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23-12-2016 Versión imprimir

 
 
Mariam Hernández


 
“Mi trabajo se lo debo a los buenos cortometrajes”



El arte dramático llegó por casualidad y el trabajo, con perseverancia. Cuando actuar es el sueño, los madrugones son el regalo. Un maratón al día



FRANCISCO PASTOR
Reportaje gráfico: Enrique Cidoncha
Mariam Hernández (Fuerteventura, 1983) pide ayuda para lograr ponerse seria y dejar de reír. Mientras posa inquieta ante una cámara de fotografía, a las puertas de la productora DiagonalTV, anota que son los focos quienes le apartan de vestir, todo el día, en chándal. Hace dos años, su pasión por el deporte llevó al autor y humorista Javier Veiga a improvisar un personaje para ella en Gym Tony, la comedia con la que la actriz ya conoció el trabajo de las series diarias. En Amar es para siempre, la ficción para la que se levanta cada día a las cinco de la mañana, esta intérprete dice estar aprendiendo como nunca.
 
 

 
 
 
   “Desde que empecé aquí, en agosto, memorizo el texto cada vez más rápido. Tenemos que estudiar una cantidad enorme de secuencias. Grabamos en dos tomas, así que hay que conocer los diálogos a la perfección. Algunos son muy difíciles y cuentan con una gran carga dramática. Me concentro en un segundo: dan el acción y me toca estar en el personaje y en la situación. Y no puedo darlo todo en la primera secuencia, porque me queda todo un día por delante”, resume la artista, ya sentada en su camerino. Un ayudante de producción le recuerda que el equipo de peluquería lleva un buen rato buscándola. Aunque ese día a Hernández no le toca, cada tres semanas se perfila el corte de pelo y se repasa el tinte de los actores.


Minifaldas franquistas
Henar Pacheco, la joven a la que la intérprete encarna en la ficción, fuma, bebe, viste minifalda y conduce una motocicleta. En los años sesenta, cuando la dictadura de Franco estaba en plena forma, se la intuye más moderna de la cuenta. Es algo en lo que Hernández se despega del personaje. “Me siento actual, a secas; y afortunada, porque trabajo en lo que me gusta. Sí me sentí algo adelantada a mi tiempo cuando salí de mi isla para estudiar Comunicación Audiovisual. Y recuerdo contarle a mis padres que me iba a Cambridge a estudiar inglés. Me preguntaban cómo se me ocurría tirar así un año entero. ¡Lo veían como una pérdida de tiempo!”, recuerda la actriz. Fue un cartel en el metro de Madrid, de la escuela de actores TAI, el que la llevó a un curso de interpretación por las tardes. Y a dejar, dos años después, la licenciatura por la que había viajado hasta la capital.
 
 

 
 
 
   “Cuando salí de Cristina Rota [la academia en la que la intérprete continuó sus estudios de arte dramático, ya a jornada completa] me di cuenta de que me había metido en un lío. No sabía si me iba poder dedicar a esto toda la vida. Pero me tira mucho más lo feliz que soy cuando estoy trabajando”, cuenta Hernández. Firmar un contrato para una temporada entera, como ha sucedido con Amar es para siempre, “y en una ficción que lleva doce años de recorrido, y que sabemos que no va a caer de un día para otro” es, según la artista, “un verdadero lujo”. La actriz recuerda aquella Plaza de España cuyo rodaje se detuvo, incluso, antes de que la serie se llegara a emitir. Ya se sabe: solo uno de cada doce intérpretes vive de su trabajo, según el reciente estudio divulgado por AISGE.


