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María Hervás


“Sueño con dejar de poner excusas y animarme a crear y dirigir mis textos”


 
Luis María Anson dice de ella que “es el alma del teatro madrileño” y críticos de diversos medios vaticinan que “puede llegar a hacer historia en el mundo de la interpretación”. No es lo único que se le da bien. Ya ha dirigido a Carlos Santos y Estefanía de los Santos en su cortometraje Primera regla, le seduce la idea de bailar en el Teatro Real, un día se le cruzó en el camino otra vocación y por eso aún cimenta su idilio con la arquitectura… Eso sí, lo que la acompaña desde niña es el espectáculo, como bien saben en su casa: “Cogía por banda la ropa de mi madre o de sus amigas, me la ponía, me maquillaba yo sola y actuaba en el salón de casa. Tenía una gran  necesidad de expresarme”.
 
 
DISCRETOS PAPELES EN LA PEQUEÑA PANTALLA
Estrenó el año 2007 con el pie derecho, entrando a la televisión por la puerta grande. Nada menos que los creadores de Los Serrano (Telecinco) le brindaron el personaje de Su, que en la sexta temporada se mudaba al castizo barrio madrileño de Santa Justa procedente de Milán. Lo más destacable de su personalidad con 18 años recién cumplidos era la rebeldía, ya que le costaba cambiar su refinado día a día por una nueva vida con su madre (Pilar Castro), siempre en apuros económicos tras comprar la famosa taberna de la serie. La relación entre ambas iba apaciguándose por mediación del mecánico Fiti (Antonio Molero), mientras que en el instituto era Teté (Natalia Sánchez) quien velaba por su integración con el resto de compañeros. Poco a poco dejaba a un lado ese carácter problemático por el que estaba a punto de ser expulsada en varias ocasiones y transmitía su voluntad de ayudar a los amigos que la rodeaban. Como otras muchachas, terminaba bebiendo los vientos por el atractivo Raúl (Alejo Sauras), inmerso entonces en su ruptura con África (Alexandra Jiménez).
 
   Precisamente con la zaragozana coincidió de nuevo en 2010 para grabar juntas 60 capítulos de La pecera de Eva como psicóloga y estudiante del mismo centro escolar. Su Sonia Gómez Luján se comportaba como una adolescente desafiante y violenta a causa del trauma que arrastraba desde la infancia por el divorcio de sus padres, una situación que la había obligado a cambiar de casa y rutina semanalmente a lo largo de años. Se había quedado definitivamente con un padre que no podía contentarla con nada, mientras que la madre tomaba distancia al embarcarse en un nuevo matrimonio. Su insoportable carácter conseguía generar inseguridades también en su novio, hasta el punto de transformarse en maltratador, cuando siempre había sido un chaval afable. Mejor le iban las cosas con un abogado (Pablo Puyol), capaz de tratarla como una adulta y valorar sus cualidades, pero no por eso cohibido a la hora de darse el lote en la puerta del instituto Unamuno. Como esa indecorosa actitud desataba críticas, ella las achacaba a la envidia por su éxito amoroso. Por aquella peculiar serie que Mediaset emitió a través de diversos canales pasaron Nacho Aldeguer, Marta Poveda, Alfonso Bassave, Eduardo Ferrés, Ana del Rey, Nacho Montes
 
 
 

 
 
 
   Su siguiente proyecto televisivo tuvo formato de webserie y se grabó en el verano de 2012 bajo el título Vidas alternativas. Sus protagonistas eran cinco jóvenes muy dispares entre sí cuyos caminos se cruzaban cuando una profesora les enviaba un SMS con una atractiva oferta de empleo: encontrar una antigua piedra robada que ya estaban buscando dos grupos de arqueólogos, unos para venderla a cambio de una fortuna y otros para devolverla al museo de donde desapareció. Nadie sospechaba en ese momento que se trataba de un engaño, puesto que el verdadero objetivo de la misión era localizar la entrada a la vida eterna. A ella le tocó encarnar a la pija Carla, interesada únicamente en tener dinero para gastarlo en caprichos tan caros como un bolso de 3.500 euros. Pero sin trabajar. Por eso siempre estaba siguiendo a millonarios, ante quienes se hacía la tonta para así gustarles más. ¿Y cómo eran sus compañeros de aventura arqueológica? Un empollón, una macarra, un boxeador y un cleptómano.
 
