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07-11-2019


 

MIRYAM GALLEGO

 

 

“Con las vacas flacas te da por pensar que deberías hacer cosas que no has hecho”


La actriz gallega es honestidad descarnada. Tras una trayectoria pletórica, admite atravesar las zozobras de los peores momentos. Pero tiene claro que seguirá siendo actriz, huyendo de las redes sociales y prescindiendo de representante


 

JUAN FERNÁNDEZ

Reportaje gráfico: Enrique Cidoncha

Después de andar encadenando series y obras de teatro una tras otra desde que se incorporó al reparto de Periodistas en el año 2000, Miryam Gallego (Ourense, 1976) lleva varios meses palpando el vértigo negro de la profesión, ese vacío que crece en la boca del estómago cuando los días y las semanas empiezan a pasar y el teléfono no suena anunciando una nueva oferta laboral. En las dos últimas décadas ha defendido papeles de relevancia en series como Águila RojaHospital Central Lobos, y este mismo año la vimos en Instinto (Movistar+) y Secretos de Estado (Telecinco). Sin embargo, la actriz reconoce estar atravesando en estos momentos la mayor crisis de su carrera.

 

   Otras, en su situación, quizá habrían declinado la invitación a mirarse en el espejo delante de la grabadora de un periodista, pero Gallego es una rara avis en el panorama interpretativo de este país. No tiene representante ni nadie que le gestione las apariciones en prensa. No tiene presencia en las redes sociales. Vive en un pueblo de la sierra de Madrid, lejos de cualquier atmósfera cargada de vanidad, y apenas concede entrevistas. Pero le hablas del trabajo y se le iluminan los ojos, y le preguntas cómo se encuentra y se abre en canal para confesar sus angustias con una transparencia que abruma. Conmueve tanta honestidad en un oficio que vive, a fin de cuentas, de manejar máscaras.

 

 

- 2019 ha sido un año fecundo en su carrera.

- Sin embargo, me pilla en mi peor momento como actriz. Vengo de hacer dos series que se han juntado en el tiempo, Instinto Secretos de Estado, con opciones de renovación en ambas, aunque no era seguro, y hace unos meses me propusieron hacer una serie internacional de época que me ilusionó mucho, porque era un proyecto precioso y para varios años, que es lo que a mí me gusta. Me parecía el trabajo de mi vida, pero después de prepararme a fondo me llamaron para comunicarme que me había quedado fuera del reparto. No le voy a engañar: me hundí, me fui a la mierda, sobre todo emocionalmente.

 

- Bueno, su profesión está llena de proyectos que se caen.

- Sí, pero yo nunca había pasado tanto tiempo sin trabajo, siempre tuve algo entre manos y solo paré cuando me quedé embarazada porque decidí dar la lactancia a mis hijos. Esta situación es nueva para mí y me han entrado los miedos. Por el parón y por mi edad. Sé lo que les pasa a las actrices de más de 40 años y me he dicho: Miryam, ya te ha llegado.

 

- ¿Qué le ha llegado?

- El final de mi carrera. Así, tal cual. No sería la primera, les ha pasado a otras. Tengo un montón de amigas que han hecho un recorrido similar al mío, ninguna hemos despuntado pero todas hemos podido mantener a nuestras familias con nuestro trabajo, que ya es mucho, y de repente, al llegar a esta edad, han empezado a dejar de llamarlas. Un día arañan una sesión, al mes siguiente otra, a los seis meses otra… Pero de esa forma no puede vivir una actriz, así que ahora están limpiando bares, currando en hoteles o cuidando ancianos.

 


 

- ¿Cómo se encuentra?

- Estos meses han sido duros. La situación me ha afectado mucho, más de lo que imaginaba. He pensado seriamente en reciclarme. De hecho, me puse a pintar y a escribir buscando posibles salidas, pero no tardé en descartarlas. Inevitablemente, le das vueltas a la cabeza y te da por preguntarte en qué te has equivocado. Sobre todo alguien como yo, que soy un poco raruna.

 

- ¿Raruna?

- De entrada, no tengo representante. Siempre fui de la mano de Paloma Juanes, a la que adoro. Estaba con ella porque, más que mi repre, era mi amiga, mi consejera. La busqué cuando empecé en Periodistascon 22 añitos, y hemos trabajado juntas en muchos proyectos, pero hace nueve años decidí caminar sola. No por ningún problema con Paloma, que es una gran señora, sino porque sentí la necesidad de que los productores me dijeran las cosas a la cara.

 

- ¿A qué se refiere?

- Por sistema, los representantes endulzan a los actores lo que se dice de ellos. Lo entiendo, lo hacen para protegernos, porque saben que somos frágiles. Pero llegado un momento de mi carrera quise conocer la realidad de primera mano, tanto lo bueno como lo malo; estar presente en las reuniones con los productores y conocer las entrañas de las negociaciones. No sé si me equivoqué al dar aquel paso. Tampoco sé si acierto al permanecer al margen de las redes sociales, aunque ahí tengo más clara mi decisión.

 

- ¿No tiene perfiles en las redes?

- No. Soy muy sensible y sé que en esos sitios podría leer opiniones que me harían daño. El halago no me hace sentir cómoda y los ataques me destrozan. Hasta ahora me han tratado bien y solo se han metido conmigo por mis verrugas, que es algo a lo que no doy importancia. Pero me conozco y sé que leer un comentario despectivo sobre mi trabajo podría hundirme. Por eso, para protegerme, prefiero no estar en las redes. No quiero saber lo que el mundo opina de mí. Mis amigos y mi familia sí, pero el resto de la gente, no. No me conocen, no quiero que sepan nada de mí ni de los míos. 

