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29-08-2017 Versión imprimir
El actor en un plano de 'Arrebato'
El actor en un plano de 'Arrebato'
 
Will More,
arrebatado en la pausa
 
 
El actor fetiche de Iván Zulueta y enigmática figura de culto se fue sin mucho ruido el 10 de agosto. Tenía 67 años
 
 
DAVID SAAVEDRA 
“Estabas en plena fuga, éxtasis, colgado en plena pausa, ¡arrebatado!”. La voz susurrante de Will More interpretando al misterioso personaje de Pedro en Arrebato (Iván Zulueta, 1979) lo convirtió en actor de culto, un hecho acrecentado por lo enigmático de su vida y sus escasas apariciones –anteriores y posteriores– dentro y fuera de la pantalla. Intérprete fetiche del director donostiarra, parecía ser en aquel personaje –niño en cuerpo de adulto, lúcido, libertino y alocado– un trasunto de sí mismo y del propio Zulueta, como si ambos estuvieran encarnando a un mismo Jekyll y Hyde vampirizados por el cine y la heroína, condenados por el influjo de aquella película irrepetible tras la que ninguno de ellos apenas volvió a dar más señales.
 
   Cuentan que, cuando se incorporó al rodaje del filme, nadie en el equipo sabía quién era aquel extraño muchacho, delgado, apuesto, divertido y de tez blanquecina, ni de dónde venía. Sus datos biográficos han sido muy difíciles de rastrear y todavía resultan confusos. Fue con la llegada de este siglo cuando, gracias a Internet y a la labor de unos cuantos fans entusiastas, se hilaron más datos sobre él. Muchos de los presentes, por cierto, están extraídos del blog Rayos C En La Oscuridad.

Su personaje en 'Entre tinieblas' (Pedro Almodóvar, 1983)
Su personaje en 'Entre tinieblas' (Pedro Almodóvar, 1983)
 
   Es probable que la ocultación por parte del actor de su verdadera identidad se debiese a la falta de conexión con una familia de rancio abolengo. Nació en Madrid el 27 de diciembre de 1949 con el nombre de Joaquín Alonso Colmenares-Navascúes García-Loygorri de los Ríos. Hijo de un alto militar navarro y una mujer perteneciente a una familia rica de San Sebastián, era uña y carne con su hermana melliza Mari Carmen. Mujer igualmente enigmática, Carmen A. Colmenares fue musa de la Movida madrileña, además de novia de Antonio Vega. Incluso llegaba a eclipsar al propio Joaquín en las reuniones sociales.
 
   Se dice también que, a finales de los sesenta, los dos hermanos, que viajaban frecuentemente a Londres, fueron de los primeros hippies que se avistaron en el Barrio de Salamanca. Hay quien recuerda al Joaquín adolescente paseando a un pastor alemán con una casaca roja al estilo Sargent Pepper. En esa época un amigo le apodó Willmore porque le recordaba a un personaje de la novela La cazadora de cabelleras, de Emilio Salgari, llamado Wild More. A comienzos de los años setenta se desplazó a EEUU, donde estudió interpretación y trabajó como modelo. Hay varias leyendas urbanas sobre ese periodo. Una sugiere que trabajó con Andy Warhol. O que, según contaba él mismo, le levantó un ligue a Frank Sinatra. Fue a mediados de esa década cuando entabló amistad con Zulueta e intervino en sus cortos Mi ego está en Babia, Aquarium, Complementos y Fiesta, todos ellos rodados entre 1975 y 1976. Arrebato sería su primer largometraje y su único papel protagonista.
 
