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19-09-2016 Versión imprimir
Portada de David Ruano para un libro japonés sobre la bailarina
Portada de David Ruano para un libro japonés sobre la bailarina
 

María Pagés


“La retirada de los escenarios, en mi caso, no va a existir”


La bailaora y coreógrafa hispalense se encuentra de gira con la última creación de su compañía: ‘Yo, Carmen’



LUIS MIGUEL ROJAS
María Pagés (Sevilla, 1963) tiene un concepto propio del arte flamenco y de su materialización en el baile. De ahí que esta mujer por la que aparentemente no pasan los años se haya ganado un lugar propio en el mundo de la danza a escala mundial. Buena cuenta de este reinado dan los numerosos premios que atesora, entre ellos la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes en 2014  o el Premio Actúa de AISGE en 2012. Cuando se baja del escenario, la bailaora dedica su día a día a formarse, la única manera de brindar lo mejor de sí a su propia compañía. En uno de los huecos libres que su dedicación le concede, María nos revela su amor por un arte que va incorporado en sus genes, como ella misma dice.
 
– ¿Desde pequeña ha sido amante del flamenco?
– Bueno… yo creo que es más que eso. Formaba parte de mí, de mi vida, del entorno donde crecí. Es, por así decirlo, un amor que está incorporado en mis genes. Este arte siempre me ha interesado, y precisamente por ser parte de mí, quise dedicar mi vida a él.
 
– ¿Le costó llegar a ese momento en que decide fundar su propia compañía?
– Me planteé crearla tras haber pasado por muchas otras, entre ellas, la de Antonio Gades. Llega un momento en que sientes la necesidad de proyectar otros modos de entender tu trabajo, otras inquietudes, y te das cuenta de que te quieres poner manos a la obra y seguir tu camino. Para ello tuve que hacerme empresaria, con toda la burocracia que acaba conllevando [risas]. Por entonces estaba muy verde en ese sentido y no sabía por dónde tenía que tirar, pero me fijé en cómo estaban dispuestas las compañías en las que ya había estado.
 
 
Fotos: Soledad Sánchez
Fotos: Soledad Sánchez
 
 
 
– Ha estado en Nueva York, India, México… ¿Cómo se recibe el baile flamenco fuera de España?
– ¡Pues hay un poco de todo! Hay lugares donde no lo conocen porque no lo han visto nunca. En países como Japón o algunos sectores de EEUU, sin embargo, lo siguen de forma sorprendente, tienen un interés enorme. Pero lo más interesante es ver la reacción de un público totalmente virgen. El flamenco se entiende porque comunica directamente, sin necesidad de otro lenguaje.
 
– ¿Entonces cree que el flamenco no debe beber de otras corrientes y mantener su pureza?
– Considero que la pureza como término no existe. Se puede ser más clásico o conservador, pero todas las artes siempre están bebiendo de otras muchas. Las ideas circulan, todas las corrientes captan algo de las demás. Es imposible que algo permanezca puro.
 
– Participó en el filme Carmen, de Carlos Saura, y ahora ofrece el espectáculo Yo, Carmen. ¿Qué diferencias existen entre ambos?
– La versión de Saura era magnífica, una visión del mítico personaje de Carmen confeccionada de una forma magistral. Yo, Carmen es el contrapunto, una reflexión a partir de ese personaje pero desde una mujer real. Eso es lo que me ha ocupado más tiempo: el hecho de querer transmitir una voz femenina que en el personaje original de Carmen no está, ya que fue concebida desde una perspectiva masculina.
 
– Hace unos días tuvo ocasión de representar su propuesta en la Bienal de Flamenco de Sevilla. ¿Cómo vive el regreso a su tierra para actuar?
– Siempre es muy bonito volver y dar todo de ti en el sitio que te vio nacer. La compañía se deja la vida en todos los espectáculos, pero cuando vamos a Sevilla todos los integrantes se dejan… ¡más todavía! [risas]. Es cierto que tiene… ese color especial.
 
 

 
 
 
– En este y otros muchos títulos transmite la energía de una mujer luchadora. ¿Es María así en la vida real?
– La lucha la hace el trabajo. Continuamente tenemos dificultades, pero ante todo está el compromiso conmigo: con lo que quiero ser y expresar. Estoy comprometida con el mensaje que me gusta transmitir, aunque el artista no solo debe satisfacer su placer, sino también tener en cuenta la comunión con el espectador.
 
– ¿Qué es lo que más le choca de esta profesión?
– La falta de comunicación. Otras artes están más comunicadas. Somos muy individualistas en la profesión, y eso resulta chocante: en este camino andar es difícil y todo el mundo intenta dar lo mejor de sí. Existen las envidias y los malos haceres, como en todos sitios, aunque esos comportamientos son esporádicos.
 
Quizá suene algo negativa esta pregunta, pero… ¿ha imaginado el día de su retirada alguna vez?
– No me sorprende esta cuestión porque es normal que una se la plantee si tiene en cuenta mis 53 años [ríe]. Pero creo que la retirada de los escenarios, en mi caso, no va a existir. Siempre voy a estar ligada al mundo del arte, de la coreografía, del flamenco, al mundo de transmitir lo que se sabe… La única retirada que yo entiendo es el final de la vida. Según mi cuerpo me permita, haré unas cosas u otras, como he hecho estos años atrás. El hecho de tener una compañía te lo permite. Yo no solo enseño pasos, sino también formas de entender, formas de aprender, igual que a mí me las transmitieron.
 
– ¿Hay algún reto artístico que desee o haya querido hacer y aun no ha tenido la oportunidad?
– Ahora que me pongo a pensarlo, he llevado a cabo todo lo que he tenido en mente. Es verdad que se te van ocurriendo muchas ideas, pero no todas puedes ni quieres materializarlas. Uno debe ser un poco selectivo y consecuente con sus actos, teniendo en cuenta también que en esta profesión pesa mucho la supervivencia.
 
 
 
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