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María Maroto


“Me encantan las series donde no hay ‘sex symbols’, eso las hace más reales”
  

 
Esta valenciana de Catarroja va camino de los 29 con la mochila llena de experiencias. Va a cumplirse una década se su primera aparición en la pequeña pantalla con el telefilme Síndrome laboral, que alertaba sobre los riesgos que corren los trabajadores a causa de las negligencias de muchas empresas obsesionadas con incrementar sus beneficios. Puso cara a una compañera de facultad de la protagonista, Sonia, trasplantada de pulmón por los daños que le había provocado el uso de tintes tóxicos en una fábrica textil durante la adolescencia. Un abogado (Carmelo Gómez) se empeñaba en llevar su caso porque era muy jugoso: ganaría prestigio profesional y un porcentaje de la indemnización millonaria en caso de vencer. Contra todo pronóstico, el amor acababa imponiéndose al interés, aunque la sed de justicia del letrado no se traducía en una victoria.
 
   Su andadura en el extinto Canal 9 valenciano arrancó a principios de 2007 gracias a la telenovela de sobremesa Les moreres. Su Clara Alapont Bonet abandonaba pronto el hogar familiar y allí dejaba a su abnegada madre, que recuperaba viejos proyectos vitales al verse libre de cargas domésticas y sustentada por la estabilidad económica de su marido. La mujer, no obstante, encontraba bastantes obstáculos para lograr sus objetivos. En aquella grabación conoció a compañeros de la talla de Fiorella Faltoyano, Empar Ferrer, Mamen García o Juli Mira. En el programa adolescente Món Bórik, emitido al poco tiempo por el segundo canal de la televisión autonómica, simultaneó su faceta interpretativa con la de presentadora.
 
   Pero su gran trampolín fue la exitosa L’Alqueria Blanca, en cuyo reparto permaneció desde 2008 hasta 2011, con el Premio Berlanga a la actriz revelación incluido. Se puso en la piel de Raquel Cunyat para vivir el transcurso de los años sesenta en una localidad donde se sucedían conflictos y amores imposibles entre los acaudalados Falcó y los modestos Pedreguer. Ella, hija de un reputado notario de Valencia, viajaba al remoto pueblecito porque allí se casaba una amiga con la que había estudiado Magisterio. A su llegada casi atropellaba a un humilde estudiante de Derecho al que pronto daría el ‘sí, quiero’ pese a la oposición de su padre. Y la cosa salía mal: él chaval se marchaba a Francia con otra mujer y la abandonaba sin contemplaciones. Su tristeza se esfumaba cuando Diego Sanchis (Álex Gadea), un vividor criado en California, le declaraba su amor. No menos vaivenes sufrió en el ámbito laboral, aunque finalmente triunfaba con su taller de confección de zapatos tras fracasar como jefa de una fábrica de gaseosa.
 
 
 

 
 
 
   Antes de que terminase 2013 pasó de puntillas por El tiempo entre costuras, la serie que cubrió de gloria a Antena 3 la pasada temporada. En su primer episodio paseaba del brazo de la progresista Paquita (Pepa Rus) por las calles de aquel Madrid de la Segunda República. Pero ella era muy conservadora: se sorprendía de que el prometido de su amiga la dejase salir días antes de la boda, no se explicaba cómo una creyente en Dios podía casarse con un comunista, criticaba que la ceremonia no se celebrase en una iglesia… Ambas muchachas acompañaban esa noche a la costurera Sira Quiroga (Adriana Ugarte) a la verbena en la que conocería al cortés Ignacio (Raúl Arévalo).
 
