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28-06-2016 Versión imprimir

 
 
 
MANUEL LIÑÁN
 
 
“Bailo con mantón y bata de cola por derecho y porque quiero”

 
El bailaor y coreógrafo, reciente premio de la Crítica del Festival de Jerez por ‘Reversible’, defiende su flamenco vanguardista y sin tabúes como nadie se había atrevido hasta ahora
 
 
 
BEATRIZ PORTINARI
A Manuel Liñán (Granada, 1980) el duende se le escapa por los ojos cuando sonríe, casi tímido, al hablar de su carrera artística. Anda de vuelo y vuelo: las galas internacionales, cursos, seminarios o grandes festivales le llevan de un lado a otro del mundo, pero no parece cansado. “Estoy aprendiendo a frenar un poco y disfrutar de las pequeñas cosas. Eso es importante, porque a veces te sientes solo y acabas quemándote cuando te vas a la habitación del hotel y después corres a otro aeropuerto. Por eso hay que parar y disfrutar cada detalle”, reflexiona.
 
   Su último espectáculo, Reversible, ha sido galardonado con el premio de la Crítica del Festival de Jerez 2016, que se suma a una lista de reconocimientos que incluye el Premio al Bailarín sobresaliente en el Certamen Internacional de Danza Española y Flamenco (Madrid, 2004) o el Premio Max en 2013 como mejor intérprete. Sus anteriores espectáculos, Tauro, Sinergia y Nómada, pusieron en pie a público y crítica, pero Reversible llega un paso más allá: es capaz de estremecer, emocionar, plantear preguntas y responder a golpe de flamenco. El precio por la osadía como el bailaor más valiente ha sido muy alto porque en el tablao no estaba un personaje, sino el propio Manuel. Pero ha merecido la pena, asegura.
 
 

 
 
 
– ¿Cómo nace un flamenco en la cuna del flamenco?
– Con mucho amor y mucho apoyo por parte de mi familia, por encima incluso de sus posibilidades. La primera vez que bailé tenía solo seis años y fue en una función escolar. A partir de ahí me apuntaron a clases. En mi familia siempre hubo pasión por todo ese mundo: mi padre era torero, me llevaban a tertulias flamencas y festivales, querían que me empapara bien de todo el ambiente. Imagino que cuando me vine solo a Madrid, con 17 años, pasarían algo de inquietud, pero me apoyaron para que pudiese estudiar en la Escuela Amor de Dios, donde el nivel del profesorado era muy alto.
 
– En Reversible hace un viaje a la infancia para señalar en cierto modo las imposiciones sociales y los cánones con los que marcamos a los niños. ¿Cómo recuerda esa etapa?
– Cuando era pequeño nadie entendía por qué bailaba y eso hace necesariamente que te sientas diferente. Si no lo llevas bien, te puede crear un trauma. Mi familia nunca me juzgó: la presión venía por la sociedad. En Reversible quería hablar a través de símbolos de esas diferencias absurdas entre lo masculino y lo femenino. En el espectáculo vuelvo a la infancia para hacer lo que quería hacer de pequeño. ¿Por qué no podía jugar yo a la comba o la goma? ¿Por qué los niños tienen que jugar al boxeo? Sentía la necesidad interior de cerrar esa etapa, de resolver determinadas cosas y disfrutar a través del baile de aquellos juegos infantiles.
 
 
 

 
 
 
¿En qué momento decide incorporar el mantón y la bata de cola a su lenguaje artístico?
– La primera vez que salí a escena con ello fue en 2014 y me animó Belén Maya, que estrenaba Los invitados y me propuso hacer algo juntos. “Vente y bailas conmigo y sacas el mantón, la bata, lo que quieras”. Y así fue. Anteriormente había empleado mantones y batas en mis coreografías para otras compañías, pero ahora lo empleo yo. ¿Por qué no iba a hacerlo? En Reversible presento al hombre vestido de mujer porque también hay cánones absurdos en el baile: los hombres deben bailar así y las mujeres asá, no puedes levantar los brazos más allá de cierta altura… Quise salir al escenario a cara descubierta y bailar con esos complementos por derecho y porque quiero.
 
– ¿Estaba preparado el mundo del flamenco para algo así?
– Por parte del público y de la crítica he recibido un apoyo y una acogida que agradeceré toda mi vida. Pero también ha habido artistas que se han incomodado y un sector retrógrado dentro del flamenco que, sobre todo a través de redes sociales, han hecho comentarios muy hirientes sobre mi espectáculo. “Qué daño se le está haciendo al flamenco, dónde vamos a parar; el aceite se cae en el escenario...”. Es tremendo.
 
– Debió de ser duro leer comentarios de trogloditas...
– Muy duro. Leí tantos insultos que por un momento dudas y piensas: “¿Será verdad, estaré haciendo algo malo?”. Después lo reflexionas y te das cuenta que no, que el problema es la homofobia de ese sector retrógrado del flamenco. Pero, insisto, también recibí mucho apoyo y comentarios de artistas que me dijeron, en privado: “Ojalá hubiera visto esto de pequeño. Me habría ayudado a ver las cosas con más naturalidad”. No soy el primer bailaor que saca la bata de cola. Ha habido otros antes que yo, pero no llamó tanto la atención porque lo incluían como personaje. Lo que chocó en mi caso es que no era un papel ni un carnaval, sino simplemente Manuel.
 
– ¿Se arrepiente de haberse expuesto tanto?
– Para nada. Tampoco fui consciente de que me exponía tanto hasta que vino gente emocionada llorando al camerino a felicitarme y tomé conciencia. Pero volveré a salir con el mantón y la bata siempre que lo sienta necesario. No ha sido ni un antojo ni una provocación, ha sido ser honesto conmigo mismo. El Premio de la Crítica del Festival de Jerez a Reversible lo he vivido, además de un gran apoyo y un alivio a mis dudas, como un reconocimiento a la libertad de creación.
 
 

 
 
 
– Además del mantón y la bata, ¿qué otras metáforas emplea en Reversible?
– En este espectáculo he empleado mucho simbolismo. Los claveles rojos, por ejemplo, son un poco lorquianos: juegan el papel de la ilusión y el camino que me lleva a recuperar esa inocencia. Un camino de posibilidades que yo recojo. La cuerda de soga puede ser al mismo tiempo una comba o goma para bailar. El juego de la rayuela lo relaciono con la guajira, el folclore. Y en el ring de boxeo luchan lo masculino y lo femenino, pero todos ganan, a pesar de los secretos y murmullos.
 
– Después de saldar cuentas con el pasado, ¿cómo ve su futuro?
– El cuerpo me pide pasármelo bien en mi próximo espectáculo, disfrutar de esas pequeñas cosas que suceden en la vida y de las que no te das cuenta. Hasta ahora siempre me había centrado en trabajar, trabajar y trabajar, porque mi carrera era mi prioridad. Ahora estoy en otro momento, me siento liberado y tendré que buscar una música y su baile para expresarlo.
 
 
 
 
‘Reversible’ de la Compañía Manuel Liñán se representa en el XI Festival Flamenco de la Comunidad de Madrid- Suma Flamenca, el 30 de junio a las 20.30h en la Sala Verde de los Teatros del Canal.
 
28-06-2016 Versión imprimir
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