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27-08-2015 Versión imprimir

 
 
 
Lina Morgan
El humor sin distingos


 
TOÑO FRAGUAS
Otorgó el derecho a la risa –sin distinción de sexo, edad, o clase social– a todo aquel que quiso reír. Ante su vis cómica, sus dotes de clown y su humor saleroso rompían en carcajadas desde el jornalero hasta el catedrático. Tan luchadora sobre las tablas como entre bambalinas, además de una rutilante estrella del cine y la televisión, Lina Morgan llegó a ser una empresaria teatral de éxito cuando en España, simplemente, apenas si había mujeres empresarias. Ni de teatro ni de nada. La actriz, que pasó los últimos años de su vida con la salud quebrantada y alejada de los focos, falleció el 20 de agosto a la edad de 78 años. Socia de AISGE número 1.465, en 2013 recibió el Premio Actúa, máxima distinción honorífica de la entidad, por su dilatada carrera.
 
   “¡Dios mío! ¡Piscis mía! Nos conocimos en 1972 y desde entonces compartimos nuestros ‘secretos del corazón’. Te quise y te querré. Descansa de tanto trabajo y sé feliz al lado de tus hermanos, a los que tanto amaste. Te quiero”. Con estas palabras se despidió de Lina Morgan la presidenta de AISGE, Pilar Bardem, compañera y amiga de la actriz. El fallecimiento de la que fue la estrella más popular de España desató una avalancha de reacciones en el mundo del espectáculo. Concha Velasco aseguró que Lina Morgan había llevado la vida que quiso, la de una militante de la soltería que guardó con celo su intimidad: “No estaba sola, fue decisión suya apartarse. Creó un estilo de hacer comedia. Era una mujer muy guapa, muy elegante. Lina, te queríamos, te queremos y nunca te olvidaremos”. Por su parte, el actor Arturo Fernández declaró: “Se marcha el último recuerdo de nuestros tiempos felices”.
 
 
En ´La tonta del bote´
En ´La tonta del bote´
 
 
 
   María de los Ángeles López Segovia nació un 20 de marzo de 1937 en la calle de Don Pedro, a un tiro de piedra de Las Vistillas, en la zona más castiza de Madrid. Criada en plena posguerra, el padre de Angelines –que así se la conocía en el barrio– se ganaba la vida como sastre. Lina vivió siempre muy apegada a sus dos hermanos pequeños, José Luis y Julia (tuvo otros dos, Emilio y Julio, que se fueron pronto de casa). Nunca contrajo matrimonio. Durante más de 25 años compartió piso y cotidianidad con Julia y José Luis. Cuando éste murió, en 1995, la actriz entró en una espiral depresiva que ni siquiera logró frenar subiéndose al escenario. “José Luis era mi hijo, mi padre, casi mi novio, era la mano en la espalda para que yo no me tropezara. Era mi todo”, declaró la actriz a El Mundo en el año 2000.
 
   Desde muy pequeña, Angelines recibió clases de baile y a la edad de 13 años comenzó a representar obras teatrales en la compañía Los Chavalillos de España. De pueblo en pueblo y en condiciones bastante duras, fue confirmando su vocación por las tablas. Con solo 16 años, y falsificando su fecha de nacimiento, según detallaba el crítico de cine Diego Galán en El País, Angelines ingresa en una compañía de revista del Teatro La Latina. Por aquel entonces, en plenos años cincuenta, la artista no podía sospechar que aquellas tablas, que tan cerca quedaban de la casa donde nació, algún día serían suyas tanto artística como empresarialmente.
 
