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MARINA SALAS
“Me habría encantado ser vecina
 de Shakespere en la época isabelina”
 

“El esfuerzo es el puente entre la realidad y los sueños”, anota esta joven catalana, que nació en Cornellà de Llobregat a finales de 1988. Al repasar su currículo, tan amplio como exitoso, es inevitable deducir que le queda mucha guerra por dar. La película Sin ti, donde encarnaba a la hija mayor de una Ana Fernández que quedaba ciega, le brindó un envidiable debut. Retrocedió hasta el Siglo de Oro para asistir a una lujosa fiesta en Lope, cuyo reparto encabezaron grandes nombres del panorama interpretativo, y The Pelayos le enseñó a desvalijar casinos con un método infalible. Pero el gran público la conoció gracias a 3 metros sobre el cielo y Tengo ganas de ti, las versiones cinematográficas de esas novelas románticas rubricadas por Federico Moccia. En ambas entregas, que batieron récords de taquilla, intentaba que su modosita amiga Babi (María Valverde) permaneciese junto al rebelde H. (Mario Casas).
 
Más prolífica es su carrera televisiva. La serie El cor de la ciutat, que TV3 emitió durante nueve temporadas, la fichó para acosar a una compañera de instituto. Cambió de registro tras lograr un papel fijo en la telenovela Mar de fons, pues daba vida a una entrañable adolescente de familia rica que acababa enamorándose de un soldado raso. La intrigante Desaparecida, con Carlos Hipólito y Luisa Martín al frente, le permitió conocer la ficción nacional. Pero los guionistas no se lo pusieron nada fácil: pasó toda la grabación culpándose por el secuestro de su prima, Patricia Marcos, que finalmente aparecía asesinada. No imaginaba entonces que en El comisario le tocaría ser víctima de un desalmado traficante serbio, cuyos secuaces llegaban a cortarle el dedo meñique sin vacilar. Su cara de niña buena no le impidió interpretar a la más traviesa de Hay alguien ahí ni hacer frente a las fuerzas del mal que poblaban Ángel o demonio. Fernando Colomo le concedió después el personaje de Rebeca, líder de las siete alumnas que decidieron quedarse embarazadas simultáneamente en el telefilme El pacto. Pasó por Las chicas de oro como nieta de la mismísima Carmen Maura y llegó a Hospital Central acompañando a Macarena García, actriz revelación de los últimos Goya, que necesitaba un trasplante de riñón. Para El barco hizo de chica dura y feminista que, sin embargo, descubría el amor y la maternidad. Aquella labor a bordo del buque Estrella Polar fue tan celebrada que surgieron hasta tres grupos de seguidores diferentes.
 
Lluis Homar, a quien conoció mientras rodaba The Pelayos, fue artífice de su bautismo teatral. Sobre las tablas del María Guerrero alternó cuatro de los personajes con que se encontraba el poeta Max Estrella en la noche de Luces de bohemia, emblemática tragicomedia valleinclanesca que critica abiertamente la sociedad española. “Es el trabajo más difícil que hecho y al que más miedo he tenido. Fue un proceso de no dormir, pero mereció la pena porque me cambió la vida”, dice. Otro grande, Daniel Veronese, la esperaba con los brazos abiertos el pasado otoño. Sufrió la cadena de amores no correspondidos de Los hijos se han dormido, la adaptación que el argentino hizo de La gaviota, en la que pretendía ser una actriz de éxito y rechazaba a un fracasado Pablo Rivero. El cortometraje tampoco le es ajeno: su propia representante dirigió Cuernos, la historia de un chico que desea averiguar si sus exnovias fueron infieles, y ahora tiene pendiente de estreno Sexo explícito.
 
RUBÉN DEL PALACIO
¿Recuerda el momento concreto en que quiso ser actriz, y por qué?
− De pequeña ya decía sin parar que quería dedicarme a esto. Con trece años tuve un accidente y, a partir de entonces, me matriculé en una escuela de teatro los fines de semana.
 
− ¿Quién fue el primer amigo/a al que se lo contó, y qué le dijo?
− No lo recuerdo muy bien. Creo que a Anna, una buena amiga del colegio.
 
