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NAZARET JIMÉNEZ ARAGÓN
“Durante años imité a Vivien Leigh
en ‘Lo que el viento se llevó”
 
Con solo 27 años, da la sensación de que esta malagueña no ha desperdiciado ni un minuto. Allá por 1990 ya había descubierto su faceta interpretativa, y su mayoría de edad la celebró representando montajes tan aplaudidos como Caricias o Feliz aniversario. La compañía sevillana Los Ulen la reclutó más tarde para divertir a los visitantes de Isla Mágica con Los aduaneros del amor. Aunque muchos han presenciado su talento sobre las tablas, no tantos conocen su prometedora trayectoria como autora: gracias al monólogo cómico Yo no me llamo Letizia triunfó en el Certamen Andaluz de Teatro y Mujer. Desde 2001 no se ha separado de la televisión. Su primer refugio fue Arrayán, la serie insignia de Canal Sur, que le brindó tres papeles distintos en sucesivas temporadas. Hospital Central y Matrimonio con hijos le abrieron las puertas de la ficción nacional antes de que Cuéntame la catapultara. Y es que su personaje de Loli, una joven que llegaba a Madrid para probar suerte en el destape, hizo estragos entre el público masculino. También ha pasado por Física o química, donde bordaba a una novia barriobajera de manual, y La que se avecina. En su vuelta a la cadena autonómica andaluza revolucionó la parroquia de Padre Medina, ya que los feligreses se oponían a que una mujer asumiese el puesto de sacristana. Saltó a la gran pantalla con Poniente, de Chus Gutiérrez, cuyo elenco encabezaron José Coronado y Cuca Escribano. Recientemente ha protagonizado la terrorífica Vuelve, su segunda película, que permanece sin estrenar por falta de presupuesto. Entre los seis cortometrajes que acumula su filmografía destaca Hombres de paja, una denuncia de la corrupción inmobiliaria premiada en Nueva York o Los Ángeles. Por si todo ello fuera poco, también ha publicado versos en el libro Nuevos autores de la poesía española y conducido el espacio radiofónico De todo un poco.
 
RUBÉN DEL PALACIO
¿Recuerda el momento particular en que decidió ser actriz, y por qué?
− ¡A los cinco años! Una tía mía terminaba sus estudios en la Escuela Superior de Arte Dramático de Málaga y me comentó que necesitaban una niña para el proyecto final de curso. Aquella experiencia me marcó, me enamoré de esta profesión para siempre.
 
− ¿Quién fue el primer amigo/a al que se lo contó, y qué le dijo?
− A mi madre. Al principio se lo tomó como una ilusión de niña, pero con los años vio que mi vocación se acrecentaba en vez de diluirse. Aunque pensaba que era un oficio muy difícil, prometió apoyarme en todo si era lo que me hacía feliz. Eso sí, me recomendó que estudiara además otra carrera, así que me licencié en Filología Hispánica. Y le estoy agradecida por el consejo: esa licenciatura me ha aportado mucho tanto en mi vida personal como en mi carrera interpretativa.
 
Si el teléfono dejara de sonar, y ojalá que no, ¿a qué cree que se dedicaría?
− Buscaría la forma de seguir siendo actriz, aunque tuviera que compaginarlo con otras cosas. Me gusta mucho escribir y ya he publicado tanto poesía como teatro, pero nunca podría dejar de interpretar porque es mi gran vocación.
 
− ¿En qué momento de qué rodaje pensó: “¡Madre mía, en qué lío me he metido!”?
− Jamás he pensado exactamente eso; me siento afortunada y agradecida cada vez que trabajo. Sí es verdad que he podido pensar algo parecido en algunos cortos por falta de medios, pero al final todo acababa saliendo bien. Recuerdo que en Todos los chicos quieren ver chicas desnudas, uno de los capítulos de Cuéntame por los que pasé, Carlitos y Josete sorprendían a mi personaje en la ducha. Era invierno y me duchaba en plató, así que solo dejaba de tiritar cuando decían “¡Acción!” [Risas]. Cada vez que parábamos de grabar, corría a secarme con la manta y la estufa que me tenían preparadas. Disfruté mucho, lo recuerdo como algo divertido.
 
