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30-01-2018

Nathalie Poza y Javier Gutiérrez repiten en la gran noche de Coixet y ‘La librería’
 
Lola Dueñas, Bill Nighy, Sandra Escacena y Eneko Sagardoy, mejores intérpretes en las categorías de secundarios y revelación
 
 
FERNANDO NEIRA
Reportaje gráfico: Enrique Cidoncha
A las Medallas del Círculo de Escritores Cinematográficos (CEC) no hay quien las gane en solera, pero tampoco en cercanía. Invitados y finalistas, profesionales anónimos y estrellas manifiestas o en ciernes, críticos de cine y artistas de la pantalla grande, productores o creadores. Todos los gremios y sectores compartieron butaca y palomitas esta noche del 29 de enero en el Palacio de la Prensa de Madrid, coincidiendo con la edición número 73 de unos galardones que renuncian a la alfombra roja, el glamur, los focos deslumbrantes y la parafernalia, pero que conservan el encanto de la tradición puesta al día. Y de la capacidad para la sorpresa. Al contrario de lo que venía sucediendo en galas anteriores, Verano 1993 solo fue triunfadora parcial de la velada y el mayor y mejor lote de galardones fue a manos de La librería, largometraje número 14 de Isabel Coixet, que subió hasta cinco veces al escenario y siempre tuvo argumentos diferentes para enriquecer su discurso. En cuanto a los premios interpretativos, patrocinados por la Fundación AISGE, Javier Gutiérrez (El autor) y Nathalie Poza (No sé decir adiós) incrementaron su racha imparable, pero hubo nombres nuevos en los demás apartados: Lola Dueñas (No sé decir adiós) y Bill Nighy (La librería), con Sandra Escacena (Verónica) y Eneko Sagardoy (Handia) en el capítulo de actores revelación.
 
 

Eneko Sagardoy

Eneko Sagardoy

 
 
   Fue muy sincero Sagardoy al reconocer que esta medalla, su primer premio como actor, le hacía “mucha ilusión”. Y agradeció a los padres de la criatura, los directores Jon Garaño y Aitor Arregi, que le hubieran puesto en bandeja “un personaje tan raro y vulnerable, más cerca de la persona que del mito”. Sagardoy también tuvo palabras para su doble en la película, “un hombre que mide 2.32 metros y que os ha hecho creer que yo era un gigante”. Eneko se impuso en las votaciones a Santiago Alverú (Selfie), Pol Monen (Amar) y Miguel Martón, al que hemos descubierto en El pastor.
 
 

Sandra Escacena

Sandra Escacena

 
 
Tiró también de sinceridad espontánea Sandra Escacena, el rostro emergente premiado por los críticos gracias a su aportación a Verónica, y que salió sin ningún tipo de discurso en la cabeza. “Yo es que veía Verano 1993 y pensé: lo tengo fastidiado…”. La película de Carla Simón aportaba las candidaturas de Bruna Cusí y Laia Artigas, mientras que por El autor completaba la nómina de finalistas Adriana Paz. Por todo ello Escacena quiso compartir su felicidad con el resto de nominadas (“menudos trabajazos; enhorabuena, chicas”) y con el director de la cinta, Paco Plaza. “Soy una chica con mucha suerte por haber empezado en el cine contigo. Te admiro como director y más aún como persona”, se sinceró ante un realizador que se encontraba entre las butacas y que minutos antes había salido para recibir (en nombre de Martí Roca) el premio del montaje y mostrar su admiración por Álex de la Iglesia, presente en las primeras filas.
 
 

Alberto López y Alfonso Sánchez

Alberto López y Alfonso Sánchez

 
 
La velada, que se extendió durante casi 100 minutos, contó con los sevillanos Alfonso Sánchez y Alberto López (Los Compadres) como socarrones maestros de ceremonia. “Estos son los premios más antiguos. Y prestigiosos. Y con menos dinero…”, resumieron a dos voces. Ambos aprovecharon para sumarse a las voces que reivindican una mayor presencia femenina en la pantalla y la plena equiparación salarial. Y Alberto López, tras mirar a uno y otro extremo del escenario, explicitó: “sería bueno que la gala del año que viene la presenten dos mujeres. Y que las dos azafatas que nos acompañan fueran azafatos”.
 
