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05-02-2013 Versión imprimir
Manuel Solo
VII PREMIO AISGE VERSIÓN ESPAÑOLA AL MEJOR ACTOR 
“Fui rockero antes que fraile”


EDUARDO VALLEJO
Reportaje gráfico: Enrique Cidoncha
Quizá la prematura muerte de su padre o la natural rebeldía del rockero adolescente hicieron que Manuel Fernández Serrano (Sevilla, 1964) dejara atrás los apellidos natales para adoptar su nombre de guerra, Manuel Solo, o Manolo Solo, ripio que a ratos le ruboriza pero que ha terminado aceptando como mal menor. Veló sus primeras armas artísticas a la sombra de una guitarra eléctrica. Podría decirse, parafraseando el clásico de la Velvet Underground, que el rocanrol le salvó la vida. Al frente de Los Relicarios se convirtió en una de las promesas de la escena rock andaluza de los ochenta y noventa. “De niño, mi pasión era ser actor, pero no encontraba el eco necesario, ni en los profesores ni en los compañeros. Sin embargo di con gente apasionada por el rock. Fui rockero antes que fraile”. Años después, un amigo le habló del Instituto del Teatro, y la pasión dormida revivió para alimentar su otra vocación.
 
– En Sevilla hay una gran cantera profesional: Juan Diego, Antonio Dechent, María Galiana, Ana Wagener, José Luis García Pérez...
– Hay mucho talento. Y mucha gente que podría triunfar por derecho y a la que no se conoce, sencillamente por no dar el salto a Madrid o Barcelona.

– ¿A usted le costó?
– Sevilla ejerce una fuerza centrípeta difícil de vencer. Vine a Madrid ya talludito y por amor. Mi pareja vivía aquí. Di el salto aprovechando que me ofrecieron un papel en una obra de Juan Diego Botto. El traslado me daba miedo, pero al final esta ciudad me conquistó.

   A nuestro alrededor bullen los camareros uniformados del Comercial, uno de los pocos cafés clásicos que quedan en Madrid. Sus bandejas nos sobrevuelan como viejos ovnis de serie B.
 
Cortos antioxidantes
– ¿De qué sirve hacer cortometrajes cuando la carrera de uno ya ha despegado?
– Sirve para desentumecer y reciclar. Los cortos me permiten explorar un rango mayor de situaciones y tipologías personales, desde el neurocirujano al barrendero. En general, me dan papeles más interesantes y puedo escoger, lo que raras veces ocurre en los largometrajes.

– Fue militar en ‘El laberinto del fauno’, alcaide en ‘Celda 211’, cura en ‘Amador’, profe de lengua en ‘Verbo’... Personajes con autoridad. ¿Los directores lo ven mandón?
– Qué curioso [ríe con asombro]. Tengo una vena mandona, pero no es mi arteria principal. También he hecho personajes radicalmente opuestos. Sin ir más lejos, el de Celda 211 es un pusilánime que regala su autoridad a las primeras de cambio.

   Hablando de personajes, Solo nos pide matizar una frase de su anterior entrevista a ACTÚA. “Se malinterpretaron mis palabras. Claro que estoy dispuesto a hacer papeles de reaccionario –y me divierte mucho–, pero no a trabajar en películas de ideología reaccionaria”.

– ¿En el plató es pasivo o proactivo?
– Soy creativo y muy participativo. Trabajo siempre a favor del director y de su idea, pero ofreciéndole alternativas. Me gusta el director que escucha y que tiene sus razones para decir sí o no a tus propuestas.

– ¿Se ve dirigiendo?
– Esa sombra me persigue desde hace tiempo. Me apetece, pero el arma tiene doble filo. Soy muy exigente y perfeccionista, y temo que ese perfeccionismo me termine bloqueando.

– Monta a caballo y conduce estupendamente. ¿Preferiría una policíaca con persecuciones o un wéstern a caballo?
– Lo ideal sería combinar las dos cosas en un wéstern crepuscular, con caballos y automóviles.




