twitter facebook instagram
Inicio Aisge
Noticias Entrevistas Cursos
 
Entrevistas
03-08-2016 Versión imprimir

 
 
 
Mélani Olivares
 
“Nuestra carrera
no es un esprint,
sino una maratón”
 
 
La badalonesa, que mantiene la velocidad de crucero en su carrera televisiva con ‘La embajada’, ha debutado con gran éxito en el Festival de Mérida y ya prepara el regreso de ‘Bajo terapia’ a los escenarios madrileños tras una exitosa gira
 
 
 
EDUARDO VALLEJO
Reportaje gráfico: Enrique Cidoncha
Nos ha costado atrapar a Mélani Olivares (Badalona, 1973), envuelta como está en un ritmo frenético de ensayos, sesiones fotográficas y promociones, pero al final hemos encontrado un rato de sosiego bajo la parra de la tranquila terraza del Hogar Criado, un bar en el corazón del madrileño barrio de San Isidro, en Carabanchel.
 
   Mientras espera que nos atiendan a la sombra de una higuera, se ha distraído observando algo más allá de la tapia y es como si se le hubiera posado la mirada en algún bonito recuerdo. “Mi casa de toda la vida en Madrid estaba aquí al lado. Pero tuvimos que mudarnos a otra más grande”. Se refiere a su familia, que hoy por hoy incluye dos hijas suyas y dos hijos de su actual pareja, el músico Gorka González. “Pasé por mil sitios hasta que me vine a este barrio”.
 
– Y ¿cómo era su vida de niña entre Badalona y Sant Adrià?
– Vengo de una familia humilde, trabajadora y sin precedentes artísticos, salvo el de mi tía, que era maniquí. Así se llamaba entonces a las modelos de pasarela. Ella podía serlo porque era una mujer muy alta, no como yo. Yo bailaba y hacía danza clásica en el Institut del Teatre. Siete horas al día después del colegio. Era muy sacrificado. Me da mucha pena ver que los bailarines estén pasándolas canutas, con la entrega que conlleva su vida profesional. El caso es que yo me di cuenta de que eran demasiadas penas para lo que a mí me gustaba la danza, y mi tía me sugirió que probara como modelo publicitaria, ya que no tenía altura para la pasarela. La publicidad no me interesaba mucho, pero sí el audiovisual.
 
– ¿Y la vocación artística?
– En general, sentía la necesidad de expresarme, más allá de lo normal a esa edad. En aquel momento no sabía o no podía hacerlo con palabras, de modo que lo hacía con el cuerpo. Empecé a viajar mucho a otros países.
 
– ¿A qué edad?
– A los 16 años. Mucho antes de venirme a Madrid. Viajé a Tokio dos veces, a Nueva York, a distintos lugares. Aquello me dio mucha vida. El baile me había inculcado una disciplina que no tenía y que no podía adquirir en casa, porque mis padres pasaban buena parte del día fuera trabajando. La danza me centró, evitó que me dispersara y me quitó tiempo de estar en la calle. Yo soy de Artigas, un barrio humilde entre Badalona y Sant Adrià donde pasar más tiempo del necesario con tus amigos en la calle puede distraerte bastante, como poco.
 
– ¿Cómo llegó el salto a la interpretación?
– Como le digo, hacía publi. El representante de uno de mis compañeros me preguntó si estaba interesada en el cine y me presentó a un cásting, engordando mi currículum para que pareciera que tenía experiencia como intérprete, cosa que no tenía. Era la primera película de Chus Delgado [La niña de tus sueños, 1995], que me preguntó por lo que había hecho antes. A pesar de su asombro cuando le contesté que todo aquello se lo había inventado el representante, me seleccionó. Me di cuenta de que no tenía ni idea de nada y decidí formarme en serio. Es cuando me vine para Madrid y entré en la Escuela de Interpretación de Cristina Rota.
 
– Tenía solo 21 años cuando salió de casa. ¿Fue traumático?
– Fue una etapa complicada. Mi padre acababa de morir y yo estaba un poco desorientada. Ya no tenía el subidón que te dan los primeros trabajos en publicidad y sentía que aquella vía profesional se iba haciendo menos constante y que podía acabar en cualquier momento.
 
