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17-03-2015 Versión imprimir

 
 
María Adánez 


“Nunca perdí la cabeza con el éxito.
Eso me ha salvado”


La veterana más joven de las telecomedias rememora sus inicios (¡a los seis años!), los trabajos en televisión y esa vena teatral que le aflora ahora como nunca con 'Insolación', de la contestataria Pardo Bazán

 
EDUARDO VALLEJO
Reportaje gráfico: Enrique Cidoncha
El destino profesional tocó muy temprano a la puerta de María Adánez. Hizo su primera película a los seis años (Mar brava, 1982), y reconoce que “hay muchos juguetes rotos”, pero que no es su caso. “Yo siempre quise ser actriz”. Así de claro lo tenía ya entonces la madrileña, que hoy sigue en la brecha. Hoy estamos acostumbrados a ver cómo sus grandes ojos se abren de asombro ante alguna barrabasada de sus compañeros de serie en Aquí no hay quien viva o La que se avecina.
 
   Sin embargo, no quiso nunca limitarse a los platós y desde hace años buscó alternarlos con el trabajo sobre los escenarios, lo que la llevó en los últimos compases de 2014 a preparar la puesta en escena de Insolación, la rompedora novela que publicó Emilia Pardo Bazán en 1889 y en la que su protagonista femenina, subvirtiendo valores de la época, sienta las bases de la mujer moderna, que rompería el cascarón en el siglo XX.
 
   El montaje comenzó con algún traspié “porque en las semanas previas hubo que hacer dos sustituciones”, relata la actriz, “pero en esta profesión una aprende que al final, aunque el proceso de ensayos se tambalee, lo que tiene que ser, será. Y estamos muy contentos con el equipo que conseguimos formar Pepa Rus, Chema León, José Manuel Poga y yo”.
 
 
 

 
 
 
 
¿Insolación o resaca?
– ‘Insolación’ se ha estrenado, no podía ser de otro modo, en A Coruña, cuna de Emilia Pardo Bazán. ¿Era un reto?
– En realidad, la primera función de la obra fue un preestreno en Carranque, un pueblo cerca de Toledo. El verdadero reto de esta función es trasladar al teatro una estupenda novela. Creo que la dramaturgia de Pedro Víllora lo ha conseguido. La respuesta del público, que al final es quien tiene la palabra, ha sido magnífica. Se trata de una pieza delicada, una historia de amor sencilla, que no simple, y un canto al amor. Al amor del bueno. El texto apuesta por valores que sanan al individuo en momentos decadentes, tanto económica como espiritualmente. Buscamos que el público salga con ganas de creer y de querer.
 
– ¿Por qué esta autora y esta novela? ¿Qué les atrajo?
– Es una novela sobre la libertad de la mujer, que hasta entonces, finales del XIX, vivía sometida al patriarcado y a los deseos del hombre. Plantea cómo la protagonista decide tomar las riendas de su vida.
 
– ¿Fue idea suya?
– No, Celestino Aranda y Luis Luque [productor y director, respectivamente] me ofrecieron la función cuando aún no había adaptación teatral. Y me fascinó.
 
   Insolación es un proyecto de Producciones Faraute, compañía fundada por Miguel Narros, que aborda una extensa gira durante 2015, “insólita para nuestros tiempos”, apunta la actriz, “como las de antes. Creo que Miguel y Emilia Pardo Bazán nos están protegiendo desde ahí arriba".
 
– Por cierto, en esta obra, ¿“insolación” no es más bien sinónimo de “resaca”, la que tiene su protagonista al principio de la obra?
– En parte sí. En la función, además, hay un quinto personaje, que es el Sol. El influjo barbarizador del Sol sobre los seres humanos. El encuentro de la joven viuda Asís con su futuro amante tiene lugar en la pradera de San Isidro, bajo un sol de justicia. La insolación es el modo en que esta mujer se abre al mundo bajo ese influjo... y el de algún que otro vino.
 
 
 

 
 
 
 
– ¿Tienen verdadera vigencia las peripecias morales y sexuales de una dama de alcurnia del siglo XIX?
– La obra fue tildada de pornográfica en su momento porque la protagonista se enamora de un hombre más joven que ella, algo que aún hoy despierta prejuicios. La igualdad de la mujer con el hombre ha avanzado muchísimo, al menos en los últimos 38 años, que son los que yo he vivido. Se ha ido rápido, pero tengo dudas de que los cimientos de esa igualdad sean realmente sólidos. Es lógico que aún haya cosas que se hayan quedado en el tintero. Deberíamos hablar ya en términos de especie humana, con dos sexos sí, pero no con distinta moral. El poder y la religión han hecho un gran negocio con la doble moral sexual.
 
