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29-01-2019


El cetro de los CEC

se lo queda ‘El reino’

 


Antonio de la Torre y Luis Zahera triunfan con la arrolladora película de Sorogoyen, mientras que Lola Dueñas y Anna Castillo hacen doblete para ‘Viaje al cuarto de una madre’


 

Eva Llorach (‘Quién te cantará’) y Jesús Vidal (‘Campeones’), medallas a los actores revelación en Esta edición número 74


FERNANDO NEIRA

REPORTAJE GRÁFICO: ENRIQUE CIDONCHA

Una sala de cine para entregar unos premios de cine. Parece que tiene su lógica, pero no sucede nunca. Solo en las Medallas del Círculo de Escritores Cinematográficos (CEC), que este lunes 28 de enero vivieron en el madrileño Palacio de la Prensa su entrega 74, porque a partir de ciertas cifras la referencia ordinal, septuagésimo cuarta, bordea casi la condición de trabalenguas. Ahí, frente a la pantalla grande y entre butacas de las que ya casi no quedan, los críticos de la entidad más añeja e histórica certificaron la buena estrella de dos películas arrolladoras, El reino y Viaje al cuarto de una madre. Ambas acapararon las categorías principales y las de interpretación principal y secundaria, con los respectivos dobletes de Antonio de la Torre y Luis Zahera, por un lado, y Lola Dueñas y Anna Castillo, por el otro. Y solo hicieron hueco a otras cintas para los actores revelación, méritos que se anotaron Eva Llorach (Quién te cantará) y Jesús Vidal, el baloncestista hipocondriaco de Campeones.

 

   El CEC prescinde del glamour, pero al cambio presume con todos los honores de solera. No hubo en los cines de la plaza del Callao ni rastro de la parafernalia de otros eventos de naturaleza similar: nada de alfombras rojas, un photocall sin grandes apreturas, vestuarios arreglados pero informales y ausencia de proyecciones, música, actuaciones de relleno y demás fanfarrias sobre el escenario. Tan solo una insólita pareja de presentadores, la jovencísima Sandra Escacena (17 años, Verónica) y el siempre mordaz Santi Alverú, columnista semanal en la página web de AISGE y, un año atrás, finalista a todo y ganador de nada con su papel hegemónico en Selfie. Ambos sacaron punta a esa singularidad “de andar por casa” de unos galardones históricos que no miden su prestigio. “¡Por fin una gala que no le importa a nadie!”, se carcajeó Alverú. “Podemos decir cualquier cosa, como ‘pene’, ‘Cataluña’ o ‘Cayetana Guillén Cuervo me pone’, sin que pase nada…”. Minutos antes, el también promotor de los alternativos Premios Yago ya había movido a las risas con la supuesta avalancha de peticiones para albergar el evento. “Al final nos hemos quedado en Madrid, pero no habrá sido por falta de ofertas. Teníamos a nuestra entera disposición el abrevadero de Socuéllamos”.

 

   Era broma, claro, pero lo gracioso es que de aquella población ciudadrealeña es original uno de los homenajeados de la velada, el crítico Oti Rodríguez Marchante, que se llevó la medalla honorífica a la Labor Periodística por sus tres décadas largas de magisterio a través de las páginas de ABC. También hubo aplausos conocidos de antemano para Juan José Daza del Castillo, reconocimiento a la Labor Literaria por, entre otras cosas, la ingente tarea que le ha supuesto dar forma a 75 años de estrenos de cine en Madrid, que anda ya por el quinto tomo. Y a Paola García Costas, premio de Solidaridad por su documental Todos los caminos, con el que denuncia la pasividad de las administraciones y la industria farmacéutica a la hora de plantarle cara a las enfermedades raras.



Sorogoyen habló en nombre de los dos actores galardonados por su cinta, De la Torre y Zahera, ambos ausentes en la ceremonia 


   Todos esos eran galardones anunciados, en sentido literal. En sentido figurado, también se vio pronto que El reino, la disección de Rodrigo Sorogoyen a la España de las tramas políticas corruptas, iba a figurar en todos los sobres de ganadores. Hasta seis veces resonó el título de esta cinta en la sala grande del cine madrileño, coronada en las categorías de mejor película, director, guion (Isabel Peña y el propio Sorogoyen), montaje (Alberto del Campo) y actores principal y secundario.

 

   Ninguno de los dos pudo personarse en la entrega, pero en ambos casos hicieron llegar sus mensajes de agradecimiento. Antonio de la Torre quiso acordarse de las primeras directoras que confiaron en él para sus películas, circunstancia que le llevó a dedicarle la Medalla a la memoria su madre (“porque ella me enseñó a amar”) y a advertir: “La revolución, o será feminista o no será”. El gallego Luis Zahera, convaleciente por culpa de una pequeña operación, se decantó por una fórmula bidireccional de agradecimiento: “Me alegra el corazón recibir este premio. Y es a eso a lo que nos dedicamos nosotros los actores, a alegrar los corazones…”.