   Ante las tremendas dudas del reportero, Olivares aclara que su nombre se escribe completamente adaptado al castellano, con acento y sin la e final. “Pero, vamos, que estoy acostumbrada a verlo escrito de todas las maneras posibles”.
 
 
 

 
 
 
 
– Y en los tiempos de la escuela de Cristina Rota entra en la órbita de Animalario.
– A ver, soy muy amiga de toda la gente de Animalario y he estado siempre muy vinculada al grupo, aprendiendo constantemente de todos ellos. No me perdía nada de lo que hacían, pero lo cierto es que no me han llamado nunca para trabajar...
 
   La actriz adereza el comentario con una risa desenfadada mientras remueve el azúcar de un gigantesco té verde que le pondrá la voz a tono para Los hilos de Vulcano, montaje estrenado en el Festival de Mérida y cuyos ensayos se han llevado a cabo en una recóndita sala de este barrio, entre calles con nombres de reyes godos.
 
– ... Hay que decir que en la época de la escuela yo era más pequeña que ellos. Antes era más pequeña, ahora soy más joven. [Vuelve a carcajear].


Llama aquí y pide cita
– ¿Cómo le influyó todo ese ambiente?
– Tuve la suerte de empezar a trabajar a los tres meses de haber iniciado los estudios en la escuela, con lo cual es verdad que me influía, porque yo no dejaba de ir a mis clases, pero estaba alejada de la endogamia que a veces se vive en las escuelas, sencillamente porque no podía quedarme después de las clases. Entré muy pronto en el mundo laboral de la interpretación. Por supuesto, siempre he mantenido estrechos vínculos con ellos. He trabajado con Cristina, con Juan [Diego Botto]. Nur Al Levi ha estado con nosotros en el Festival de Mérida... Me gradué en 1999, así que mi relación de aprendizaje fue larga y estrecha. Años después, Cristina me llamó para hacer la función Memento mori, que presentamos en el Teatro Fernán Gómez. Y hace poco participé en Hablar, el largo de Oristrell que se rodó en la escuela y por Lavapiés.
 
– Desde la mudanza a Madrid en el 94 hasta ‘Este es mi barrio’ en el 96, serie con la que tuvo su primer trabajo estable como actriz, ¿pasó penurias?
Nunca olvido de dónde vengo. Soy de familia obrera y jamás se me han caído los anillos por trabajar. En aquella época puse copas, limpié retretes, fui recepcionista en un restaurante, estuve de animadora-libélula en el parque de atracciones... Lo que hiciera falta para llenar la nevera, pagar la escuela y alimentar mi sueño. En las clases sentía que necesitaba la interpretación para expresarme. Tenía claro que no podía prescindir de ello.
 
– Cierre los ojos por un momento y trate de recordar la noche anterior al comienzo de su primer trabajo importante.
– Soy muy inconsciente, de modo que recuerdo más las pruebas previas que la noche anterior. Me presenté a aquellas pruebas por un cartel que alguien pinchó en el tablón de anuncios de la escuela. Yo no conocía a nadie ni tenía amigos en Madrid. Mi representante era bueno y me ayudaba mucho, pero tenía decenas como yo, así que tampoco es que yo fuera su prioridad. Quedamos tres chicas seleccionadas y las otras dos tenían ya experiencia, yo no. Rezaba a todos los santos para que me saliera aquello, sobre todo para poder pagarme las clases de la escuela. Eso era lo que más me agobiaba.
 
– Para colmo, era una serie con José Sacristán, uno de los grandes.
– Imagínese. Y hubo pruebas con él. Además se me juntaba que Pepe hacía de mi padre y que mi padre de verdad se había muerto hacía nada. Total, que yo andaba muy volada y que el hecho de que me eligieran fue algo mágico. Pepe Sacristán me adoptó desde el minuto cero. Le debo mucho. Si no fuera por él, no sé dónde habría acabado.
 