 

- ¿Ha perdido alguna vez un trabajo por no estar en las redes sociales?

- Sí, varias veces, y siempre he pensado que si la disyuntiva era esa, entonces ese productor no me interesaba. Prefiero pensar que me ofrecen papeles porque puedo aportarles algo interesante, no por los seguidores que tengo en internet. Me he formado para ser actriz, me apasiona mi oficio, no soy un número de followers ni mi meta es que una marca me patrocine. 

 



 

- No le gusta venderse.

- No va conmigo. Me han ofrecido mucha pasta por hacer ciertas portadas y he dicho que no porque no me representaban. Sobre todo como mujer. Con los programas de la tele me ha pasado lo mismo. He recibido ofertas muy golosas para participar en ciertos shows televisivos, y cuando he oído las cantidades, no he podido evitar pensar: "Uy, si agarro esto pago la universidad de mis hijos". Pero entonces aparecen mis raíces, mi Galicia, mi honestidad, la educación que recibí, y digo que no. No me compensa hacer según qué cosas si al día siguiente no me voy a sentir cómoda mirándome al espejo.

 

- Eso tiene un precio.

- Lo sé, pero no sé ser de otra manera, ni puedo ser la actriz que quieren que sea. Tampoco tengo a nadie que me lleve la prensa, ni me prestan vestidos o joyas cuando voy a eventos. Tampoco suelo acudir a cenas ni a galas, ni viajo con los jefes, ni hago nada que sirva para conseguir trabajos que quede fuera de lo estrictamente laboral. Por no hacer, no hago ni castings. Nunca hice una llamada para pedir un papel; siempre me llamaron, y solo conozco a los tres directores de casting que conocí cuando tenía 20 años. Vamos, que soy un desastre.

 

- ¿Se plantea cambiar?

- Cuando llegan las vacas flacas te da por pensar que quizá deberías hacer cosas que no has hecho. Y calculas los años que llevas sin reciclarte con un curso o sin ensayar la voz, y te preguntas si no te habrás volcado demasiado en la tele y habrás abandonado el teatro. Te lo cuestionas todo. Mis amigos dicen que soy una punki loca. Hasta ahora no he podido quejarme, porque no me ha faltado el trabajo, pero igual es el momento de aplicar algunos cambios sin cometer errores. Lo que tengo claro es que quiero seguir siendo lo que soy, no otra cosa. 

 

- Defínalo.

- Soy una mujer que trabaja de actriz, nada más. Y nada menos. Mi trabajo me vuelve loca, me hace volar. Es cierto lo que digo, no exagero. No vuelo todos los días, pero sí he volado, he sentido cómo me levantaba del suelo. Haciendo el Don Juan en Alcalá de Henares, cuando empecé a recitar a Inés y el público se puso a corear el texto conmigo, literalmente volé. Es una sensación muy fuerte, como enamorarte a lo bestia. También la he sentido en la ficción, porque yo la tele la vivo con la misma intensidad que el teatro. Soy una actriz de primera toma, lo doy todo en el primer intento, a mí no me vale eso de "Bah, como se puede repetir, me relajo". Esto me ha permitido vivir momentos de placer absoluto haciendo Águila Roja, por ejemplo.

 

 

- Ha dicho que no le interesa lo que el mundo opine de usted. ¿Cómo puede hacer esa afirmación alguien que trabaja en un escaparate y depende de la aprobación ajena?

- Quienes se exponen a la aprobación ajena son los personajes que interpreto, no yo. Como Miryam, me niego a estar en ningún escaparate.

 

- La escucho reivindicar la verdad y la honestidad, pero se dedica a un oficio que vive de meterse en otras pieles.

- Porque para mí interpretar no es engañar. Yo lo vivo de verdad, no sé engañar; si me veo truquera, me bloqueo, no puedo funcionar. Mis médicos me lo han dicho: enfermo en todos mis grandes trabajos. Si me toca hacer una escena de una violación, durante las tres horas que dura la grabación mi mente permanece en la violación, aunque haya cortes para cada toma. Necesito mantenerme conectada a esa emoción durante todo ese rato. Y si ese día toca llorar durante diez horas, yo me tiro diez horas llorando, no soporto las lágrimas artificiales.

 

- Dice estar atravesando el peor momento de su carrera como actriz. No es habitual encontrar tanta sinceridad en una profesión como la suya.

- Es la verdad, ¿para qué le voy a engañar? Tampoco sabría. A mí me funciona contar la verdad. Le he contado que estoy sin trabajo, pero hace 48 horas me ha pasado algo muy curioso que está relacionado con el hecho de no esconder cómo me siento.

 

- Cuénteme.

- El otro día estuve en Pasapalabra, el concurso hasta hace poco de Antena 3, al que llevo yendo desde hace muchos años. En un momento del programa, los invitados podemos promocionar los trabajos que estamos haciendo o que vayamos a estrenar, pero esta vez no tenía nada que contar, así que les avisé: voy a decir que estoy sin trabajo. No daban crédito, me decían que contara cualquier cosa, pero yo me negaba a inventarme una mentira y confesé que estoy en el paro. No se lo va a creer: cuando llegó la pausa y fui al camerino, tenía en el móvil una llamada de México para proponerme incorporarme a una serie de protagonista. 

 

- Entonces el horizonte no es tan negro.

- También acaban de proponerme hacer teatro con alguien que me apetece mucho. Todo está en el aire, nada es seguro. La vida del actor es muy cambiante, lo sé, pero esta sensación no la había tenido nunca. Estos meses me han enseñado que quizá debo cambiar algunas cosas, pero también me han dejado una idea clara: soy una actriz, mi sitio está aquí, no en otro sitio.

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