– A diferencia de las historias de otras heroínas coetáneas, como la Regenta o Madame Bovary, la de la marquesa de Andrade tiene un final feliz, una anomalía en su época. ¿Cómo han tratado ustedes esta anomalía?
– Acepté hacerla precisamente por eso. Estaba cansada de morirme en el escenario. No hay suicidios ni tragedias, aunque, de hecho, nuestro final es algo menos “feliz” que el de la novela, en la que la protagonista va de cabeza al matrimonio. Nosotros lo dejamos abierto. Yo no era partidaria de la moraleja (o moralina) “se casaron, vivieron felices y comieron perdices”. Pensamos que con ello somos fieles al espíritu de Pardo Bazán, que ya se arriesgó bastante al escribirla como para darle otro final. Creemos que si la hubiera escrito hoy, habría rematado la historia de otro modo.
 
– La propia autora vivió su época sin más ataduras que las que ella se impuso.
– Sí, de hecho, ella y su último marido tenían consensuados los amantes y demás. Vivía con plena libertad sexual y un concepto del amor y del matrimonio que incluso a día de hoy escandalizaría. Pardo Bazán no solo era una feminista en su momento, sino una gran intelectual, imbuida de cultura e información. Todo eso también está en Insolación: la libertad, la tolerancia y la cultura. Estamos a veinte años de Freud. El cambio en las clases sociales está en el aire y se avecinan un nuevo hombre y una nueva mujer. Asís, mi personaje, está a medio camino hacia ese objetivo. Quizá su hija ya sea una mujer revolucionaria.
 
 
 

 
 
– Repite con Luis Luque, que ya la dirigió en ‘La escuela de la obediencia’. También ha repetido con reconocidos directores, como Narros o Flotats. ¿Por qué repite una actriz con un director? ¿Busca sensación de seguridad, o todo lo contrario: adrenalina, sensación de vértigo?
– Luis es un gran director de actores, de hecho estudió interpretación, por eso sabe cómo pedir lo que quiere y cómo extraerlo del actor. También es un director que exige trabajar desde la honestidad, enseguida detecta si estás haciendo “teatro”, en el mal sentido. Repito con él porque me encanta su imaginario, su universo, y porque me saca de mi zona de confort. Me gusta salir de territorios conocidos. Quiero evolucionar, como actriz y como persona.
 
– A propósito: ‘Beaumarchais’, ‘Las brujas de Salem’, ‘La escuela de la obediencia’, ‘Insolación’... Muchas mujeres de otra época. ¿Es casualidad o tiene querencia por el pasado?
– Me dicen que soy de las mejores actrices llevando trajes de época. Y es cierto que cuando me visto con los corsés y los miriñaques estoy como pez en el agua. A veces me pregunto si no seré la reencarnación de una vieja actriz. [Ríe.] En el fondo son elecciones a las que no podía decir que no.
 
 
 

 
 
 
Quinceañera, pija y abogada
Desde su debut televisivo en Farmacia de guardia, hace más de veinte años, ha participado en algunas de las telecomedias de mayor éxito, como Pepa y Pepe (1995) o, por supuesto, la memorable Aquí no hay quien viva (2003-06), transmutada ahora en La que se avecina, a cuyo vecindario regresó Adánez en 2013.
 
– ¿Lo suyo es suerte o instinto?
– No sé si hay una fórmula. Yo lo que hago, simplemente, es trabajar lo mejor que sé, como todos mis compañeros. Pero eso no te garantiza que suene el teléfono. La suerte es un factor en esta profesión tan maravillosa. Y tan puñetera. En esta carrera todo suma. Si has hecho algo de éxito, habrá una inercia positiva durante algún tiempo que te permitirá “estar ahí”. Cuando se acaba la inercia, da igual que tengas muchos éxitos a tus espaldas. Se olvidan de ti y se olvidan. Listo.
 
– ‘Pepa y Pepe’ se inspiraba en ‘Roseanne’. Su papel era equivalente al de Beckie, la hermana mayor. ¿Conocía la serie americana? ¿Se inspiró en su alter ego o usted solo obedecía órdenes de Iborra?
– Conocía la serie y al personaje de Beckie, pero no eran nuestra principal referencia, porque Manolo Iborra le imprimió tal personalidad a Pepa y Pepe que no nos hacía falta. Yo era muy joven en aquella época. La dirección de Manolo, que era muy exigente, me enseñó mucho como actriz.
 
