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29-05-2013 Versión imprimir

 

MARTA LARRALDE

“Llevo mejor las críticas que los elogios”


La gallega se puso ante la cámara por casualidad. Una década   le ha bastado para convertirse en rostro habitual de nuestro cine


HÉCTOR ÁLVAREZ JIMÉNEZ
Reportaje gráfico: Enrique Cidoncha 
Llega a la cita montada en esa sempiterna bicicleta que lleva consigo incluso a los photocalls. Ha salido agotada de la escuela de Juan Carlos Corazza, donde estudia el cuarto y último curso, pero guarda energía para su clase de swing vespertina. “Jamás he tenido sensación de monotonía porque intento exprimir cada segundo. Si no hay demasiado curro, me apunto a danza del vientre, capoeira o salgo a correr. No me quedo deprimida en casa”, exclama.

   Larralde empezó la casa por el tejado hace doce años, como protagonista casi absoluta del largometraje Lena. Desde entonces ha aparecido en otros trece, coronados por Mar adentro y El penalti más largo del mundo, aunque parece abonada a los títulos independientes. Eso no le ha impedido codearse con Juan Luis Galiardo, Marisa Paredes o Eduard Fernández, para los que solo tiene buenas palabras: “A su lado, más que miedo, siento tranquilidad”.

   En más de una ocasión ha demostrado que es amante de los retos. León y olvido, la primera película encabezada por un actor con síndrome de Down, fue su trampolín. Y levantó a base de improvisación tanto 4.000 euros como Dos miradas. Ahora arrasa en televisión con la serie de época Gran Hotel, donde encarna a Belén, una ambiciosa criada sometida a las vejaciones de Concha Velasco y Adriana Ozores. Y aunque la cuarta temporada la mantendrá ocupada hasta el verano, tiene ganas de estrenarse como directora escénica con Vestuario, un montaje para el madrileño Microteatro por Dinero. 

 

– ¿Cómo aterrizó en ‘Lena’, aquel sonado debut?
– En el instituto representé teatro. Después, cuando estudiaba Imagen y Sonido, me ofrecía a protagonizar los cortos de mis compañeros porque nadie quería. Nunca había soñado con ser actriz, pero un profesor me confesó que no se me daba mal. Fueron a grabar a Vigo y mi padre me avisó. Yo solo quería ver cómo se hace cine, estar en un rodaje. Los de casting decían: “No nos cuentes historias y danos tu perfil derecho”. Cuando salí de la última prueba les rogué que, al menos, me tuviesen de meritoria...

– Varios premios, presentación en el Festival de San Sebastián... ¿Cómo lo vivió?
– El rodaje fue gozoso porque me lo tomé como un juego: ellos me habían elegido a mí, no era algo que yo hubiese perseguido y actué sin presión. ¡Hasta lloraba de felicidad por las noches! Pero siempre he tenido los pies en el suelo, no me he creído demasiado las cosas. Es más, llevo mejor las críticas que los elogios, pues soy muy autoexigente. Me cuesta creer que puedo hacer bien las cosas y me intereso más por lo que hago mal.

– Usted iba para directora y ayudó a Fernando León de Aranoa en ‘Los lunes al sol’. ¿Cómo lo recuerda?
– ¡Fue increíble! Cada mañana pasaba a recogerle y, aunque es altísimo, se subía encantado a mi Renault 5 [Risas]. Incluso dejó que me fotocopiase el storyboard que él dibujaba. Aprendí de su perfeccionismo: él no desistía hasta que no lograba lo que quería. Y me sorprendió que Javier Bardem o Luis Tosar, pese a ser grandes intérpretes, también lo pasaran mal.

– ¿Tiene muchos miedos a la hora de actuar?
– Soy muy insegura, pero aún más instintiva, así que acabo lanzándome. A mis compañeros de Gran Hotel les pregunto cómo me ven en cada secuencia y se extrañan porque parezco decidida. Me hace falta un poco más de cabeza, no todo se resuelve a base de emoción.