   Apenas han transcurrido semanas desde que dejamos de verla en Aquí Paz y después Gloria (Telecinco) como Melany, una muchacha de barrio bastante despistada que cometía continuos estropicios en la renqueante peluquería de Paz (Mónica Estarreado) y tonteaba con un tatuador llamado Moss (Cristian Valencia), dos motivos por los que la criticaba su celosa y manipuladora compañera Saray (Lucía González). Un agradable físico y su carácter dicharachero atraían a los clientes, sí, aunque su querencia por los cortes imposibles y la nula habilidad para los tintes mermaban las cuentas. Hoy graba la nueva producción histórica con la que TVE dará continuidad al éxito de Isabel: Carlos, Rey Emperador. En ese retorno al glorioso siglo XVI interpreta a Margarita de Angulema, hermana del monarca Francisco I de Francia (Alfonso Bassave) e hija de Margarita de Saboya (Susi Sánchez), a quienes presencia enfrentados con Carlos V.
 
 
A LA CONQUISTA DEL CELULOIDE
Abordó su primer reto cinematográfico en 2006 de la mano del cortometraje Te quiero. Había dejado a su chico porque estaba obsesionado con la carrera de Medicina y consagraba su tiempo al estudio del cuerpo humano, pero una tarde volvía a casa de él cansada de tantas súplicas, ocasión que aprovechaba para drogarla a escondidas y poder practicarle una autopsia en la bañera. El desenlace no dejaba claro si se trataba de un sueño o de un macabro ritual. En 2009 fue el turno de El momento después, donde aparecía desnuda en el transcurso de un coito. Y no tardaba en sufrir ese temido instante de quien va a tientas en las lides amatorias: el chico eyaculaba, se vestía y se marchaba sin mostrar interés en más encuentros pese a la insistencia de ella. El doloroso transcurso de la entrega al ninguneo.
 
   El pasado abril llegó a la última edición del Festival de Málaga como Marta, la azafata de la angustiosa pieza Si tuvieran ojos, encerrada en el baño de su piso después de despedir a su novio en el desayuno. Está sola y tiene que salir hacia el aeropuerto, así que no le queda otra que empezar a pedir ayuda al vecindario por el patio. El encierro le sirve al menos para descubrir la vida secreta de su pareja. En el periplo por distintas convocatorias de España y el extranjero su labor ya ha cosechado un galardón en la ilicitana Mostra de Cinema Jove. Su última aparición en el formato breve se la debe a Yo, Ulrike, Grito. Basado en el monólogo de los irreverentes dramaturgos y actores Darío Fo y Franca Rame, relata a través de varias presas el calvario de la periodista alemana Ulrike Meinhof, condenada en 1972 a ocho años por su oposición al sistema capitalista. Los diálogos critican la hipocresía de un mundo que esconde su podredumbre bajo llamativos colores, ruidos ensordecedores, opíparos menús…
 
   Por el certamen malagueño paseó también su debut en el largometraje, la disparatada Cómo sobrevivir a una despedida, que ya engrosa las carteleras de todo el país. “Estaré agradecida de por vida a Manuela Moreno por confiar en mí y darme la oportunidad de que me conozca el público”, ha asegurado. En la gran pantalla la vemos encarnando a Tania, una de las amigas que organizan una escapada a Gran Canaria junto a Gisela (Celia de Molina) para que esta despida su soltería a lo grande. Los miembros de la alocada expedición comparten el desencanto de una generación cuyas expectativas chocaron de bruces contra la cruel realidad: jamás han recibido un sueldo superior a 1.000 euros, comparten piso, no han encontrado al hombre perfecto… La comicidad de su personaje estriba en la falta de diplomacia, pues siempre suelta las cosas tal como las piensa, pero con la virtud de maquillar su aspereza bajo un toque naif. Menos llevadera es la mala suerte que la acompaña. ¿Por qué? Porque se abrasa la cara entera, sale disparada de un toro mecánico, se topa con un ex recién casado y se convierte en blanco de balonazos playeros. Entre los testigos de sus desgracias durante esos dos días de drogas y sexo se encuentran Úrsula Corberó, Daniel Pérez Prada, Natalia de Molina, Nay Díaz
 
 
 

 
 