– ¿Y como persona?
– No es el personaje que más me hubiera gustado hacer a esa edad. Tiene toda la locura, efervescencia y desorientación clásicas de ese momento de la vida. A mis 18 años no sé si interpretarla era lo que mejor me venía, recién salida de la edad del pavo y buscándome a mí misma. Pero me tocó.
 
– ¿Ha vuelto a verlo?
– Sí, Pepa y Pepe es una serie que me encanta.
 
 
 

 
 
 
   De aquel rodaje, Tito Valverde recordaba en AISGE.es momentos especialmente difíciles: “Era una tragicomedia doméstica. No se me olvidan las broncas con María Adánez, que hacía de mi hija. Recuerdo incluso con tristeza aquella escena en que le vierto un plato de lentejas en la cabeza. Fue muy complicada porque el director quería que las bofetadas fueran de verdad. Y lo eran. Llegó un punto en que todo el equipo estaba acojonado”.
 
– ¿Cómo lo recuerda usted?
– Tal cual. Llegábamos a límites casi de susto y lo pasábamos mal. Fue una secuencia delicada, y hubo un antes y un después de ese instante en el rodaje.
 
– ¿De eso se aprende? ¿Se aprende a exigir cosas al director?
– Se aprende a pedirle que eche el freno en momentos extremos. Aunque no tengo la sensación de haber llegado a perder el control de aquella manera, sí que con los años he aprendido a defenderme. En un momento dado, hay que saber decir “hasta aquí” y encontrar otro camino.
 
– Roberto Enríquez dice que echa de menos hacer papeles cómicos como el de novio suyo en ‘Pepa y Pepe’, un chico con frenillo. A usted le pasaba lo contrario: venga a hacer telecomedias y nada de dramáticos.
– Recuerdo aquel tartamudo genial. Roberto es una persona íntegra y un actor como una catedral. Yo hice el viaje contrario al suyo. Estaba en lo más alto con Aquí no hay quien viva y fui al teatro en busca de compensar ese desequilibrio. Miguel Narros me dio la oportunidad de dar el salto. Fui yo quien buscó que me probara para Salomé. Él no veía la tele, así que no estaba condicionado. Me preparé el monólogo final, para lo que me ayudó Luis Merlo, que ya había hecho la Salomé de Oscar Wilde. Me presenté en la prueba con un casco de motorista que usaba como cabeza de Jokanaan. Y me salió bien [aprieta los puños triunfante].
 
 
 

 
 
 
– La abogada Rebeca de ‘La que se avecina’ ¿tiene algo que ver con la Pija de ‘Aquí no hay quien viva’?
– Tienen que ver en esa eterna normalidad. Son las que ponen algo de cordura en medio de tanta extravagancia y tanto friki.
 
– ¿No ha encontrado a sus compañeros un poco más asilvestrados?
– Solo tengo palabras de agradecimiento para ellos, que me han acogido maravillosamente. Ha sido muy emotivo reencontrarse con José Luis Gil, Isabel Ordaz... Y me hacía mucha ilusión volver a trabajar con Alberto y Laura Caballero, que son unos monstruos de la televisión. Llevan más de diez años produciendo comedia de calidad y de éxito, a razón de un guion semanal. Por su duración, son en realidad películas. Esto no es nada fácil.
 
– ¿Se echa en falta a las tres abuelitas incendiarias?
– Claro que sí. Ellos tuvieron la suerte de seguir trabajando con Mariví [Bilbao] hasta poco antes de su fallecimiento. Llevo muy dentro a aquella gran mujer, una persona inteligente y muy libre, con mucha cultura y muchas puertas abiertas. Sus padres querían casarla y ella se fue a vivir a un seiscientos que tenía aparcado en la puerta de casa. Fue una mujer de tomo y lomo, y en épocas difíciles. Mujeres como ella han hecho que avancemos.
 
 
 
 

 
 
 
Ansiedad al aparato
– Pertenece a la generación de la Transición. Ni vivió el franquismo ni es nativa digital. ¿Se siente un poco perdida?
– [Reflexiona un momento.] Me encanta la tecnología. Es necesaria y no hay vuelta atrás. Internet y las redes sociales han traído una revolución, pero estoy un poco regañada con todo esto en general. El afán de inmediatez y de control nos alejan de la vida real. El doble check del WhatsApp genera demasiada ansiedad. Sin el móvil también éramos felices. Empiezan a molestarme el postureo y la pérdida de libertad.
 