   En 2005 denunció el excesivo poder que las empresas ejercen sobre los indefensos empleados con el cortometraje Salad Days, ambientado en un hipermercado donde se respiraba constantemente la amenaza de acoso sexual por parte del jefe. Su personaje, la jovencita y novata Ana, tenía la protección de una veterana que intentaba rebelarse contra la enrarecida atmósfera laboral. Al año siguiente vio la luz Bela Lugosi ha muerto, que recuperaba la figura de ese inquietante intérprete húngaro, convertido en mito del celuloide a comienzos de los años treinta por encarnar a Drácula. Su malhumorada Laura recibía una noche la visita de un vampiro sediento de sangre y estaba convencida de que era Lugosi. Cuando le mostraba la mordedura a su novio, este no se creía tan disparatada versión de los hechos e insinuaba que las dos marcas en el cuello se las había hecho otro chico, pues el actor llevaba fallecido desde 1956. El extraño comportamiento de ella le hacía pensar en un posible desequilibrio mental, aunque se daba cuenta de que la historia relatada era cierta tras sufrir él mismo otro ataque vampírico. Gracias a ese papel fue distinguida con una mención especial en el Festival Internacional Cinema Jove de Valencia.
 
   Alfonso Albacete y David Menkes la reclutaron para exprimir al máximo aquel verano desenfrenado de Mentiras y gordas, una película que en 2009 llevó su cara a las salas de todo el país y la situó junto a numerosas estrellas juveniles: Mario Casas, Ana de Armas, Hugo Silva, Ana María Polvorosa, Maxi Iglesias, Miriam Giovanelli, Alejo Sauras, Esmeralda Moya, Yon González… Dio en aquella ocasión vida a Elina, una lesbiana enganchada a los porros y al alcohol que ponía los cuernos a su novia, casi siempre ausente por culpa de largos viajes. Pese a que su vida desordenada y las continuas infidelidades parecían ser las causas de la ruptura definitiva, ella lo achacaba a su continua soledad y a la discordia que otra joven había sembrado en la pareja.
 
Mucho teatro
De su currículum se deduce que es una actriz eminentemente teatral. En 2004 cultivó el café-teatro de la mano de Cinco mujeres muertas, al año siguiente se unió a Els Comediants para recorrer los meses del calendario en clave festiva con el multitudinario espectáculo El sarao del año y más tarde enseñó a los turistas algunos rincones históricos de su ciudad mediante las visitas teatralizadas de Paseando Valencia. El mismísimo José Luis Alonso de Santos dirigió a mediados de 2006 su debut profesional sobre las tablas, una versión del clásico calderoniano El gran teatro del mundo donde hizo de ángel. El mensaje de tan aplaudido auto sacramental es que Dios reparte diferentes roles entre los humanos y que dichos papeles determinan los comportamientos en el transcurso de esa representación llamada vida: el rico es insolidario, la hermosa peca de vanidosa, el pobre malvive desesperado… Solo quienes obran bien acceden a la eternidad tras la muerte, mientras que todos los demás reciben un merecido castigo.
 
   Dejó atrás el drama religioso para cantar y bailar en el montaje infantil Terra 08, cuyo argumento recordaba el preocupante estado de nuestro planeta y proponía una mayor implicación en el cuidado de la naturaleza. Su Gaya se veía inmersa en un videojuego que contaba cómo se había relacionado el hombre con la Tierra en épocas pasadas, pero también cómo iba a hacerlo en el futuro, de modo que podían prevenirse a tiempo hábitos cada vez más perjudiciales. La divertida Camberra, una historia de aeropuertos y vuelos hacia la capital australiana que mezclaba intriga y cabaret, le brindó un nuevo registro en 2008. Dos años transcurrirían hasta el arranque de su prolongada gira con Tibidabo, sobre dos hermanas veinteañeras que encajaban como podían la noticia de que su madre padecía alzhéimer. Ambas acordaban no revelar la enfermedad a ninguno de sus progenitores para mantener así la felicidad del matrimonio, pero tal decisión les acarreaba multitud de líos similares a los retratados en el filme Good bye, Lenin!
 