 
   Su segundo filme todavía sigue rodándose en Mallorca tras largos meses de trabajo. Se trata de Letters to Paul Morrissey, un conjunto de 20 epístolas concebidas en honor al universo hiperrealista de ese cineasta neoyorquino, celebérrimo en los primeros años setenta por rubricar cintas transgresoras al lado de Andy Warhol. De ese toque atípico y experimental se contagia también esta propuesta, realizada en blanco y negro con una vieja cámara y en formato de 16 mm, presentando algunos de sus capítulos en inglés e incluso japonés. Todos giran en torno a cuatro protagonistas: una mujer madura en busca del amor entre jóvenes aprovechados, un homosexual que trata de identificar a quien adulteró la droga que mató a su pareja, un hombre empeñado en recuperar la fe perdida una muchacha atormentada por una enfermedad auditiva…
 
 
UN TALENTO FORJADO EN EL CIRCUITO 'OFF'
“Tal vez mi niño mimado sea el teatro. ¡Es pura vida!”, reconoce. Mientras estudiaba en el Centro de Nuevos Creadores de Cristina Rota, de 2004 a 2009, se curtió sobre las tablas de la Sala Mirador gracias al mítico espectáculo La katarsis del tomatazo. Con el único requisito de ceñirse al formato del cabaré, ideaba junto a sus compañeros un sinfín de números que luego presentaban ante el público, autorizado a manifestar su insatisfacción con una lluvia de hortalizas. Ya en la Navidad de 2011 se puso a las órdenes de Nacho Aldeguer para mirar al futuro desde una perspectiva romántica con The café, que pudo disfrutarse en una de las minúsculas estancias de Microteatro Por Dinero. Puso alma entonces a una camarera que estaba a punto de cerrar su bar cuando entraba un hombre que venía de enterrar a su esposa. La extraña complicidad que surgía entre ellos a raíz de ese encuentro fugaz dejaba abierta la posibilidad de una segunda cita.
 
   No tuvo que esperar demasiado tiempo para empezar a trabajar en la comedia romántica Mucho ruido y pocas nueces, perteneciente al proyecto Conecta con Shakespeare y financiada mediante crowdfunding, cuyo objetivo era acercar al gran público ese texto del autor inglés con personajes contemporáneos que restasen solemnidad al verso e interactuasen en un entorno del siglo XXI. La rompedora versión se presentó a principios de 2012 en el Centro Cultural Sanchinarro y continuó su andadura capitalina en el Teatro del Arte tras pasar por el prestigioso Festival de Almagro, con un amplio plantel que le permitió actuar nuevamente al lado de Aldeguer y Ferrés, además de Ignacio Mateos o Silvia Alonso. Tras el telón apareció en el pellejo de la ingeniosa Beatriz, la sobrina de un gobernador que recibía la visita del príncipe don Pedro de Aragón, acompañado por el soldado Benedicto entre los miembros de su séquito. Ambos jóvenes se mostraban reacios al amor, incluso se odiaban públicamente pese a albergar una simpatía recíproca, pero el alcahueteo cortesano les conducía al altar tras numerosas discusiones.
 
 
 
En 'Pingüinas'
En 'Pingüinas'
 
 
 
   Mientras recitaba encima del escenario ocurrencias ideadas en el siglo XVI se convirtió en una de las fundadoras de la osada compañía Improclan para robar carcajadas sobre la marcha. Y es que cada función del espectáculo Improvisa tío!, que se ha establecido en el Teatro Alfil madrileño después de encontrar refugio en espacios alternativos, se desarrolla según lo que sugiera el respetable de turno. Nada está preparado, no hay guion, como el mismo título indica. Entre los invitados que se han atrevido a participar en semejante aventura figuran el mismísimo Dani Rovira o David Castillo. La segunda propuesta que alumbró el grupo se llama Impromovies, con sabor cinematográfico, de modo que los asistentes adoptan el rol de productores para dar órdenes: qué película quieren rodar, de qué género, con qué personajes…
 
