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06-09-2013 Versión imprimir

 
 
 
Magaly Solier


 
“Cada personaje
  es una escuela”


La joven que asombró al mundo en ‘La teta asustada’ lleva una imparable carrera de siete largometrajes en siete años
 
 
EDUARDO VALLEJO
A sus 27 años, la actriz y cantautora Magaly Solier (Huanta, Ayacucho, 1986) es un nombre conocido en el panorama cinematográfico internacional, algo ciertamente difícil para los intérpretes iberoamericanos que no sucumben a los cantos de sirena de Hollywood y deciden seguir residiendo en sus países de origen. Gran parte de este éxito se debe a su papel de Fausta en La teta asustada, ganadora en 2009 del Oso de Oro en Berlín, un filme que convirtió a Solier y a Claudia Llosa, su directora, en poco menos que heroínas nacionales.
 
   El sol pugna por asomar entre las nubes. El viento sopla. Es el clima normal de esta época del año en Lima. La grisura del cielo se ve acentuada por la contaminación. Al fondo se escuchan máquinas cortacésped, seguramente están arreglando los jardines. “Me preocupa la contaminación, especialmente la del agua”, apunta Solier en conversación electrónica desde su domicilio limeño.
 
– Su perfil en las redes sociales la define como actriz, cantautora y campesina. ¿Cómo se inició en estas tres actividades?
– Mis padres son campesinos y por eso amo el campo, la madre naturaleza es el lugar donde estudio cada uno de mis guiones y compongo casi todas mis canciones, ya sea para películas o para mi discografía. En la música empecé desde muy niña, pero nunca me atrevía a cantar en público. Practicaba atletismo hasta que un día me lesioné la cadera y mi pasión como atleta se frustró. Pasado un tiempo competí en un festival de música para jóvenes valores en mi Huanta natal. Aún era estudiante. En la interpretación comencé cuando conocí a la directora Claudia Llosa. Fue un encuentro bonito, pero lleno de dudas y preguntas. Me propuso trabajar en una película: Madeinusa (2006). Hice el cásting y los productores aceptaron mi participación como protagonista.
 
 
La vida en quechua
– Cantar delante de la cámara conjuga dos de sus profesiones. Lo hizo en ‘La teta asustada’ (2009). ¿Aquella canción que la pianista roba a Fausta era composición suya?
– En la Canción de la sirena yo compuse la base de la melodía y Selma Mutal hizo un arreglo más moderno y bonito. Pero el resto de las canciones que se escuchan dentro de la película, tanto de la madre como de Fausta, las compuse yo. Así me lo pidió la directora.
 
– ¿Por qué las mujeres de esta película se hablan cantando?
– Igualmente, fue una decisión de Claudia Llosa, que quiso que madre e hija se comunicasen solo cantando.
 
– Su verosímil encarnación del miedo de Fausta le granjeó premios en los festivales de Lima, Guadalajara y Montreal. Hemos leído que vivió de cerca la violencia en su infancia. ¿Sintió un terror parecido al de Fausta?
– Crecí en una región marcada por la violencia. Familiares cercanos fueron víctimas de ella. Si bien no me pasó nada, ni a mis padres y hermanos, he sentido temor como todo poblador en esa época. Conocer a gente que vivió en carne propia ese terror me ayudó a construir el personaje.
 

 
 
– ¿De qué manera se enfrenta a sus personajes?
– En primer lugar estudio a fondo el guión y luego investigo cómo puede ser la personalidad de mi personaje. Posteriormente empiezo a construirlo en los ensayos. También indago cómo se preparan y veo las actuaciones de los grandes actores o actrices de cine. En el caso de Fausta, la directora me ayudó mucho. 
 
– ‘La teta asustada’ fue un éxito internacional, pero no su primera experiencia fílmica. Con 19 años rodó ‘Madeinusa’. ¿De qué modo llegó a sus manos aquel papel y a qué pruebas le sometió la directora?
– Claudia Llosa andaba por la sierra buscando a una persona para el personaje de Madeinusa, así llegó a Huanta y me conoció, me habló de los planes que tenía de hacer una película. Yo no tenía la menor idea de lo que hablaba, pero le dije que sí y al tiempo me llamo nuevamente. Así empezó esta linda aventura del cine y la actuación.
 