– ¿Y eso?
– Pues porque yo era una tía muy joven pero también muy bregada ya para mi edad, con muchos kilómetros y con una situación complicada en casa. Y eso él supo verlo al instante. Me paró y me dijo: “Mira, cariño, llama a este teléfono y pide hora”. Me mandó a una psicoanalista amiga suya que, la verdad, me encarriló. Yo tenía muchas carencias, quizá había pasado demasiado tiempo sola, viajando por el mundo.
 
– Su padre había muerto prematuramente.
– Con solo 52 años. Yo estaba muy apegada a él. Era una hija de papá, pero no en el sentido de ‘pija’.
 
– Ya, que era muy hija de su padre, digamos.
– Eso es. Ahora tengo 43 años y, cuando pienso la edad a la que murió, se me abren las carnes. Lo cierto es que no estaba a gusto conmigo misma. Así que la interpretación, Pepe y Ágata (la psicoanalista) me salvaron la vida. Sacristán te quiere y te exige. Y te exige porque te quiere.
 
– Debutó en televisión junto a Alberto San Juan en ‘Este es mi barrio’ (1996-97) y ‘Más que amigos’ (1997-98). ¿Se conocían de antes?
– A Alberto lo conocía de la escuela de Cristina Rota. En esa serie éramos hermanos y en la siguiente fuimos pareja. Es un gusto trabajar con él. Y con otra gente que sigue en la brecha, como Javier Cámara o Javivi, y que también estaban por allí.
 
– ¿Tiene buenas relaciones dentro de la profesión o es de las que prefiere hacer amigos fuera?
– Tengo muchos amigos y muy buenos dentro de nuestro gremio. Como en todas partes, hay personas con las que prefieres no tener relación más allá de lo profesional, pero son los menos. Yo no soy muy amiga de enfrentamientos ni de conflictos. Tiendo a ser conciliadora. Si hay tensiones o fricciones en un proyecto, soy como un pato mojado. Todo me resbala. ¿Por qué quedarse enganchado a un mal ambiente si puedes trabajar en la dirección contraria? En los proyectos creamos algo en común y todos necesitamos del otro. No hay que olvidar el objetivo.
 
 
 

 
 
 
   Después de ‘Este es mi barrio’ (1996-97) y ‘Más que amigos’ (1997-98) vinieron algunos trabajos más y, desde 2002, en que empezó su trabajo en la serie Policías, Mélani Olivares prácticamente ha enganchado serie tras serie: De moda (2004-05), Aída (2005-14), Bajo sospecha (2015) y La embajada (2016).
 
Mélani 2016
Aquella Mélani que se fogueaba en los platós junto al padre Sacristán es hoy una actriz de largo recorrido en televisión. Pero ya no es solo Paz, la prostituta cándida y explosiva que encandilaba a Paco León en Aída. Desde el año pasado triunfa también en las tablas bajo la dirección de Daniel Veronese con Bajo terapia, una obra doblemente sorprendente. Asombran su ritmo y solidez viniendo de un autor primerizo, el argentino Matías del Federico, y la anticlimática e inesperada pirueta final de la trama. Es mejor no preguntar e ir a verla.
 
   Tras estrenar el verano pasado en los Teatros del Canal de Madrid y completar una larga gira, regresa a Madrid el 31 de agosto, esta vez al Teatro Marquina. Su elenco lo forman tres parejas: Mélani Olivares y Fele Martínez; Carmen Ruiz y Juan Carlos Vellido; Gorka Otxoa y Manuela Velasco. “La obra es una pieza de relojería, un engranaje perfectamente engrasado y que funciona a gran velocidad”, asegura la actriz. “Todo lo que ocurre y lo que se dice tiene su razón de ser. Por ese motivo, los actores debemos estar al cien por cien de concentración. Si uno se despista, todo se viene abajo”, concluye.
 
– Parece que les ha venido Dios a ver con este montaje.
– Ya empezó bien el año pasado. Estrenamos en agosto en los Teatros del Canal de la Comunidad de Madrid y funcionó tan bien que prorrogamos hasta octubre. Los seis que estamos en escena llevamos ya unos añitos trabajando y nunca nos había pasado nada así. Ha sido una función brutal en cuanto a respuesta del público y en cuanto a ambiente entre nosotros.
 