 
Con Juan Caballero en 'Yernos que aman'
Con Juan Caballero en 'Yernos que aman'
 
 
 
   La tossuderia la trasladó en 2012 al último día de la Guerra Civil para abordar el fascismo a través del comisario de un pueblo valenciano que inventaba una lengua universal con el objetivo de evitar las desgracias que provocan los malentendidos. También levantó telones de Valencia y Barcelona gracias a La indiferencia de los armadillos, firmada por Abel Zamora, la primera de las muchas obras de ese dramaturgo y actor que acumula su currículum. A lo largo de las escenas se establecía un paralelismo entre ciertos seres humanos y esos animales, que bajo su coraza esconden una piel incapaz de soportar las bajas temperaturas y salen de noche para cazar a sus presas. Es decir, se hablaba de los solitarios que buscan calor en los tugurios nocturnos y viven sin atenerse a normas de ningún tipo, indiferentes ante su (casi con toda seguridad) trágico final. Antes de terminar ese año se atrevió a crear la compañía Chicharras, con la que pronto puso en pie el espectáculo homónimo, consistente en un recorrido junto al público por los entresijos del Teatre Micalet. Ya en 2013 regresó a ese mismo coliseo con Fent cua para plantear todo lo que están dispuestos a hacer quienes compiten por ocupar el primer puesto de la fila en ese juego que es la vida.
 
   Inmediatamente surgió su segunda aventura al lado de Zamora, la tragicómica Temporada Baja, donde aprovechaba el anonimato de un hotel casi vacío para dar rienda suelta a sus demonios. Y es que su Chelo era una jovencita atormentada por su relación con un hombre mayor que le exigía madurez en todo momento. A ella la convivencia se le antojaba ya de lo más aburrida y un día explotaba como un volcán repleto de reproches. De vuelta al teatro clásico e infantil le esperaba una peculiar versión de Cyrano de Bergerac en la que convivían los duelos a espada y las cartas de amor del siglo XVII con las nuevas tecnologías de hoy en día.    
 
   No menos agitado está siendo este 2014. Con la compañía Chicharras, y sirviéndose otra vez de la imaginación de Abel Zamora, el pasado marzo estrenó la misteriosa comedia L’hoste perfecte en el Micalet. La acción se desarrollaba durante una noche de tormenta en el acogedor hostal Flanagan, al que llegaban varios huéspedes sin sospechar que la servicial dueña ocultaba más de un secreto. Para ese montaje encarnó a una de las sorprendidas clientas, Mari Toni, fugitiva del amor. El prolífico Zamora la enfrentó en junio al público de Madrid, en cuyo circuito alternativo sigue triunfando con Yernos que aman, el cruel retrato de una familia en descomposición. Suyo es el papel de Bella, la hermana menor del clan, una artista todavía acomplejada a causa de la obesidad que sufrió en la infancia. Esa fragilidad se agudiza cuando se reencuentra con el retorcido Alberto (Juan Caballero), un cachorro pepero que goza con su sufrimiento, hasta el extremo de excitarse mientras ella se pone ciega a madalenas.
 
 
 
HÉCTOR MARTÍN RODRIGO
¿Recuerda el momento particular en que decidió ser actriz?
− No lo recuerdo exactamente, pero sé que era muy pequeña. Lo primero que hizo que me quisiera subir a un escenario fueron los playbacks de las fallas de mi pueblo. Sí, en Valencia son como obras de culto, ¿vale? [Risas].
 
− ¿Quién fue la primera persona a la que se lo contó?
− ¡A mi madre! Tendría yo unos cinco años y ella ya estaba apuntándome a una falla para que bailase en última fila con espectáculos como El fantasma de la ópera o Aladdín. ¡Menudas giras hacíamos, todos los fines de semana íbamos de concurso! Ya quisieran muchas compañías ahora…  
 
− ¿Cuál ha sido el mayor golpe de suerte que ha recibido hasta ahora en su carrera?
− Pese a que todo me ha venido muy rodado, la verdad es que no creo en la suerte. Pero sí hay algo que agradezco especialmente a día de hoy: que Abel Zamora crea en mí como lo hace y confíe en mi trabajo para dar vida a sus maravillosos personajes.
 
− ¿Cuál de los papeles que ha interpretado le ha dejado una huella especial? ¿Por qué motivo?
− Alfonsa, sin duda, fue clave en mi carrera. Es el personaje de una función de Spregelburd que representé en Valencia, un proyecto precioso donde estuve rodeada de actores a los que admiro. Ahí descubrí que te bloqueas si piensas demasiado en el resultado al que quieres llegar. No hay más manual que la confianza en lo que uno hace. Y también le tengo mucho cariño a Bella, a la que interpreto últimamente en Yernos que aman. Esa obra es otra genialidad de Abel Zamora, que me ha dado la oportunidad de construir un personaje muy rico, capaz de emocionarme cada vez que lo saco al escenario.
 