– Debutó con seis años en el cine y con siete en el teatro. ¿Sus padres querían una niña artista o es que usted se puso pesada?
– Fue casualidad. El operador de cine Jorge Herrero era vecino de mis padres. Estaba rodando Mar brava en 1982. Al parecer él me hacía muchas fotos, algo que yo detesto.
 
– No puede ser.
– De veras. Es parte de mi profesión, pero no me gusta.
 
– El caso es que...
– Les falló la niña que tenían para la película y a él se le ocurrió que lo hiciera yo. De los seis a los ocho años hice siete películas. Era feliz como actriz, me sentía en mi salsa. Es un mundo adulto, pero no era nada torpe para moverme en él: aprendía bien mi texto, me situaba en mis marcas, me salía todo sin esfuerzo.
 
– Con el beneficio del tiempo, ¿diría que es un error empezar tan pronto o “Non, je ne regrette rien”?
– Tuve la suerte de ser una niña bastante sensata. Nunca perdí la cabeza con el éxito. Eso me ha salvado. Como le decía, es fácil convertirse en un muñeco roto.
 
 
 

 
 
 
 
– De no haber sido actriz, ¿qué cree que habría sido de usted?
– Nunca pensé en hacer otra cosa, pero de no ser actriz, habría acabado de misionera o en alguna ONG. Creo que el teatro tiene algo de medicina paliativa. En tiempos duros, series cómicas como las nuestras dan un respiro a la gente. Uno de mis maestros, Andrea D’Odorico decía que el ser humano sin teatro sería infeliz.
 
– ¿Le agobia la fama?
– Tengo bien asumida la popularidad, aunque a veces sea difícil de sobrellevar, especialmente en estos tiempos de Twitter e Instagram, sobre todo porque se ha perdido el respeto. La otra cara de la moneda es la gente respetuosa y estimulante, que existe y es mayoría.
 
– ¿A qué se agarra para remediar un mal día?
– Recurro a mí. Antes buscaba la felicidad en estímulos externos. Salía. Ahora medito y trato de conectar conmigo, con la casa [se toca el pecho al pronunciar esta palabra]. Se puede estar fuera de casa un tiempo, pero siempre hay que volver a uno mismo.
 
– Es tal vez pronto para planteárselo, pero ¿teme envejecer? ¿Le asusta el paso del tiempo?
– Ser mujer en esta profesión y en otras es complicado. Al hombre se le exige mucho menos. Cada vez más se valora la juventud y se tiende a considerar la veteranía o la vejez como un estorbo. Hay que inyectarse de todo para seguir joven, y en el caso de las actrices hay que pelear por personajes femeninos que con cierta edad empiezan a ser inalcanzables. A mí el paso del tiempo me ha dado mayor conocimiento de mí misma y mayor felicidad. No retrocedería ni muerta. ¡Espero no arrepentirme de esto que digo! [Sonríe resuelta:] Creo que los cuarenta van a ser mi edad dorada.
 
– Cristina Marcos nos contaba que haciendo La escuela de la desobediencia en Vigo tuvieron un ataque de risa incontenible en escena. ¿Era la primera vez que le ocurría?
– Uy, qué va. Yo ya había hecho un máster de ataques de risa en El príncipe y la corista, de Terence Rattigan, con Emilio Gutiérrez Caba, Paca Ojea... Había momentos tan hilarantes en la propia función que llegábamos a pisar terrenos muy peligrosos, pero hacíamos partícipe al público. El espectador admite el caos si se le respeta.
 
 
 

 
 
 
‘Pepa y Pepe’
Datos. Escrita y dirigida por Manuel Iborra, fue emitida por TVE de enero a diciembre de 1995 en 34 episodios divididos en dos temporadas. Por su altísima cuota de audiencia, más del 30 %, llegó a rivalizar con Quién sabe dónde, el programa estrella de la época, y con la propia Farmacia de guardia de Antena 3.
 
Situación. Inspirada en la exitosa teleserie americana Roseanne, retrata el día a día de una familia de clase media española formada por un matrimonio (Pepa y Pepe) con dos hijas adolescentes y un hijo aún en la niñez.
 
Elenco. Pepa y Pepe eran Verónica Forqué y Tito Valverde, cuyas interpretaciones hicieron que la audiencia se olvidara de Roseanne Barr y John Goodman. María Adánez y Silvia Abascal daban vida a las hijas, y Carlos Vilches era el hermano pequeño.
 
17-03-2015 Versión imprimir
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