De ‘choni’ en ‘choni’
Antes de actuar para Borja Cobeaga en No controles (2010), Hernández ya había conquistado el mundo del cortometraje gracias al Notodofilmfest. Premiada allí como mejor película de ficción fue Tía, no te saltes el eje (2006), en la que la artista interpreta a la Vane, una chica de barrio experta en realización audiovisual. Gracias a aquella pieza fue reclamada en La tira, serie en la que encarnó a la cajera de un supermercado; en aquella ocasión, también algo choni. “Ojalá me encasillen”, reflexiona hoy la actriz, con respecto a la coincidencia entre aquellos dos personajes, “si eso vale para que trabaje toda la vida. Encasillarme es lo último en lo que pensaba cuando me llamaron. De Globomedia, nada menos”.
 
 

 
 
 
   Después de pasar por Cuestión de sexo, una de las grandes apuestas con las que el canal Cuatro se presentó al público, Hernández siguió encontrando tiempo para las ficciones breves. Doble check (2012), en el que la intérprete actuó junto a Miki Esparbé, alcanzó el millón de reproducciones en poco tiempo. “Es muy difícil hacer buenos cortometrajes, y son a los que le debo mi trabajo. A diferencia de lo que ocurría en otros festivales, en el Notodofilmfest nos podíamos presentar sin dinero y sin apenas medios. Aún hoy me reconocen por aquellas dos piezas”, reflexiona la actriz.
 
   Tras presentar el largometraje Vientos de La Habana (2016), con el que viajó hasta Cuba, Hernández espera el estreno de En zona hostil y Noctem, dos cintas de acción y terror, respectivamente. “Casi siempre me ha tocado hacer comedia”, comenta, “por lo que me he divertido mucho. Quienes decidimos ser actores, en realidad, queremos vivir muchas vidas a la vez. Pero me queda pendiente un buen drama social, eso sí”. Ya estuvo alejado del humor el paso de la intérprete por los Seis puntos sobre Emma (2011) de Roberto Pérez Toledo, junto a Álex García y Verónica Echegui.
 
 

 
 
 
   “No existen proyectos grandes ni pequeños. Todo depende de la historia y del personaje. Que me ilusione solo depende de ello, y defiendo mi papel a muerte”, anota Hernández. Al calor todavía de las nominaciones a los Goya, en las tertulias se habla de 2016 como un buen año para el cine español. Y la pequeña pantalla, agrega la actriz, también está al alza: “Esa nueva ficción que han traído los canales de pago ya está aquí, y eso es maravilloso. No es un futuro, es un presente”. La artista apunta al trabajo de Javier Cámara, a las órdenes de Paolo Sorrentino, en The young pope, para HBO. Mientras, Netflix prepara Las chicas del cable, su primera serie original para España, junto a Nadia de Santiago, Blanca Suárez o Maggie Civantos.
 
 

 
 
 
   Con todo, la intérprete recuerda que en nuestro país aún hay grandes inversiones que se pierden en la distribución. “Deberíamos tener una cuota de pantalla, como en Francia, y exigir a las salas que muestren cine español. También es importante que en los presupuestos de un largometraje se contemplen los fondos para publicidad. Muchas películas pasan inadvertidas. Yo misma estoy en el gremio y, aun así, algunas obras se me escapan. Es una pena, porque son proyectos detrás de los que hay mucha gente y mucho trabajo”, anota esta actriz, tras más de diez años de carrera. 
 
   A Hernández aún le quedan algunas horas de rodaje antes de llegar a casa y estudiar los diálogos del día siguiente. La intérprete sonríe al mencionar un detalle curioso: tanto la antigua ministra de Cultura Ángeles González-Sinde como la portavoz de la Asociación de Mujeres Cineastas, Virginia Yagüe, se encuentran en el equipo de guionistas. “Creo que la industria está dejando el machismo, pero muy lentamente. Vemos actores de 50 años emparejados, en la ficción, con pibones de 20. Muchos personajes femeninos acompañan al hombre, en lugar de contar con su propio arco”, reflexiona la actriz, mientras las llamadas a peluquería se agolpan, de nuevo, en su puerta. En la España de Franco, ninguna mujer se deja ver despeinada.
 
23-12-2016 Versión imprimir
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