− ¿Cuál cree que es el principal problema del cine español, si es que ve alguno?
− Escasean las ayudas al sector y los presupuestos suelen ser pequeños. Hay películas españolas muy buenas que pasan sin pena ni gloria por las salas y que el gran público no llega siquiera a conocer por falta de dinero para promocionarlas como merecerían.
 
− ¿Se le ocurre alguna solución imaginativa para paliarlo?
− No es imaginativa, sino real: los políticos deberían dar marcha atrás y dejar de considerar la cultura como un lujo, ya que en momentos de crisis es más necesaria que nunca. Me sumo decididamente al no a la subida del IVA.
 
− ¿A quién le devolvería antes la llamada, a Spielberg o a Woody Allen?
− ¡Intentaría devolvérsela a los dos a la vez! [Risas]
 
− ¿Cuál fue el primer actor o actriz que le conmovió, que le dejó al borde mismo de la lágrima?
− Con siete años vi por primera vez Lo que el viento se llevó y la actuación de Vivien Leigh me impactó tanto que estuve varios años imitándola.
 
¿Qué frase de película le gusta aplicar como leit motiv personal?
− “Debo seguir respirando porque mañana volverá a amanecer y quién sabe lo que traerá la marea”. Lo dijo Tom Hanks en Náufrago.
 
− ¿Qué largometraje ha visto tantas veces que se sabe los diálogos completos de alguna escena?
Mi vida sin mí, de Isabel Coixet.
 
− ¿Le gusta volver a verse en los filmes o series en los que ha participado?
− Al principio me costaba, pero ahora creo que es muy bueno para seguir aprendiendo como actriz. En mi primer largometraje, Poniente, encarnaba a la hija de Antonio Dechent y tenía un par de secuencias con muy pocas frases. Chus Gutiérrez, la directora, me preguntó después de rodar si quería verme. Contesté que no porque me daba vergüenza, pero los espectadores que fueron al estreno se rieron a carcajadas con mis arranques de adolescente rebelde. Eso me tranquilizó y desde entonces siempre estoy dispuesta a visionar lo que hago.
 
− ¿Cuál fue la última película que no fue capaz de ver hasta el final?
American Pie. Esas americanadas me parecen insoportables.
 
¿Cuál es el primer consejo que le ha dado alguien cercano –ya sea del ámbito profesional o personal– para ejercer mejor la interpretación?
− Imanol Arias me dijo durante la grabación de Cuéntame que me aprendiera perfectamente el texto y olvidase todo lo demás Fue una gran recomendación: si se ha hecho un buen trabajo previo, el personaje sale de manera fluida, sin forzar.
 
− ¿Intuitiva o metódica? ¿En qué porcentaje?
− Cada maestrillo tendrá su librillo, pero actuando he descubierto que no puedo separar método e intuición: forman un todo.
 
− ¿Qué canción o canciones escogería para ponerle banda sonora al momento actual de su vida?
− Música clásica, sin letra, profunda.
 
− Adelántenos, ahora que no nos escucha nadie… ¿Cuál es el próximo trabajo que se va a traer entre manos?
− Aunque tengo a la vista un proyecto de teatro, prefiero no decir nada hasta que se materialice.
 
− ¿Qué le gustaría hacer dentro de cinco minutos?
Escuchar música.
 
− ¿Y dentro de cinco años?
− Seguir ganándome la vida como actriz.
 
− ¿En qué otra época de la historia le gustaría haber nacido?
− Me gustaría haber sido una actriz del Siglo de Oro o de los siglos XVII y XVIII por la importancia que tuvieron entonces el teatro y la cultura española en general. O una dama de estética decimonónica: me atraen los vestidos, la tez blanca, los lunares…
 
Díganos qué le parece más reseñable de AISGE (si es que hay algo) y en qué aspecto le gustaría que mejorásemos (si es que hay alguno).
− Estoy muy agradecida a todos los que han luchado para que exista AISGE, que me ha salvado muchos meses al abonar mis correspondientes derechos como intérprete. El respaldo que ofrece al colectivo es admirable: ayudas a actrices embarazadas, a artistas en la tercera edad... Destaco también la labor de sus asesores jurídicos, de trato humano y exquisito, que me han orientado impecablemente en cuestiones de derechos de imagen.
 
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