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07-01-2014 Versión imprimir

 
 
Ocho y Medio
sigue latiendo


La librería madrileña, uno de templos mundiales de la cinefilia, se sobrepone a la pérdida de Jesús Robles. “Aguantaremos el tirón”, promete María Silveyro
 


ANTONIO FRAGUAS
Reportaje gráfico: Mariè Renard
La historia comienza bajo tierra, casi como en las catacumbas de los primeros cristianos. A principios de los noventa, un antropólogo social aficionado al cine llamado Jesús Robles decide quedarse con el pequeño local de pósters, merchandising y unos pocos libros, situado en los bajos de los cines Alphaville, en Madrid. Son los años de películas como Beltenebros, Delicatessen o Mi Idaho privado. Ese cubículo, en realidad el final de un pasillo separado por un simple cristal frente al aseo de caballeros, empieza a llenarse de libros y a convertirse en un raro santuario para cinéfilos empedernidos. Era también la época en que España por fin cree en sí misma, y muchos de sus ciudadanos buscan abrirse sin complejos a la normalidad, sentirse europeos, cosmopolitas. Por fin el cine en versión original, y también el cine independiente, tenía público. Y para acompañar a ese público había nacido la librería Ocho y Medio.
 
   Para que Jesús diera el paso de comprar el local contó con el apoyo del amor de su vida, María Silveyro. Pronto la tiendecita de los Alphaville (hoy llamados Golem) se quedó pequeña. Decidieron sacar la librería a la calle. Fue también un gesto simbólico: buscaban un público mucho más amplio, una normalización del gusto por el buen cine. Y lo consiguieron. Ocho y Medio se convirtió en lo que querían sus fundadores: un lugar de encuentro donde se recibe con la misma cercanía y familiaridad a grandes estrellas y cineastas que a un chaval despistado en busca de un libro o a alguien que solo quiere tomarse un café.
 
 

 
 
 
   María todavía anda digiriendo la repentina muerte de Jesús, allá por julio. En pocos meses un cáncer de estómago, muy agresivo, se lo llevó con 54 años. “Qué mala suerte he tenido”, dijo Jesús al conocer su enfermedad. “Nos llegaron muchísimas muestras de afecto, también del extranjero: de casi todas las cinematecas, de México, Cuba, Argentina… Pero yo no he leído casi nada de lo publicado sobre Jesús. No podía. Todo está guardado, eso sí”, cuenta María desde un sofá de la librería, flanqueada por Lucas, un perrillo con mucha personalidad y que es considerado un miembro más del equipo. O de la familia, que, en el caso de Ocho y Medio, son la misma cosa.
 
   La librería no se ha parado. Con la ayuda de su hija, Begoña, María está “aguantando el tirón”. “Mi hija tiene muchas ideas y me ayuda. Está siendo un puntal todo este tiempo. Era fundamental que esto siguiera como si nada: con las sesiones de oficios de cine, clases de guion, presentaciones, eventos, monólogos, encuentros con la Escuela de Cine, música… Ya estamos abriendo todo el día, algo que llevábamos intentando dos años. Es lo que quería Jesús”. Además volverá el blog El cine también se lee, que teóricamente escribe el perro Lucas desde su sofá favorito, pero que en realidad redactaban a cuatro manos Jesús y María. Y hay algún proyecto más que ronda la cabeza de María: un selecto mercadillo de ropa de segunda mano.
 
 

 
 
 
Un ‘gatopardo’ romano
Buena parte de los muebles y objetos que pueblan la librería provienen de casa de los Robles Silveyro. “Al fin y al cabo aquí pasamos la mayor parte del tiempo, así que queríamos estar a gusto y que también estuviera a gusto la gente que viene. Todos los cuadros los hemos colgado nosotros. Ha sido una cosa que ha ido naciendo. De hecho ya no tenemos paredes para nada más”. Casi cada cosa que se exhibe tiene una historia detrás: la historia de un encuentro. De entre todos los objetos, María elige un pequeño gato plateado colocado discretamente sobre un escritorio. “Es por El gatopardo. Lo compré en una tiendecita de Roma. Yo estaba con Jesús, pero me metí en la tienda, lo compré y luego se lo regalé. Le tengo un cariño especial”.
 
   Roma. Ésa es una de las claves de Ocho y medio. No solo por la película de Fellini. “Siempre nos gustó mucho. Vas caminando y siempre te encuentras una maravilla. En todos los viajes íbamos a Vía Margutta, a ver la casa donde vivía Fellini. Fíjate qué tontería, porque ya la conocíamos”. Hay un toque de inconsciente elegancia italiana en todo el local y algunos guiños, como la pequeña nevera de cerveza Peroni, uno de los iconos modernos de la capital italiana.
 
 

 
 
 
   María responde a las preguntas de ACTÚA con el último trabajo de Álex de la Iglesia, Las brujas de Zugarramurdi, aún fresco en la memoria: una película dedicada a Jesús en la que el librero hace su último cameo. Ahora ella sabe que le toca hacer un poco de Jesús. O sea: lanzarse a las relaciones públicas, a las redes sociales... “Twitter no lo uso nada, y quizá debería. Aunque la cuenta de la librería y el Facebook no han dejado de funcionar. Eso sí: el Twitter personal de Jesús era el que realmente daba caña. Además me cuesta un montón dar entrevistas o hablar en la radio y casi no voy a estrenos. Ahora a lo mejor empiezo a ir un poco más. Me viene bien a mí, para no estar sola, y también le viene bien a la librería. Pero en realidad a mí me gusta ir al cine a las cuatro de la tarde y entre semana”.
 
   A María lo que más le gusta es el trato con la gente. “Sobre todo he aprendido a saber cómo son las personas. Es curioso. Hace tiempo que no atiendo al público, pero me gusta mucho enseñar libros. En cambio lo que es vender, eso no me gusta tanto. Prefiero orientar a la gente, ayudarles”. Esa es otra de las señas de identidad de Ocho y Medio: no son vendedores, no les interesa la mera transacción comercial. De hecho María rechazó el ofrecimiento de grandes editoriales para que entre los títulos de cine también incluyeran best-sellers generalistas. Además se negaron a hacer una franquicia de tiendas Ocho y Medio. ¿Cómo hacerlo, si esta tienda es la lenta decantación de la vida de dos personas? Es algo vivo e irreproducible y María es consciente de ello.
 
 

 
 
 
   Es verdad que Ocho y Medio ha sido reconocida como una de las mejores librerías especializadas del mundo, con un fondo de unos 15.000 ejemplares. Además es una editorial, una cafetería y otra pequeña librería adyacente (con libros de otras temáticas) llamada El Gatopardo. También es verdad que está llena de regalos dedicados a sus dueños por grandes nombres del cine: autógrafos, dibujos, fotos, carteles, objetos de atrezzo originales, vestuario… Cualquier mitómano podría sentirse abrumado al entrar allí. Pero Ocho y Medio, antes que nada, es la sala de estar de Jesús y María. Gente cercana, que ha sabido resistirse a la fatuidad y a las ínfulas. Han sobrevivido siendo humildes en un mundo lleno de egocentrismo y competitividad. ¿La clave? “Siempre hemos estado en tierra de nadie. No éramos de nadie y seguimos sin ser de nadie. Somos una librería y no somos más”. Son mucho más, pero María nunca lo reconocerá.
 
 
 
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