– ¿Cómo resumiría o qué destacaría de lo aprendido de Veronese a lo largo de este año?
– Con Veronese he tenido la sensación de que hacía el teatro que siempre he querido hacer, trabajando con la verdad. Muchos piensan que hacer comedia es hacer el papanatas, y no es verdad. Hacer comedia con la verdad por delante es muy difícil. La situación es lo que tiene que ser cómico, tú tienes que ser de verdad. Si no, es otra cosa, es otra comedia que yo no sé hacer. Veronese fue guiándonos sin que nos diéramos cuenta hacia ese territorio, el del ritmo y el de la verdad. Un familiar que vino a vernos al estreno me dijo que había sentido que lo que pasaba ahí arriba estaba ocurriendo de verdad. Eso es lo mejor que te pueden decir.
 
– ¿Sigue algún ritual para matar los nervios antes de salir al escenario?
– No. Me concentro y hago la relajación de cuerpo y los ejercicios de voz que me hacen falta. Pero no me encomiendo a ninguna virgen. A veces miro para arriba y se lo doy a mi padre, pero no como un ejercicio consciente.
 
– ¿Cuándo empezó a sentirse dueña de su trabajo, dominadora de la situación?
Cada vez que empiezo un proyecto estoy acojonada y pienso que no voy a poder con él. Siempre tengo esa sensación. Luego puedo con todo.
 
   Mélani Olivares lleva casi toda su carrera dando réplicas a parejas concretas en mitad de proyectos corales (a Alberto San Juan en Este es mi barrio y Más que amigos; a Paco León en Aída; ahora a Fele Martínez en Bajo terapia), algo de lo que no es muy consciente. “No había caído, la verdad, pero es cierto”.
 
– Dar réplica a una pareja en las tablas debe de tener su propia dinámica dentro del trabajo colectivo. ¿Cambia mucho con cada actor?
– Sí, claro. En el caso de Paco fue bastante complicado, porque él hace algo que yo no sé hacer. Él trabaja con careta; hace personajes muy estereotipados. Esto es muy interesante, tanto como el terreno de la verdad, pero yo no puedo hacerlo. Tenía sensaciones muy raras cuando entré en Aída; me sentía un poco fuera porque el trabajo de Paco y el mío eran muy distintos. Yo trato de ocultar mi condición de prostituta, salvo a mis amigos, y eso no es nada cómico, entre otras cosas porque el personaje de Paz no estaba planteado como un personaje puramente cómico. Me pasé tres años sirviendo chistes, algo que ahora domino como si lo hubiera inventado. Era un poco florero.
 
– ¿Y qué cambió?
– Los productores y el punto de vista de los guionistas, que dieron a Paz la oportunidad de rematar chistes, algo que antes no pasaba. Yo y Paco somos íntimos amigos y estábamos condenados a entendernos porque Paz y Luisma eran personajes complementarios. Aprendí mucha comedia de él. Por otro lado, con Fele Martínez en Bajo terapia he ido más a la par; hemos investigado y desarrollado los personajes desde los mismos presupuestos.
 
Mérida con la luna llena
– Precisamente con él ha estrenado ‘Los hilos de Vulcano’ en el Festival de Mérida. Cuéntenos qué es.
Los hilos de Vulcano es una fábula musical con actores, músicos y acróbatas. El texto es una adaptación de un episodio de La Odisea y la música corre a cargo de Toom-Pak, una compañía que hace música de percusión maravillosa con instrumentos reciclados, y de la increíble voz de Carmen Paris. Yo hago el papel de Venus, y Vulcano es Fele, que hace un trabajo extraordinario. Están también Verónica Forqué, Javi Mora, Nur Al Levi, Tomás Pozzi y Santi Marín.
 
– ¿De quién fue la idea?
– De Gorka González, de Toom-Pak. Tuvieron la idea de reproducir la fragua de Vulcano y de contar la historia de las infidelidades de Venus. Creo que la gente lo pasa muy bien viéndola.
 
– ¿Es la primera vez que trabajaba al aire libre?
– Ya trabajé en Cartagena, pero esto ha sido distinto. Es el Teatro Romano de Mérida. Palabras mayores. Y tuvimos luna llena.
 