   Antes de terminar aquel fructífero 2012 estrenó en el desaparecido Garaje Lumière la obra generacional ¿A quién te le llevarías a una isla desierta?, representada en diferentes escenarios de la capital hasta la actualidad gracias a su gran acogida. El alabado Jota Linares cuenta en ella la historia de cuatro colegas que, después de largo tiempo compartiendo la casa donde se han hecho adultos, cierran esa etapa más que gloriosa. En la fiesta que organizan para celebrarlo, entre el calor y la cerveza, salen a la luz sorpresas que les decepcionan: deseo, amores no confesados, mentiras, sexo insatisfactorio… No se conocen tan bien como pensaban. Y lo descubren al plantarse ante el abismo de una madurez forzada por la edad y ensombrecida por el desencanto de no ser quienes un día soñaron. Su dominante Marta asiste a la hecatombe en calidad de espectadora, pues ha vivido fuera del piso al ser simplemente la novia de Marcos, el más convencional de los inquilinos. Y en realidad es ella el detonante de semejante desastre amistoso, porque el grupo se disuelve por sus ansias de emancipación en pareja. A lo largo de estos casi tres años de funciones se ha codeado en el salón con Juan Caballero, Maggie Civantos o Abel Zamora.
 
   No tardó en subirse a un nuevo barco capitaneado por Linares, Mejor dirección novel, donde bordó a una cineasta catapultada a la fama tras debutar en la gran pantalla con Cuatro septiembres al año. Pero las mieles del éxito se le empezaban a tornar amargas en la première de la película, a medida que sus allegados comprobaban que el guion bebía casi exclusivamente de experiencias íntimas de la pandilla.
 
   Coronó la principal cumbre de su carrera el pasado 2014, cuando arrasó en la Sala Off del Teatro Lara tras agitar el circuito alternativo de la capital con la desgarradora Confesiones a Alá, donde su interpretación en solitario le reportó el premio Mi Butaquita en calidad de mejor actriz revelación. Y se anotó además otro mérito nada desdeñable: el de ser la nominada más joven en la historia de los Premios Valle-Inclán. Sobre las tablas evolucionaba durante 120 minutos en la piel de la marroquí Jbara, una pastora sometida en su juventud a vejaciones físicas y psicológicas que ejercía la prostitución sin renunciar a su condición de musulmana practicante, hasta convertirse finalmente en esposa de un imán sexagenario.
 
   Ahora cumple un mes en las Naves del Español con Pingüinas, el homenaje que Fernando Arrabal rinde a las mujeres del entorno de Cervantes, cuya dirección recae en Juan Carlos Pérez de la Fuente. Más de 1.000 actrices se presentaron a unas pruebas en las que se valoraba incluso la conducción de motos para hacerse con uno de los 11 papeles. Y se coló entre las agraciadas junto a Ana Torrent, Marta Poveda o Lola Baldrich. Las protagonistas moteras recurren a su pragmatismo y tienden a la violencia para, sin perder cierta candidez, sobrevivir y encontrar su lugar en la sociedad actual. Le toca ser la abuela del creador de El Quijote, una cordobesa que entre la inocencia propia del mundo rural y la sabiduría acumulada durante toda una vida despliega actitudes de lo más variado, desde el servilismo discreto hasta el temperamento escandaloso. Pendiente de estreno tiene Backstage, acerca de una banda musical que prepara un concierto entre reproches, una propuesta compartida con nombres de altura: Tamar Novas, Gorka Lasaosa, Alfonso Begara.
 
 
'Cómo sobrevivir a una despedida'
'Cómo sobrevivir a una despedida'
 
 
 
HÉCTOR MARTÍN RODRIGO
¿Recuerda el momento particular en que decidió ser actriz?
− No me acuerdo con exactitud, la cosa viene desde muy niña. Cuando tenía cuatro o cinco añitos ya me encantaba disfrazarme, bailar y actuar para quien hubiera delante. La decisión como tal la tomé a los 16.
 
− ¿Quién fue la primera persona a la que se lo contó?
− Mis padres siempre han sido partícipes de mi vocación. Con siete años le pedí a mi madre que me llevase al sitio donde se hacen las películas. Mi padre fue quien me acompañó a la escuela de interpretación. Ese día cogí una hoja de árbol que había tirada en el patio, la guardé en el Abono Transportes y le dije: “Si cuando cumpla 17 la hoja sigue aquí, me dejáis apuntarme”. Al final terminó perdiéndose, pero regresé sola a la escuela para coger otra.
 