 
En 'La tossuderia'
En 'La tossuderia'
 
 
 
Si el teléfono dejara de sonar, y ojalá que no, ¿a qué cree que se dedicaría?
− A intentar que siga sonando. No me imagino dedicada a otra cosa, amo este oficio. Y cuando uno se entrega a lo que hace, la vida le facilita las cosas para que continúe con ello. No me hago a la idea de trabajar solo por dinero, salvo que sea algo temporal.
 
− ¿Ha pensado alguna vez en tirar la toalla?
− Más que pensar en abandonar, ha habido momentos en que he dudado de mi capacidad para sacar algo adelante. Siempre se te cruza algún pensamiento catastrófico, sobre todo cuando estás empezando. Eso sí, no volverá a ocurrir, ¡palabra!
 
− ¿En cuál de sus actuaciones pensó: “¡Madre mía, en qué lío me he metido!”?
− En mi primer día de grabación de Les Moreres, la serie valenciana con la que debuté en televisión. Aún estaba en tercero de carrera y, aunque había rodado algunos cortometrajes antes, era la primera vez que me soltaban en un plató. Aquello estaba lleno de gente, me vi rodeada de cámaras, con actores expertos al lado… Por si fuera poco, llevaba unas mallas apretadas que me hacían sentir ridícula y se trataba de una secuencia de cocina, de esas con mil acciones: bebe, deja el vaso, recoge la mesa… Y hay que hacerlo todo en el mismo sitio. ¿Perdón? ¡Me acojoné tanto con eso que ahora soy una máquina del rácord! [Risas].
 
− ¿Le gusta verse en las películas y series en que ha participado?
− ¡No! ¡No me soporto! ¿A quién le gusta verse en los vídeos de los viajes? A mí me parece que soy otra persona y que tengo otra voz. Pues en este caso me pasa lo mismo. La imagen que uno tiene de sí mismo muchas veces no se corresponde con lo que ve desde fuera. Y eso en cámara se multiplica… Al final te acostumbras y aprendes.
 
− ¿Cuál considera que es el principal problema del celuloide español y qué solución se le ocurre para paliarlo?
− Me gustaría contestar a esta pregunta en positivo. En este país tenemos carácter para crear historias y buenos profesionales para plasmarlas en la pantalla. ¿Qué nos falta entonces? Dejar de pensar que el público solo quiere un tipo concreto de ficción y empezar a apostar por productos innovadores sin necesidad de copiar aciertos extranjeros. No se trata de hacer lo mismo de siempre por el hecho de que ya sepamos de antemano que será un éxito fácil. Las claves para ir a mejor son estas: confianza, riesgo y autoexigencia. Yo he descubierto que mi labor obtiene más reconocimiento cuando no pienso en agradar a nadie, sino en dar lo mejor de mí a partir de mi visión personal del trabajo. Y creo que los grandes directores españoles lo son precisamente por eso, porque se salen del camino de lo correcto y ofrecen algo personal en lo que creen a ciegas. Sus resultados son redondos porque tienen claro lo que quieren y cuidan cada detalle con amor. En esa situación de compromiso, por ejemplo, no se da por buena una toma que realmente no lo es. Si creemos y respetamos lo que hacemos, la gente también lo hará, haya dinero o no.
 
− ¿A quién le devolvería antes la llamada, a Tarantino o a Burton?
− Aunque amo a los dos, tengo especial debilidad por Tarantino. Me encantan sus diálogos, su estética y su música.
 
− ¿Cuál fue el primer actor o actriz que le conmovió?
− No sabría decir si fue la primera o no, pero de niña vi muchas veces El color púrpura porque la teníamos en VHS y siempre me emocionaba con el personaje interpretado por Margaret Avery.
 
¿Qué frase cinematográfica le gusta aplicar como leit motiv personal?
No tengo una frase particular de una película en concreto. La que me guía en este momento es la siguiente: “Salta y aparecerá la red”.
 
