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04-05-2017 Versión imprimir

 
 
 
Melina Matthews


“Mis padres me motivaron para desarrollar un pensamiento libre”


Periodista de formación, actriz en expansión y apasionada del cine europeo. A falta de una, tres nacionalidades contemplan a la ahora protagonista de ‘El jugador de ajedrez’
 
 
VÍCTOR PASTOR GINER
Reportaje gráfico: Vico Vang
Con una mano alzada enérgicamente, saluda Melina Matthews (Barcelona, 1986) desde la otra acera de la calle Princesa para hacer ostensible su llegada. La espera ha sido mínima. Enfundada en una bufanda eterna y un abrigo cerrado sin fisura ni descuido alguno, la actriz catalana aparece con su sonrisa sempiterna, incluso aunque los síntomas de la gripe sean hoy evidentes a simple vista. Junto a la sonrisa, ya lo adelantamos, el vitalismo, el compromiso y la mesura figuran entre sus señas irrenunciables de identidad.
 
   De lejos le viene la pasión. Ya de niña, la pequeña Melina se escondía para ver trabajar a su padre, intérprete de cabina, y aprender la que hoy constituye una de sus pasiones. “Me fascinan los idiomas y la capacidad de una persona de interpretar y traducir simultáneamente”, asegura con ese entusiasmo que le imprime a cuantas cosas le apasionan. Como los tiburones, las películas de dinosaurios o la saga de Los Gremlins, entre otros millones de cosas.
 
   Los puentes desde y hacia otros países forman parte esencial de su vida. De padre británico y madre francesa, Melina decidió marchar a Londres para estudiar periodismo de investigación, pero en esas se le interpuso su amor por la interpretación. Y al final, la influencia de la Central School of Speech and Drama ha pesado más que la de la Universidad de Westminster.
 
 

 
 
 
– Triple nacionalidad. Con esa ascendencia, parece que el tema de interpretación –en cualquiera de sus acepciones– tendría que florecer antes o después…
– Sí. Creo que, desde pequeña, desarrollé inevitablemente una sensibilidad hacia los idiomas y las letras. Mucha gente me decía que estaba destinada a ser intérprete o traductora, como mis padres, pero para dedicarte a ello has de tener un dominio aplastante del idioma y de sus culturas. Además, uno tiene que ser muy disciplinado, dedicarle muchas horas, investigar a fondo. Admiro muchísimo a los intérpretes, pero no era lo mío. En realidad, el hecho de hablar idiomas no me ayudó a decidir a qué prefería dedicarme. Pensé, simplemente, que los idiomas me ayudarían cuando encontrase algo que me apasionara.
 
– Ha mencionado la disciplina. ¿Cómo fue la convivencia con dos profesores de Universidad? ¿Le daban mucha caña?
– Nunca me dieron demasiada caña. Simplemente, me motivaron a cuidar mis idiomas y a desarrollar un pensamiento libre y un espíritu crítico. No sé si ha visto la película Captain Fantastic, pero el personaje de Viggo Mortensen equivale a mis padres quitando el campamento [risas]. En casa escuchaba mucho: “¡No repitas lo que te enseñan! ¡Razónamelo con tus palabras!”.
 
– Entre información y ficción parece que venció la segunda. ¿Demasiado cruda la realidad?
– Más bien era demasiado romántica… [A Melina esboza una sonrisa de guasa]. En verdad, fue cuestión de oportunidades y me dejé llevar. Cuando acabé la carrera de Periodismo en Londres, estábamos a mediados de 2009 y la crisis financiera me hizo cambiar de rumbo.
 
 

 
 
 
– Y venció Londres a Barcelona. ¿Se olía la crisis que golpearía la cultura en nuestro país o le movieron otras inquietudes?
No, no fue cuestión de olerse la crisis. En aquel momento, que movía por encima de todo la pasión, las ganas de aprender, de descubrir… Muchas personas me preguntan por qué volví a España habiendo en Londres muchas más oportunidades. También había más competencia y mucho más elitismo. Pensé que aquí tendría más posibilidades de trabajar gracias a los idiomas, y así fue.
 
– ¿Cómo transcurrió aquel exilio voluntario de cuatro años por tierras británicas?
–Se me pasaron volando los años: aquello fue una de las mejores experiencias de mi vida. Por la mañanas iba a la universidad, por las tardes cursaba teatro y por las noches trabajaba en el teatro The Old Vic y en Southbank Centre de acomodadora. También hacía muchos trabajos puntuales como organizadora de eventos y charlas. En fin, ¡una experiencia alucinante!
 