 

– A menudo ha encarnado a chicas endurecidas por la vida.
– Tengo mucho temperamento, igual se lo contagio a mis personajes. Y como soy muy dramática, me gusta que vivan circunstancias jodidas: esos conflictos les hacen más interesantes. Además, pasarlo mal con ellos me permite sacar cosas de mi interior, hacer limpieza.

– ¿Tanto se mete en sus papeles?
– Algunos directores me llaman La Intensa o La Stanislavski por mi manera de trabajar. Me implico a fondo y el dolor que siento a veces es placentero. ¡Sufro con gusto, no sé si es masoquismo! [Risas]

– En los cortometrajes ‘Reencuentro’ y ‘Pornobrujas’ era maltratada por hombres. ¿Le interesa especialmente ese tema?
– Es un problema que sigue existiendo y, si lo contamos, sus víctimas se sienten menos solas. Mi violación en Pornobrujas era algo que debía hacer por todas las mujeres que han padecido abusos. Mi último título, No hace falta que me lo digas, puede ayudar a arrojar luz sobre otra violencia de la que no tenemos tanta información: la de padres a hijos.

– Ha entregado su talento, sin cobrar, en producciones de bajo presupuesto. ¿Agota actuar por amor al arte?
– Disfruto tanto con este oficio que de momento no me canso. Eso no significa que lo haga todo gratis: me gusta vivir en una casa, encontrar comida en la nevera…  ¡Voy subsistiendo! No tengo hipoteca ni coche, mi única joya es una bicicleta. Quisiera comer de esto toda la vida, , pero no se me caerán los anillos por volver a ser camarera, animadora o profesora de teatro para niños. ¡Más sufren los mineros! Afortunadamente, ahora cobro una nómina, pero Gran Hotel se terminará. 

 

– Ya ha protagonizado ‘Dos miradas’ en Chile, ‘La velocidad funde el olvido’ en Argentina y ‘Onde está a felicidade?’ en Brasil. ¿Y Hollywood?
– ¡No me tienta nada! Estuve en Los Ángeles visitando a un amigo, pero no me sentí cómoda: el coche es necesario para todo y apenas se puede caminar. Aunque si me llaman, por supuesto que iría. De hecho, ya participé en un vídeo publicitario de la diseñadora Tarina Tarantino, otra vez por casualidad: el director buscaba a alguien que llevase la pértiga y acabó creando un papel para mí cuando supo que era actriz. Pude trabajar ante el emblemático letrero de Hollywood e incluso me pagó.

– ¿Ha sufrido algún percance?
– Algún tortazo me he llevado en Gran Hotel. Como soy una cabra loca, le dije a un compañero que me pegase sin cortarse. Y lo hizo. El susto que me llevé me afectó tanto que acabé vomitando. Eso sí, la toma quedó de puta madre. ¡Todo sea por el arte! [Risas]

– ¿No le dio reparo aparecer dentro de un ataúd en el cortometraje ‘Il mondo mio’?
– ¡Sí! De hecho, cuando me metieron, enseguida me puse a llorar. Más divertida fue la anécdota que viví durante un descanso: se me ocurrió pasear, vestida y maquillada de blanco, por un altillo del cementerio desde el que se veía la carretera. Los conductores paraban brevemente, me miraban y arrancaban a toda velocidad, asustados. ¡Creían que era una muerta!

– ¿Por qué decidió jugarse sus ahorros como productora teatral con ‘El color de agosto’?
– No pretendía ganar dinero, sino disfrutar en el escenario. Es más, no obtuve beneficios, pero levanté el telón del Arlequín. Leí el texto por primera vez con 17 años y ya me impactó su reflexión sobre lo que es triunfar en la vida. Hoy solo nos importa llegar a lo más alto y acumular riqueza, aunque estemos solos y seamos infelices. Cuando dicen que tengo un montón de éxito me pregunto: “¿Solo por estar en una serie? ¡Igual estaría mejor haciendo una historia pequeña que me apasione!”.

– ¿Cuál es su mayor sueño?
– Una película de acción que requiera una gran preparación física. Me encantaría ser la típica guerrera que salta por los tejados, da volteretas, hace kung-fu y corta cabezas de hombres. [Risas] ¡Soy tan salvaje como la Lara Croft de Tom Raider o la Pris de Blade Runner!
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