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21-11-2013 Versión imprimir

 
 
María Pujalte 


“Actuar es mi forma
de r
elacionarme
con el mundo”


Se considera “una tía normal”, pero nada sería igual en ‘Los misterios de Laura’ sin el sereno hechizo de esta gallega a la que un buen día descubrió Mario Gas. Nada menos
 

ANTONIO FRAGUAS
Reportaje gráfico: Enrique Cidoncha 
A la sombra del Teatro Real de Madrid, el lugar donde suspendió en dos ocasiones las pruebas para entrar en la Real Escuela Superior de Arte Dramático, los ojos de María Pujalte (A Coruña, 1966) vagan por la fachada del edificio que en su día simbolizó una negativa rotunda a su sueño de ser actriz. Pese al doble mazazo, esta luchadora incansable decidió que ningún tribunal le iba a decir a ella si valía o no. Hoy, gracias a una convicción férrea en lo que hace y a sus papeles en Periodistas, Siete vidas y, sobre todo, a la detective Laura Lebrel del Bosque en Los misterios de Laura, es uno de los rostros más conocidos de la televisión en España. Hija de un funcionario y de un ama de casa, desde muy joven se marchó a Santiago a ganarse la vida como dobladora, donde la descubrió Mario Gas. Afincada en Madrid, María Pujalte es una estrella que hace la compra en el mercado de su barrio y que quiere levantarle una estatua a su frutero.
 
 

 
 
 
– Lo primero: ¿qué es un actor?
– Alguien que intenta mostrar a los demás algo del mundo, pero el instrumento es él: la cara, la mirada, la forma en que filtra la realidad, en que crece y madura. La actuación se sitúa en un punto medio entre la observación del mundo de fuera y la introspección, ver de verdad quién eres y aguantarte tus soledades.
 
– ¿De dónde le viene la vocación de actriz?
– Tengo el típico recuerdo haciendo de angelito en el cole con cuatro años y ya entonces me gustó. De adolescente los compañeros de mi padre, de la Agrupación Teatral Coruñesa, hicieron un Arniches y necesitaban una niña. Me fui con ellos de gira. No soy de familia de actores, pero sí de grandes aficionados al teatro. Además mi padre hacía cine amateur con amigos y mi madre adora el canto.
 
– ¿Y qué le hizo intentar vivir de esto?
– Lo mucho que me divierte actuar. Convertirlo en tu profesión es otra historia: aprender un oficio, afinar tu instrumento, la voz, el cuerpo… En 1984 llegaron las televisiones autonómicas y mientras estudiaba BUP me fui preparando para ser actriz de doblaje. Me contrataron en una empresa de Santiago en la que trabajaban muchos actores gallegos. Pero la formación más continuada que hice fue voz, con Jesús Aladrén, él es quien más me ha enseñado de este oficio. Jesús insistía mucho en la respiración y en la relajación. Es fundamental estar relajado en un escenario.
 
 

 
 
 
– ¿Cuál fue su estreno sobre las tablas?
– Me estrené con 21 años. Me había apuntado a un curso al que asistían profesores de Madrid. Hacia 1988 vino Mario Gas a Santiago. El Centro Dramático Gallego le había ofrecido dirigir El playboy de Occidente, de Synge, y necesitaba a gente muy jovencita. Hice el casting y me cogió. Tuve la suerte de estrenarme con él, haciendo un pedazo de obra y un personaje increíble. Luego trabajé en O Moucho Clerc, la mejor compañía que había entonces en Galicia. También hice un curso de cabaret y le dije a María Bouzas: “Oye, ¿por qué no le echamos morro y montamos un espectáculo de cabaret?”. Pensábamos hacer cuatro bolos en un bar con dos duros y un biombo, pero ibas a cualquier aldea de la Costa da Morte y estaba lleno de gente que alucinaba: tú allí con las mallas de lentejuelas y una vaca detrás. Tuvimos éxito y nos acabamos convirtiendo en una compañía

– Al margen de un medio de vida, ¿qué le reporta esta profesión?
– Es mi forma de relacionarme con el mundo. Soy bastante tímida y cuando estás haciendo un personaje no eres tú y puedes hacer lo que quieras. Pero no me gusta nada confundir la ficción con la realidad. Nunca me llevo el personaje a casa. Evidentemente, hay personajes que te remueven, te hacen pensar, confrontarte contigo misma. Eso es sano, pero con límites. Trabajé con una directora argentina, Lía Jelín, que decía: “yo me cago en el proceso traumático”. Hay que saber entrar y salir del personaje.
 