− ¿Cuál ha sido la mayor oportunidad que ha recibido hasta ahora en su carrera?
− La verdad es que nunca he tenido la sensación de vivir un gran golpe de suerte, aunque sí me siento muy afortunada de la carrera que he ido forjando. Me alegro mucho de haber conocido a grandes intérpretes, directores y otros profesionales de equipo técnico que han acabado convirtiéndose en grandes amigos. Entre ellos destaco a una de las mejores actrices que conozco, Bea de la Cruz, y también a esos representantes que están apoyándome incondicionalmente, en especial Juan Lanaja.
 
− ¿A cuál de los papeles que ha defendido le tiene especial cariño? ¿Por qué motivo?
− A Jbara Aït Goumbra, la protagonista de Confesiones a Alá, un monólogo que constituye el reto artístico más grande y satisfactorio al que me he enfrentado. He aprendido mucho de ella en lo que se refiere a adoptar una actitud frente a la vida. Y de su mano he crecido como actriz, me ha dado reconocimiento.
 
Si el teléfono dejase de sonar, y ojalá que no, ¿a qué cree que se dedicaría?
− A cualquier profesión creativa y artesanal. Me encanta la madera, el cuero, pintar, diseñar... Todo lo que tenga que ver con las manos y un taller. También podría dedicarme a profesiones más físicas, como la de instructora de yoga: entreno a diario, lo necesito para mi estabilidad. O a la filosofía. O a la filología. Soy muy indecisa, ya ves, me interesan demasiadas cosas. Encontraría la felicidad en casi cualquier cosa.
 
− ¿Ha pensado alguna vez en tirar la toalla?
− Sí. Hay momentos de mucha debilidad. Cuando el trabajo no acompaña y tampoco hay estabilidad emocional se viven procesos muy complicados. Al ver la luz de nuevo, uno sale reforzado, entiende mejor por qué se dedica a esto.
 
¿En qué momento llegó a pensar: “¡Madre mía, en qué lío me he metido!”?
− Todo rodaje tiene tendencia a lo caótico. Han sido varios los momentos en los que preferiría estar en casa escuchando música o haciendo cualquier otra cosa, pero jamás he pensado que me había metido en un lío del cual no quería formar parte. ¡Me encantan los retos!
 
 
 
'Confesiones a Alá'
'Confesiones a Alá'
 
 
 
− ¿Cuál considera que es el gran lastre del celuloide español y qué solución se le ocurre para paliarlo?
− El problema se generó en el pasado, cuando se solicitaron cuantiosas ayudas que no se emplearon en la producción cinematográfica, sino en maximizar el lucro personal. A España le sobra talento y le falta civismo. El público quiere productos de calidad, un reto posible si cumpliéramos dos condiciones: esforzarnos por ser más serios y no tener esta ley que tanto nos obstaculiza.
 
− ¿Cuál fue el primer intérprete que le conmovió hasta la lágrima?
− Como soy de lágrima fácil, no recuerdo quién. Sé que de pequeña ya me emocionaba con las historias de Disney, sobre todo cuando Mary Poppins se iba volando con su paraguas de la casa de los niños. ¡No entendía por qué se marchaba si les quería!
 
¿Qué frase de película le gusta aplicar como leit motiv personal?
− No tengo ninguna, aunque en el móvil llevo la canción de El libro de la selva. Dice así: “Busca lo más vital, no más; lo que es necesidad, no más; y olvídate de la preocupación”. Resuelve muchos problemas de esos que no existen, que nos inventamos u otros inventan para nosotros.
 
− ¿Qué filme ha visto tantas veces que se sabe de memoria alguna escena?
− Siempre me ha gustado más ver películas nuevas que repetirlas. Por eso creo que nunca he llegado a memorizar los diálogos de ninguna. Tal vez vaya siendo hora de hacer un review de mis favoritas para redescubrirlas.
 
− ¿Nos cuenta alguna anécdota que haya vivido como espectadora en un teatro?
− Cuando fui al teatro a ver La realidad. El personaje de Fernanda Orazi conversaba por Skype con su hermana y la proyección de esa charla virtual se detuvo. En ese momento comenzó a decir: “Hermana, ya se quedó parado esto de nuevo, la tecnología…”. Creí que formaba parte del texto, pero aquel rato con el vídeo congelado se fue alargando, hasta que Fernanda rompió la cuarta pared entre lágrimas. Pidió disculpas a los espectadores porque no podía continuar mientras no se resolviese el problema. Me pareció impactante ver cómo la vida irrumpía en el teatro sin escrúpulos, y también cómo la actriz se recomponía para privilegiar a la historia y al público por encima de su propio drama. ¡Toda una lección!
 
