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27-10-2015 Versión imprimir
Almodóvar, con Emma Suárez preparando una escena de 'Silencio'
Almodóvar, con Emma Suárez preparando una escena de 'Silencio'
 


No son ‘chicas’. Las mujeres de Almodóvar golpean de nuevo



 ‘Silencio’, su vigésimo largometraje, refrenda al manchego como el gran fedatario del universo femenino


 
FRANCISCO PASTOR
En una industria cinematográfica que a menudo olvida el envejecimiento de las actrices, es curioso que sea un hombre quien encuadre con su cámara, y persiga con sus guiones, a mujeres de todas las soleras. Pedro Almodóvar, natural de la manchega Calzada de Calatrava, cumple tres décadas y media de carrera eligiendo nombres femeninos como grandes protagonistas de sus historias. También es el caso de su venidero ‘Silencio’, que el autor firma a los 66 años, y en el que Emma Suárez y Adriana Ugarte interpretan al mismo personaje en dos momentos diferentes de sus vidas. Este es ya, nada menos, el vigésimo largometraje del director de culto.
 
   Las dos madrileñas –la primera, de 51 años; la segunda, recién acogida en la treintena– son nuevas en un clan que casi podría entenderse como un matriarcado. Desde Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (1980), solo hay una obra en la que el maestro haya optado por protagonistas masculinos: La mala educación (2004), una excepción harto menos galardonada que sus dos piezas anteriores, en las que el peso recaía sobre ellas, y que volvieron de Hollywood con sendos premios Oscar: Todo sobre mi madre (1999), proclamada mejor película de habla no inglesa, y Hable con ella (2002), que vio encumbrado su guion.  
 
 
Adriana Ugarte, también debutante en el universo almodovariano
Adriana Ugarte, también debutante en el universo almodovariano
 
 
 
   El mismo Almodóvar que hoy abandona la parodia en bucle de Los amantes pasajeros (2013) y se pasa a un drama crudo del que cuenta poco, da la bienvenida a un sinfín de nombres reconocidos que no habían trabajado aún con El Deseo, la célebre productora del director. Al igual que Suárez y Ugarte, hasta ahora estaban también ausentes del catálogo del artista las brillantes Inma Cuesta, Pilar Castro, Michelle Jenner y Nathalie Poza. El autor sí recupera a dos de sus habituales: Rossy de Palma, presente en la filmografía del director desde La ley del deseo (1987), y Susi Sánchez, que no se ha perdido una ficción del cineasta desde La piel que habito (2011).
 
   El indiscutible protagonismo de las mujeres en la obra de Almodóvar está visto por el feminismo más político como un hito, hasta el punto de que el director compartió con el presidente Zapatero, allá por 2007, el premio de la Federación de Mujeres Progresistas. Aunque el discurso de los estudios de género va por otro camino, y encuentra a sus personajes demasiado aletargados en sus etiquetas, es difícil reprochar un cine que, más de dos décadas antes de que las leyes trabajaran por la presencia de las mujeres en las ágoras públicas, había llevado a las actrices españolas hasta la primera persona de la narración con una determinación feroz.
 
 
Carmen Maura, inolvidable en 'Mujeres...'
Carmen Maura, inolvidable en 'Mujeres...'
 
 
 
   Las protagonistas de Almodóvar no son princesas. No lo era Pepa, el papel por el que Carmen Maura obtuvo su primer Goya gracias a Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988). El cabezón también acabó en manos de la Penélope Cruz que, en Volver (2006), accedió a dar vida a una quijotesca Raimunda, rodeada de molinos no de grano, como su cervantino antecesor, sino de energía eólica. Quienes esperaron ver en la Victoria Abril de Kika (1993) un objeto destapado se llevaron, asimismo, un jarro de sordidez y comedia.
 