 

 
 
 
– ¿Cambia algo la forma de enfrentarse a un personaje cuando es el protagonista?
Los misterios de Laura es de las pocas series españolas “de personaje”. Estoy en el 90 por ciento de las secuencias, lo que supone un trabajo ingente: seis meses, 11 horas de rodaje de lunes a viernes. Eso te hace pensar: cuidado, que ahora soy un soldado. Me meto en la cama a las nueve y media y me levanto a las seis menos cuarto, tengo que estar todo el día resolviendo secuencias. Es una responsabilidad muy grande y una piensa, ‘Dios mío, ¿no aburriré a las ovejas’? Pero también pienso que me ha tocado a mí y probablemente no me vuelva a tocar en la vida un personaje así.

– ¿Cuándo se estrena la tercera temporada?
– Terminamos de rodarla en junio de 2012 y no sé cuándo la van a estrenar. Es un misterio sin resolver.

– ¿Le parecía improbable protagonizar una serie?
– Sí. Imagínate: cuarenta y pico años, una tía normal… Pero tuve la suerte de que alguien pensó en mí. Es una maravilla que te pase eso.
 
 

 
 
 
– ¿Es muy distinta a eso que transmite en pantalla?
– No sé qué ve la gente en mí, pero una no deja de ser una misma. No se puede cambiar la mirada. Me fijo mucho en los grandes actores: Robert de Niro, Al Pacino… Su impronta está más allá de ellos como actores. Por ejemplo, yo no tengo el físico más adecuado para hacer de Vampirella. Intento ser versátil y he hecho muchos tipos de personajes, pero yo soy yo. Tengo mi cara, mi cuerpo, mi expresión. Y esa energía le llega a la gente y está más allá de una misma.
 
– ¿Se siente querida por la gente?
– La mayoría se acerca a decirte cosas bonitas y yo me he hecho el empeño de hacer vida normal. Tampoco es que yo sea Angelina Jolie. Voy a la compra con mi carro, al mercado de La Cebada [un lugar amenazado por la piqueta municipal]. Por cierto: quiero que conserven ese mercado.
 
– Participó en manifestaciones por el ‘Prestige’ y contra la Guerra de Irak ¿Sigue implicada en problemas sociales?
– Me movilizó mucho el Prestige porque era algo muy personal: mi tierra, mi mar,  haber visto desde niña barcos estrellarse, saber cómo es la seguridad en el mar y lo poco que se hizo en el momento. Ahora vivimos un momento tan raro… No tengo palabras, estoy desconcertada. Te planteas qué hacer, si votar o si no. Hay movilizaciones en Internet o propuestas en el Parlamento, pero, para empezar, creo que no debería ser posible la mayoría absoluta. Hay que cambiar la ley electoral.
 
– ¿Está en punto muerto la producción en España?
– Se está rodando muy poco y además hay series guardadas. No lo entiendo bien. Eso funde a las productoras. Como actriz te reubicas, pero las productoras están formadas por infraestructuras de muchos trabajadores. ¿Cómo mantener a esa gente? Y en el teatro, también; las producciones tienen que ser más baratas pero manteniendo la calidad. El público hace un esfuerzo enorme para ir a ver una obra y, si se aburre, no volverá. El otro día mi frutero Pedro me decía: “María, estamos en un momento como cuando estás en el mar y te arrastra la corriente: hay que nadar fuerte para mantenerse en el mismo sitio”. Me pareció una imagen perfecta.
 
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