Pilar Castro
VII PREMIO AISGE VERSIÓN ESPAÑOLA A LA MEJOR ACTRIZ
“No me importaría ser una eterna secundaria”
 
RUBÉN DEL PALACIO
De padre cantante, Pilar Castro pasó su niñez en un conservatorio de danza hasta que una lesión de brazo la forzó a buscar otros cauces para su talento. La Movida madrileña la mantuvo pegada al arte. “Fue una explosión de cultura, un momento totalmente opuesto al que vivimos ahora. Todo el mundo actuaba, escribía, pintaba, tocaba música…”.

   A los 18 años, tras participar como figurante en la película Ovejas negras, Juan Diego Botto acabó hablándole de la escuela de su madre, Cristina Rota. Desde entonces ha trazado una prolífica carrera (Daniel Sánchez Arévalo, David Serrano, Juan Cavestany) que prosiguió en el Teatro Marquina con Babel, un texto sobre la incomunicación humana. “A veces, con una copa de más, le contamos a un desconocido lo que no hablamos con nuestra pareja”.

– ¿Volver a los escenarios le ha hecho recordar sus inicios?
– Me ha venido a la mente Caracalva, la compañía independiente que fundé con Secun de la Rosa en 1996. Experimentábamos con personajes delirantes y pedíamos a la gente que entrase a las funciones porque a veces no venía ni un espectador. Una época maravillosa.

– El estreno de ‘Babel’ ha coincidido con la subida del IVA cultural...
– Hemos mantenido el precio de las entradas rebajándonos los sueldos. Es un buen momento para poner a prueba la vocación: solo resistirán quienes realmente la tengan.

– ¿La suya nunca se ha quebrado?
– He pasado por crisis en las que me planteé incluso dejar la profesión. Cuando me proponen un proyecto sigo pensando que no podré hacerlo, pero soy más consciente de mi experiencia: antes sufría viéndome en la pantalla y ya empiezan a satisfacerme algunas interpretaciones.

– ¿Cómo fue lo suyo con Almodóvar? Algunas biografías aún citan que trabajó con él.
– Superé la prueba para Volver, pero al final suprimió mi secuencia y me envió una carta disculpándose. Solo tuve tiempo de ensayar en su despacho junto a Penélope Cruz y Carmen Machi.

– ¿Echa de menos un papel protagónico que la consagre?
– Aún soy muy joven, pero no me importaría ser una eterna secundaria. En los cortometrajes o el teatro ya disfruto de personajes principales: me hacen muy feliz, pero implican mucha responsabilidad.

– Además de grandes papeles o dos Biznagas en el Festival de Málaga, ¿qué le ha aportado el corto?
– En ese formato puedo arriesgarme más. Es una escuela estupenda para percibir errores antes del salto al largometraje.

– ‘Días de fútbol’, ‘7 citas’ o ‘Cuestión de sexo’ eran historias de pareja. ¿Se ha sentido encasillada?
– En ocasiones sí me he sentido ‘la novia de’. Entre los guionistas predominan los hombres y les cuesta más escribir sobre mujeres.

– En ‘Los dos lados de la cama’ cantaba temas de Tequila o Los Ronaldos ¿Le gustó?
– Me apasiona. Aunque dicen que no canto bien, yo sueno divinamente [risas]. En Gordos amenizaba el velatorio de mi marido con una canción de Raphael y convencí a Miguel del Arco para que me dejase cantar en las funciones de El inspector. Ojalá participe en algún musical.   

– ¿Cuándo volveremos a verla ante la cámara?
– Acabo de rodar La gran familia española, de Sánchez Arévalo. Él también dirigirá la comedia televisiva que he creado con Candela Peña. Estamos escribiendo el capítulo piloto y pronto grabaremos. Y Esteban Crespo ha ampliado el guion del cortometraje Nadie tiene la culpa, con el que gané el Versión Española/AISGE, para convertirlo en una película.
 
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