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16-05-2019


Micky


Quiero creer que en este ‘hombre de goma’ hay madera de actor”


 

La música y una aparición estelar en Eurovisión con ‘Enséñame a cantar’ le convirtieron en mito entrañable. Sin embargo, su primera vocación fue la cinematográfica, una faceta que aún hoy da sorprendentes frutos

 

PEDRO PÉREZ HINOJOS

Dijo una vez de sí mismo que es “un niño mal de una familia bien”. Y hoy, camino ya de convertirse en octogenario, esa etiqueta traviesa le sigue sentando de maravilla a Micky, nombre artístico de Miguel Ángel Carreño Schmelter (Madrid, 1943). Lleva más de medio siglo animando el cotarro musical con sus canciones y apariciones revoltosas y arrolladoras en conciertos, televisión y programas de radio. Y aunque siempre será el héroe eurovisivo que en 1977 casi da la campanada en Londres con su Enséñame a cantar, no deja nunca de sorprender. No solo con su música. En realidad, el que fuera líder de Los Tonys iba para actor y ha conseguido hilvanar una insólita carrera que todavía hoy da frutos asombrosos. Su vida artística no para de estirarse: por algo le apodan El Hombre de Goma.

 

- Antes de nada, ¿cómo lleva que un joven cantante le haya 'usurpado' el nombre para participar en el próximo festival de Eurovisión?

- Me lo dice mucha gente [risas], pero yo no tengo ningún problema. Al contrario, que haya aparecido este chico con un nombre parecido al mío, porque no es igual [Miki], está sirviendo para que me recuerden.


- Incluso puede valer para que conozcan y reconozcan su carrera de actor.

- Es verdad que no es tan conocida, pero yo fui actor antes que músico...


- ¿Cómo fue eso?

- Hay que remontarse a los cincuenta, cuando vivía en Beirut, porque mi padre era diplomático. Tendría unos 12 años y en el colegio pidieron voluntarios para un grupo de teatro. Yo levanté la mano, a ver qué pasaba. Fue todo un descubrimiento. Nos enseñaron a proyectar la voz, a memorizar el texto o a ocupar el espacio en el escenario. Debuté haciendo de Sganarelle en El médico a palos, de Molière. Me convertí en el artista de la clase. Mis padres no se lo creían, con lo trasto que era. Y en Madrid seguí haciendo teatro.



- Pero entonces se cruzó la música.

- Pues sí, me dio fuerte y me centré en ella con Los Tonys. Éramos un grupo de versiones, lo que se estilaba entonces. Fue una época maravillosa.

 

- ¿Y cómo acabó haciendo cine?

- Se nos presentó la oportunidad a través de la música. Era 1964 y el guionista y productor Paco Lara fue a vernos tocar en un local. Al final de la actuación nos contó que estaba haciendo un guion para una película y que seríamos muy bienvenidos en ella. Al principio no hicimos caso. Pero él insistió: nos mandó el guion y estaba interesante.

 

- Así nació Megatón ye ye.

- Eso es. Cuando murió Álvaro de Luna me acordé mucho de ella. Fue su segunda o tercera película. Era una comedia musical, pero también tenía su parte documental sobre el movimiento yeyé y sobre cómo se desenvolvía un grupo de música. En cierto modo, se inspiraron en Qué noche la de aquel día, la película de Richard Lester con los Beatles, que se acababa de estrenar.

 

- ¿Qué significó para usted?

- Pues lo más importante es que la seleccionaron para el Festival de San Sebastián, y eso me dio el privilegio de ver a Kim Novak bajando una escalinata. Solo por eso la experiencia ya mereció la pena [risas].

 

- Le abrió además las puertas a otras películas. Y todas con la excusa de la música. ¿Qué recuerda de entonces?