   Al comenzar la década de los ochenta se convirtió en uno de los recurrentes actores secundarios en las noches de la Movida. Según el citado blog Rayos C En La Oscuridad, aquel Will More “no parecía muy diferente al Pedro de Arrebato: facilidad de palabra, vestido de colores severos, educado, enigmático. Ave nocturna aristocrática, un personaje fascinante”. Apareció al lado de Marisa Paredes y travestido en la portada de ¡Cómo está el servicio… de señoras!, el álbum de Almodóvar & McNamara de 1983, y aquel año el director manchego le dio un papel: el de punki heroinómano en Entre tinieblas. Después su filmografía fue difícil de documentar, principalmente porque se dedicó a jugar con su nombre artístico. Utilizó indistintamente los de Will More, Willmore, Willmoore y Wilmore. También apareció sin acreditar en El arreglo (José A. Zorrilla, 1983); como Joaquín Alonso en La venganza (el filme primerizo de Stephen Frears, con rodaje en España en 1984); como Joaquín Navascúes en las series La huella del crimen (1985) y Pepe Carvalho (1986) y como Joaquín A. Colmenares en Martín Hache (Adolfo Aristarain, 1997). Casi nadie se dio cuenta de que esa cinta reunía al trío protagonista de Arrebato, donde Eusebio Poncela y Cecilia Roth habían brillado como actores principales. Pocos saben que tuvo un pequeño papel en Las bicicletas son para el verano (Jaime Chávarri, 1984), otro de los largometrajes de los años ochenta en los que apareció, a los cuales hay que sumar Berlín Blues (Ricardo Franco, 1986). Trabajó en el corto Una reina (Bruna Calderón, 1984) y Julio Medem le buscó desesperadamente hasta conseguir que encabezase su primer cortometraje: Patas en la cabeza, filmado en 1985. Ceesepe, otro icono de la Movida, le brindó el personaje de Eterno adolescente en el capítulo que dirigió en 1989 para la serie Delirios de amor. Sus últimos rastros en el mundo interpretativo se encuentran en Por los viejos tiempos (Miguel Ángel Toledo, 1990), Continental (Xavier Villaverde, 1990) y El extraño pacto (Juan Carlos Fresnadillo, 1991). En esa casi desconocida ópera prima del cineasta canario fue, para más regocijo de su aura maldita, un Mefistófeles junto a la estatua del Ángel Caído en el Retiro.
En el cartel del cortometraje 'Patas en la cabeza', dirigido por Julio Medem en 1985
En el cartel del cortometraje 'Patas en la cabeza', dirigido por Julio Medem en 1985
 
   A partir de ese momento hizo mutis por el foro y surgieron especulaciones sobre su paradero (algunos lo situaban en México) y estado de salud (incluso lo daban por muerto). De él habla Luis Antonio de Villena en su libro de 2014 Lúcidos bordes de abismo. Memoria personal de los Panero. Revela el escritor que Leopoldo María Panero, cuya amistad frecuentaban ambos, estaba veladamente enamorado del actor, a quien definía como “el gran moderno de rasgos fríos y bellos”. “Yo sabía que, a principios de los noventa, estuvo totalmente enganchado al caballo. Antes los vi juntos, a Leopoldo y a él, muchas veces, y siempre observé a dos amigos de los abismos y de la carne joven, no otra cosa. Hacía años que Will More había desaparecido por entero. Nadie sabía de él”, escribe Villena.
 
   Lo cierto es que, en algún momento de esa década, se estableció en Miami. Allí entabló amistad con españoles, como el músico Carlos de France, sorprendido poder de fascinación que todavía despertaba, su afición a recitar poemas y su fidelidad a la vida diletante.
 
   Tras su larga fuga reapareció públicamente en Madrid. Era marzo de 2010 e intervino en un homenaje a Arrebato en la Academia de Cine. La mayor parte de los eventos en los que se dejó ver durante los últimos tiempos guardaban relación con la película de Zulueta: una retrospectiva en La Casa Encendida en 2011, el festival Rizoma en 2014… También intervino en documentales directa o indirectamente relacionados con la mítica cinta, desde Arrebatos (Jesús Mora, 1998) a Color perro que huye (Andrés Duque, 2011) pasando por Kuntskammer (Carlos Escolano, 2014). Su último paso por la pantalla fue amargo. En Antonio Vega, tu voz entre otras mil (Paloma Concejero, 2014) sale en plano junto a su hermana Carmen, dialogando atropelladamente sobre su relación con el músico. Después se apagó lentamente hasta su pausa final. El 10 de agosto falleció en un hospital de Madrid, quizá con aquellas palabras de Pedro flotando en su mente: Mañana me marcharé de aquí. Me esperan otros sitios, nuevas gentes, lugares famosos que nadie conoce. ¡Miles de ritmos ocultos que yo descubriré! El espejo abrirá sus puertas y veremos el… el… ¡lo otro!”.

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