   De la mano de Alfonso del Real, Angelines pasa de corista a segunda vedette. Su gran momento llega con la sustitución de Vicky Lagos en Mujeres o diosas. Rebautizada ya como Lina Morgan (aclaró Luis Fernández en La Razón que lo de Lina era por la actriz Lina Yegros y lo de Morgan por el pirata) la joven da la campanada con la revista Las Leandras, cuando repite hasta por tres veces la famosa escena del Pichi. El nombre de Lina Morgan figuraría como cabeza de cartel en un espectáculo en el Teatro Albéniz en 1957 y de ahí el paso a la gran pantalla estaba cantado –y bailado y más que ensayado–, porque Lina ya había consolidado sus habilidades cómicas y asentado sus personajes más arquetípicos: la pueblerina franca e ingenua, la colegiala a la que le falta un hervor o la chica arrabalera de lengua afilada y ademanes de chulapo…
 
 
Junto a José Coronado en 'Compuesta y sin novio'
Junto a José Coronado en 'Compuesta y sin novio'
 
 
 
   Debuta en el cine con El pobre García (1961) junto a Tony Leblanc y ya casi rodará un película al año. En 1967 participa en Las que tienen que servir, de José María Forqué; pero su primer papel protagonista lo interpretará en Soltera y madre en la vida (1969), de Javier Aguirre. Al año siguiente, en 1970, ejecutaría uno de sus papeles más celebrados, el de La tonta del bote (Juan de Orduña). Lina ya había logrado fijar su manera de hacer en la memoria colectiva de los españoles, como hicieran a nivel internacional un Charlot o un Cantinflas. Las veces que intentó registros diferentes, como en el caso de la mujer barbuda a la que dio vida en Una pareja… distinta (1974), junto a José Luis López Vázquez y con dirección de José María Forqué, la respuesta del público no fue la esperada.
 
   Junto a Juanito Navarro, Mariano Ozores, López Vázquez, Paco Martínez Soria, Alfredo Landa y Tony Leblanc, entre otros, Lina firmaría una treintena de películas; pero a finales de los setenta decide abandonar el celuloide y concentrarse en el teatro y la televisión. Sobre las tablas participaría en más de medio centenar de piezas teatrales y de revista; la última de ellas, Celeste… no es un color (1991), permaneció más de dos años en cartel en el teatro de La Latina. Lina había comprado ese local en 1983, aunque ya lo gestionaba desde 1975. Jesús Cimarro, copropietario del Teatro La Latina, aseguró que hicieron falta 56 cenas para convencerla de comprar ese coliseo que quizá en breve lleve el nombre de la actriz.
 
   Para hacerse una idea del enorme éxito alcanzado por aquella que fue la hija de un sastre de barrio, hay que saber que hubo temporadas en las que los montajes en los que participaba se llevaban el 20 por ciento de lo recaudado en Madrid, una ciudad en la que por aquel entonces había más de 30 salas de teatro.
 
 
Con el equipo de 'Hostal Royal Manzanares', celebrando su 64º cumpleaños
Con el equipo de 'Hostal Royal Manzanares', celebrando su 64º cumpleaños
 
 
 
   En televisión sus éxitos no fueron menores. Participó en una decena de series (entre otras, Compuesta y sin novio, Academia de baile Gloria y Escenas de matrimonio) y adaptó algunas de sus revistas a la pequeña pantalla, pero fue con ‘Hostal Royal Manzanares’ con la que llegó a conseguir un 50 por ciento de cuota de pantalla y 8,4 millones de espectadores.
 
   La estrella de Lina comenzó a declinar en 1995–ese año realizó su última incursión en el cine, en la película Hermana, ¿pero qué has hecho?, de Pedro Masó–; pero su estrella no declinó porque perdiera el favor del público, sino porque nunca superaría la muerte de su hermano José Luis. Poco a poco fue desinteresándose de la escena, aunque intentó volver en algunas ocasiones. El fallecimiento de su hermana Julia en 2012 fue la puntilla. Apenas un año después, en noviembre de 2013, Lina fue hospitalizada en estado muy grave, aquejada de neumonía y fallo multiorgánico. Permaneció nueve meses en la Unidad de Cuidados Intensivos y, aunque su estado mejoró (incluso volvió a su casa del madrileño barrio de Salamanca, aquella que compartió con sus hermanos durante tantos años), ya no volvería a levantar cabeza.
 
   Si después de la Guerra Civil España volvió a aprender a reír, fue en buena medida gracias a Lina Morgan, esa mezcla perfecta de clown, vedette y humorista cuyos profundos ojos negros siempre transmitieron el íntimo empuje de las mujeres luchadoras.
 
 
27-08-2015 Versión imprimir
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