Celia Rico y Anna Castillo recogieron la distinción de mejor actriz protagonista para Lola Dueñas

   

   Su homóloga en el cuadro femenino, Anna Castillo, sí se encontraba entre los asistentes en el Palacio de la Prensa cuando la presentadora la confirmó como mejor actriz de reparto de la temporada. Fue el primer reconocimiento para Viaje al cuarto de una madre, cuya realizadora, Celia Rico Clavellino, también se llevó el trofeo en el apartado de dirección novel. Castillo le dedicó sus mejores palabras a ella, “por escribir una oda a un amor sencillo, hondo y profundo, y por abrirme las puertas de su casa, en sentido literal y figurado”. “Ojalá sigas escribiendo muchos años”, exclamó Anna a la cineasta sevillana. La progenitora de Castillo en esta ficción, Lola Dueñas, no pudo recoger en persona el galardón, así que la propia Anna se encargó de dedicárselo en su nombre “a la madre de Celia, que fue para la película su profesora de costura y de otras muchas cosas”.



Jesús Vidal sobresalió de entre el meritorio elenco de 'Campeones' con su Medalla a actor revelación, que recibió de manos de Emilio Gutiérrez Caba


Para Eva Llorach fue un orgullo que Gutiérrez Caba le entregase la Medalla de actriz revelación gracias a 'Quién te cantará'


   Jesús Vidal, mejor actor revelación, consiguió el único hueco en el palmarés para Campeones, que partía con ocho nominaciones pero se vio orillada por el apogeo de El reino. El pintoresco baloncestista a las órdenes de Javier Gutiérrez agradeció un premio que entendió “a la calidad artística y a la diversidad, que es tan necesaria en el cine y en la vida”, y se lo dedicó a sus nueve compañeros de reparto, “a Javier Fesser, que me ha hecho crecer como actor y persona, y a mis queridos padres”. Eva Llorach certificó la gran racha que le ha proporcionado Quién te cantará, un papel con el que ya besó sendos trofeos en los Forqué y los Feroz. “Hoy estoy sobria, lo juro”, se guaseó, “y quiero seguir trabajando contigo. Dame más oportunidades, Carlos [Vermut]. ¡Y olé tú, Natalia [de Molina]!”.

 

   Sorogoyen quiso sumarse en una de sus alocuciones desde el escenario a los parabienes para Vermut, al que presentó como “el gran director de este país, el más visionario”. Y quiso hacer extensivos los piropos a Javier Fesser, responsable de Campeones, “y al que admiro muchísimo, por lo que he estado diciendo muchas bondades de él hace poco en una entrevista”. Sorogoyen sugirió la posibilidad de “irnos de fiesta por Madrid, aunque sea lunes”. No consta que tal circunstancia acabara produciéndose, pero ese sí que habría sido un deslumbrante triángulo de talento.



“¡A querernos todos mucho!”, proclama Pilar Bardem, emocionada con su Medalla de Honor


Pilar Bardem cuida con celo su “mala salud de hierro” y dosifica al máximo las apariciones públicas, pero se mostró encantada de hacer una excepción al saber que el Círculo de Escritores Cinematográficos le concedía la Medalla de Honor por el conjunto de su trayectoria artística, abrumadora tanto en televisión como en teatro y, en las últimas décadas, también en cine. No dejaba de ser para ella un galardón familiar, sino también entrañable. “Siendo yo muy joven asistí a una gala en que le daban el CEC a mi hermano. Muchos años después acompañé a mi hijo Javier, y nos quedamos luego los dos a ver la película que proyectaban. Resultó ser Fargo, de los Coen, con los que Javier luego rodaría el papel por el que le dieron el Óscar”. Y avisó: “El apellido Bardem está unido al CEC… ¡y aún quedan muchos Bardem para seguir recogiendo premios!”.

 

La Bardem (“trabajadora incansable y mujer cañera y comprometida con sus ideas”, en atinada definición de los organizadores) tuvo recuerdos emocionados tanto para sus padres como para sus hijos. A los primeros, Rafael y Matilde, les agradeció que hubieran tenido “la feliz idea” de concebirla tras el fallecimiento de una primera hija Pilar. “La anterior era guapa, yo les salí simpática”, resumió. A los segundos se refirió como “mi motor y mi vida”. Y se sinceró, casi al borde de las lágrimas: “Por ellos me pongo una máquina para vivir más y seguir más tiempo junto a ellos”. En un tono ya mucho más jocoso, quiso incorporar a esa nómina de agradecimientos “a todos los ex que han pasado por mi vida. Y que han sido muchos, hombres y mujeres”.

 

Bardem avisó de que no creía “en las casualidades, sino en las causalidades”, y relató cómo a través de su hija conoció a la escritora Almudena Grandes, y por ella a Enrique Urbizu y, a través de él, a Agustín Díaz Yanes, de cuya mano conquistó el Goya por Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto. Pero en esa nómina de directores decisivos no quiso olvidarse de Mariano Ozores, y ya no solo desde el plano profesional. “Fue el único al que llamé para decirle que no tenía para comer. Él me citó ese mismo día en la calle Fuencarral, me dijo que me pusiera un traje de esos de mujer elegante y, mientras comíamos, me explicó mi papel…”. Sus últimas palabras de la noche, y de la gala, fueron una sonora llamada a la concordia. “Sobre todo, por Dios bendito o por el ser humano, os voy a pedir diálogo. Que hable todo Dios con todo Dios. A darnos la mano y a querernos todos mucho”. Y todas las manos prorrumpieron en un aplauso unánime.

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