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23-09-2015 Versión imprimir

 

El hombre que perseguía a Max Estrella


Carlos Álvarez-Novoa, de 75 años, dice adiós tras media vida en los escenarios y un tardío Goya de revelación con ‘Solas’, en 1999


GERMÁN TEMPRANO
Carlos Álvarez-Novoa se ha ido sin averiguar si era él quien perseguía por el Callejón del Gato al personaje cumbre de Valle Inclán o era al contrario. Admitía esa duda con el mismo aplomo que albergaba la certeza de que Max Estrella no era un papel para un actor sino el papel con mayúsculas y artículo determinado. Tanto como para dedicar parte de su vida a su estudio, incluida su tesina, o para salir allá por 2011 solo ante el peligro al escenario del Teatro Central de Sevilla a cumplir el sueño de La noche de Max Estrella. Ni el vecino solitario de la premiada Solas (1999), que le valió en los Goya el galardón al mejor actor revelación con casi sesenta años, le hacía sombra aunque, como es de ley en un hombre cabal, su gratitud al director Benito Zambrano por darle la oportunidad rozaba lo infinito. Para explicarlo, como era propio en un buen docente, recurría a la asignatura de las matemáticas y recordaba que antes de esa película apenas había trabajado en cine y después de ella contabilizaba casi una trentena de largos y unos setenta cortos. Un punto de inflexión que tuvo su intrahistoria. De hecho a punto estuvo de no encarnarlo ya que, con encomiable honestidad, Álvarez-Novoa participó a Zambrano su incapacidad para representar a un personaje andaluz pese a llevar en Sevilla lo que se dice toda la vida. “Asturias es mi madre y Andalucía mi amante”, solía decir. Cierto es que su amante no le transfirió el acento y cierto también que bastó una revisión del texto por parte del actor y, sobre todo, la química entre él y María Galiana para que los orígenes geográficos pasaran a segundo plano.
 
 
En 'Solas' (Benito Zambrano, 1999)
En 'Solas' (Benito Zambrano, 1999)
 
 
 
   Finalmente el personaje hablaba con ese deje propio de la tierra que le vio nacer en 1940, La Felguera, zona clave de la siderurgia cuando todavía existía y escenario de algunos de los episodios más destacados de la revolución asturiana del 34. Y fue en el norte y en la Universidad, escenario que pisó tanto o más que el de los teatros ya que era licenciado en Derecho, Filología Románica, Ciencias del Espectáculo y doctor en Filología Hispánica, donde inició su carrera en las tablas con apenas diecisiete años. El Teatro Español Universitario (TEU), heredero del espíritu de La Barraca de García Lorca, acogió sus primeros pasos en Oviedo y lo llegó a dirigir en 1959. También comandó otras compañías como la Alianza Francesa, la del Ateneo de Oviedo o Los Goliardos ya en Madrid. Una pasión por el teatro que se expandió a sus tareas como director o autor de obras como La mecedora (1979), Cigarras y hormigas (1980), Pajaritos 27 (1982) o Enamoradas de Bécquer (1986). La nómina de dramaturgos que desfilaron por sus montajes la engrosan Cocteau, Tennesee Williams, Sartre, Arrabal, Lorca o Dario Fo entre otros.
 
 
En la serie 'Gran Reserva. El origen'
En la serie 'Gran Reserva. El origen'
 
 
 
 
   Mucho telón y poco celuloide hasta que Solas llamó a su puerta. Antes tan solo el debut a las órdenes de Vicente Escrivá en Llanto por Granada (1991), un año después en Al Andalus de Agustí Villaronga y en 1997 en Los años bárbaros de Fernando Colomo. “Que con esa edad te abran un nuevo camino por recorrer es un regalo”. De este modo se refería a la oportunidad que supuso en su trayectoria la película de Zambrano. Un camino que se convirtió en una autopista jalonada por otros reconocimientos personales a su trabajo como el Jorge de Plata al mejor actor del Festival Internacional de Moscú por su papel en Las olas (2011) de Alberto Morais que a su vez obtuvo el premio a la mejor película y el de la crítica. En ella, Novoa da vida a un octogenario que, tras la muerte de su esposa, regresa a la Francia en la que medio sigo atrás estuvo encerrado en un campo de concentración.
 
   Antes de este proyecto ya había participado en películas tan destacadas como El hijo de la novia (2001) o Elsa y Fred (2005) y más recientemente en De tu ventana a la mía (2010), El amor no es lo que era (2013) o El mal del arriero (2014). En la primavera de este año se estrenó La luz con el tiempo dentro, en la que el actor asturiano daba vida a Juan Ramón Jiménez, un papel que le hacía especial ilusión a un profesor de literatura que “con catorce o quince años leía de la biblioteca de mi padre a clásicos rusos como Dostoyevski o Chejov”. La figura de Juan Ramón no le resultaba nada extraña y que además de sus conocimientos literarios, Álvarez-Novoa ponía voz desde 2007 a los textos del poeta onubense que se pueden oír en su Casa Museo de Moguer.
 
 
Como Leonardo da Vinci en 'Carlos, Rey Emperador', su último papel
Como Leonardo da Vinci en 'Carlos, Rey Emperador', su último papel
 
 
 
   El afán docente de Carlos Álvarez-Novoa (también un buen alumno que llegaba a rodar con la lección bien aprendida, según desvelaba Zambrano) y su desvelo por la educación y el futuro de las nuevas generaciones no son ajenos a su prolija participación en cortometrajes de nuevos realizadores. Premiado también en alguno de ellos, caso de Al otro lado en el II Festival de Cortometrajes Isaac Albéniz de Málaga, su intensa actividad también se extendió a las series de televisión con su presencia en Cuéntame, en el papel de novio de Herminia, Gran Reserva, El Chiringuito de Pepe o Carlos, Rey Emperador en el que daba vida a Leonardo da Vinci. Nadie más adecuado para alguien que, en perfecta armonía entre la pasión y el intelecto, se entregó con profesionalidad a todo lo que hizo. Y fueron muchas cosas.
 
23-09-2015 Versión imprimir
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