− ¿A qué serie de televisión está enganchada?
− Las últimas que vi fueron Juego de tronos y True Detective. Todo es maravilloso en ellas: los actores, la factura, las tramas… Me emociona que una serie plantee dilemas morales que me hagan reflexionar, algunos diálogos consiguen transpirar pura filosofía.
 
− ¿Cuál es el mejor consejo que le ha dado alguien cercano para ejercer esta profesión?
− El maestro Fernando Piernas es inspirador cuando dice eso de “sin temor ni expectativas” o “trabaja desde la felicidad”.
 
¿Cuál es su punto fuerte como intérprete?
− La valentía y el rigor.
 
¿Y débil?
− La desconfianza.
 
 
 
Con el elenco de 'Pingüinas'
Con el elenco de 'Pingüinas'
 
 
 
− ¿Cómo titularía la autobiografía de lo que lleva vivido hasta ahora?
Cumplo mis sueños para dejar de soñar y atreverme a vivir.
 
− ¿A qué lugar del planeta le gustaría teletransportarse mañana?
− A las montañas y los lagos suizos en caravana. Allí buscaría naturaleza, paisajes verdes, inmensidad. Y a Angélica Liddell: ha declarado que ya no actúa en España por falta de ayudas y porque se siente ignorada en el sector. Es terrible que nuestros genios, esas personas que se preocupan de poner en orden las ideas que nos van a hacer mejorar como sociedad, tengan que emigrar.
 
− Adelántenos, ahora que no nos escucha nadie… ¿Cuál es el siguiente proyecto que se va a traer entre manos?
− La obra Pingüinas, de Fernando Arrabal, en el Teatro Español. Y a la vez grabo para TVE la serie Carlos V con el personaje de Margarita de Angulema, que fue hermana de Francisco I de Francia. Estoy disfrutando como una enana.
 
− ¿Qué sueño profesional le gustaría cumplir?
− Actuar en teatro a las órdenes de Peter Brook o Declan Donellan con compañeros de escena como Will Keen. Conocer a Angélica Liddell. Aparecer en un filme de Woody Allen, Jacques Audiard o González Iñárritu y tener cerca durante el rodaje a Edwar Norton o Marion Cotillard, entre otros muchos a quienes admiro. Aunque sueño sobre todo con dejar de poner excusas y animarme a escribir y dirigir mis propios textos. Crear una compañía es mi máxima aspiración.
 
− ¿Qué canción simboliza el momento actual de su vida?
La vuelta al mundo, de Calle 13.
 
− ¿Qué titular le gustaría leer en el periódico de mañana?
− Hace poco alguien dijo que cualquier persona, al margen de su ideología, contestará afirmativamente cuando se le pregunte si le indigna que haya niños sin poder desayunar. Todos dirán: “Sí, por supuesto, claro”. Y en realidad esa lacra no se contempla como asunto de primer orden mundial. Por eso me encantaría leer que todos los niños del mundo podrán desayunar desde hoy. Lo mejor del asunto es que estoy convencida de que lograrlo solo dependería de unas pocas y valientes decisiones.
 
− ¿A qué otra época histórica le gustaría regresar?
− A cualquiera en la que el modo de organizarse fuera más básico y natural. Confío en que existieron y aún existen comunidades donde se solo trabaja para cubrir las necesidades primarias, mientras que el resto del tiempo se aprovecha dedicándolo a amar y crear. Comunidades autosustentables, no enfermas. También retrocedería a la antigua Grecia: estaban más avanzados que nosotros hoy y su sistema me interesa mucho.
 
¿Con qué parte de su cuerpo se siente más satisfecha?
− Con mi cabeza: me llevó mucho tiempo y cuidado amueblarla. Después me quedaría con mis piernas y mis ojos.
 
− Díganos qué le parece más reseñable de AISGE y en qué aspecto le gustaría que mejorásemos.
− Su labor en favor de los derechos de los artistas en España me parece muy loable. Es importante que entidades así se mantengan rigurosas y firmes, con ánimo inconformista y de evolución constante.
 
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