− ¿Qué cinta ha visto tantas veces que se sabe los diálogos completos de alguna escena?
El mago de Oz.
 
 
En 'Cyrano de Bergerac'
En 'Cyrano de Bergerac'
 
 
 
− ¿Cuál fue el último largometraje que no fue capaz de ver hasta el final?
− Cualquiera que esté doblada. Lo siento por los dobladores, pero no hay nada mejor que escuchar a los actores con sus propias voces, un elemento esencial de sus interpretaciones. En eso estriba a veces la diferencia entre ver una buena historia y ver una buena historia que logra conmoverte. Ojo, no tengo nada en contra del doblaje, solo estoy a favor de lo personal e intransferible.
 
¿Recuerda alguna anécdota divertida que haya vivido como espectadora en un teatro o sala de cine?
− No, pero aprovecho para confesar que me tiemblan las piernas solo de pensar que pueden sacarme en una de esas funciones donde se hace partícipe al público.
 
¿De qué serie de televisión se declara fiel seguidora?
A dos metros bajo tierra me tiene muy atrapada ahora. Otra de mis favoritas es Los Soprano. Las dos tienen algo en común: tuve que dar varias oportunidades al primer capítulo de ambas porque no me enganchaban, pero después de eso me han dejado absorbida. Alucino con sus historias, sus personajes, su música y todo el amor que se intuye tras el trabajo. Una y otra hablan de personas que tienen problemas (como todos) y son más o menos atractivas (como todos). Me encanta que no haya sex symbols, eso las hace más reales. ¿Por qué no tomamos nota de eso? 
 
− ¿Cuál es el mejor consejo que le ha dado alguien cercano para ejercer este oficio?
− “No pienses, haz”. Me lo dijo Carles Sanjaime, mi profesor en la Escuela del Actor de Valencia, un gran intérprete al que también admiro como persona.
 
− ¿Qué punto fuerte destacaría de usted como intérprete?
− Escucho mucho a mis compañeros, creo que siempre son ellos la fuente de donde nace lo que hago. Mi fortaleza procede, pues, de quienes me rodean.
 
− ¿Y débil?
− A veces me dejo llevar demasiado por la cabeza y quiero llegar a los resultados sin dar todos los pasos previos.
 
− Adelántenos, ahora que no nos escucha nadie… ¿Cuál es el siguiente proyecto que se va a traer entre manos?
− Tengo pendientes dos proyectos audiovisuales y espero que salgan más propuestas teatrales en Madrid o en cualquier otro lugar.
 
− ¿Qué sueño profesional le gustaría hacer realidad?
− Sería maravilloso hacer algún musical de Stephen Sondheim.
 
− ¿Qué titular le gustaría leer en el periódico de mañana?
− Que nos queremos un poquito más a nosotros mismos y, gracias a eso, nos estamos volviendo más generosos y comprensivos con los demás. Que entendamos por fin que todos somos lo mismo.
 
− ¿Qué canción o canciones escogería para ponerle banda sonora al momento actual de su vida?
− Ahora mismo tengo un par de canciones que me acompañan: We are the people (Empire of the Sun) y Breathe (Telepopmusik).  
 
− ¿En qué otra etapa de la historia le gustaría haber nacido?
− Creo que la actual está bien. Algo tendré que hacer en estos tiempos si he caído en ellos…
 
Díganos qué le parece más reseñable de AISGE y en qué aspecto le gustaría que mejorásemos.
− Sinceramente, me parece que hacéis un estupendo trabajo de gestión, aunque quiero resaltar el trato personal. He tenido contacto con la delegación de Valencia y todas las compañeras son atentas, resolutivas y se preocupan por nuestro bienestar. Incluyo una mención especial a Regina Enguídanos, que se desvive por los actores valencianos como si fuéramos su familia. Los cursos me encantan. Y doy las gracias sobre todo por esta sección: nos dais voz, proyección y apoyo, pero también la oportunidad de conocernos más entre nosotros y comprobar que todos compartimos los mismos miedos, desafíos… ¡Y la misma pasión!
 
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