 
Chus Lampreave, en su encarnación de 2006 para 'Volver'
Chus Lampreave, en su encarnación de 2006 para 'Volver'
 
 
 
   No hablamos, tampoco, de chicas. Presente en la obra del cineasta desde sus primeras pruebas con una cámara de 8 milímetros, Maura ya pasaba de los cuarenta cuando preparó el fatídico gazpacho de Mujeres al borde de un ataque de nervios, dirigido contra un Fernando Guillén casado con otra y que, además, había encontrado un nuevo amor en una abogada interpretada por Kiti Mánver. Allí estuvo también Chus Lampreave, imprescindible a la hora de aportar un toque cómico en las piezas más sórdidas del artista y que hoy cumple los 84 años; presentada, en un principio, como una mujer desorientada y envejecida antes de tiempo, sería tras décadas trabajando con el cineasta cuando este le haría cargo de una de las catarsis de Volver. Blanca Portillo, en esta última, como en Los abrazos rotos (2009), aporta templanza entre personajes abocados a la locura.
 
 
Marisa Paredes y Victoria Abril, personajes icónicos en 'Tacones lejanos'
Marisa Paredes y Victoria Abril, personajes icónicos en 'Tacones lejanos'
 
 
 
   Sobre los hombros de Cecilia Roth pesó, en cambio, la expresión de la solidaridad entre mujeres, reiterada en la obra del cineasta y llevada al extremo en Todo sobre mi madre. Es una complicidad entre quienes aún padecen la dominación masculina: en aquella ocasión, la argentina se enfrentaba a un Toni Cantó que, convertido en mujer, pretendía dejar atrás los estragos que había causado como hombre. También gracias a la reiterada presencia de las identidades LGTB en el discurso del autor, la categoría de lo femenino se reivindica y, al tiempo, se diluye, se burla y se cuestiona. Lo dejaba ver Marisa Paredes en Tacones lejanos (1991): “Durante 50 años he sido una mujer maravillosa; creo que ha llegado el momento de convertirme en una maravillosa persona”.
 
   Porque las protagonistas encarnadas por Paredes y Maura se veían, en un principio, incapaces de tratar a los hombres con el desdén que estas obtenían de ellos. Unas y otros son diferentes y, cuando el protagonismo lo toman las primeras, los giros en la trama parten de sentimientos vivos y muy humanos: recuperan un amor perdido, vengan una traición, protegen a la camada. La imprevista libertad de los ochenta, en el discurso de estas cintas, rompió algunos moldes, pero no pretendió emancipar a sus protagonistas de etiquetas así. Aunque Almodóvar escribe sobre mujeres enamoradas y amas de casa (y aquí reside una crítica de parte del feminismo), coge a sus personajes de la mano, les dignifica y les lleva, de extremo en extremo, hasta un destino inesperado.
 
 
Penélope Cruz, el rostro más emblemático de 'Volver'
Penélope Cruz, el rostro más emblemático de 'Volver'
 
 
   La primera secuencia de Qué he hecho yo para merecer esto (1984) muestra cómo el sexo improvisado, aunque satisfactorio para el hombre, no es la respuesta a la frustración de Maura: así lo aclara la extrema fugacidad y la desconsideración con la que su amante empieza y acaba el intercambio. En esa misma obra, Verónica Forqué, en las veces de una prostituta de barrio, bromea ante las pintorescas fantasías de sus habituales. Porque la liberación no está en el deseo, sino en la violencia: Maura saldrá de su jaula imaginaria consumando un crimen que, de nuevo en la comedia, realiza armada con una pata de jamón. Quién le iba a decir al público de Cruz, asimismo, que degustaría la frialdad con la que esta acabaría escondiendo un cadáver en el congelador de Volver.
 
   “Crecí rodeado de mujeres fuertes, como mi madre o mis vecinas”, contaba Almodóvar a principios de este año, a propósito del estreno, como musical y en las tablas de Londres, de su Mujeres al borde de un ataque de nervios. Más de un cuarto de siglo después de que la obra llegara a los cines, el director dejó entrever que su reflexión sobre los personajes femeninos había cambiado. El autor anotó “solo una imperfección” en aquel guion que tantos galardones había atraído: era un hombre el que abandonaba a su novia. Una renovada voluntad por cambiar las etiquetas que, quizá, pudimos anticipar en Los amantes pasajeros. En ella, Lola Dueñas, sin perder su inocente y risueño gesto, acomete una violación contra un joven dormido.
 
Blanca Portillo, inyección de serenidad para 'Los abrazos rotos'
27-10-2015 Versión imprimir
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