- En esas películas mi personaje seguía siendo yo con Los Tonys. Hice Codo con codo, con Bruno Lomas, y La vida sigue igual, con Julio Iglesias. También hice una con Elsa Baeza y Alfonso del Real, Casi jugando, en 1969, que solo vi una vez y a la que le he perdido la pista. Me metí en aquel cine de Gran Vía camuflado con gafas y sombrero porque temía que la peli fuera horrorosa y me reconocieran. Pero a medida que avanzaba, me di cuenta de que era bastante digna.



- Y después de ese maratón de películas desapareció del panorama interpretativo. Solo una década después, en 1978, reaparecería con una obra teatral.

- La música me absorbía: empecé mi carrera en solitario y tampoco me dedicaba a buscar. Pero un día vinieron a por mí Ignacio Artime y Jaime Azpilicueta para que se sustituyera ni más ni menos que a Alfredo Landa en una comedia musical titulada Yo quiero a mi mujer. Fue una responsabilidad tremenda, pero creo que salí bastante airoso.

 

- Y de nuevo, el silencio, hasta que retorna en 1987 como miembro de una compañía de teatro. ¡Incluso interpretó La vida es sueño!

- El actor Máximo Martín Ferrer vino a buscarme porque iban a montar obras en las que había papeles donde yo encajaba muy bien. Era la compañía Calderón de la Barca y me lo pasé genial. Hicimos La vida es sueño, pero también La Lola se va a los puertos y No le busques los tres pies al alcalde. Hacía vida de cómico, viajando de ciudad en ciudad. Y con unos compañeros estupendos: Vicente Parra, Ágata Lys, Helena Fernán Gómez...

 

- Y otra vez fuera de la pantalla y los escenarios, hasta que conoció a un director y guionista jovencísimo, José Fernández Ark, y le rescató nuevamente para la causa. ¿Cómo fue eso?

- Hice algunas cosas, pequeñas colaboraciones, hasta que conocí a Fernández Ark. Podría ser mi nieto. Estas cosas surgen de manera espontánea: te piden colaborar y te lanzas.

 

- Con él ha rodado varios cortos, y en especial con Los Bermejo han cosechado premios y reconocimientos en festivales. Pero llama la atención sobre todo  el registro melodramático que exhibe en ellos, tan diferente al que estábamos acostumbrados.

- Hice una serie para Internet y el corto Conrado. Como la cosa fue bien y les gusté, me llamaron para Los Bermejo, ya con más medios. Dimos el pelotazo y estoy muy satisfecho, porque para mí era importante hacerlo bien. Le pregunté a Fernando Colomo, que es amigo mío y muy sincero, cómo lo había hecho. “Tú estas muy decente”, me respondió.

 

- ¿Ahora tiene alguna ambición o sueño en especial?

- Soy feliz en el escenario. Dispongo de una banda, Los Colosos: gente simpática, educada y seria. Y mientras tenga fuerzas, seguiré haciendo música. En cuanto al trabajo frente a la cámara, pienso que, bien dirigido y preparado, llegaría a hacerlo muy bien. Quiero creer que dentro de este hombre de goma hay madera de actor.



De Londres 1977 a sustituto de Landa

Micky está muy orgulloso de su paso por Eurovisión. Fue en la edición de 1977, celebrada en Londres, y quedó noveno para alivio de los prebostes de TVE. “Se me aconsejó no ganar porque era capaz de armarla y traer el certamen a España. ¿Y cómo enfrentarse al presupuesto?”, cuenta. Y nos recuerda también que, aún en la nube por su aventura eurovisiva, le embarcaron para hacer la comedia musical Yo quiero a mi mujer. “Tenía que sustituir a Alfredo Landa y compartir escenario con Valladares, María Luisa Merlo o Josele Román. Pensé: ‘Esto no lo hago ni borracho…”. El propio Landa se convirtió en su preparador durante dos semanas de ensayos. “Tengo un recuerdo precioso de aquello, se portó fenomenal conmigo. Y la obra nos salió redonda”, rememora.

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