos Jota Linares, a quien debe éxitos tanto en cine como en teatro: ha desfilado ante su cámara en los cortos ‘Placer’ y ‘Rubita’, un homenaje a Marilyn Monroe que le valió la Biznaga de Plata en el último Festival de Málaga, pero también ha cosechado aplausos sobre el escenario con sus obras ‘¿A quién te llevarías a una isla desierta?’ y ‘Mejor dirección novel’. En el largometraje puede acreditar experiencia gracias a ‘Temporal’ o ‘Crustáceos’.
 
 
 
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