 
 

 
 
 
– También se avecina el estreno del thriller ‘El signo de Caronte’, dirigida por Néstor Dennis. ¿Quién es este director y cuál es su papel en la película?
– Es un director sevillano muy talentoso. Yo hago el papel de la mujer de Rubén Cortada, un escritor atormentado y trastornado.
 
– ¿Quedó satisfecha?
– Mucho, a pesar de que rodamos en apenas veinte días y con muy poco presupuesto. Creo que conseguimos hacer un buen producto. Habrá que esperar a ver.
 
– ¿Cómo va a solucionar el tema si hay nueva temporada de ‘La embajada’ y tiene que compaginarla con la obra en el Marquina? ¿Habrá que elegir?
– Pues no lo sé. Volver a entrar en Madrid con esta función me apetece mucho. Y la serie es una excelente producto que, además, da bien de comer. Compaginar la vida familiar con el rodaje de La embajada, que acabamos de terminar, y con la gira de Bajo terapia ha sido ya una locura. La verdad es que me las apaño bien gracias a mi representante, que trabaja muy duro para equilibrar la agenda y que yo pueda descansar lo suficiente, no descuidar a mi familia y no perder la cabeza. Pero nuestra profesión es muy perra. Nunca sabes cuándo vas a dejar de trabajar, así que me cuesta rechazar ofertas. Y no olvidemos que tengo dos niñas, y mi pareja dos niños. Somos seis a la mesa.


A la piscina por Aída
– Usted es sobre todo actriz de televisión. Sus trabajos en este medio destacan por encima de los de teatro o cine, hasta ahora. ¿Eso le fastidia?
– No me fastidia ni me importa, aunque ahora ya esa identificación está más matizada. Ojalá los actores pudiéramos elegir nuestros trabajos, pero desde luego ese no ha sido mi caso. Yo nunca he tenido seis guiones sobre la mesa y un dilema en la cabeza. Cojo los trabajos que me van llegando y en contadas ocasiones me permito decir que algo no lo voy a hacer porque tal vez no sea el momento adecuado. Además soy muy ansiosa. Yo lo haría todo, pero mi representante me pone freno. Por otro lado, el género de la serie televisiva es cada vez más interesante, en ocasiones más que el cine.
 
–¿Siente que su carrera está dando un viraje?
– Antes hacía más comedia, incluso en el personaje de Policías. Y últimamente, como he hecho más drama, parece que soy otra actriz. Pero soy la misma. Es un gusto poder saltar de un medio a otro.
 
– De hecho, sus comienzos como actriz fueron en el teatro.
– En una compañía llamada Bollería Fina, nacida al calor de la escuela de Cristina Rota. Éramos cuatro actrices haciendo cinco sketches. Jamás tuve la sensación de hacer cosas por debajo de mi nivel. Cada proyecto es un peldaño y nuestra carrera no es un esprint sino una maratón. Hay que aprovechar las ocasiones de aprender y de crecer. En la televisión hay que ser muy rápido. No se ensaya como en el cine, y no digamos ya en el teatro. Eso curte.
 
– ¿Se considera una actriz resolutiva?
Soy resolutiva y muy práctica, tanto en mi trabajo como en la vida. Y disfrutona. Lucho por aquello en lo que creo e intento aportar a los directores lo que creo que puede valerles.
 
– ¿Cómo le llegan los papeles normalmente? Por ejemplo, ¿cómo le llegó el de la Paz de ‘Aída’?
– Por casting. En aquel caso estaba algo molesta porque no me habían llamado y yo ya había trabajado para Globomedia antes. Telecinco tumbó en el piloto a la chica elegida y entonces pude hacer la prueba. A veces me llaman directamente, pero a mí me gusta hacer pruebas. Te mantiene despierta, te permite conocer al director, a los compañeros, y en general ver cuál es la situación.
 
– ¿Qué le regaló y qué le arrebató Paz a Mélani?
– Paz no me arrebató nada en absoluto. Me dio una cantidad inmensa de experiencia en comedia, un género en el que ahora me defiendo, y me ayudó a perder el pudor y tirarme a la piscina sin temor a que hubiera poca agua. O ninguna. A lo mejor hubieran salido otros proyectos, pero, ¿sabe qué? Tengo un amigo que dice que el penseque y el creíque son amigos del tonteque.
 