– Usted encarna a la niña protagonista, Madeinusa. ¿Puede explicar el juego de palabras en este nombre?
– Es muy común en la sierra. Hay personas a las que les gusta poner a sus hijos nombres que no suenen muy comunes, palabras en otro idioma que no saben qué quieren decir, nombres de lugares desconocidos del planeta, nombres de personajes que están de moda, ya sean presidentes, artistas o deportistas, de los cuales a veces ni saben mucho.
 
– ¿Qué claves nos faltan a los europeos para entender bien estas historias de temática indígena?
– La clave es interesarse por saber quiénes somos en realidad, más allá de creer que somos un sitio turístico para pasar las vacaciones. Es fundamental conocer nuestras raíces y conocer también nuestro presente, que somos una cultura viva que hace y dice mucho.
 
   El ruido de las cortacésped se ha apagado. Queda, de fondo, el sonido débil de una radio. “Me gusta escuchar la radio para informarme de lo que pasa en el Perú y en el mundo”, explica Solier. Y no descuida su imagen en Internet. “Estoy al tanto de mis páginas en las redes sociales, pendiente de lo que hablan de mí”, añade.
 
 
Barrios y desiertos
– Ha declarado que Claudia Llosa le enseñó a “no hacerse daño con el personaje”. ¿En qué ha cambiado como actriz desde estos primeros trabajos al último de ‘Alfonsina y el mar’ (K. Kosoof, 2012)?
– Como actriz siento que he aprendido mucho, cada personaje ha sido y es una escuela de actuación y trabajo para mí. Eso me ha dado seguridad para saber escoger mis personajes. Como persona sigo siendo la misma, solo tengo un nuevo rol: ser madre.
 
   La maternidad le llegó a Solier el pasado febrero, fruto de su matrimonio con el ciclista Erick Mendoza.
 
– El triunfo de ‘La teta asustada’ en Berlín y la nominación al Óscar supusieron gran popularidad. ¿En algún momento se ha sentido agobiada por el éxito?
– Tomo la fama con tranquilidad. Tal como viene se va. Cansa la exigencia de ser una persona pública y la trato de llevar de la mejor manera posible, siendo amable con la señora que te pide el autógrafo, el joven que quiere una foto o el periodista que desea una entrevista, a pesar de que tal vez estuve grabando toda la noche, son las ocho de la mañana y solo quiero descansar.
 

 
 
– Más tarde hizo ‘Altiplano’ (Brosens y Woodworth, 2009), rodada parcialmente en Bélgica, y ‘Amador’ (León de Aranoa, 2010), rodada íntegramente en España. ¿Le costó adaptarse a trabajar al otro lado del Atlántico?
– Trabajar en otro país es complicado, pero si uno tiene la oportunidad no hay que desaprovecharla, siempre y cuando el personaje interese. Yo no tengo problema para adaptarme al lugar donde voy a trabajar. Tengo bonitos recuerdos de España, por ejemplo el Jardín Botánico de Madrid, precioso para ir a leer los guiones y distraer la mente un poco. Estar sola allá, lejos de mi familia, me ayudó a interpretar mejor mi personaje en Amador.
 
– ‘Amador’ cuenta la historia de una inmigrante peruana y un anciano español en un barrio madrileño. ¿Qué acogida tuvo el film en el Perú?
– En Perú no tuvo la misma acogida que en otros países.
 
– ¿Qué impresión se llevó de la vida de los inmigrantes y los ancianos en los barrios de Madrid?
– No tuve una impresión directa porque no soy mucho de salir y por eso en Madrid solo me dediqué a trabajar. Por lo que se publica y se dice en los medios, sé que la vida del inmigrante es muy dura en España. De los ancianos, la historia de la película lo cuenta: algunos viven la soledad y la indiferencia hasta de sus propios hijos.
 
