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25-03-2015 Versión imprimir

 

Pedro Reyes
Qué absurdo es el mundo


La inesperada muerte del actor y cómico, a la edad de 53 años, se produjo en Valencia la madrugada del miércoles 25
 
EDUARDO VALLEJO
Cuesta hacerse a la idea de que alguien muera antes de tiempo. A raíz del desastre aéreo del avión de la compañía Germanwings en los Alpes, entre cuyo pasaje había un buen número de adolescentes, la periodista Soledad Gallego reflexionaba este mismo 25 de marzo en la Cadena SER sobre lo antinatural de la muerte de un joven, y apuntaba que, si bien casi todas las lenguas tienen una palabra para el concepto de “huérfano”, no existe tal para describir al progenitor que pierde a un hijo.
 
   El mundo de los actores, y en particular el de los cómicos y humoristas, acaba de perder prematuramente a uno de sus hijos más queridos, Pedro Reyes, que en el año 2000 se había unido a AISGE con el número de socio 2.989. Como apuntaba la periodista, no hay palabras para describir la inmensa tristeza. Un cómico joven nos ha dejado para siempre.
 
   Este miércoles, a primera hora de la mañana, su compañero y amigo Pablo Carbonell publicaba un tuit despidiéndose de él: “Me acaban de anunciar que Pedro Reyes, mi compañero y amigo, ha muerto esta noche. Era un gran cómico y buena persona. Descansa en paz”. Su fallecimiento se ha producido la pasada madrugada y, según fuentes cercanas al actor, debido a un infarto. La muerte le ha sobrevenido en el inicio de la extensa gira prevista para Taxi, comedia estrenada el 5 de marzo en el Teatro Alameda de Málaga, en la que compartía protagonismo con Josema Yuste y Félix Álvarez (Felisuco).
 
 

 
 
 
   Pedro Reyes había nacido en Tánger en 1961. Su familia, como muchos otros tangerinos españoles, emigró de vuelta a la Península en una época en que la ciudad que había sido cosmopolita condominio internacional sufría una fuerte crisis económica. Así, Reyes pasó su infancia y adolescencia en Huelva, la ciudad natal de su madre. Desde los 12 años escribía con regularidad, faceta que siempre combinó con su profesión de actor y humorista. De hecho en 2013 había estrenado dos textos propios: Las hermanas Wachosky y Sapore di amore.
 
   En 1979 creó el grupo Centuria, donde trabó amistad con Pablo Carbonell, que venía de Cádiz. Con posterioridad los dos formarían el dúo cómico Pedro y Pablo, con el que a principios de la década de 1980 viajarían a Madrid a buscar fortuna.
 
   Después de actuar en pubs y en parques de la capital pasando la gorra, tuvieron su primera oportunidad profesional en el programa infantil La bola de cristal, en el que Reyes ya comenzaba a dar señales de su estilo, una mezcla de ternura titubeante y surrealismo delirante que contrastaban con su aspecto leonino y su vesánica mirada. A la vez, seguía curtiéndose en el circuito de cafés-teatro con su espectáculo Pedro Reyes en directo y participando en numerosos montajes de teatro infantil con el grupo Cistitis.
 
   A finales de la década tomó carrerilla para su salto a la fama: lo hizo ejerciendo de presentador en el programa de variedades Pero, ¿esto qué es?, en el que daría la alternativa a un tal José Mota en su debut con el dúo Cruz y Raya.

   En aquel espacio coincidió con Pepe Viyuela, que también por entonces se abría camino. “Es como un mal chiste, un golpe bajo”, ha declarado a AISGE un Viyuela abatido. “No éramos íntimos pero sí habíamos trabajado en varias ocasiones juntos y nos queríamos. Yo siempre lo admiré porque es un eslabón importante en la gran cadena de humoristas españoles. Empezó antes que yo y su humor descerebrado y surrealista era un referente para mí. Entroncaba con esa tradición que iniciaron los grandes de los años cuarenta –Mihura, Tono, Jardiel–, que continuaron Gila y Tip y Coll, y que desemboca en humoristas como Faemino y Cansado o él mismo. Pero no imitaba a nadie y, a su vez, era inimitable”.
 
En una de tantas intervenciones memorables en 'No te rías, que es peor'
En una de tantas intervenciones memorables en 'No te rías, que es peor'
 
   
   El momento de mayor popularidad le llegaría con el programa-concurso No te rías, que es peor, emitido por TVE entre 1990 y 1995. Un grupo fijo de humoristas, entre los que se encontraban Marianico el Corto, el señor Barragán y el propio Reyes, trataba de hacer reír a los concursantes en distintas pruebas, fundamentalmente contando chistes e historias que se sucedían frenéticamente.
 
   Allí el cómico dejó la impronta de su particular sentido del humor, aderezando cada intervención con anacolutos y extravagancias absurdas que hacían las delicias del público. Quizá entonces nació uno de sus lemas: “El ser humano no tiene desperdicio, se aprovecha todo, como en el cerdo”. Aunque su actividad profesional abarcó muchas áreas, fue el humorismo lo que situó a Pedro Reyes en un lugar de privilegio para el público. Por ello su presencia ha sido requerida con regularidad en espacios emblemáticos del género, como El club de la comedia Los irrepetibles.
 
 
   En su faceta de actor, Pedro Reyes pasó por todos los medios que puede abarcar un intérprete: teatro, cine y televisión. De su paso por series, es imposible olvidar su encarnación del personaje fijo del Pirata en Makinavaja (1995-97). Sobre las tablas llevó espectáculos propios por toda España, como El cielo es infinito... pero un poco estrecho, donde hacía una feroz parodia de la sociedad “latina-cristiana-atea-capitalista”, o Full de Reyes y Reina, en compañía de Salvador Reina “Chuky”. Pero también fue parte del elenco de diversas comedias, como La curva de la felicidad, con Antonio Vico, o Desnudos en la cocina, con Lola Baldrich.
 
   Asimismo, en cine debutó en 1985 con una pequeña aparición en Sé infiel y no mires con quién, de Fernando Trueba. En adelante, intervendría lo mismo en cintas de porte serio, como El año de las luces o Divinas palabras, que en comedias costumbristas (la saga de Makinavaja, Atraco a las 3... y media) o disparatadas (Ja me maaten, Campamento Flipy). Tal vez su papel más redondo fue el de el Perra en Atún y chocolate, donde interpretaba al amigo del alma de Manuel, encarnado por Pablo Carbonell. Como la vida misma.
 
   “Yo no hago humor del absurdo”, decía Reyes, “el mío es totalmente real. Lo que es absurdo es el mundo”, este era otro de sus lemas. Tras su absurda y prematura muerte, el micrófono, el taburete, sus compañeros y el público lo van a echar mucho de menos.
25-03-2015 Versión imprimir
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