Si el teléfono dejara de sonar, y ojalá que no, ¿a qué cree que se dedicaría?
− Generaría proyectos en compañía de amigos con los que comulgo personal y artísticamente. O trabajaría en algo que me permitiese viajar.
 
− ¿En qué momento de qué rodaje pensó: “¡Madre mía, en qué lío me he metido!”?
− ¡Siempre pienso eso en los estrenos!
 
− ¿Cuál considera que es el principal problema de nuestro celuloide, si es que ve alguno?
− Tengo la sensación de que nos distanciamos del cine español, hablamos de él como si fuera algo lejano, cuando somos nosotros quienes lo integramos. Hay factores que por ignorancia se me escapan, pero nos falta responsabilidad y creación de valor: no sabemos gestionar la envidia o el miedo ni explotar nuestro gran potencial. Si nos comparamos con otros, somos un país ‘joven’ en el sector, que además está sostenido económicamente por esferas ajenas a la cultura.
 
− ¿Se le ocurre alguna solución imaginativa para paliarlo?
− Organizaría encuentros internacionales y, en el ámbito español, diálogos entre expertos de la industria y políticos. ¡Cada mes! [Risas]
 
− ¿A quién le devolvería antes la llamada, a Steven Spielberg o a Woody Allen?
− A Spielberg: siempre habla de temas que me gustan mucho. ¡Pero a Allen tampoco le diría que no! [Risas]
 
− ¿Cuál fue el primer intérprete que le conmovió?
− No tengo presente ningún actor, pero sí algunas cintas. Mi padre nos ponía Un lugar en el mundo cada Navidad, Viven me mató y El club de los poetas muertos es inolvidable.
 
¿Qué frase de película le gusta aplicar como leit motiv personal?
− “Always look on the bright side of life”. Es el título del famoso tema que Monty Python cantan en La vida de Brian.
 
− ¿Qué largometraje ha visto tantas veces que se sabe los diálogos completos de alguna escena?
El niño, de los hermanos Dardenne, y Mary Poppins.
 
− ¿Le gusta volver a verse en los filmes o series en los que ha participado?
− No acostumbro a hacerlo. Aunque supongo que estaría bien para aprender, al final siempre prefiero invertir mi tiempo en cualquier otra cosa.
 
− ¿Cuál fue el última película que no fue capaz de ver hasta el final?
Los amantes del Pont-Neuf, dirigida por Leos Carax: me agarró demasiado y tuve que pararla.
 
¿Cuál es el primer consejo que le ha dado alguien cercano –ya sea del ámbito profesional o personal– para ejercer mejor la interpretación?
− “Disfruta”.
 
− ¿Intuitiva o metódica? ¿En qué porcentaje?
− Mitad y mitad, una cosa no resulta sin la otra.
 
− ¿Qué canción o canciones escogería para ponerle banda sonora al momento actual de su vida?
− Ahora mismo estoy con Sweet Disposition, de The Temper Trap; I want to break free, de Queen; Carmensita, de Devendra Banhart; y Misread, de Kings of Convenience.
 
− Adelántenos, aprovechando que no nos escucha nadie… ¿Cuál es el próximo trabajo que se va a traer entre manos?
− Ya he empezado la gira de Los hijos se han dormido, una versión de La gaviota que dirige Daniel Veronese.
 
− ¿Qué le gustaría hacer dentro de cinco minutos?
Coger un avión.
 
− ¿Y dentro de cinco años?
− Hablar inglés como si fuera mi lengua materna. [Risas] ¡Es que acabo de hacer una inmersión en Londres! 
 
− ¿En qué otra época de la historia le gustaría haber nacido?
− Me habría encantado ser vecina de Shakespeare en la época isabelina.
 
Díganos qué le parece más reseñable de AISGE (si es que hay algo) y en qué aspecto le gustaría que mejorásemos (si es que hay alguno).
− Estoy encantada porque todo lo que proporciona AISGE son beneficios: la defensa de los derechos de imagen, su recaudación, los cursos de formación a precios razonables, la ayuda a profesionales en situaciones difíciles… ¡Gracias!
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