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04-04-2013 Versión imprimir
© David Ruano
© David Ruano
 
MARÍA PAGÉS

Los sueños arquitectónicos de una flamenca

La bailaora reflexiona sobre la libertad y Óscar Niemeyer en ‘Utopía’
 


BEATRIZ PORTINARI
A María Pagés (Sevilla, 1963) unas líneas incandescentes le despertaron un día de sus sueños. Se levantó, las dibujó y se volvió a la cama. Tenía palomas en las manos, las sacudió, le salió un paso de baile y siguió soñando. Unos días antes, el destino le había llevado los pies hasta una exposición en la Fundación Telefónica de Madrid, en su último día y a última hora antes del cierre. “Pero puedes pasar si te das prisa”, le confió el guarda de seguridad. Allí encontró una exposición del hombre que dibujaba lo que ella quería bailar, el recientemente desaparecido arquitecto Óscar Niemeyer, con sus líneas curvas y sus cúpulas blancas. Y así nació el último espectáculo coreográfico de Pagés, Utopía, reestrenado el pasado septiembre (tras su primera puesta de largo en el Centro Niemeyer en octubre de 2011) y preparado para la gira internacional que ha de llevar este año a su compañía hasta Japón y Rusia.

   “Conocer en persona a Niemeyer en su estudio de Copacabana fue como rencontrarme con la esencia, comprender la filosofía de alguien que comenzaba sus proyectos como yo: con unos trazos sueltos, con bocetos como los que yo dibujo en mis cuadernos. Niemeyer me contó que cuando era pequeño y no sabía escribir, dibujaba líneas en el aire y su madre le preguntaba que hacía. ‘Estoy pintando’, respondía él. Yo hacía algo parecido, curvas con mis brazos, y si me hubieran preguntado habría dicho que estaba bailando”, describe la bailaora en su camerino del Teatro Español, acunada por el cante de Juan de Mairena, que calienta la voz un par de puertas más allá.

   Podría decirse que desde sus primeros pasos junto a Antonio Gades hasta su tertulia con Niemeyer, la Pagés ha evolucionado en su concepción del flamenco, siempre vinculado y entremezclado con otras disciplinas como poesía (con José Saramago), ópera (Plácido Domingo) o cine, de la mano de Carlos Saura. “No conozco una disciplina tan resistente como el flamenco, que nació en ambientes marginales y hoy se puede ver en museos. Nos movemos bien en contextos de crisis porque siempre hemos estado así. Y hay que pensar algo: el dinero es como la energía, ni se crea ni se destruye, así que por algún lado tendrá que aparecer y salir”, bromea.
© David Ruano
© David Ruano
 
  

Pareciera que su mensaje de optimismo y duende se intenta transmitir también con su Utopía para tiempos de crisis. ¿Es intencionado? María Pagés, Premio Nacional de Danza 2002 y Siete Premios Giraldillo en la Bienal de Arte Flamenco (el último, entregado en octubre), sonríe como si confiara un secreto. “Mis coreografías solo tienen sentido cuando me siento útil, cuando cuento algo, y ahora es el momento de contar que el hombre es utópico por naturaleza. A pesar de vivir este momento convulso hay que reflexionar sobre ello, hacer autocrítica y confiar en la Utopía. No como algo imposible, sino como un buen lugar”.

   Para traducir esta idea al flamenco, la bailaora cuenta con textos utópicos de Neruda, Benedetti o Baudelaire, más siete bailarines y música en directo de guitarra, cajón, violonchelo y las voces de Juan de Mairena y Ana Ramón. Todos impregnados del gris ciudad del vestuario del cuerpo de baile que contrasta con la fuerza de los colores que encarna Pagés: rojo granaína, blanco de Brasilia, caminante no hay camino, negro sobrio. Incluso su bata de cola, en espiral como las escaleras de Niemeyer, tiene personalidad propia – llamada Clotilde, la Cloti– y habla sola sobre el escenario. “A veces sueño con el vestuario o la escenografía y me levanto para dibujarlo en mi bloc de notas. No duermo bien. La cabeza no deja de pensar mientras tengo un proyecto en mente, le doy vueltas a todo. Un día soñé con las líneas de luz que forman la escenografía y son como olas de mar que se mueven y encierran a los bailarines”, describe la coreógrafa, sin darse cuenta de que sigue bailando sentada, con sus brazos dibujando en el aire.


Fugacidad y conflicto
Utopía reflexiona, como el arquitecto centenario, sobre la fugacidad de los hombres y el exilio, la libertad, el conflicto con el otro. A la bailaora y Niemeyer les unía la misma consigna: “Cuando la vida se degrada y la esperanza huye del corazón de los hombres, la revolución es el camino que seguir”.

   Con una austeridad similar a los edificios y las cúpulas niemeyerianas, este espectáculo retrata un mestizaje musical de la mano de Rubén Lebaniegos y Fred Martins, que invitan a la alegría, la soleá y guajiras, granaínas de influencias poéticas, pero también escultóricas. “La primera escena está basada en la idea coreográfica de que los hombres somos esculturas sobre el escenario. El vestido rojo habla sobre la vida, que nos va impregnando de todo lo que vamos viviendo. Me gusta emplear conceptos sobrios: un ideograma, una gasa, unas luces en movimiento porque los hombres somos permanente transformación”, describe Pagés mientras pasa las páginas y se distrae con la clave de su trabajo: su cuaderno de notas. Con letra pequeña, como hormigas, escribe fandangos, dibuja figurines, anota rápido el cuadro de luces, traza unas líneas con reflexiones que después han desembocado en la edición limitada de un libro, Utopía del buen lugar, donde la bailaora desvela los entresijos del espectáculo.
© Hiroyuki Kawashima
© Hiroyuki Kawashima
 
  

   “La verdad es que cada vez me divierte más el proceso de investigación previo a mis espectáculos. Antes no coreografiaba así; solo unía un paso de baile tras otro. Ahora no; ahora es como adentrarme en un laberinto: leí mucho sobre Niemeyer y su trabajo, eso me llevó a encontrar escritos sobre la utopía de Tomás Moro y otros autores que seguí investigando”, relata la polifacética flamenca. Y se pierde de nuevo en algún poema de Baudelaire, ensimismada. Cualquiera diría que sueña despierta.
 
 
 
proyectos
Una visión plural de la mujer 

Los próximos planes de la compañía para este 2013 pasan por la gira internacional con espectáculos como Utopía, Autorretrato o Sevilla. Mientras tanto, la bailaora aprovecha los viajes y los tiempos muertos para investigar sobre el que será su siguiente trabajo: una coreografía-homenaje a la mujer. “Mi intención es la búsqueda del equilibrio de la mujer respecto al hombre o la sociedad. Quizás esto surja por proceder de una familia con muchos hermanos chicos y de un entorno de bailaores tradicionalmente masculino. Yo creo que existe un desequilibrio hacia la mujer sobre el que debemos reflexionar”, afirma Pagés. Para ello está aprovechando sus giras para entrevistarse (y grabar las entrevistas, por lo que no se podría descartar un posterior libro o documental) con mujeres de distintas partes de mundo: desde una exitosa mujer de negocios a una refugiada congoleña, pasando por mujeres maltratadas o aborígenes australianas. Cada mujer con su sensibilidad y forma de percibir el mundo, con sus sueños y sus miedos. Cada historia se convertirá seguramente en un poema bailado por María Pagés. 
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