– ¿Interfieren mucho los personajes en su vida diaria?
– Me ha costado despegarme del personaje de Patricia en La embajada. Había muchas escenas de sexo fuerte, toda la trama del opio... No sé. Me ensuciaba mucho. Al llegar a casa necesitaba un tiempo de desconexión que no tenía en comedias, donde pasas más por encima de las cosas.
 
– ¿Tiene problemas con las escenas de sexo?
– En general, no. Eran esas en concreto. Cuando son amorosas, esas escenas van a favor de ti, pero si son autodestructivas, te quedas tocado. David Verdaguer, mi compañero, me ha ayudado mucho en este caso.
 
 
 

 
 
 
 
Adopciones y maternidades
– Si pudiera, ¿qué cambiaría de su carrera? ¿En qué se equivocó?
– He hecho algunas películas muy malas, lo sé, pero yo he dicho sí a los proyectos porque siempre he pensado que aprendería más en el plató que poniendo copas. Con todos mis respetos para la hostelería, pero mi oficio es la interpretación.
 
– ¿Y cuál ha sido su principal acierto?
– No puedo decir que haya estado especialmente sembrada en nada, pero mi principal acierto fue venirme a Madrid y no dejar nunca de estudiar, incluso hasta hoy. En esta profesión siempre puedes seguir cultivándote. Por supuesto que esto no quiere decir que los intérpretes catalanes que venimos a trabajar a Madrid despreciemos lo catalán. Algunos nos acusan de ello, pero ni mucho menos.
 
– La maternidad cambia la vida de la gente, eso es un hecho. ¿Cómo fue esa transformación para usted y de qué modo impactó en su trabajo?
– Yo tenía un gran instinto maternal y no tenía pareja, ni pensaba que una y otra cosa tuvieran que ir asociadas. Adopté a Martina con cuatro meses y a Manuela la traje al mundo cinco años después. Sentía la necesidad. Pero nada de esto afectó, digamos, al contenido de mi trabajo. No me hizo una actriz más madura, si es a eso a lo que se refiere. Hay actores sin hijos que maduran como cohetes. Mire a Carmen Machi, es la número uno.
 
– Hace unas semanas, Paco León se enfrentó a un sector del público que boicoteaba el montaje de la zarzuela ‘¡Cómo está Madriz!’, supuestamente por ser crítico con la corrupción y la beatería. ¿Estamos llegando a un estado de confrontación que lo invade todo o no es para tanto?
– Hablé con Paco por teléfono de este tema. No sé si la razón del enfado tiene motivaciones políticas o, sencillamente, se debía a la trasgresión de las convenciones del género chico. A mí me fascina ir al teatro esperando una cosa y que me den otra. Pero no es necesariamente lo que le gusta a la mayoría. En cualquier caso, este montaje de Miguel del Arco con Paco León ha llenado todos los días. Por algo será. Paco siempre cuenta lo que quiere contar con una visión muy libre y desinhibida, y eso puede molestar a algunos. Hay que dejarse sorprender.




la música que le pone las pilas
Soy muy roquera. Extremoduro me vuelven loca.
 
una interpretación que le impresionó
Carmen Machi en La tortuga de Darwin o en el Juicio a una zorra.
 
el libro que lamentó que acabara
La vida imperfecta de Fernando Travesí, una novela que ojalá podamos llevar al teatro.
 
el plato con el que sueña cada vez que vuelve a la casa materna
Todos los platos de cuchara: lentejas, potaje de garbanzos con bacalao, etc.
 
lo mejor en cosmética, no, lo siguiente después del ácido hialurónico es
Soy de hidratante básica, así que ahí estoy perdida.
 
en el gimnasio lo peta en qué aparato
Yo hago electrofitness, una máquina que te da calambrazos y te destroza la vida. Te da unas agujetas del copón, pero te recuerda que tienes músculos que no usabas desde el tacataca.
 
03-08-2016 Versión imprimir
© AISGE 2017   Webmaster   Condiciones de uso   Política de privacidad
Inicio