 

Isabel Coixet

Isabel Coixet

 
 
La destinataria de un mayor número de los trofeos que administraban estas asistentes, fue, sin duda, Isabel Coixet. No figuraba en la mayoría de las quinielas, pero la cineasta barcelonesa no solo consiguió para La librería los galardones a la mejor película, dirección y guion adaptado, sino que subió también a recoger las distinciones a la fotografía (Jean-Claude Larrieu) y actor secundario (Bill Nighy). Y en sus cinco comparecencias fue intercalando discursos distintos y complementarios. Agradeció a la firmante del texto original, Penelope Fitzgerald, “que empezara a escribir a los 60 años y publicara esta novela a los 63, lo que quiere decir que hay esperanza para todos los autores que hay allá afuera”, y alabó a las mujeres entradas en años, como su protagonista. “Muchos me decían que la historia de una señora que abre una librería no iba a interesarle a nadie, pero al final son esas mujeres de mediana edad las que llenan los cines, ven las películas y las comentan”. Al final, terminó sacando pecho con gracia y diciendo que había dispuesto “champán para todos” a la salida. “No me daban una medalla desde Cosas que nunca te dije, y ya era hora. Porque ha habido cosillas que no estaban a la altura, ¡pero llevo ya 14 películas! Y aunque sea con la dentadura postiza en el vaso, el tacataca y la botella de oxígeno, yo seguiré haciendo pelis hasta el final…”.
 
 

Javier Gutiérrez

Javier Gutiérrez

 
 
Ni Nighy ni su compañera de palmarés como actriz secundaria, Lola Dueñas (No sé decir adiós), pudieron acudir en persona a la cita en el Palacio de la Prensa. Sí lo hicieron los finalmente agraciados con las Medallas a mejores actores principales, que cumplieron los pronósticos al repetir el triunfo que ya les había avalado este mismo mes en los Forqué y los Feroz. Javier Gutiérrez, nuevamente honrado por su escritor con pocos escrúpulos de El autor, glosó esta vez esa obra como una cinta “de actores, de carne, de ojos, de alma. En mi caso, con demasiada carne”, se sonrió en alusión a algún plano de desnudo. Recordó el ferrolano que los actores “no somos nadie sin las líneas de los guionistas”, motivo de más para agradecerle al autor y director del filme, Manuel Martín Cuenca, “que confiara en mí ciegamente”.
 
 

Nathalie Poza

Nathalie Poza

 
 
Nathalie Poza celebró su nuevo triunfo con No sé decir adiós para advertir: “es un privilegio estar en una película donde el guion te lee a ti, y no a la inversa”. Por eso piropeó al director, Lino Escalera, como “uno de los dos hombres de mi vida”, mientras que aprovechó el alegato previo de Coixet sobre las féminas de cierta edad para dedicar el trofeo “a mi madre y a su amiga Alicia que hoy están aquí, son las que van a los cines a todos los estrenos y luego me dicen lo que hay que ver y lo que no”.
 
 

Assumpta Serna

Assumpta Serna

 
 
   La catalana Carla Simón, que en la víspera había arrasado con su Estiu 1993 en los Gaudí, recogió esta vez dos premios, los de dirección novel y guion original, y alabó “el talento inmenso de un año brutal en cuanto a óperas primas”. Pero el acento femenino de la gala lo refrendó Assumpta Serna, destinataria a sus flamantes 60 años de la Medalla de Honor. La barcelonesa hizo hincapié en la condición del cine como arte colectivo. “Y si algo he aprendido en la vida es lo bonito que es hacer las cosas juntos. Gracias a tantos profesionales de la ética que han querido, durante toda su trayectoria, hacer las cosas mejor”. Serna se mostró optimista con su “momento dulce, ahora que tengo dos largometrajes pendientes de estrenar”, pero no dudó en hacer un guiño a su disponibilidad laboral. “Después de años de no trabajar aquí, todo esto me hace mucho ilusión. ¡Por cierto, vivo en Madrid!”.
 
   Por lo demás, estos premios número 73 del CEC sirvieron para reconocer el esfuerzo de divulgación cinéfila del programa de RNE De película o de la editorial especializada Notorius. La directora del primero, Yolanda Flores, aplaudió a todos los artistas que han pasado por los micrófonos de un espacio que en septiembre cumplirá 20 años. Y el director del segundo, Guillermo Balmori, advirtió de que España es el segundo país que más cine clásico publica en DVD y Blu-Ray, solo por detrás de EE UU. “Y ello se lo debemos a TVE, a programas clásicos que, como los de José Luis Garci, nos regalaron un auténtico máster de cine”, reseñó. Pero para máster, como mínimo en desparpajo, el que impartió Julita Salmerón cuando salió a recoger junto a su hijo, Gustavo Salmerón, el galardón al mejor documental por la alabada Muchos hijos, un mono y un castillo. “Me lo merezco, porque llevo mes y medio sin comerme mi bocadillo de chorizo de por las noches para estar más delgada”, se carcajeó. Y acabó con una dedicatoria a su marido, pero bien inusual. “Llevamos 58 años juntos. Pero ahora, desde que me conceden estos premios, él no para de darme besos…”.
 

Gustavo y Julia Salmerón

Gustavo y Julia Salmerón

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