– En 2011 estrenó ‘Blackthorn’, un wéstern en el Altiplano, acompañada de actores consagrados, como Sam Shepard, Stephen Rea o el español Eduardo Noriega. ¿Qué dificultades y qué anécdotas recuerda?
– Trabajar con Sam Shepard y Eduardo Noriega fue un privilegio y un honor. Ojalá ellos también piensen lo mismo de mí. Ja, ja, ja. Fuera de bromas, aprendí mucho de ellos y no tuve casi ninguna dificultad. Recuerdo que Shepard siempre leía un libro. 
 
   Como la actriz huantina, Sam Shepard se crió en el campo. Fue vaquero en un rancho y estudió un año de agronomía. Y, como ella, a los 19 años entró en el mundo de la interpretación, incorporándose a una compañía de teatro itinerante. “No sabía que hubiera sido vaquero. Con razón dominaba con tanta facilidad a los caballos”, se explica Solier, “ahora lo entiendo. Nos entendimos muy bien en el rodaje, creo que se nota en la película”.
 
– ¿Cómo surgió la posibilidad de trabajar con los directores españoles Fernando León y Mateo Gil?
– Ellos me buscaron para hacer el cásting. Fernando León me encontró a  través de una noticia en un periódico de España, porque había ganado el Oso de Oro y decidió contactar conmigo, y con otras actrices latinas, para la prueba. Y me escogieron. Y Mateo Gil no me hizo prueba porque ya estaba trabajando con Fernando León en Madrid.
 
– Fernando León dijo de usted: “Tiene gestos y silencios llenos de misterio. Expresa algo escondido”. ¿De dónde procede ese misterio?
– La pregunta creo que es para él. Fernando León escribió su personaje así, lleno de gestos y misterios, yo interpreté el personaje que él escribió. No hay ningún misterio dentro de mí, solo soy una persona que no habla mucho, soy más de actuar.
 
 
Nuevos horizontes
– Para ‘Alfonsina y el mar’ ha vuelto al desierto altiplánico. ¿Resulta duro rodar en estos lugares o usted está habituada?
– Ah, no imagina las cosas que uno tiene que pasar en los desiertos. El calor, el frío, el viento que se levanta por las tardes... Eso es un fastidio. En una de las escenas estaba hablando y el viento me hizo tragar arena. Y en los ojos ni qué hablar, solo imagine arena y sal en los ojos. Es muy incómodo. Difícilmente podría estar habituada porque mi pueblo está en un valle hermoso, lleno de árboles y bellas lagunas. Pero soy una actriz de todoterreno, no existen barreras si se trata de trabajar en una película que me gusta.
 
–¿Qué tal ha sido su relación con la veterana Lucia Bosé?
– Es una mujer encantadora y alegre. Lleva en su billetera fotografías de todos sus hijos. Lo que recuerdo de ella es una frase bien bonita: “Todo lo que he vivido es ya un pasado, yo vivo el presente, porque si yo llevara todo mi pasado estaría jorobada y pesaría mucho, por eso vivo el presente”. Hay tantas cosas lindas que aprendí de ella. En el último día de rodaje en el desierto había un barco abandonado, y allí nos subimos a cantar una canción como dos chiquillas, sentadas frente al mar. Saldrá en la película seguramente. Nos hemos divertido muchísimo, un rodaje maravilloso, lleno de aventuras y escenas difíciles.
 
– ¿Tiene pensado hacer teatro?
– Teatro haré muy pronto pero aún no puedo desvelar nada, pues no se ha firmado el contrato. Me llamaron de España una vez para actuar. No se pudo por cuestiones económicas del proyecto.
 
– ¿Cuáles son sus próximos proyectos?
– Tengo proyectos para rodar en Colombia, África y Roma. Ahora estoy en la preproducción de mi segundo disco, que se llamará Identidad. Música netamente andina, cantada en quechua y un poco de español. Tocamos el huayno, el harawi y el carnaval, todas canciones de los incas que no merecen caer en el olvido.
 
   El bebé sigue durmiendo plácidamente en su hamaca, pero no tardará en despertar. Es hora de que Magaly Solier retorne por el momento al gran papel de su vida: el de madre.
 
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