En el segundo casting de su vida, Pep Armengol le dice ‘Sí’. Y pese a ello, salió del país para convertirse en periodista. ¿En usted prima la ambición frente a la cautela?
– No quería renunciar a la oportunidad de irme a vivir y  estudiar a Londres. Era muy consciente de que aquello no pasaba cada día ni le sucedía a todo el mundo, pero con 19 años no llegas a pensar en términos de cautela o ambición. Solo me atraía la oportunidad de independizarme, salir del país y sacarme una carrera. Y luego ya sentí la necesidad de regresar a España para trabajar como actriz.
 
 
 

 
 
 
Y volvió. ¿Podemos decir que la productora Filmax la trajo de vuelta a casa?
– Un poco sí. En cuanto empecé a trabajar para ellos, las oportunidades fueron surgiendo y encadené muchos trabajos relacionados con el mundo audiovisual. Trabajé en muchas producciones como entrenadora de acentos o dialogue coach, como decimos en el argot. Ayudaba, por ejemplo, a actores americanos que necesitaban pulir su acento inglés o expresarse en castellano.
 
En su currículo se percibe una evolución desde detrás de las cámaras hacia delante. ¿Llegó a pensar que un departamento de producción fuera su lugar en el mundo?
– No. Jamás. Trabajé muchos años en producción para ganarme la vida, pero siempre combinándolo con algún trabajo que me salía de actriz. Lo bueno de trabajar en producción es que te quedas en el ámbito del cine y la tele y aprendes mucho sobre su funcionamiento. Me permitía estar activa y me lo pasaba muy bien trabajando bajo presión. Aunque también es verdad que en producción a veces trabajas 16 o 18 horas al día, incluso pasando por la oficina algún fin de semana. A mis 22 años, tenía unas ojeras que no eran normales…
 
– Y en esas, Borja Cobeaga la convierte en coprotagonista de su Negociador, ejerce como espía en la serie El Príncipe, aparece en otras series nacionales e internacionales… ¿2014 fue su año?
2014 fue un gran año, sí, pero no diría que fue mi año: si desde entonces hubiera ido todo de capa caída, mal andaríamos… Fue una temporada en la que trabajé muchísimo, y no solo como actriz sino también como dialogue coach. Además, cada trabajo me enviaba a un lugar diferente que no conocía.
 
 

 
 
 
No contenta con haber probado el género fantástico y de terror como actriz, ha cogido la costumbre de presentar uno de los festivales más reconocidos de Europa. ¿Es Sitges su ancla en entre el mundo del periodismo y el de la interpretación?
– No. Sitges es el lugar donde puedo ser friki sin que la gente me mire de reojo [carcajadas]. Allí puedo ver todas las películas que quiero, reencontrarme con los compañeros de profesión, conocer a gente nueva...
 
En breve la conoceremos también como Marianne Latour en la película El jugador de ajedrez, de Luis Oliveros. Marianne es una periodista francesa. ¿Le escriben los papeles pensando en usted
– [Risas] Simplemente, las directoras de casting son muy buenas y van a buscar a la persona idónea para interpretar ese papel. Y, en esta ocasión, la profesión de Marianne coincide con lo que estudié, pero ya garantizo que poco tiene que ver conmigo. Lo comprobarán ahora con el estreno de la película…
 
 

 
 
 
– Aparte de Carballo, Cobeaga o Filmax, su nombre está relacionado con el de Geraldine Chaplin, Luc Besson, Olivier Schneider, la BBC… ¿Cuál es su techo?
– Dicho así parece muy importante, y no quiero quitarle importancia ni valor a lo que he hecho, pero conviene matizar. Con Geraldine Chaplin rodé dos escenas en una película de terror que no llegó ni a estrenarse en salas. Luc Besson no apareció durante el rodaje, solo producía y estaba ocupado con la posproducción de su última película. En la BBC, el personaje era muy secundario y la única persona de esta lista con la que realmente tuve una relación profesional como Dios manda era Olivier Schneider. ¿Mi techo? Es difícil ponerlo en palabras, sobre todo cuando somos tantos para tan poco trabajo aquí. Mi sueño es seguir trabajando como actriz en proyectos europeos. Le tengo especial cariño al cine y a las producciones europeas. Ese sería mi gran sueño. Poder vivir de ello.
 
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